Porque Cerraron La Mazmorra De Lo Grotesco

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Matt Dreher

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Jun 27, 2024, 11:33:56 PM6/27/24
to wartcomnida

Hacia el ltimo tercio del borrador de este libro, hay una cruz y una fecha entre dos palabras de una cuartilla. Para la ordinaria curiosidad de los hombres, no tendran aquellos rojos signos gran importancia; y, sin embargo, Dios y yo sabemos que en el mezquino espacio que llenan, cabe el abismo que separa mi presente de mi pasado; Dios sabe tambin a costa de qu esfuerzos de voluntad se salvaron sus orillas para buscar en las serenas y apacibles regiones del arte, un refugio ms contra las tempestades del espritu acongojado; por qu de qu modo se ha terminado este libro que, quizs, no debi de pasar de aquella triste fecha ni de aquella roja cruz; por qu, en fin, y para qu declaro yo estas cosas desde aqu a esa corta, pero noble, falange de cariosos lectores que me ha acompaado fiel en mi pobre labor de tantos aos, mientras voy subiendo la agria pendiente de mi Calvario y dicindome, con el poeta sublime de los grandes infortunios de la vida, cada vez que vacila mi paso o los alientos me faltan:

Las razones en que mi to fundaba la tenacidad de su empeo eran muy juiciosas, y me las iba enviando por el correo, escritas con mano torpe, pluma de ave, tinta rancia, letras gordas y anticuada ortografa, en papel de barbas comprado en el estanquillo del lugar. Yo no las echaba en saco roto precisamente; pero el caso, para m, era de meditarse mucho y, por eso, entre alegar l y meditar y responderle yo, se fue pasando una buena temporada.

porque cerraron la mazmorra de lo grotesco


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La primera carta en que trat del asunto fue la ms extensa de las ocho o diez de la serie. Tema colarse en l de sopetn, y me preparaba el camino para sus fines, tomando las cosas desde muy atrs, y como si nos tratramos entonces, aunque de lejos, por primera vez.

Mucho le estorbaba la pluma entre los dedos, y bien lo revelaban la rudeza de los trazos, la desigualdad de las letras y las seales de ms de un borrn lamido en fresco o extendido con el canto de la mano; pero con paciencia y buena voluntad se vencan los imposibles.

Tambin yo me cas andando los das, y tuve mujer buena, e hijos que el Seor me iba quitando a medida que me los daba. Con el ltimo de ellos se llev a su madre. Bendita y alabada sea su divina voluntad, hasta en aquello con que humanamente nos agobia y atribula! Como an no era yo propiamente viejo y me senta fuerte, y en estas angosturas y asperezas del terruo hallaban pasto y solaz abundante las cortas ambiciones de mi espritu, aprend a arrastrar con valenta la cruz de mis dolores, y hasta logr olvidarme, tiempo andando, de que la llevaba a cuestas: vamos, que me hice a la carga, y volv a ser el hombre de buen contentar y apegado a la tierra madre como la yedra al morio. De tarde en tarde nos escribamos mi hermano y yo, y de este modo supo l mis venturas y desventuras, y yo tu nacimiento y el de tu hermana, el casamiento de sta despus con un americano rico que se la llev a su tierra, la muerte de tu madre y los rumbos que tomabas con los libros de las aulas, segn ibas esponjndote y hacindote hombre.

Una vez dio en faltarme carta vuestra ms de lo acostumbrado, que era bien poco, y la primera que tuve al cabo de los meses fue tuya y para decirme que tu padre se haba muerto de un tabardillo enconado, o cosa por este arte. Ausente tu hermana y cargada de familia y de bienes en la otra banda, quedbaste solo en la de ac, y aticuenta que en el mundo, aunque con medios de fortuna para bracear a tus anchas en l. Lo mismo que yo, salvo la comparanza de gentes y lugares. Te brind con ste mo, desconfiando mucho, en verdad se diga, de que me quisieras el envite, hecho de todo corazn, porque barruntaba tu modo de vivir y conoca tu estampa por retratos que me habas ido mandando. Ni el uno ni la otra se amaaban bien con la pobreza y rustiquez de estos andurriales; me pareca a m. Y no iba el parecer fuera de camino, porque eso result de tu respuesta, bien desentraadas sus finezas y cortesas. Desde entonces fueron peras de a libra las cartas entre nosotros dos. T corriendo la Ceca y la Meca, y yo firme y agarrado a estos peascales como barda montuna. Y as hemos ido tirando tan guapamente: t sin acordarte dos veces al ao del santo de mi nombre, y yo sin apurarme por ello cosa mayor, porque mientras tuve salud, tuve alegra, y a la luz de ella me tena por bien acompaado con vivir entre estas gentes y estos riscos y hasta sus alimaas, que me parecan ya, a fuerza de verlos y palparlos, carne de mis huesos y sangre de mis propias venas. Pero t eras mozo y tenas mucho tiempo y mucha tierra por delante; yo viejo y con muy pocas fantasas en la cabeza, y no sobrado de calor en la masa de la sangre; los muchos aos hicieron al cabo una de las suyas, y ayer maana, como quien dice, una pizca de nada, un sorbo de leche ms de los acostumbrados, el aire de una puerta, el aletazo de un mosquito, me acald en la cama. Tard en salir de ella, y sal como para entrar en la sepultura. El roble se bamboleaba como si le faltara la tierra que le sostena, o se te despegaran de ella las races, o no pudiera con el peso de su propio ramaje. Ya me dan anseo las cuestas arriba con solo mirarlas, y la mano que ayer venteaba gustosa el apero o el hacha con que yo me entretena en la tierra de labor o en la espesura del monte, hoy me pide el paluco del tullido, como el puntal de sostn el jastial resquebrajado; y lo que es peor que todo ello, que el nimo va cantando al son de la osamenta que se descuajaringa y no puede ya con el pellejo. En suma, hombre: que en un dos por tres, y cuando menos lo esperaba, di el bajn que haba de dar ms tarde o ms temprano. Es de ley que la tierra llame a lo que es suyo, y a m no cesa de llamarme unos das hace. No te dir que tenga miedo, propiamente miedo, a ese vocero que no calla da ni noche; pero es la verdad que a estas horas quisiera verme algo ms acompaado de lo que me veo en la soledad en que me hallo. Soledad digo, porque con estar cada cosa de estos lugares en el punto en que siempre estuvo, y con ser estas buenas gentes lo que siempre fueron para m, ahora resulta que tengo codicia de algo que me llegue ms adentro que todo ello, por lo mismo que lo hay y s por dnde anda. S, hombre, s: has de saberte que toda la ley que tuve a mis hijos, y a su madre, y a tu padre, y a los mos, y que por tantos aos ha estado como dormida en lo ms hondo del corazn, se me ha despertado de repente, cebando su hambre envejecida en la nica carne de la nuestra que conoce: en ti, para que lo sepas de una vez. Porque tu hermana, a la distancia que est de nosotros, es para el caso como si ya no viviera, y no quiero tener por de la casta nuestra a dos sobrinazos segundos mos, por parte de mi madre: dos bigardones de mala catadura y peor vivir. Hace no mucho tiempo bajaron de su pueblo a pedirme algo, a tales horas y en tales trminos, que tuve que darles el Dios vos ampare con la escopeta echada a la cara. Primera y nica vez que los he visto.

Pues bueno, y para fin y remate del camino que traigo y ya me cansa: creo que si t te animaras y me dieras el regalo de tu compaa en esta casona, el vocear de la tierra me sera ms llevadero. No hay cosa mayor con qu tentarte entre estos solitarios despeaderos, a ti que ests avezado a las pompas y regalos de la corte; pero a todo se hacen los hombres cuando se empean en ello, sin contar con que tambin aqu hay su sol correspondiente; y aunque es cierto que tarda un poco por la maana en trasponer los picachos que rodean el lugar, una vez arriba alumbra y calienta y regocija el nimo como el sol ms majo de cualquiera parte. Adems, tu destierro no podra durar mucho por razones que yo me s; y por ltimo y finiquito, con salir de l en cuanto no pudieras resistirle, estaba el cuento acabado para ti.

Item ms: tengo ciertos planes en el magn, que me dan mucho que hacer. Qu hombre anda sin ellos en mi caso? No tengo herederos forzosos, y no deja de haber en casa algo que echar a perder de mi propia pertenencia; algo que ir a parar Dios sabe adnde, si en mis ltimas y postreras no topo al alcance de la vista con un ser que me haga un poco de cosquilleo en las entretelas del corazn.

Menos lo del bajn y sus consecuencias, todo lo que mi to me contaba en esta carta me lo tena yo bien sabido; y saba tambin, por lo que se deduca fcilmente de su anterior y escasa correspondencia con nosotros y lo poco que me haba dicho mi padre, que su hermano Celso era un hombre campechano, de escasas letras y excelente corazn, agudo de magn y un tanto marrullero, como buen montas, y ms cuidadoso del cultivo y prosperidad de sus tierras y ganados, que del fomento de su cario a la familia que le quedaba; dejadez que a ratos tocaba en una indiferencia que pareca rayana del absoluto olvido. Menos que de mi to saba yo de su tierra nativa y de nuestra casa solar, no tanto por culpa de mi poca curiosidad sobre estos particulares, como por obra de una de las flaquezas ms salientes de mi padre. Le llamaban ms la atencin los apellidos que las condiciones personales de los nuestros: as es que al preguntarle por la vida y milagros de cualquiera de ellos, en lugar de responder derechamente a la pregunta, se encaramaba en la copa del rbol genealgico de la familia, y gateando de rama en rama hacia abajo, no paraba hasta dar, lo que menos, con la pata del Cid, si es que se conformaba con eso. De sus padres slo pude sacar en limpio, en las diferentes veces que le ped noticias sobre ellos, que haban sido el entronque de la casa nica de los Ruiz de Bejos, de Tablanca, con la de los Gmez de Pomar, la ms ilustre de las de Promisiones. Pocos caudales, eso s, por parte de estos ltimos principalmente, es decir, por la de mi abuela paterna, que slo aport al matrimonio unas gargantillas y unas arracadas de coral, dos relicarios de plata con una astilla de la Vera-Cruz, y un hueso de Santa Felcitas, respectivamente; tres mudas de ropa blanca, dos manteleras de hilo casero, una cadena de oro cordobs, el vestido de gala con que se cas, y otro a medio uso para todos los das. Por parte de mi abuelo ya fue cosa muy diferente. Nuestra casa de Tablanca ejerca en todo el valle, por virtud de su condicin benfica amn de ilustre, cierto seoro indiscutible y patriarcal, y era el paradero obligado de todas las personas notables que pasaban por all, incluso los obispos. Solamente en lo que recordaba mi padre, se haban hospedado dos en ella: el de Santander y el de Len. Para estos y otros parecidos menesteres haba en arcas y alacenas buena provisin de sbanas y manteleras superiores, maciza y abundante plata de mesa y hasta dos colchas de damasco y un crucifijo de marfil y bano. Nada faltaba all de lo que no deba de faltar en la casa de una familia como la nuestra. Pero de su situacin, de su forma, de su amplitud, de sus comodidades, ni una palabra: a lo sumo, que era grande, con solanas, escudo nobiliario y accesorias. Del terreno en que estaba enclavada y sus aledaos, de las condiciones y aspecto del paisaje, de su clima, de sus recursos para la vida algo ms que animal, de las costumbres de sus habitadores, era ocioso inquirir cosa alguna por informes de aquel buen seor, que con estar tan pagado de su estirpe y poner en los cuernos de la luna los blasones de su casa y la tierra en que haba nacido, slo una vez y muy de prisa volvi a ella despus de haberla abandonado, aunque por imperio de la necesidad, siendo muchacho todava. Se remontaba a lo ms alto de cuanto haba odo y ledo sobre aquella empingorotada regin de la cordillera cantbrica, y era de ver cmo se las haba, primeramente, con los celtas, nuestros supuestos progenitores, y se descolgaba enseguida de all para enzarzarse mano a mano y como quien ventila y justiprecia ordinarios y corrientes asuntos de familia, con aquellas tribus montaraces, con aquel cntabro feroz que pas los Alpes y luch con Anbal contra Roma y derrot a Escipin en el Tesino. Despus hablaba de Augusto y sus legiones, venidos a Cantabria expresamente para someternos al yugo romano; de que tal era nuestro empuje, tal nuestro valor y tal nuestro apego a la independencia, que el Csar haba necesitado seis aos para triunfar en un empeo que le haba parecido obra de pocos das; de los horrores de esta guerra brbara entre inaccesibles peascales y profundos y sombros barrancos, donde rugan las aguas tintas en la sangre de los nuestros y de los aguerridos legionarios. No faltaba lo de las madres que durante la guerra mataban a sus pequeuelos para no verlos esclavos de los triunfadores extranjeros, ni lo de la muerte en cruz de tantos mrtires entonando himnos de libertad entre maldiciones al conquistador, y con todo esto, un sinnmero de pormenores sobre el tipo y las costumbres de sus hroes, pormenores que yo hubiera querido sobre la tierra que habitaron, tal y como era en mis das. Lejos de ello, slo dejaba los cntabros para mezclar a sus sucesores en la epopeya de Covadonga o en los los de los Bandos de Castilla; y ya puesto aqu con los ditirambos a sus nclitos antepasados, recorra con ellos las cinco partes del mundo, hasta no saber por dnde se andaba, ni yo tampoco. Porque sobre estas materias tena mi padre una erudicin abundante, pero un tanto sospechosa, obra de una voracidad que entraba con lo cierto lo mismo que con lo fantstico, por apego tenaz, aunque meramente platnico, a las cosas de su tierra.

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