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Políticas públicas con una nueva mirada
sobre la agricultura familiar
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Blog: http://bit.ly/1jbMSmZ
Artículo publicado en La Revista Agraria Nº 158. (Cesar Sotomayor Calderón y Gherson Linares Peña)
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La pequeña agricultura familiar es un sistema de producción cuya importancia en las economías nacionales es
evidente en los países de América Latina y el Caribe. En promedio, representa más del 80% de los sistemas de
producción de la región y aporta entre el 30% y el 40% del PBI agrícola regional y más del 60% del empleo rural3.
Además de su importancia como proveedor de alimentos para las ciudades, generador de empleo agrícola y fuente
de ingresos para los más pobres, la FAO4 reconoce su contribución al desarrollo equilibrado de los territorios y de
las comunidades rurales.
Según el Censo Agrario 2012, en el Perú, las pequeñas unidades agropecuarias (menores de 5 ha) representan el
81% del total y destinan una parte importante de su producción de alimentos al consumo interno y, también, a la
oferta exportable nacional (por ejemplo, las exportaciones de café son producidas sobre todo por familias
campesinas organizadas en cooperativas agrarias, que han logrado organizarse para vincularse con mercados
externos).
Por otro lado, la agricultura familiar constituye la principal reserva genética de la inmensa variedad de cultivos
andinos, con lo cual es el sistema de producción que garantiza la protección de nuestra biodiversidad. Además, la
pequeña agricultura familiar controla territorios estratégicos, como la naciente de ríos o cabeceras de cuenca,
reservas mineras y de recursos energéticos, y otros que han definido serios conflictos socioambientales por el
control de estos recursos.
Corregir la mirada sobre la agricultura familiar
A pesar de la importancia de la agricultura familiar, la lectura tradicional que se realiza sobre el campo no ha
permitido diseñar políticas y estrategias para orientar los recursos del Estado y de la cooperación internacional a
una real transformación de este importante sector, pues en lugar de verlo como un potencial para el desarrollo y el
aumento de la producción nacional, se le ha considerado equivocadamente como un sector ineficiente y
determinante de la pobreza rural.
La mirada tradicional del campo ha generado una serie de mitos que, como decimos, no permite ver el potencial del
espacio rural nacional. Uno de los mitos acerca de la agricultura familiar sentencia que esta es ineficaz porque
produce poco y produce mal. Sin embargo, la pequeña agricultura familiar rural es más bien eficiente, pues con
pocos recursos ha logrado producir lo suficiente para mantener el ciclo de vida de ingentes poblaciones rurales. El
problema es que las mujeres y hombres del campo tienen un acceso limitado a recursos diversos, como asistencia
técnica o infraestructura de riego.
Otro de los mitos de esta mirada tradicional es considerar que la población rural permanece aislada y sin mayor
participación en los mercados. Si bien las economías campesinas desarrollan gran parte de sus procesos productivos
para el autoconsumo, muchas se hallan vinculadas a las cadenas de valor de los distintos rubros de la producción
nacional. Naturalmente, esta vinculación muchas veces es incipiente y se da en condiciones de desventaja debido a
problemas como información asimétrica o falta de poder de negociación, pero el desarrollo vial y carretero de las
últimas décadas, acompañado de un considerable incremento en la conectividad, ha dado un impulso palpable para
el mejoramiento y la integración de la producción campesina a los mercados locales y regionales.
El mundo rural ha cambiado
En realidad, las transformaciones recientes de la realidad nacional han permitido que el mundo rural cambie
definitivamente, como se ha concluido, por ejemplo, en la última edición del Seminario Permanente de
Investigación Agraria (Sepia XV), realizado en Chachapoyas en agosto de 2013, donde se destacaron los elementos
de esta nueva ruralidad: doble residencia de los pobladores rurales (en el campo y en la ciudad), reducción del
tamaño de la familia nuclear, diversificación de ingresos a partir de su especialización en actividades extraprediales
diversas, etcétera.
Entonces, en este contexto la pregunta es: ¿cómo transformar los sistemas de producción familiar en el escenario de
la nueva ruralidad? La mirada tradicional produjo una larga historia de políticas asistencialistas y desarticuladas que
no han logrado capturar los cambios y el potencial que ofrece la nueva ruralidad. Sin embargo, recientemente,
algunas políticas públicas están ensayando propuestas diferentes.
Haku Wiñay: un interesante proyecto
Queremos destacar la experiencia del proyecto Haku Wiñay (Vamos a Crecer), que en la actualidad viene
implementando el Fondo de Cooperación de Desarrollo Social (Foncodes), del Ministerio de Desarrollo e Inclusión
Social (Midis), en áreas rurales de la sierra y la selva del país. Este proyecto —que ha madurado las ideas de
experiencias anteriores diversas como Marenass, Corredor Puno-Cusco, ITDG, Sierra Sur, Sierra Productiva, entre
otras— trata de concordar con los cambios que suceden en el nuevo espacio rural. Haku Wiñay tiene como objetivo
lograr la autonomía económica de las familias campesinas a partir del desarrollo de capacidades humanas y sociales
que acompañan la inversión en activos físicos para mejorar la gestión del predio5.
Siendo la familia campesina la unidad básica de trabajo, el modelo se basa en la introducción de prácticas agrícolas
en pequeñas parcelas demostrativas de aproximadamente 1,400 m2, dentro del predio de cada hogar, como por
ejemplo: sistemas sencillos de riego tecnificado a nivel familiar, producción de abonos orgánicos con insumos
locales, instalación de biohuertos para el cultivo de hortalizas, prácticas mejoradas para el cultivo de granos y
tubérculos, entre otras tecnologías de fácil adopción y bajo costo. Todo ello crea una oportunidad para que el
agricultor pueda participar directamente en la conducción de cambios en sus parcelas, arriesgue poco —solo en una
porción de su predio— y pueda evaluar en el corto plazo los resultados de ese riesgo.
El trabajo de transferencia de asistencia técnica se realiza a través de los denominados yachachiq —expertos locales
que proceden de las mismas comunidades campesinas, cuya elección y contrato son efectuados por las propias
familias—, cuyo rol es brindar asistencia técnica a cada unidad familiar, según sus requerimientos y a la medida de
sus demandas reales, rescatando a partir de un enfoque de interculturalidad los conocimientos y prácticas
tradicionales que poseen. Además, el proyecto considera la generación de ingresos extraprediales a través del
financiamiento de pequeños negocios rurales, para lo cual los fondos son asignados mediante los Concursos Locales
de Asignación de Recursos (CLAR). Así, la combinación de ingresos autónomos monetarios (en la finca) y no
monetarios (excedentes para el mercado) permite que la familia campesina sea menos vulnerable y desarrolle sus
propias estrategias de lucha contra la pobreza.
El proyecto inició sus actividades con un piloto de articulación entre Foncodes y el programa Juntos en los distritos
de Vinchos y Chuschi (Ayacucho), atendiendo a más de 900 familias en 2012. Luego, la experiencia se amplió a
más de 27,048 hogares en 2013, programándose una ampliación a nivel nacional que llegará a 49,348 familias en
2014 y a más de 160 mil en 2016. Además, se está iniciando una versión del proyecto para la selva, denominada
Noa Jayatai. Este escalonamiento debe ser complementado con los aportes de gobiernos locales, quienes en sus
oficinas de desarrollo económico local tienen el mandato y algunas posibilidades para hacerlo, pero carecen del
manejo normativo correspondiente o de recursos suficientes para promover una mayor inversión en proyectos de
desarrollo de capacidades productivas, a fin de darle a la pequeña agricultura familiar las herramientas que necesita
para acelerar la transformación del campo.
Notas
1 Exdirector ejecutivo de Foncodes, 2012-2013.
2 Especialista en gestión del conocimiento, de Foncodes.
3 Políticas para la agricultura familiar en América Latina y el Caribe (FAO-BID,
2007)
4 Ver Marco estratégico de mediano plazo de cooperación de la FAO en agricultura
familiar en América Latina y el
Caribe 2012-2015. FAO (2012). <http://www.fao.org/alc/file/media/pubs/2012/mecfaf.pdf>.
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