¿Medicinas Alternativas?

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JM Gasulla

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Aug 17, 2013, 12:35:34 PM8/17/13
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¿Medicinas Alternativas? (1)
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¿Son alternativas las llamadas "otras medicinas"? ¿Son una alternativa a la medicina científica? 

Enumero algunas: Medicina Energética, Biodescodificación, Medicina Holística, Medicina Natural, Nueva Medicina Germánica, Acupuntura, Medicina China Tradicional, Terapias energéticas de diversa índole, Curanderismo, Osteopatía, Flores de Bach, Homeopatía, Medicina Espiritual...

Hay más. He citado las más conocidas o las que sus adeptos las difunden con más fuerza. Parecen tener en común, más o menos, que todas curan lo incurable, que todas tienen como enemigo común la llamada Medicina científica, que no precisan de estudios complejos y que mediante de la difusión de sus principios, uno puede llegar al "hágalo usted mismo" mediante unas técnicas y, sobre todo, la voluntad. 

La prueba del algodón, o la prueba del 9, sobre la eficacia de estas medicinas, es que todas, todas curan el cáncer. Bueno. No todas. La medicina china y la homeopatía no tienen esas pretensiones. Las demás, las espirituales, las holísticas, las emocionales, las energéticas, todas, todas, demuestran su eficacia porque curan el cáncer. Curan el cáncer. Lo digo bien. Cada una posee una teoría sobre la razón de estas curaciones. ninguna dice de lo suyo que sea magia o milagro. Todas tienen una explicación "racional". Ahora se ha puesto de moda en las explicaciones de los principios en los que dicen apoyarse, hablar de lo cuántico.

El argumento que más se repite para introducir lo cuántico en sus discursos (que no en sus principios terapéuticos, porque nadie sabría cómo hacer eso) es el recurso a la paradoja de la luz enunciado a partir del principio de incertidumbre de Heisenberg. Quizás una de estas conferencias de difusión que, por proximidad (se trata del cardiólogo Dr. Manel Ballester, y no sé por qué muchos de estos difundidores son catalanes) más he criticado, sea la del Dr. Manel Ballester, en "Medicina energética:las beses científicas" <-- (Clic sobre el título para acceder al vídeo) Decir, antes de seguir, que la historia de la medicina está plagada de médicos incautos, aunque honestos, que querían creer, y cayeron en sonoras trampas y en los ridículos más espantosos por prestarse a dar testimonio de increíbles farsas. Esto fue particularmente importante durante la época espiritista, en la que médicos y científicos se prestaban como testigos a los fraudes más increíbles. El problema es que aquellos médicos querían creer en vez de querer saber, y ahí radica la raíz del problema.

Saber es laborioso, lleno de sinsabores, de fracasos y de muy ocasionales éxitos. Saber requiere esfuerzo, tiempo y método. No es otra cosa la ciencia: un saber depurado de subjetividad.Es, además, frustrante y predecible. El conocimiento y los tratamientos para el cáncer son algo frustrantes: requieren mucha paciencia, pasar por un calvario, adquirir otra enfermedad, acaso peor que los síntomas, y no tener garantías de una curación al 100%. En contra de estos inconvenientes, está que la medicina científica cura determinados tipos de cáncer en determinados estadios evolutivos y proporciona determinados pronósticos en cada caso. Y cuando explica las razones por las que cura el cáncer y establece pronósticos, sabe dar cuenta de ello. 

¡Las otras medicinas también dan cuenta de por qué curan el cáncer! se apresurará alguien a gritar. Todas hablan de un nivel teórico más que incierto, las más de las veces falso o infalsable, y no sabrían dar cuenta de por qué fallan, esto es, cuáles son las condiciones por las que sus teorías fallan cuando fallan. la conclusión es que se trata de magia, de que hay que seguir el ritual de determinada manera y no se sabe por qué una variación del ritual podría mejorar o empeorar el cuadro clínico. En medicina, no importan tanto los éxitos y las explicaciones que se dan, sino también los fracasos y las razones que se desprenden de ellos.

No quiero abrumar más, pero es que últimamente estoy recibiendo un bombardeo creo que singular y simultáneo, desde diversos ámbitos, países y personas a las que algunas no conozco de nada, para explicarme la efectividad de lo suyo. Yo no soy nadie para escuchar eso, ni para opinar (bueno, eso sí, puedo opinar como cualquier otro y mi opinión no vale más que la de nadie) A estas alturas de mi vida, tengo mi cosmogonía ya resuelta y construida sobre las bases de la racionalidad y la ciencia. Creo que se trata de un conocimiento sólido y firmemente establecido en la acción de cientos de miles de seres humanos que han ido forjando poco a poco la cultura occidental tal como la conocemos ahora. No es por nada que se rechazan todas estas medicinas alternativas (acaso con excepción de la medicina china tradicional y la acupuntura, que no son empíricas) por no cumplir algunos criterios mínimos de rigor intelectual. Y se rechazan, no por ideología ni por hegemonía (de todo hay, no obstante), sino porque no logran superar el criterio m´s fundamental sobre la subjetividad y la creencia.

Sigo en otro mensaje.

JM Gasulla

JM Gasulla

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Aug 17, 2013, 2:18:15 PM8/17/13
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¿Medicinas Alternativas? (2)
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Y es que uno tiene tendencia a creer. 

Hay en este vídeo de Manel Ballester "Medicina energética: las bases científicas" alguna pizca de conocimiento verdadero. Fuera de esa pizca, se trata de fe. Todo el discurso de Ballester busca la fe, generar impactos emocionales que creen adeptos, creyentes, ya que no es un discurso apodíctico, verdadero, en el que se muestra y demuestra la verdad. Es la diferencia entre un discurso emocional y un discurso apodíctico: el primero busca la simpatía y la adherencia emocional de los oyentes (hay que estar atento para reconocer los énfasis emocionales y los giros de la prosodia que buscan la complicidad y no la razón argumental de los oyentes) y establece una erística retórica que tiene la fe y la creencia como fin, mientras que la segunda clase de discurso argumenta las conclusiones de un modo a-subjetivo y sin emoción, sin buscar la adherencia emocional de los oyentes, a partir de un encadenado de premisas verdaderas y establece una dialéctica que tiene la verdad como fin.

En el discurso emocional se busca la adhesión emocional, y toma apoyo en la creencia o en el ansia de creer de los oyentes, mientras que el discurso racional o apodíctico busca esclarecer los argumentos en base a un razonamiento lógico sobre datos y pruebas. Estamos, pues, ante un conflicto entre la fe y la verdad. ¿Y por qué?

Algunas de las personas que acuden a esta clase de medicinas lo hacen porque la medicina occidental es limitada y, en consecuencia, merma la esperanza; mientras que las medicinas alternativas operan a un nivel que no lo hace la medicina racional. Las medicinas alternativas alimentan la fantasía de la ausencia de límites y de que uno puede curarse mediante operaciones que cree tener al alcance de su mano y controlarlas él: si hago determinada cosa, me curaré y el cáncer no va a acabar con mi vida. Este fenómeno opera desde la infancia, bajo la forma que se ha dado en llamar "omnipotencia del pensamiento". Bastan la voluntad, el pensamiento y desear algo, visualizarlo y creer en ello, para que se produzca el milagro. Estamos al mismo nivel que la oración. Esta creencia sobrevuela por encima de la realidad, de la que se aleja cada vez a mayor altura. No importan medios ni palabras. Cuanto más extrañas y misteriosas, mejor; cuanto menos se entienda, también mejor: más cabida tendrá la omnipotencia del propio pensamiento. De ahí que muchos hablen de lo que ni entienden  por ejemplo, de física cuántica. De eso, de hablar un lenguaje incomprensible, de hablar en latín o en el lenguaje incomprensible de la medicina, los médicos sabemos algo, porque ha sido una táctica empleada en incontables ocasiones por la medicina y por los médicos de todas las épocas. 

Por decirlo así, mientras que las medicinas alternativas se dirijan a la fantasía, a la omnipotencia del pensamiento y a la realización mágica del propio pensamiento, tienen un éxito asegurado porque la medicina científica es frustrante, aunque es la única que de verdad cura y sabe por qué.

Así pues, que con mi cosmogonía ya acabada, fruto de mi inquietud, de mi inseguridad y de lo que llamaría mi "lucha contra la castración" que impone la realidad, a estas alturas de mi vida es muy difícil apearme del resultado de un proceso de transformación personal, que es el proceso en el que nos vemos embarcados todos al poco, muy poco, de nacer. Se trata del proceso de la realización del ente en un ser a través del tiempo, como diría Heidegger

Mi ser, aunque no está cumplido del todo, cada vez está más formalizado, más rígido, diría; soy muchísimo menos elástico en todos los sentidos de la palabra, mucho menos protéico y flexible. Soy mucho más "yo", mucho más ser y menos ente, mucho más inflexible que cuando empecé mi periplo vital. Y eso uno lo sabe con la edad y el sedimento del conjunto de las experiencias, conocimientos y relaciones que han constituido su vida. Soy el resultado del conjunto de unas determinadas experiencias y condiciones tanto ontológicas como filogenéticas y ambientales. Ahora puedo decir en qué me ha convertido la vida, puedo decir qué soy. Me caben pocas dudas y pocos resquicios por los que meter alguna duda existencial. Finalmente, soy el médico que he sido, justo ahora que ya no ejerzo como médico.

Es muy difícil cambiar eso, de no ser que mediara un acontecimiento realmente extraordinario, como por ejemplo, se apareciera un dios, o un extraterrestre, y diera pruebas de la Verdad Absoluta. Pero aún y eso todavía, uno también está abierto a esa posibilidad, de modo que poco cambiaría la esencia del ser en el que me he convertido, y espero que cada uno de los que por azar vaya a leer esto, se haya convertido o esté en el trance directo de convertirse ya en un ser, le ocurra lo mismo: que esté expuesto a muy pocas sorpresas.

Yo les deseo a quienes sufren todavía por el ente que son a la espera de ser, un pronto recorrido, pero por más que uno corra, eso no se alcanza más que al final, o muy cerca. Yo ya no puedo ser otro médico que el que he sido, otra persona que la que he sido. No puedo cambiar ni un ápice todo eso, por más que mi imaginación me quisiera llevar por los derroteros de la fantasía delirante, de la imaginación o de la más oscura de las negaciones. Ahora puedo cambiar en el sentido del deterioro, incluso de alguna nueva experiencia que ya no será nueva, sino repetición. Difícil cambiar mi pensamiento y mi cosmogonía. En consecuencia, no voy a discutir con nadie. Cada uno tiene ante sí la posibilidad de encontrar su ser, de darle existencia, a partir de lo que va encontrando en su camino. Yo puedo explicar los resultados de ese proceso de constitución de un ser, porque ese conocimiento le puede servir mucho a otros, como a mí me ha servido el de los que me han precedido. Si al final lo que uno busca y con lo que se queda, es con el conjunto de fantasías que otros han ido cultivando a partir de sus propios deseos, pues será eso con lo que habrá construido su ser: con fantasías. Pero otros, en cambio, construirán su ser con certezas más que con verdades, y frustraciones más que con plenitudes y verdades absolutas, que es con lo que lo intentan la mayoría de los humanos. La cuestión, en cada caso, es cómo resolver la angustia ante la falta de ser y la transformación del ente que somos en un ser rígido.

Esto que he escrito aquí no es más que un intento de decir lo que no he conseguido decir todavía en relación a este tema de las medicinas alternativas, que no son más que intentos de resolver la angustia del ente ante la falta de ser, por medio de lo que llamamos medicina Las medicinas alternativas no son cuestión de la verdad encriptada en cada una de ellas, sino una cuestión personal, individual, enteramente subjetiva. En la medicina, los médicos buscamos, acaso sin saberlo, el ser que nos falta para ser un ser realizado en el ser médico. El falso ser que nos ofrece el ser médicos, ha de dar paso a la transformación de ese ente médico, en alcanzar haber sido un médico concreto; que el ser del médico se concrete en un médico concreto que hemos sido cada uno de nosotros. Uno, yo en mi caso y tras mi jubilación, he sido un médico; más bien, soy el médico que he sido. Mi ser se ha cumplido en un médico, pero mi ser es, todavía, mucho más que ese médico que he sido. Y aquí indico la realidad de la paradoja del ser y el tiempo que señalara Heidegger, pues el ser es una proyección, un proyecto, un pro-eyecto, un lanzar hacia delante, hacia el futuro, un ente que se ha realizado en el pasado a través de una historia determinada. Ser médico es haber sido un determinado médico; ser médico no es lo que uno es en acto y en el presente, sino lo que ha sido. Ahora puedo decir que soy, finalmente, médico, esto es, cuando puedo afirmar que mi ser de médico se ha realizado plenamente, cuando he dejado de serlo. Esto es el ser para la muerte del que habló de nuevo Heidegger.

Era necesario, cero, hablar de la ontología del médico para comprender el porqué de las alternativas y el porqué de la medicina científica. Quizás no había hablado nunca, todavía, de la ontología de la medicina y del médico. Misión cumplida. Si surgen dudas, las hablamos. Muy parecido para la psicología y los psicólogos, aunque hay matices. Para las enfermeras, evidentemente que la cuestión del ser, la ontología de la enfermera, es una necesidad imperativa conocerla.

JM Gasulla

Luis Tarragona

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Aug 18, 2013, 2:54:47 AM8/18/13
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Hola a todos,
 
Tienes razón Juan manuel, pero, pienso que se te escapa un aspecto:
 
La medicina ''occidental'' cada vez mas tecnificada, olvida la parte emocional del enfermo. Es el intento de satisfacer esa parte emocional olvidada lo que lleva a los enfermos, desechados por la medicina oficial a las medicinas alternativas, que, oh casualidad !!!, ponen su mayor énfaisis en lo emocional.
 
Ocurre, que hasta los psicoanalistas lacanianianos PUROS olvidan ''lo'' emocional, porque no entra en los 4 anillos: real, simbólico, imaginario y simpthome. Lo olvidan porque están en la lógica modificada, en  los matemas, en la topología; alta matemática, no apta para plebeyos.
 
Algo así empezabas a tocar, el olvido de lo emocional, con el tema que titulabas TIMEMA. Espero que lo sigas.
 
un abrazo,
Luis Tarragona

JM Gasulla

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Aug 18, 2013, 8:50:50 AM8/18/13
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¿Medicinas Alternativas? (4)
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¡Hei, Luís! Gracias por tu intervención. Leyéndote, uno no tiene la impresión de estar viviendo en un desierto. 

Le estoy dando a lo del Timema, no lo abandono. José Antonio Palos ha tenido la amabilidad de enviar a mi correo privado una serie de enlaces con la intención, probablemente, de que me sean útiles en ese trabajo que hago sobre lo emocional en medicina. En algún momento tendré que aclarar, y espero que realmente lo aclare, lo deje claro, desde dónde digo las cosas. Gracias, José Antonio.

Como creo que somos varios los que pensamos que lo emocional está ahí, presidiéndolo todo, bien sea como efecto o bien sea como razón, yo le sigo dando al tema, pero en "diferido". Vuelvo a él de forma regular. Voy dejando que algunas informaciones nuevas vayan sedimentando y entrelazándose con las viejas, que lo que leo haga efecto y que, por fin, tenga algo sólido que ofrecer, porque hasta ahora eso que tenía era todavía demasiado líquido, poco espeso, en el sentido de Zygmunt Bauman. Todavía es demasiado plástico, protéico. Necesitamos algo más sólido, más denso, más consolidado a modo de cristal. ¿Y por qué? Pues porque como no hay que inventar nada, porque eso está ahí ya dado, lo emocional está en la clínica de un modo manifiesto, la cuestión a la que nos vemos enfrentados es poder dejar bien resuelta la exposición de la clínica, la descriptiva racional de la clínica, de modo que nos sirva de guía y de rechazo de cuantas fantasías oníricas y veleidades subjetivas quieran hacernos ver lo que no hay. Dicho de otra manera: lograr tener las ideas tan claras que no nos dejemos abrumar por cantos de sirenas.

Aquí sólo quería salir un poco al paso de las llamadas "medicinas alternativas" y de qué adolecen. Venía a cuento del vídeo-conferencia de Manel Ballester ("Medicina energética:las beses científicas" <-- Clic sobre el título para acceder) que me pasaron y sobre lo que me pidieron opinión. Aunque es largo, me parece que vale la pena verlo y analizarlo. Es muy aleccionador. No por el contenido textual, sino por la estructura del discurso y todos los aspectos que lo acompañan y lo adornan. Sobre el contenido textual, uno puede aplicar su oreja crítica y escuchar lo que oye bajo la perspectiva o filtro de su crítica racional y emocional. Verá rápidamente los errores de bulto, aquello que no está justificado y que nos quieren colar vía acto de fe, sin más pruebas que teorías cogidas por los pelos donde lo que predomina es, precisamente, el borrado del sujeto de la ciencia. Si piensas sobre lo que ves y oyes, no caerás en la trampa de creer y verás los errores de bulto, y hasta los errores sutiles, que son los más dañinos.

¿Qué es eso del sujeto de la ciencia? Exactamente hace un momento, justo antes de sentarme a leer tus palabras, Luís, estaba hablando por teléfono con una buena amiga y el tema era, precisamente, este: el sujeto de la ciencia. Hablábamos del auge que tiene lo cuántico en los discursos de toda clase. De repente, un estallido no energético ni explosivo de lo cuántico en el discurso. Lo cuántico es la moda: metafóricamente, una bomba altamente explosiva del discurso. ¿Se atreverá alguien a decir que dios es un fenómeno cuántico? Estoy convencido de que alguien ya lo habrá dicho y yo no me he enterado todavía.

Lo más aplicado de lo cuántico a la vida ordinaria es el principio de incertidumbre de Heisenberg. Uno se lo encuentra en todas partes como justificación de cualquier desmán intelectual. A partir de este principio de incertidumbre, el autor de la conferencia que comento, Manel Ballester, un afamado cardiólogo catalán, comete el error común de obviar el sujeto de la ciencia. Ballester es un creyente fiel; tiene más fe que razón. ¿En qué consiste ese error? Tal como lo pienso, en pensar que en la naturaleza existe una doble naturaleza corpuscular y ondulatoria para la luz, y que el físico descubre esa naturaleza a partir, primero, de la deducción matemática de sus fórmulas y, después, como resultado de sus experimentos. Apoyado en ese borrado del sujeto de la ciencia, va y suelta que la consciencia hace la luz. No le falta razón, pero donde dice consciencia hay que poner el sistema simbólico. Da muestras, a mi entender, de meter ahí el acto de creación de la consciencia como un acto mágico, como la transmutación del pan en cuerpo divino, o el agua en vino. Bastaría la voluntad de la consciencia. ¡Bah! ¡Este no ha entendido nada!

Ciertamente es la consciencia la que crea el fenómeno, pero no en el sentido de que la mente crea cosas como se les atribuye a algunos yoguis en la India mítica: no es una creación material, sino simbólica. Efectivamente: la mente crea la cosa, pero por medio del símbolo, de lo simbólico y en lo simbólico, no en lo Real. No lo crea materialmente, sino discursivamente. La mirada del experimentador es un elemento simbólico que descuartiza lo real, lo descompone, lo divide en partes y lo analiza separadamente. Esa es la causa del sujeto de la ciencia que muchos científicos obvian, y por supuesto nuestro autor. Para comprender hay que dividir en partes y luego juntar, lo que no quiere decir que el objeto sea divisible o esté dividido o formado por partes realmente. El error más craso consiste en identificar el signo con lo Real, en olvidarse de la denotación y aferrarse a la significación como causa de la realidad, y decir que lo que se dice o se formula matemáticamente, es lo Real. Es un problema lingüístico, no material y no de lo Real, es un problema de la estructura del lenguaje. Descuidar este aspecto del conocimiento les lleva a legiones de bienintencionados investigadores de cualquier pelaje a cometer errores descomunales y a decir burradas increíbles.

Se trata del mito platónico de la caverna, tal como yo lo veo. Los objetos matemáticos, el mundo real, está ahí desde siempre, y proyecta sus sombras sobre la mente de los investigadores, que a partir de esas sombras proyectadas en sus mentes descubren y deducen el mundo real mediante su razonamiento. Entonces, los investigadores platónicos "descubren" la naturaleza doble de la luz, ondulatoria y corpuscular, que es la proyección de la realidad de la luz sobre la pared de la caverna, que es la mente de los físicos. Eso está bien si no tenemos para nada en cuenta al sujeto de la ciencia. En este sentido, el científico "descubre", y la relación entre el "descubrimiento" y lo Real es directa, porque no es más que describir lo que existe, a partir de las sombras proyectadas y del proceso de deducción, en el sentido fuerte de la palabra existir,  y uno lo reconoce, lo descubre, lo deduce, tal como Colón descubrió América, cuando siempre había estado ahí. 

Pero si tenemos en cuenta al sujeto de la ciencia, pensamos que se trata siempre del dispositivo simbólico con el que vemos el mundo, y no de la cosa en sí, de lo Real. Con otro sistema simbólico, uno ve el mundo de otra manera. Si pensamos en espíritus, decimos que son luz, y para nada nadie que vea espíritus se pregunta por su naturaleza corpuscular u ondulatoria. La cuestión que subyace, o predomina, sobe el sujeto de la ciencia, es que el científico no descubre, sino que inventa. Es su sistema simbólico el que le hace ver que la naturaleza de la luz es doble. La discusión se centró alrededor de los años 30 del siglo pasado (creo recordar, porque hablo de memoria) entorno a si los objetos matemáticos existían ahí afuera, fuera de la caverna y los matemáticos los descubrían (idea platónica) o si bien los matemáticos los inventaban, eran creaciones intelectuales de objetos abstractos sin ninguna existencia real fuera de las mentes de quienes los inventan (La discusión sobre esto llevó muy lejos, pero es tan ilustrativa que uno hace mal si no se informa: Vale la pena leer a Michel Serres, Los orígenes de la geometría, entre otros). A favor de la idea platónica estaba la disparatada e imposible de probar idea de que un extraterrestre tendría su versión del teorema de Pitágoras, pero que el triángulo era un objeto cuya existencia era independiente del sistema simbólico (mundo de las ideas) A lo que cabe oponer que es posible que ese hipotético extraterrestre no dispusiera de un sistema simbólico que captara triángulos, no los percibiera y, en consecuencia, carecería del sistema de triangulación de las superficies que predomina en nuestra cultura. El triángulo, entonces, sería un objeto inventado, artificial, y no un objeto real ni natural. 

De lo dicho en el párrafo anterior, salta de inmediato la cuestión de que, si el científico no descubre sino que inventa ¿cuál es el proceso de inventar? ¿Es un proceso que debe ser estudiado por la psicología o por la lógica? Cada cual saque sus conclusiones sobre el asunto. Yo ya tengo las mías, que se pueden rastrear fácilmente.

Lo mismo que el número. Hay quienes dicen que la existencia del número es independiente de la existencia de una mente que lo capte. Que el número es un ente eterno que habita en la mente de un dios y que solo espera ser comprendido por una mente inteligente hecha a imagen y semejanza de la mente de ese dios sabio que no juega a los dados y que es geómetra. Podemos pensar que algunos matemáticos son más idealistas que el propio Platón

Para poder contar y, en consecuencia, conocer el número, hay que disponer de una mente en cuya organización sea posible y tenga cabida el número y la posibilidad de realizar la operación de contar. Sorprende cómo algunos pueblos no han sabido contar nunca. Pero eso del número no viene dado de fábrica (como supuso Chomsky para la gramática), sino que se construye. Hay quienes sostienen que la noción de número es innata, y otros, en cambio, aportan pruebas que lo desmienten, porque hay y han habido a lo largo de la historia de las culturas, quienes no utilizan el número y que, a lo sumo, sólo saben contar hasta 3. La cuestión es que, sea como sea, y yo me apunto al bando de los que sostienen que el número es un constructo que depende de cómo se construye el mundo simbólico en los seres hablantes (que es la condición sine qua non), lo cierto es que los números, los objetos matemáticos, la naturaleza doble de la luz, lo cuántico y tutti quanti, depende de la existencia de un sujeto creado como posición o resultante de unas leyes de la lengua hablada o escrita que es, precisamente, lo que desdeñan los partidarios de cualquier teoría.

Entonces, si uno tiene en cuenta al llamado sujeto de la ciencia, es decir, aquél que piensa sobre estas cosas, le resulta difícil hablar de la conciencia cuántica, de lo espiritual, de la realidad de la naturaleza de la luz y de las paradojas de la lógica y de la ciencia, incluso hasta de lo emocional. Nuestro sistema simbólico, la lógica que usamos, la lógica común, por más que la compliquemos, nos limita a conocer únicamente ciertos aspectos de la realidad del mundo. Estamos obligados a conocer la naturaleza de la luz de un modo doble y contradictorio, lo que no quiere decir que la naturaleza de la luz sea realmente, verdaderamente, doble y contradictoria en sí misma, sino que es nuestro sistema simbólico, el sujeto sometido al pensamiento lógico, a las leyes gramaticales y a las leyes que rigen nuestras operaciones mentales dentro de determinado lenguaje, las leyes, en suma, de construcción de la realidad, las leyes que gobiernan nuestro pensamiento y nuestro deseo, el que nos ofrece un aspecto contradictorio, paradójico y chocante de la realidad. La paradoja no está ahí afuera, en lo real, sino dentro del sistema con el que examinamos el mundo. En lo Real, Aquiles sobrepasa con pocas zancadas a la tortuga; en la realidad construida por nuestro pensamiento, eso no ocurre jamás.

Comprendemos, pues, el mundo, de un modo subjetivo, emocional, racional y matemático; en cualquier caso, lógico. Bajo una lógica limitada y restrictiva. Aquí proponemos, para la medicina y la terapéutica, sea psíquica, física o química, una lógica más amplia, más abarcativa y que introduce, como descubre el experimentador cuántico, introduce, digo, al experimentador, al médico y su subjetividad, en el experimento, modificándolo y construyéndolo de determinada manera. Esa lógica que pretendemos introducir poco a poco es una lógica modificada en una topología del sujeto. esa es la nueva lógica científica, si es que uno quiere ser científico y contar con el sujeto en sus cálculos.

No he ocultado nunca mi forma de pensar; antes bien, me encargo de exponerla en cuantas ocasiones se preste  soy emergentista y constructivista, y ahí estoy hablando así de todo esto.

De nuevo, Luís, gracias por estar ahí hablando y exponiendo tu opinión aquí.

JM Gasulla
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