Mensaje de bienvenida (1)====================
Las personas que hayan entrado a la página de "La enfermedad" últimamente, habrán encontrado como novedad, un mensaje de bienvenida. El mensaje dice así: "¿Cómo puede estar médicamente sano alguien que se siente profundamente enfermo e incluso al borde mismo de la muerte? La enfermedad humana es sorprendente y no puede limitarse únicamente a las funciones biológicas que la determinan, porque la biología es tan determinante como la función de la lengua que lo habita y lo conforma. En esta página tratamos sobre estas y otras cuestiones relacionadas en torno a la enfermedad humana." Se acompaña, además, de una imagen que reproduce un cuadro de Honoré Daumier, pintado en 1863, y titulado "El enfermo imaginario".
Finalmente me decidí por introducir este mensaje de bienvenida en el foro, tras mucho tiempo de dudar si mantenerlo sin mensaje, o qué mensaje podría resumir la actividad de la página en muy pocas palabras. Finalmente, el resultado se parece bastante a lo que tenía pensado.
El enfermo imaginario, además de ser una pieza teatral de Moliére, quizás una de las más notables puesto que el autor murió en escena interpretándola, doy por sentado que la inmensa mayoría de médicos la conoce y, por más descontado, que muchos la habrán leído o visto en escena. Más allá de la anécdota, el enfermo imaginario es un reto para el conocimiento de la enfermedad de que disponemos, pues, tal como dice el exergo ¿cómo se puede sentir mortalmente enfermo alguien que médicamente está sano? ¿Cómo está construido el concepto de enfermedad para que el enfermo imaginario sea una realidad? Y puesto que el enfermo imaginario es una realidad, ¿qué aspectos del concepto de enfermedad se escapan al discurso médico para que, más allá de la comedia, no se vea que la enfermedad, en sí misma, es un discurso, esto es, un efecto del lenguaje?
Pero aquí el genitivo "del", de la frase "la enfermedad es un discurso, esto es, un efecto del lenguaje", debe matizarse, no fuera a ser el caso que alguien pretendiera, alocadamente, que toda enfermedad es efecto de la palabra. Por el hecho de que la realidad de la enfermedad sea un efecto del lenguaje, no debe entenderse que la lengua sea la causa de la enfermedad, sino,más bien, que si hay posibilidad de distinguir ciertos fenómenos y agruparlos en una patología, es porque el lenguaje humano lo hace así. Si hay enfermedad, es porque hay un discurso, o muchos, sobre la enfermedad, que la distingue, clasifica, investiga y propone tratamientos y curas. De no haber un discurso, que es la unidad superior de la lengua, la enfermedad no existiría como tal, sino que sería un fenómeno de lo Real, como el rayo, o eso que les sucede a todos los animales, excepto el ser humano.
¿Cómo es posible que un dolor de rodilla, de cuello, de hombro, un prurito anal, un dolor epigástrico, incluso una enfermedad inflamatoria del intestino grueso, un asma sorprendente, alergias sin alergenos. etc., carentes de sustrato lesional y funcional, sean el sostén de un delirio, o sea, que el delirio del sujeto sea precisamente el dolor o el proceso patológico y que cuando el médico intenta "curarlo", a pesar de la resistencia del paciente, éste se descompensa y entra en la deriva delirante? No sólo está ahí el dolor, o el síntoma médico, señalando una enfermedad inexistente, sino que ese dolor sostiene el edificio psíquico de una persona que, de otro modo, entra en esa terrible y peligrosa deriva psicótica, en la que no encuentra anclaje en la realidad para su pensamiento.
Pero si la enfermedad ya es en sí "misteriosa", por las implicaciones personales que conlleva, además de las puramente biológicas, hay todavía cierto interés en algunos médicos de buena voluntad que se preguntan por las relaciones con sus pacientes. Es la cara de perplejidad que muestra el médico que pintó Daumier. Su paciente le plantea un problema que él no sabe ni tan siquiera plantearse. ¿Es un problema de relación médico-paciente, o es un problema clínico? ¿Es que los problemas de la relación médica van más allá, o se rigen por criterios distintos por los que se rigen las relaciones sociales comunes? Es del orden de la evidencia que la relación entre un médico y su paciente no es una relación común, puesto que no es el amor, la amistad o el odio las que la rigen. Pueden estar esos sentimientos, y de hecho están siempre en alguna medida, pero la relación médica existe, es porque hay una demanda del paciente a alguien que se dispone a resolverla. Pero es que, si bien esa relación presenta singularidades, como por ejemplo, el juego de la vida y la muerte y la ignorancia que el sujeto padece sobre sí mismo y sobre su ser, esa relación no es un elemento ajeno a la estructura de la enfermedad. Consiste en resolver, por parte del médico, un nudo. Y el nudo es la estructura básica de la enfermedad, luego la relación médica es la resolución de un problema clínico incluido en la propia estructura de la enfermedad.
Como este aspecto me parece capital, quedo a disposición para que quienes quieran debatirla o comentarla, lo hagan con libertad.
JM Gasulla