Medicinas imaginarias (8)
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Gracias por tus aportaciones, José Antonio.
Siguiendo con el texto de Laín Entralgo "El diagnóstico médico", el segundo paradigma del diagnóstico médico, o paradigma moderno, consiste en "una razonable y razonada pretensión de reducir el juicio diagnóstico a una visión directa o indirecta, pero en todo caso real, no imaginativa, de aquello que para el médico sea la realidad misma del proceso morboso observado"
Creo que esta definición es clara y suficientemente explicativa y que no requiere de demasiados comentarios adicionales. Seguimos todavía un poco más con el texto de Laín Entralgo. En la página 44 de su libro, a continuación de la definición de paradigma moderno del diagnóstico médico, añade: "Ahora bien, los médicos modernos no han entendido siempre igual la realidad misma del proceso morboso, y de lo que en consecuencia pueden y deben ser las vías para verla sin error. Por lo cual, la práctica del 'lógos de la visión real', fórmula en la cual tiene su principio básico y rector el paradigma moderno del diagnóstico médico, muestra una accidentada historia en cuyo seno es posible discernir cinco etapas sucesivas, dialécticamente relacionadas entre sí: el diagnóstico sydenhamiano, el diagnóstico anatomoclínico, el diagnóstico fisiopatológico, el diagnóstico etiopatológico y la introducción del sujeto orgánico -con otras palabras, la consideración clínica de la individualidad orgánica del enfermo- en el empeño de diagnosticar."
Se diría que, a los ojos de un historiador, todo proceso es histórico y el desarrollo de la medicina hipocrática occidental es un proceso que se da en el tiempo. Se trata de la construcción de un concepto cuya realidad queda fijada mediante la utilización de un elemento simbólico, de un significante. Asimismo, puede afirmarse que el desarrollo histórico pone de relieve una estructura "invisible", que determina las directrices y las leyes por cuya causa se organiza el devenir histórico. Por decirlo así, la historia, el devenir histórico, pone de manifiesto, "descubre", la estructura de una realidad que está más allá, o más acá, de los hechos aislados. Nos interesa, pues, o al menos a mi me interesa, descubrir esa estructura que deja al descubierto la historia de la medicina, en este caso. Esa estructura no es otra que la estructura de la enfermedad, según vamos desarrollando aquí. Y es una estructura biopsicosocial más el Sinthome.
Cada una de dichas etapas que menciona Laín en el párrafo supra, es descrita magistralmente en las páginas que siguen, tomando como guía los principios que dirigían su método de análisis: "el qué" del diagnóstico, qué cosa se diagnostica, en qué consiste el diagnóstico en cada etapa; "el cómo" se diagnostica, identificándola, en cada etapa la "especie morbosa" o "enfermedad", mediante un método que caracteriza e individualiza cada enfermedad, siguiendo métodos clasificatorios capaces de establecer distintas categorías de enfermedades; "el para qué" del diagnóstico es muy característico del pensamiento lainiano: se diagnostica para tres cosas básicamente, curar, saber y brillar; "el por qué" se diagnostica se resume en que el médico diagnostica porque así lo exige la condición técnica de su saber y su quehacer. Pocas explicaciones caben a estas cuatro motivaciones que rigen el devenir de la construcción del concepto médico de enfermedad. De todos modos, la lectura del libro aclara muy bien qué son estas cuatro cosas y cómo operan en la mente del clínico.
Laín Entralgo se extendió profusamente y de un modo muy didáctico, en la descripción y estudio de cada una de las etapas que distinguió en el proceso de construir un sustrato, o realidad efectiva, para la enfermedad. En el paradigma moderno, no se trata solo de imaginar el qué, en qué consiste la enfermedad, de un modo más o menos imaginativo pero constrastable, sino de dotar al concepto de enfermedad de una realidad tangible en el cuerpo del enfermo. Dicho de otra manera: la enfermedad no es lo que el médico imagina, sino que consiste en una realidad material distinta a la "normal" y de una función también distinta que se da en el cuerpo del enfermo. Materia y función, realidad anatomopatológica y fisiopatológica, son los fundamentos de la realidad de la enfermedad. Conceptualmente, la lesión y la alteración funcional son los referentes de la realidad de la enfermedad. La clínica es consistente, se corresponde, con determinadas alteraciones en el organismo.
Todo el proceso histórico, el devenir de la medicina occidental, ha consistido en simbolizar de un modo efectivo, el proceso patológico. En este proceso han intervenido dos elementos "mayores": una imagen, la visión directa o indirecta, pero en todo caso no imaginativa, de los cambios que genera la enfermedad en el cuerpo del enfermo, y de los cambios en el funcionamiento ordinario, químico, del organismo enfermo. Se trata, como veíamos en mensajes anteriores, de construir un fundamento simbólico para la enfermedad.
Este fundamento, la estructura de la enfermedad, es el anudado de los tres registros, de lo biológico, lo psíquico y lo social, más el Sinthome. Esa es, para mi, la realidad de la enfermedad humana. Y referimos los hechos clínicos a esa estructura. La enfermedad humana está escrita en ese anudamiento topológico. Es un símbolo. Y tenemos dos formas de simbolizar la estructura de la enfermedad:
Modo 1: Estructura de la enfermedad deducida por Engel


Modo 2: Estructura de la enfermedad según Gasulla
Aquí, entonces, encontramos una base sólida para afirmar que las demás medicinas son imaginarias, mientras que la medicina occidental hipocrática es una medicina simbólica y, posteriormente, científica. El constructo simbólico sobre el que se construye la medicina occidental hipocrática (la enfermedad) se fundamenta, se construye, sobre una base material sólida que pertenece de lleno al orden simbólico. La enfermedad consiste en cambios en el aspecto del organismo y en cambios en la fisicoquímica del mismo. Estos cambios son descriptibles y manejables fundamentalmente mediante la descripción de la imagen, de la formulación química y la matematización de su física. Y, como ya he dicho, el devenir histórico de la construcción del concepto de enfermedad pone de manifiesto, desvela, que todo proceso morboso está estructurado como una cadenudo finkeana (nudo borromeo más nudos reparadores).
Por lo mismo, la terapéutica es consistente con este orden de cosas.
Las medicinas imaginarias, por contra, poseen como sustrato o realidad de la enfermedad, un constructo imaginario no referenciado en una realidad tangible del organismo. Por ejemplo, no está demostrado que existan como realidad los canales por los que, según la medicina china, fluyen las distintas energías. Es una construcción imaginaria, figurativa, pero no una realidad tangible. Deducible, supuesta, posible, pero no constatable ni demostrable.
La medicina occidental hipocrática, en su estado actual, es una medicina simbólica, porque la realidad de la enfermedad está referida a un constructo simbólico, mientras que las demás medicinas son imaginaria al ser referida su realidad a un constructo imaginario.
En el siguiente mensaje diré algo en relación a cómo se construye el símbolo. Decir, de paso, que el psicoanálisis freudiano fue una construcción imaginaria, de ahí las críticas que ha sufrido; pero el psicoanálisis lacaniano es un psicoanálisis simbólico, puesto que la realidad que sirve de base para sus construcciones es una realidad simbólica.
JM Gasulla