"... El estudio del problema que plantea la traducción culmina en una práctica de la escritura que el doctor Lacan encuentra en la escritura de la lengua japonesa. Tal vez sepa el lector [evidentemente que somos absolutamente ignorantes de eso] que el japonés letrado escribe su propia lengua (lectura kun-yomi) mediante el recurso a los caracteres que servían para escribir un estado arcaico del idioma chino (lectura on-yomi) que él desconoce [Ver figura 3: El mismo trazo se lee de dos formas distintas: "mizu" y "su-i"]
"Volvemos a encontrar esta instancia de la letra en los Escritos de Lacan, cuando éste presenta la estructura del significante mediante un par de oposición caballeros/damas [aquí adjunta como figura 4], que corona dos puertas idénticas y señala entre nosotros los lugares sometidos a las leyes de la segregación urinaria.1. Nosotros captamos el mundo y construimos la realidad mediante el pensamiento
2. No hay más realidad que la construida por los automatismos del pensamiento; lo que hay ahí afuera es lo Real
3. El origen del automatismo del pensamiento obedece a la función de la escritura
4. Esta función de la escritura imprime la ley de la autonomía del significante, que supedita al significado.
estamos diciendo que no hay dos tipos de enfermedad, origen de todas las disparatadas discusiones en torno al dualismo psique-soma en el que se han metido "eminentes mentes pensantes", en lo que se podría llamar una antología del disparate. En consecuencia, al proponernos leer la estructura tal como nos orientó George L. Engel, de un modo biopsicosocial, y habida cuenta de los conocimientos que hemos adquirido sobre la escritura, la Letra, la primacía del significante y la estructura de nuestro pensamiento (tema que todavía no hemos concluido aquí), del lenguaje y la lógica, está fuera de lugar cualquier discusión sobre la naturaleza "espiritual" del ser humano y de nuestro pensamiento.
En el siguiente mensaje empezaremos a aprender a leer bien esa estructura representada en la figura. Es esencial.
JM Gasulla

1) un desarrollo biográfico, que definimos objetivamente por una evolución típica y por las relaciones de comprensión que en él se leen. Desde el punto de vista del sujeto, se traduce en los modos objetivos bajo los cuales vive su historia;2) una concepción de sí mismo, que definimos objetivamente por actitudes vitales y por el progreso dialéctico que en ellas se puede detectar. Desde el punto de vista del sujeto, se traduce en las imágenes más o menos "ideales" de sí mismo que hace aflorar a la consciencia;3) una cierta tensión de relaciones sociales, que definimos objetivamente por la autonomía pragmática de la conducta y los lazos de participación ética que en ella se reconocen. Desde el punto de vista del sujeto, se traduce en el valor representativo de que él se siente afectado con respecto a los demás.
Ocurría con este modelo de escritura que además de poder nombrar ciertas áreas, al quedar escritas sobre una pastilla esférica (hoja de papel, según hemos aprendido a distinguir en capítulos anteriores), los círculos se cortaban en dos puntos, A y B, que carecen de significación lógica y que, además, por el hecho de haber sido escritas sobre una superficie esférica, este enlace, junto con las áreas y los puntos de corte, se desvanecían al deslizarse sobre la superficie según la secuencia que se puede comprender de inmediato en la figura 3, desbaratando cualquier posibilidad de escritura lógica: Y es que cuando suponemos que esos dibujos son una forma de escritura, porque suponemos que la escritura es algo más que la escritura alfabética, tal como demuestran los lógicos, en especial Boole, nosotros tenemos que escribir lógicamente la enfermedad de modo que no quepa confusión ni error. Pero no tenemos que inventar apenas nada. Los lógicos han hecho ese trabajo, al que nosotros no tenemos más que acudir con lo nuestro para adaptarlo a esa forma de escritura.
Entonces, lo "psicosomático", que es tal como se presenta la enfermedad en primera instancia tanto para el enfermo como para el médico, se escribe bajo la lógica de un enlace, que nosotros hemos obtenido por escribirlo, no sobre una superficie esférica como los círculos de Euler-Venn, con el resultado desagradable que ya conocemos, sino por escribir esos dos círculos sobre una superficie tórica del modo como se presenta el la figura adyacente.
Ahora bien. Un enlace no determina áreas ni describe otra lógica que la propia del enlace, esto es, el encadenamiento de dos círculos, o dos pensamientos encadenados como cuando no podemos apartar de nosotros una idea obsesiva que nos angustia sin podérnosla sacar de encima, a la espera de liberar el enlace o de anudar un elemento simbólico, esto es, una idea enlazada a la espera de una reparación mediante algún otro pensamiento con el que anudarse y quedar así liberado. Desde el punto de vista estructural, la idea que nos obsesiona y que no podemos apartar de nuestro pensamiento tiene la misma estructura lógica (no se olvide que nuestro proceder responde al método de comparación de textos ampliamente utilizado en ciencias) que la enfermedad tal como se presenta a nuestro entendimiento, esto es, inseparablemente psicosomática.
Pero es que al enlace le falta uno de los tres registros necesarios que componen nuestro pensamiento completo: el registro de lo Real, que nosotros sustituimos por el registro de lo Biológico y que indicamos con el color rojo; el registro de lo Imaginario, que aquí nosotros sustituimos por el registro de lo Psíquico y que indicamos con el color azul; y el registro de lo Simbólico, que nosotros sustituimos por lo Social y que indicamos mediante el color verde.
Estos tres registros se anudan de una forma borromea del siguiente modo, que ya nos resulta familiar:
La escritura del nudo borromeo se caracteriza, tal como se muestra en la figura, porque no hay ningún enlace. Dicho de otra manera, ningún círculo penetra en el interior de ningún otro. Basta seguir por ejemplo el rojo para ver que se anuda pasando dos veces por encima del verde y dos veces por debajo del azul. Pero si ahora nos fijamos en el azul, lo vemos pasar dos veces por encima del rojo y dos veces por debajo del verde; asimismo con el verde, que lo vemos pasar dos veces por debajo del rojo y dos veces por encima del azul. Los tres círculos entrecruzados de esta manera, escriben la base fundamental con la que está escrito nuestro pensamiento lógico. Esta base se puede reducir todavía más hasta dar con la estructura básica elemental de nuestro pensamiento: el triskel
que, en virtud de las propiedades intrínsecas de la escritura, constituye nuestro rasgo principal o "rasgo unario" (Trait unaire en francés, que es como está escrito en la figura):
según habíamos aprendido en este mismo hilo, algunos mensajes más arriba.
Hay ser humano únicamente en el seno de una cultura. Lo hemos visto con los informes sobre niños salvajes que no han sido humanizados, en especial, por su completud y pormenorizada descripción, el informe del médico Jean Itard sobre el niño Víctor de l'Avéyron <-- (clic sobre el nombre para acceder a información sobe el caso y sobre el film de François Truffaut <--lEl pequeño salvaje", que es un fidelísimo reflejo del informe original redactado por Itard)
Ahora bien: para que en el ser humano haya estabilidad psíquica estructural es preciso que los tres registros de lo Real-Biológico, Imaginario-Psíquico y Simbólico-Social estén bien anudados de un modo borromeo, la enfermedad, que en su primera y primitiva forma forma de presentarse, se hace mediante el enlace de lo psicosomático, dejando fuera de cualquier anudamiento lo social. Esto social que aparece "suelto", desanudado, ha de anudadarse con lo psicosomático de alguna manera de modo que la estructura se estabilice.
Nótese que el círculo de lo social no queda anudado de ningún modo con lo psicosomático cuando intenta hacerlo. No hay manera de anudar directamente el registro de lo social con el registro de lo psicosomático, a pesar de que una exigencia del sistema para obtener estabilidad.
La aparición en la consciencia del fenómeno psicosomático, que invariablemente se acompaña de angustia, nos mueve a generar una demanda, una petición, a nuestro entorno cultural. Es así que lo psicosomático genera la demanda médica. La sociedad responde con un saber sobre lo psicosomático, del que el sujeto no sabe una palabra. La enfermedad es un constructo enteramente médico, y el paciente no entiende nada de lo que le dice el médico. Esta circunstancia se escribe muy bien en la estructura de la enfermedad tal como lo he hecho en el mensaje anterior, esto es, un enlace que no puede anudarse con ningún otro registro. Lo simbólico-social que sería el saber médico sobre lo psicosomático, o sobre la bioenfermedad, no puede anudarse con el enlace psicosomático, y el sujeto queda alienado al diagnóstico, esto es, elidido. No hay sujeto inscrito en esta estructura. No representa a ningún sujeto; no hay sujeto ahí.