Re: [A.•.L.•.G.•.D.•.G.•.A.•.D.•.U.•.] Los rosacruces y su influencia en la francmasoneríaTal ha sido la influencia de los rosacruces en la francmasonería que, justo es decirlo, no existe rito masónico que no haya incluido en el centro mismo de su do

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Ramon Miguel Acosta Ramos

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Dec 11, 2010, 11:06:51 PM12/11/10
to secreto-...@googlegroups.com
Brillante trabajo mi Q.·.H.·. te ruego me permitas copiarlo para leerlo en mi Tall.·. citando la fuente por supuesto. A propósito coincide el tema Rosacruz que tocas con una investigación que estoy haciendo sobre el significado astrológico de la Navidad por lo que me permito hacer estos comentarios y poner a discusión con los HH.·. lo siguiente:
He estudiado mucho el rosacrucismo y me convence en muchas cosas y según lo poco que sé casi toda nuestra filosofía coincide con su cosmogonía, ahora, siempre fué un interrogante para mí porque lo leído en los libros rosacruces y aún en nuestros rituales se refieren o están explicados desde el punto de vista del hemisferio norte. Sería importante o no adecuar los rituales al hemisferio sur? Los rosacruces en mi país lo hacen, pero y nosotros los MMas.·.que sería lo mejor? que hacen en lo diferentes OOr.·. den hemisferio sur?. Ya he leído que algunos opinan que debemos seguir con el simbolismo desde el punto de vista del hemisferio norte y otros que opinan que debemos adecuarlos, Que opinión les merece?
Ramón Acosta

El 10 de diciembre de 2010 20:55, francmason <maso...@hotmail.com> escribió:
viernes 10 de diciembre de 2010
La Herencia Rosa Cruz en la Francmasonería


1.- ¿Una Reforma dentro de la Reforma?


Una fuerte corriente de influencia en la francmasonería y tal vez la
más importante –pues la atraviesa como un rayo luminoso en casi todos
sus ritos- es la proveniente de la Hermandad de la Rosa Cruz, cuya
irrupción pública se remonta a la Alemania de principios del siglo
XVII.


Tal ha sido la influencia de los rosacruces en la francmasonería que,
justo es decirlo, no existe rito masónico que no haya incluido en el
centro mismo de su doctrina a la herencia rosacruz. Pero nuestro
propósito va más allá de señalar al factor rosacruz dentro del vasto
campo del ocultismo moderno, sino enmarcarlo –como propone Frances
Yates- como puente entre el Renacimiento y la revolución científica,
pues la aurora rosacruz ha de reivindicarse, tarde o temprano- como la
bisagra, el eje de transición entre el mundo mágico de los grandes
filósofos renacentistas y el nacimiento incipiente de la investigación
científica tal como se concibe en la actualidad.


Los rosacruces irrumpieron en Europa en pleno siglo XVII, en una época
signada por transformaciones profundas, en momentos en que la
cristiandad se resquebrajaba en pedazos y Roma perdía el control sobre
los vastos territorios septentrionales ganados por los reformistas
protestantes. El cisma había separado a Europa, dividiendo el norte
del sur. Su comienzo se fija en 1517, un siglo antes de la irrupción
de los rosacruces, cuando Martín Lutero, teólogo alemán nacido en
1483, proclama sus famosas 95 propuestas, anunciando la Reforma, en un
panfleto clavado en la puerta de la iglesia de Wittemberg.


Lutero estaba escandalizado por las costumbres imperantes en Roma,
ciudad en la que había estado en 1510. Retomaba, esta vez con mayor
virulencia –y un clima político más favorable- las ideas de Jean Hus,
el díscolo rector de la Universidad de Praga que, a principios del
siglo XV, denunciara los abusos de la jerarquía romana, los crímenes
de simonía y la venta de Indulgencias por parte del clero. Pese al
apoyo del Emperador, Hus había tenido que comparecer ante el Concilio
de Constanza, que lo declaró hereje y lo condenó a la hoguera.


Pero la situación política había cambiado. A diferencia de Hus, Lutero
obtuvo, rápidamente, el apoyo de los príncipes alemanes que veían en
esta Reforma llevada contra Roma, un medio para poner límites a la
influencia de los Habsburgo, la dinastía católica que reinaba sobre el
Imperio Austro-Hungaro, heredero del Sacro Imperio de Carlomagno. A
Lutero –afirma Yves-Fred Boisset- no le gustaban los herejes, sin
embargo, fue bajo su protección que surgió en Alemania, al principio
del siglo XVII -propagándose principalmente en Inglaterra y Holanda-
de la clandestinidad, ciertas corrientes  de las que el
rosacrucianismo constituiría el punto culminante y la síntesis.[1]


Es por ello que el movimiento rosacruz no puede concebirse sin la
influencia humanística del Renacimiento, sin la tragedia espiritual de
la Reforma y sin el anhelo de un conjunto de almas nobles que creían
en la posibilidad de unificar nuevamente a la raíz espiritual de
Europa. Sin embargo, mientras la Reforma protestante es religiosa y
política, la Reforma Rosacruz es filosófica, teosófica y mística.


Fue como un nuevo amanecer capaz de evocar a todos los grandes magos
del Renacimiento, resucitándolos en el corazón de un portentoso
secreto. Nadie, jamás, vio el rostro de los primeros rosacruces, pero
fueron ellos quienes reunieron a los espectros de Cornelio Agrippa,
Marcillo Ficino, Pico Della Mirándola, Dante y muchos otros nombres
del denominado Quatrochento, elevándolos a la categoría de arcontes de
la sociedad secreta más romántica de nuestra historia: La Hermandad de
la  Rosacruz. A ellos debemos la fusión de tres corrientes que
marcaron un hito en la historia del pensamiento: El Hermetismo, la
Alquimia y la Cábala, de allí su influencia posterior en todas las
órdenes iniciáticas que surcaron el firmamento europeo en los siglos
posteriores, pero muy especialmente en la francmasonería. La
influencia ejercida por estas corrientes sobre el pensamiento de
intelectuales y científicos, dio su impronta a la era de las Utopías,
como la que describe Francis Bacon en La Nueva Atlántida, que
inspiraría los sueños de la nación americana. Bacon es considerado una
de los Grandes Maestres de la Orden Rosacruz.


2.- Sociedades Secretas y Revolución Científica


Filósofos y científicos, astrónomos y alquimistas, líderes religiosos
de la Reforma, aristócratas y monarcas se interesaron en la hermandad
y buscaron afanosamente ingresar en ella, o se inquietaron ante un
orden desconocido detrás del cual intuían un poder por encima del
poder. Cabe preguntarse: ¿Cuál fue ese rol político? ¿Qué razones
permiten afirmar que la Hermandad de la Rosa Cruz actuó en el preciso
momento en que la Reforma intentaba arrebatarle el control del Sacro
Imperio a la potencia habsbúrguica de la Casa de Austria?


Existen razones de peso y un nutrido archivo documental que permiten
afirmar que la Hermandad Rosa Cruz no sólo fue una corriente de
pensamiento o una Reforma  paralela sustentada en la búsqueda de
nuevos horizontes científicos y de fuerte contenido místico. Su
expansión en Alemania bajo el control del movimiento luterano y su
fuerte posición en contra de Roma y el papado ubican la acción de los
rosacruces del siglo XVII en un escenario político tan fascinante como
su aspecto esotérico.


¿Existió en verdad una Hermandad Rosa Cruz organizada? ¿O se trató del
esfuerzo individual de un conjunto de hombres geniales que habían
alcanzado un grado de sabiduría que excedía la media de su tiempo?


A diferencia de sus herederos modernos, los rosacruces del siglo XVII
parecen haber carecido de organización; sin embargo una serie de
indicios contradice esta teoría y afirma que no sólo estaban unidos
por lazos fraternales sino que conformaban un verdadero Colegio, tal
como lo anuncian los manifiestos. Yendo aun más lejos, sorprende el
hecho de que numerosos investigadores afirmen que la Hermandad, como
tal, ya existía en el siglo XV y que se mantuvo oculta hasta llegado
el momento de actuar a principios del siglo XVII.


Sea cual fuera el grado de organización, la imagen que ha perdurado
respecto del rosacruz de la época de los manifiestos, es la de un
sabio citadino, solitario, dedicado a la ciencia, tal como se la
entendía en aquel momento –recordemos que en el siglo XVII la palabra
química era sólo un sinónimo de alquimia- inmerso en experimentos en
torno a las fuerzas elementales de la naturaleza, la transmutación de
los metales y la búsqueda de la Piedra Filosofal. Si hubiese que
definir un término que simplificara el sentido de su trabajo, diría
que el rosacruz de aquella época primigenia es el prototipo del hombre
que realiza la Gran Obra y que ese es su principal secreto.


Pero esta afirmación se torna relativa, o al menos parcial, cuando
vemos en la lista de los primeros rosacruces a hombres políticos,
inmersos en intrigas palaciegas, estrategias militares y utopías
diversas. Sabemos que individuos de indudable peso público como
Francis Bacon, Robert Fludd y hasta el propio Isaac Newton tuvieron su
papel en esta historia y que su protagonismo, lejos de constituir una
leyenda, se encuentra ampliamente documentado por los cronistas de la
época.




3.- El Colegio Invisible y Los Primeros Manifiestos. La Llama de la
Fraternidad y otros libros misteriosos


Si repasamos los nombres que son identificados como los precursores
del rosacrucianismo nos encontramos con Paracelso (1493-1541), Jacob
Boheme (1575-1624), Baruj Spinoza (1632-¿?), Juan Amneos Commenius
(1592- ¿), Giordano Bruno (1548-1600) Robert Fludd (1574-1637), John
Dee (1527-1608) etc. Sus trabajos marcan la época de una profunda
transformación del conocimiento. Entre los más renombrados rosacruces
aparecen las figuras de Isaac Newton, de Francis Bacon y de Elías
Ashmole, que no sólo influirán notablemente en el rumbo de la ciencia
moderna sino que inspirarán, como el caso de Bacon y su Nueva
Atlántida la utopía de una República perfecta que se verá plasmada en
el sueño de los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América.
Comprenderá el lector porqué razón, el factor rosacruz, resulta
ampliamente expuesto en El Símbolo Perdido.


Todo esto nos permite afirmar que los rosacruces del siglo XVII –sin
abandonar su devoción por los grandes exponentes del pensamiento
mágico renacentista- traccionan, impulsan y conducen a la sociedad
hacia un futuro que ellos mismos están creando a través de la ciencia
experimental y la política. Vale la pena detenerse en este concepto:
Al generar un nuevo método de acceso al conocimiento y al inspirar un
nuevo modelo de organización política, estos hombres, mezcla de
místicos y científicos, crean, literalmente, el futuro. Remarcamos
esta afirmación porque no debe pasar desapercibida al lector.


En El otro Imperio Cristiano[2], hemos hablado extensamente de los
manifiestos rosacruces. En el año 1614 Alemania se vio sacudidas por
la publicación de un libro. En la ciudad de Cassel, editada por
Wessel, vio la luz la primera edición de la Fama Fraternitatis (La
llama de la Fraternidad) y con ella irrumpió en el mundo un nuevo
mito: La Hermandad de la Rosa Cruz. Esta nueva cofradía, supuestamente
integrada por adeptos capaces de curar, de dominar a las fuerzas de la
naturaleza y de poseer los antiguos secretos de las escuelas de
Oriente, se presentaba ante el mundo luego de haber permanecido en
secreto durante siglos. El manifiesto sugería que había llegado la
hora de que la hermandad se diera a conocer e hiciese público su
objetivo.  Europa, sacudida por las guerras de religión y fascinada
por el redescubrimiento de las antiguas filosofías, la recibió con
expectativa y no poca ingenuidad.


La primera parte del manifiesto está dedicada a un análisis de la
situación del mundo y al planteo de una reforma general en el orden
religioso, político y social. Se sostiene que las iglesias ya no son
el marco excluyente de la salvación sino que ésta es consecuencia del
esfuerzo individual, de la purificación del corazón y de un impulso de
naturaleza mística. Establece puntos de encuentro entre la antigua
tradición judía, ...la que heredó Adán después de la caída y que
practicaron Moisés y Salomón... y las doctrinas esotéricas del mundo
clásico: ...Lo que establecieron Platón, Aristóteles o Pitágoras; lo
que confirmaron Henoch, Abraham, Moisés y Salomón; allí donde la
Biblia coincide con el Libro de las Maravillas... Los rosacruces
ofrecían al mundo moderno un reservorio único de la Sabiduría Antigua…
Luego trata acerca de la organización de la Fraternidad y describe la
historia de su fundador, quien es presentado en un principio sólo con
las iniciales C. R.
La leyenda pretende que este misterioso personaje nació en 1378 en
Alemania. Su familia era de origen noble pero muy pobre, por cuanto a
la edad de cuatro años fue entregado a una abadía en la que recibió
una buena educación y aprendió las lenguas antiguas. A los dieciséis
años partió a Palestina, acompañado de una suerte de tutor, pero éste
muere en Chipre, momento en que Christian Rosenkreutz –tal el nombre
de nuestro peregrino- decide continuar su viaje en soledad. Enfermo,
llega a Arabia, en donde recibe un conocimiento arcaico de sabios
árabes. Estos hombres, que aparentemente lo estaban esperando, le
comunican los secretos de la naturaleza y de las ciencias y le
permitieron traducir al latín el misterioso libro M.


Luego emprende un viaje por el golfo arábigo y recala en Egipto;
recorre el mediterráneo hasta llegar a la ciudad de Fez, en Marruecos,
donde ciertos “habitantes elementales” le encomiendan la misión de
transmitir la sabiduría recibida durante su largo viaje y fundar una
sociedad secreta. Pasa a España y luego se retira del mundo durante
cinco años. Finalmente, se hace de tres fieles discípulos de los que
sólo sabemos sus iniciales Estos le juran fidelidad y redactan una
serie de conocimientos según el dictado de su maestro.


Un año después de aparecida la Fama Fraternitatis, fue publicada una
segunda obra llamada Confessio. Apareció simultáneamente en Cassel y
Frankfort. A poco de comenzar el texto, el autor asume la defensa de
la hermandad y lanza un ataque frontal contra la Iglesia Católica y el
Papa. Reivindica el cumplimiento de lo establecido en la Fama
Fraternitatis como medio de salvación. Anuncia la aparición de nuevas
estrellas en las constelaciones de Orión y el Cisne, signos vigorosos
de acontecimientos nuevos e importantes... y describe la existencia de
una escritura secreta de carácter extraordinario pero incomparable con
la lengua de nuestro primer padre Adan, ni tampoco con la de Henoch,
ya que todas ellas están sepultadas bajo la confusión babilónica...


Se introducen aquí dos elementos que serán asimilados rápidamente por
la tradición iniciática occidental: la existencia de un conocimiento
antediluviano vinculado a Henoch y la misteriosa existencia de una
palabra perdida. Ambos temas, de trascendental importancia en todas
las sociedades esotéricas modernas.


El tercero y último de los manifiestos rosacruces alemanes, Las Bodas
Químicas de Christian Rosenkreutz apareció en Estrasburgo en 1616 y es
de naturaleza diferente a la de los dos anteriores. Describe un
episodio sucedido en la vida del personaje cuando ya era un anciano. A
lo largo de siete jornadas es sometido a una serie de duras pruebas,
tanto de naturaleza física como espiritual, que sirven de marco para
desplegar un complejo sistema de símbolos vinculados a la alquimia.


Sobre el autor de estos tres documentos se han suscitado toda clase de
conjeturas; sin embargo la más firme parece ser la que los atribuye al
alquimista y filósofo alemán Valentín Andreae, líder de la ortodoxia
luterana, nacido en la ciudad de Harremberg en 1586 y muerto en 1654.
Su padre era un pastor luterano y su tío Jacob un célebre teólogo a
quien se llegó a llamar el segundo Lutero. El clima anticatólico de
los documentos en cuestión se explica, en parte, por esta filiación.


De su vida se sabe que estudió en Tubingia y que fue uno de los más
sabios hombres de su tiempo, adquiriendo un profundo conocimiento de
las ciencias y de las lenguas clásicas. Su apego al estudio era tal
que, en más de una ocasión, su salud corrió serio peligro a causa del
esfuerzo que realizaba. Viajó por gran parte de Europa y tomó contacto
con muchas de las sociedades secretas que por entonces florecían en
las grandes ciudades. Él mismo llegó a sugerir que era el autor de
tales documentos, sin embargo, lamentablemente, muchos creyeron a pies
juntilla la historia de Christian Rosenkreutz y entonces, lo que había
sido imaginado como una alegoría, se convirtió en un torrente de
órdenes y fraternidades rosacruces cuya saga no termina aún a cuatro
siglos de su aparición. Francis Yates va más lejos y afirma que
Valentin Andreae hizo grandes esfuerzos para dejar bien sentado que
Cristian Rosenkreutz y su fraternidad eran ficticios. Pero como ya
hemos dicho, nada más efectivo que la negativa de un secreto para que
éste se vea reafirmado de inmediato.[3]


4.- Los Rosacruces en Inglaterra


En Inglaterra la aparición de los tres manifiestos rosacruces produjo
un gran revuelo a causa del clima que se vivía como consecuencia de
las guerras que libraban católicos y protestantes. En medio de la
polémica, Fludd salió en defensa de la fraternidad y, de paso,
solicitó ser admitido en ella. Si a John Dee se le atribuye haber
introducido la cábala cristiana en Inglaterra, fue sin dudas Fludd el
hombre que contribuyó a expandir las doctrinas rosacruces.


Ambas escuelas (cábala y rosacrucianismo) se complementarían en
Inglaterra y, juntas, producirían profundas influencias en la
francmasonería y otras órdenes creadas con posterioridad. Afirma
Francis Yates que la filosofía de la cábala cristiana es sumamente
afín a la filosofía rosacruz, tal como la formulan los manifiestos
rosacruces y Robert Fludd. Para Yates, es posible comprender mejor el
fenómeno rosacruz si se lo relaciona con la cábala cristiana
introducida en Inglaterra en tiempos de Isabel I.[4]


En 1617, Robert Fludd publicó en Inglaterra un tratado en el que
defendía la seriedad de la sociedad de los rosacruces y muchos creen
que fue él quien introdujo las ideas rosacruces en la francmasonería
inglesa.[5]


Se cree que Fludd tuvo un vínculo estrecho con Iñigo Jones –Gran
Maestre de los masones de Londres- y que participó del círculo más
íntimo de la dinastía Estuardo en sus comienzos. Desde allí impulsó el
rosacrucianismo francmasónico cuya expresión más cabal sería recogida
por la tradición escocesa estuardista y daría nacimiento al grado de
Caballero Rosacruz.


De lo expuesto hasta aquí resalta que, desde la aparición de la Fama
Fraternitatis hasta la pegatina de carteles de París, tiempo en el que
transcurrieron apenas ocho años, los autores de estos manifiestos
provocaron la agitación de los círculos intelectuales de Europa.


5.- La Represión y el Silencio antes de la Tormenta Rosacruz


Los primeros manifiestos rosacruces continuaron imprimiéndose
frenéticamente hasta fines de la segunda década. Fue entonces cuando,
bruscamente, se dejó de producir literatura rosacruz, que fue
suprimida como consecuencia del derrocamiento del Elector Palatino de
Bohemia y de la conquista de este reino y del Palatinado por parte de
los ejércitos católicos. Luego de la tragedia de Praga, la situación
política y el peso restaurado de la Iglesia Católica llevaron a los
rosacruces a un prudente silencio. Pero no tardarían en abrir un nuevo
frente y lo harían de manera espectacular.


En agosto de 1623, la ciudad de París amaneció empapelada con un
manifiesto que provenía, supuestamente, del corazón de la Hermandad de
la Rosa Cruz. Se desató la tormenta.


La proclama causó inquietud en la población, inquietud que pronto se
convertiría en pánico cuando algunas publicaciones no dudaron en
relacionar a los rosacruces con la hechicería, la nigromancia y los
pactos con el demonio. El temor surgió en el momento menos esperado,
cuando el reino comenzaba a pacificarse a consecuencia de la brutal
represión católica.


Yates menciona entre las causas del pánico a una obra anónima, editada
inmediatamente con el impactante título de Horribles pactos hechos por
el Diablo con los Invisibles. En ella se exponía otra versión de los
famosos anuncios y se afirmaba que el Colegio Invisible estaba
constituido por treinta y seis sabios, distribuidos en el mundo en
grupos de seis. Afirmaba que habían celebrado una asamblea en Lyon –en
vísperas del Gran Shabat- en la que  habían decidido enviar a seis de
ellos a París. Para espanto del público, el líbelo rebelaba que en
plena asamblea se había presentado el Príncipe de las Tinieblas, en
persona, ofreciéndoles todo tipo de poderes a cambio de que abjurasen
de la fe cristiana.


Afirma Yates que la edición de este libro tuvo por objeto convertir a
los rosacruces en infames hechiceros, sembrando el terror entre los
parisinos y provocando la persecución.[6]


Un segundo manifiesto aparecería poco después en la ciudad. El clero,
inquieto, se encontraba incapaz de dar con los autores. Tanto la
jerarquía de la Iglesia Católica como del Estado estaban al tanto de
la cuestión rosacruz en Alemania. Sin embargo, la metodología empleada
en Francia –los carteles en las calles- había resultado mucho más
audaz que la circulación restringida de los manuscritos. De este modo
se había provocado la inquietud pública que fue definida como un
huracán de rumores por el cronista Gabriel Nandé.


Los testimonios de Nandé y del jesuita Francoise Garasse, constituyen
documentos importantísimos para comprender lo que ocurría en torno a
la irrupción del Colegio Invisible, pues ambos publicaron obras sobre
el tema, testimoniaron la situación y contribuyeron a formar opinión
sobre la misteriosa hermandad. A esta altura del relato, el lector
entenderá que los rosacruces han sido algo más que un hecho curiosos
de la historia.


Respecto de los carteles, Yves-Fred Boisset[7] y Francis Yates[8]
coinciden en que la primera reacción del la Iglesia fue atribuirlo a
una farsa estudiantil, mientras que las autoridades civiles pensaban
en una provocación de los jesuitas. A causa de esta confusión, fueron
a buscar al joven erudito Gabriel Nandé, historiador y bibliógrafo que
llegaría a ser bibliotecario del cardenal Richelieu y de Mazarin.
Inmediatamente confirmó que venía estudiando  a la misteriosa sociedad
alemana de la Rosa Cruz.


Publicó inmediatamente un libro titulado Instrucciones a Francia sobre
la verdad de los hermanos de la Rosa Cruz, en el que denunciaba que
los carteles tenían como objetivo la desestabilización del reino, que
habiéndose propagado recientemente en Alemania, la hermandad llegaba
ahora a Francia y que la nómina de los autores que reunían sus
enseñanzas incluía a Fludd, Dee, Trithemius, Giorgi, de la Candele,
Postus de Tirad, Bruno, Llul, Parcelso etc. Es el increíble relato de
Nandé el que corrobora el impulso vital de los rosacruces y de su
influencia.


Nandé expone la enorme influencia que han tenido la Fama y la
Confessio y demuestra conocer algunas de las obras del médico y
alquimista Michael Maier (1568-1622). Según Nandé la Fama había
causado gran impresión en Francia, despertando esperanzas de que
estuviese a punto de ocurrir un nuevo avance de la ciencia. Habla del
descubrimiento de Nuevos Mundos, de la invención del cañón, de la
brújula, del reloj y de los cambios que hubo en la religión, en la
medicina y en la astrología. Los rosacruces –tal como los ve Nandé-
traen una nueva Edad de conocimientos.


Habla de Ticho Brae, de Galileo y sus nuevos anteojos (el telescopio)
y de la inminente instauración o renovación de las ciencias que
prometen las Escrituras. Esto último –coincidimos con Yates- se acerca
mucho a los ideales de Francis Bacon y su Nueva Atlántida. Muchas de
estas tradiciones quedaron incorporadas en los rituales de la
francmasonería.




6.- Los rosacruces y su influencia en la francmasonería


En trabajos anteriores nos hemos referido extensamente a la influencia
rosacruz en el mundo masónico. Citaremos aquí los aspectos esenciales.
La primera referencia indirecta de la relación entre rosacruces y
masones aparece en un poema editado en Edimburgo en 1638, que en una
de sus estrofas dice:


           Porque somos hermanos de la Rosa Cruz
           Tenemos la palabra del masón y una segunda vista,
           Podemos predecir correctamente las cosas que vendrán...


Aunque confuso, el texto parece referirse a los poderes mágicos de los
rosacruces, entre los que aparece la palabra del masón. Ya hemos visto
que en la masonería primitiva se menciona la pérdida del idioma
original, circunstancia que aparece reiteradamente en el simbolismo
masónico moderno y que se encuentra también en la cábala hebrea. Pero
es en el grado 18° del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en donde esta
cuestión aparece con más claridad.


En la apertura de los trabajos, los vigilantes anuncian a los
caballeros: Venimos a buscar la palabra perdida y con vuestra ayuda
esperamos encontrarla... Gran parte de la ceremonia de ascenso a este
grado gira en torno de esa búsqueda y su punto culminante es su
hallazgo. Los trabajos se cierran a la hora en que ...la palabra
sagrada fue hallada, cuando la piedra cúbica se transformó en rosa
mística...


También en el Rito de Kilwinning –uno de los más antiguos- aparece la
piedra cúbica sobre la que se coloca una rosa marchita. De igual modo
que en el rito anterior, los caballeros lamentan la destrucción del
Templo y marchan a un lugar desolado y oscuro en busca de la palabra
perdida. Un antiguo ritual de 1887 dice que cuando la palabra perdida
ha sido encontrada, ...el hombre recobra los derechos de su antiguo
origen y la naturaleza se yergue...[9]


Es posible que esta tradición ya estuviese presente en la masonería
inglesa a la llegada de los manifiestos rosacruces y que las
tradiciones referentes a la pérdida de la palabra sagrada fueran
introducidas con anterioridad por los cabalistas cristianos, de modo
que las primeras sociedades rosacruces creadas en Inglaterra
encontraron la “palabra del masón” en coincidencia con su propia
tradición.


El primer documento impreso que prueba el vínculo entre masones y
rosacruces es un opúsculo masónico del año 1676 que dice: ...Se avisa
que la Asociación Moderna del Listón Verde, junto con la Antigua
Hermandad de la Rosa Cruz, de los Adeptos Herméticos y de los Masones
Aceptados, tienen la intención de cenar todos juntos el próximo 31 de
noviembre...[10]


Treinta años antes, un hombre estrechamente vinculado al movimiento
rosacruz, Elías Ashmole (1617-1692) era iniciado en la región del
Lancashire: El propio Ashmole describe en su diario personal que fue
admitido a una logia masónica en Warrington el 16 de octubre de 1646,
en el que agrega una lista de personas iniciadas en la misma época.


Este testimonio es de enorme valor por cuanto es considerado el más
antiguo documento privado que describe las circunstancias de la
iniciación de un individuo en la francmasonería. Y no se trata de
cualquier individuo. Ashmole fue un anticuario que coleccionó antiguos
manuscritos y dedicó su vida al estudio de la cábala, la alquimia y la
astrología. Fue uno de los 114 miembros fundadores de la Real Sociedad
y en su colección de documentos puede hallarse una traducción al
inglés –hecha de su puño y letra- de los tres manifiestos rosacruces
alemanes. No sólo eso: Ashmole guardó una copia de una carta dirigida
a los muy iluminados Hermanos de la Rosa Cruz solicitando ser admitido
en la sociedad. Yates cree que esta carta fue un “acto privado” una
suerte de plegaria que en realidad no estaba dirigida a nadie en
particular.[11] Otros creen, por el contrario, que Ashmole formó parte
del nutrido grupo de rosacruces que integraron la Real Sociedad entre
los que también se encontraba Isaac Newton y Jean Theophile
Désaguliers, cuyo papel en la fundación de la Gran Logia de Londres en
1717 lo ha convertido en uno de los padres de la masonería moderna.


Este conjunto de tradiciones, que hemos tratado de describir de manera
ordenada, convergen finalmente en la leyendas masónicas. Podría
decirse que toda la doctrina masónica está contenida en las leyendas
que dan vida a cada grado y que estas son trasmitidas en el seno de
las logias y los capítulos, en la Casa del Templo; en el templo que ha
tomado como modelo al más famoso de nuestra tradición: El Templo de
Jerusalén.
http://eduardocallaey.blogspot.com/2010/12/la-herencia-rosa-cruz-en-la.html

Alcoseri

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Feb 8, 2017, 11:14:15 AM2/8/17
to SECRETO MASONICO
Expediente/t49vt

Kadyr

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Feb 9, 2017, 3:39:19 PM2/9/17
to SECRETO MASONICO, acosta...@gmail.com
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