¿Medicinas Alternativas? (4)====================
¡Hei, Luís! Gracias por tu intervención. Leyéndote, uno no tiene la impresión de estar viviendo en un desierto.
Le estoy dando a lo del Timema, no lo abandono. José Antonio Palos ha tenido la amabilidad de enviar a mi correo privado una serie de enlaces con la intención, probablemente, de que me sean útiles en ese trabajo que hago sobre lo emocional en medicina. En algún momento tendré que aclarar, y espero que realmente lo aclare, lo deje claro, desde dónde digo las cosas. Gracias, José Antonio.
Como creo que somos varios los que pensamos que lo emocional está ahí, presidiéndolo todo, bien sea como efecto o bien sea como razón, yo le sigo dando al tema, pero en "diferido". Vuelvo a él de forma regular. Voy dejando que algunas informaciones nuevas vayan sedimentando y entrelazándose con las viejas, que lo que leo haga efecto y que, por fin, tenga algo sólido que ofrecer, porque hasta ahora eso que tenía era todavía demasiado líquido, poco espeso, en el sentido de Zygmunt Bauman. Todavía es demasiado plástico, protéico. Necesitamos algo más sólido, más denso, más consolidado a modo de cristal. ¿Y por qué? Pues porque como no hay que inventar nada, porque eso está ahí ya dado, lo emocional está en la clínica de un modo manifiesto, la cuestión a la que nos vemos enfrentados es poder dejar bien resuelta la exposición de la clínica, la descriptiva racional de la clínica, de modo que nos sirva de guía y de rechazo de cuantas fantasías oníricas y veleidades subjetivas quieran hacernos ver lo que no hay. Dicho de otra manera: lograr tener las ideas tan claras que no nos dejemos abrumar por cantos de sirenas.
Aquí sólo quería salir un poco al paso de las llamadas "medicinas alternativas" y de qué adolecen. Venía a cuento del vídeo-conferencia de Manel Ballester ("Medicina energética:las beses científicas" <-- Clic sobre el título para acceder) que me pasaron y sobre lo que me pidieron opinión. Aunque es largo, me parece que vale la pena verlo y analizarlo. Es muy aleccionador. No por el contenido textual, sino por la estructura del discurso y todos los aspectos que lo acompañan y lo adornan. Sobre el contenido textual, uno puede aplicar su oreja crítica y escuchar lo que oye bajo la perspectiva o filtro de su crítica racional y emocional. Verá rápidamente los errores de bulto, aquello que no está justificado y que nos quieren colar vía acto de fe, sin más pruebas que teorías cogidas por los pelos donde lo que predomina es, precisamente, el borrado del sujeto de la ciencia. Si piensas sobre lo que ves y oyes, no caerás en la trampa de creer y verás los errores de bulto, y hasta los errores sutiles, que son los más dañinos.
¿Qué es eso del sujeto de la ciencia? Exactamente hace un momento, justo antes de sentarme a leer tus palabras, Luís, estaba hablando por teléfono con una buena amiga y el tema era, precisamente, este: el sujeto de la ciencia. Hablábamos del auge que tiene lo cuántico en los discursos de toda clase. De repente, un estallido no energético ni explosivo de lo cuántico en el discurso. Lo cuántico es la moda: metafóricamente, una bomba altamente explosiva del discurso. ¿Se atreverá alguien a decir que dios es un fenómeno cuántico? Estoy convencido de que alguien ya lo habrá dicho y yo no me he enterado todavía.
Lo más aplicado de lo cuántico a la vida ordinaria es el principio de incertidumbre de Heisenberg. Uno se lo encuentra en todas partes como justificación de cualquier desmán intelectual. A partir de este principio de incertidumbre, el autor de la conferencia que comento, Manel Ballester, un afamado cardiólogo catalán, comete el error común de obviar el sujeto de la ciencia. Ballester es un creyente fiel; tiene más fe que razón. ¿En qué consiste ese error? Tal como lo pienso, en pensar que en la naturaleza existe una doble naturaleza corpuscular y ondulatoria para la luz, y que el físico descubre esa naturaleza a partir, primero, de la deducción matemática de sus fórmulas y, después, como resultado de sus experimentos. Apoyado en ese borrado del sujeto de la ciencia, va y suelta que la consciencia hace la luz. No le falta razón, pero donde dice consciencia hay que poner el sistema simbólico. Da muestras, a mi entender, de meter ahí el acto de creación de la consciencia como un acto mágico, como la transmutación del pan en cuerpo divino, o el agua en vino. Bastaría la voluntad de la consciencia. ¡Bah! ¡Este no ha entendido nada!
Ciertamente es la consciencia la que crea el fenómeno, pero no en el sentido de que la mente crea cosas como se les atribuye a algunos yoguis en la India mítica: no es una creación material, sino simbólica. Efectivamente: la mente crea la cosa, pero por medio del símbolo, de lo simbólico y en lo simbólico, no en lo Real. No lo crea materialmente, sino discursivamente. La mirada del experimentador es un elemento simbólico que descuartiza lo real, lo descompone, lo divide en partes y lo analiza separadamente. Esa es la causa del sujeto de la ciencia que muchos científicos obvian, y por supuesto nuestro autor. Para comprender hay que dividir en partes y luego juntar, lo que no quiere decir que el objeto sea divisible o esté dividido o formado por partes realmente. El error más craso consiste en identificar el signo con lo Real, en olvidarse de la denotación y aferrarse a la significación como causa de la realidad, y decir que lo que se dice o se formula matemáticamente, es lo Real. Es un problema lingüístico, no material y no de lo Real, es un problema de la estructura del lenguaje. Descuidar este aspecto del conocimiento les lleva a legiones de bienintencionados investigadores de cualquier pelaje a cometer errores descomunales y a decir burradas increíbles.
Se trata del mito platónico de la caverna, tal como yo lo veo. Los objetos matemáticos, el mundo real, está ahí desde siempre, y proyecta sus sombras sobre la mente de los investigadores, que a partir de esas sombras proyectadas en sus mentes descubren y deducen el mundo real mediante su razonamiento. Entonces, los investigadores platónicos "descubren" la naturaleza doble de la luz, ondulatoria y corpuscular, que es la proyección de la realidad de la luz sobre la pared de la caverna, que es la mente de los físicos. Eso está bien si no tenemos para nada en cuenta al sujeto de la ciencia. En este sentido, el científico "descubre", y la relación entre el "descubrimiento" y lo Real es directa, porque no es más que describir lo que existe, a partir de las sombras proyectadas y del proceso de deducción, en el sentido fuerte de la palabra existir, y uno lo reconoce, lo descubre, lo deduce, tal como Colón descubrió América, cuando siempre había estado ahí.
Pero si tenemos en cuenta al sujeto de la ciencia, pensamos que se trata siempre del dispositivo simbólico con el que vemos el mundo, y no de la cosa en sí, de lo Real. Con otro sistema simbólico, uno ve el mundo de otra manera. Si pensamos en espíritus, decimos que son luz, y para nada nadie que vea espíritus se pregunta por su naturaleza corpuscular u ondulatoria. La cuestión que subyace, o predomina, sobe el sujeto de la ciencia, es que el científico no descubre, sino que inventa. Es su sistema simbólico el que le hace ver que la naturaleza de la luz es doble. La discusión se centró alrededor de los años 30 del siglo pasado (creo recordar, porque hablo de memoria) entorno a si los objetos matemáticos existían ahí afuera, fuera de la caverna y los matemáticos los descubrían (idea platónica) o si bien los matemáticos los inventaban, eran creaciones intelectuales de objetos abstractos sin ninguna existencia real fuera de las mentes de quienes los inventan (La discusión sobre esto llevó muy lejos, pero es tan ilustrativa que uno hace mal si no se informa: Vale la pena leer a Michel Serres, Los orígenes de la geometría, entre otros). A favor de la idea platónica estaba la disparatada e imposible de probar idea de que un extraterrestre tendría su versión del teorema de Pitágoras, pero que el triángulo era un objeto cuya existencia era independiente del sistema simbólico (mundo de las ideas) A lo que cabe oponer que es posible que ese hipotético extraterrestre no dispusiera de un sistema simbólico que captara triángulos, no los percibiera y, en consecuencia, carecería del sistema de triangulación de las superficies que predomina en nuestra cultura. El triángulo, entonces, sería un objeto inventado, artificial, y no un objeto real ni natural.
De lo dicho en el párrafo anterior, salta de inmediato la cuestión de que, si el científico no descubre sino que inventa ¿cuál es el proceso de inventar? ¿Es un proceso que debe ser estudiado por la psicología o por la lógica? Cada cual saque sus conclusiones sobre el asunto. Yo ya tengo las mías, que se pueden rastrear fácilmente.
Lo mismo que el número. Hay quienes dicen que la existencia del número es independiente de la existencia de una mente que lo capte. Que el número es un ente eterno que habita en la mente de un dios y que solo espera ser comprendido por una mente inteligente hecha a imagen y semejanza de la mente de ese dios sabio que no juega a los dados y que es geómetra. Podemos pensar que algunos matemáticos son más idealistas que el propio Platón.
Para poder contar y, en consecuencia, conocer el número, hay que disponer de una mente en cuya organización sea posible y tenga cabida el número y la posibilidad de realizar la operación de contar. Sorprende cómo algunos pueblos no han sabido contar nunca. Pero eso del número no viene dado de fábrica (como supuso Chomsky para la gramática), sino que se construye. Hay quienes sostienen que la noción de número es innata, y otros, en cambio, aportan pruebas que lo desmienten, porque hay y han habido a lo largo de la historia de las culturas, quienes no utilizan el número y que, a lo sumo, sólo saben contar hasta 3. La cuestión es que, sea como sea, y yo me apunto al bando de los que sostienen que el número es un constructo que depende de cómo se construye el mundo simbólico en los seres hablantes (que es la condición sine qua non), lo cierto es que los números, los objetos matemáticos, la naturaleza doble de la luz, lo cuántico y tutti quanti, depende de la existencia de un sujeto creado como posición o resultante de unas leyes de la lengua hablada o escrita que es, precisamente, lo que desdeñan los partidarios de cualquier teoría.
Entonces, si uno tiene en cuenta al llamado sujeto de la ciencia, es decir, aquél que piensa sobre estas cosas, le resulta difícil hablar de la conciencia cuántica, de lo espiritual, de la realidad de la naturaleza de la luz y de las paradojas de la lógica y de la ciencia, incluso hasta de lo emocional. Nuestro sistema simbólico, la lógica que usamos, la lógica común, por más que la compliquemos, nos limita a conocer únicamente ciertos aspectos de la realidad del mundo. Estamos obligados a conocer la naturaleza de la luz de un modo doble y contradictorio, lo que no quiere decir que la naturaleza de la luz sea realmente, verdaderamente, doble y contradictoria en sí misma, sino que es nuestro sistema simbólico, el sujeto sometido al pensamiento lógico, a las leyes gramaticales y a las leyes que rigen nuestras operaciones mentales dentro de determinado lenguaje, las leyes, en suma, de construcción de la realidad, las leyes que gobiernan nuestro pensamiento y nuestro deseo, el que nos ofrece un aspecto contradictorio, paradójico y chocante de la realidad. La paradoja no está ahí afuera, en lo real, sino dentro del sistema con el que examinamos el mundo. En lo Real, Aquiles sobrepasa con pocas zancadas a la tortuga; en la realidad construida por nuestro pensamiento, eso no ocurre jamás.
Comprendemos, pues, el mundo, de un modo subjetivo, emocional, racional y matemático; en cualquier caso, lógico. Bajo una lógica limitada y restrictiva. Aquí proponemos, para la medicina y la terapéutica, sea psíquica, física o química, una lógica más amplia, más abarcativa y que introduce, como descubre el experimentador cuántico, introduce, digo, al experimentador, al médico y su subjetividad, en el experimento, modificándolo y construyéndolo de determinada manera. Esa lógica que pretendemos introducir poco a poco es una lógica modificada en una topología del sujeto. esa es la nueva lógica científica, si es que uno quiere ser científico y contar con el sujeto en sus cálculos.
No he ocultado nunca mi forma de pensar; antes bien, me encargo de exponerla en cuantas ocasiones se preste soy emergentista y constructivista, y ahí estoy hablando así de todo esto.
De nuevo, Luís, gracias por estar ahí hablando y exponiendo tu opinión aquí.
JM Gasulla