La combinación de circunstancias que llevaron al Maestro a Jerusalén, precisamente a esas alturas, no es resultado del azar. A decir verdad, nunca es así con nadie, puesto que Dios siempre controla todo. Sin embargo, es muy notable que Jesús hubiera ido a la ciudad para celebrar la pascua, una fiesta que recordaba el sacrificio del cordero que salvó a los primogénitos en Egipto, a escasas horas de su propio sacrificio. La ciudad estaba llena de peregrinos. Este hecho proporcionaría innumerables testigos de lo que iba a suceder.
El Señor pasó las últimas horas antes de su arresto en compañia de sus discípulos tratando de hacerles comprender la importancia del servicio, pero ellos no lo entendieron. Pablo desarrolló posteriormente la enseñanza del servicio cristiano diciendo: “servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5:13). Revise su vida y la de su iglesia para ver si están cumpliendo con lo dicho por Jesús: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45).
EL DÍA VIERNES: “Verdaderamente este hombre era justo” (Lucas 23:47)
Según el plan concebido en la eternidad, los pasos del Hijo del Hombre lo llevaron inevitablemente a los eventos que se describen en este pasaje. Desde Belén y Nazaret y a través de Galilea y Judea, su camino inexorable lo condujo a la ciudad de Jerusalén para cumplir con el propósito divino. No fue ni accidente, ni una combinación infeliz de circunstancias adversas. Ese día en Jerusalén, el Hijo de Hombre tenía una cita divina que resultó en una oferta maravillosa de vida eterna para la raza humana.
Cristo no buscaba la simpatía de la gente de entonces, ni la busca hoy en día. Lo que les tocaba hacer a los moradores de Jerusalén era creer en él. Lo mismo sucede con el hombre del siglo veinte y uno. Los muchos cuadros y estatuas que representan a Cristo en su cruz provocan una especie de tristeza y simpatía. Claro que sufrimiento como el que padeció Jesús evoca sentimientos fuertes en el ser humano. Sin embargo, lo que el Señor buscaba (¡y busca!) en aquellos que saben de su muerte en la cruz, es una fe sincera.
EL DÍA SABADO:
Las mujeres fieles, aquellas creyentes que siempre le servían, tomaron nota de dónde lo habían puesto. Aparentemente, o no hubo tiempo, o no tenían suficientes especias para embalsamar el cuerpo de Jesús antes del sábado. La ley permitía que se embalsamara un cadáver en el día sábado, pero no se podían comprar y preparar las especias y ungüentos. Así que las mujeres obedecieron los requisitos y descansaron el sábado.
Ese día, reinó la calma en la ciudad después del día tumultuoso que le había precedido.
EL DÍA DOMINGO:
Cristo había ya resucitado cuando empezaron los sucesos del capítulo24. El primer versículo continúa relatando el ministerio cariñoso de las mujeres creyentes. Ellas ya habían hecho todos los preparativos y llegaron a la tumba para embalsamar el cadáver. Para su gran sorpresa, encontraron la tumba abierta y vacía.Su perplejidad se transformó en miedo cuando vieron a los ángeles. A la verdad, la apariencia de los seres celestiales siempre causaba esa reacción entre los hombres (24:5).
Ah, pero el mensaje angelical, ¡qué bello! Y ellas, ¡qué alivio debieron haber sentido! El mensaje consta de tres puntos: (1) una interrogación; (2) un comentario categórico; y (3) un repaso.
El primer punto señala lo incongruente de buscar en la tumba al que dijo: “Yo soy la resurrección. y la vida” (Juan 11:25). El segundo punto es una declaración categórica de la verdad de la resurrección. Dios, a través de su mensajero, afirmó el acontecimiento. El recordatorio que les hizo el ángel tenía que ver con las palabras de Cristo mismo (24:6–7). Con eso, aquellos ojos, ofuscados por la tristeza y por la angustia, fueron abiertos: “Se acordaron de sus palabras” (24:8).
Cristo Vive. Aleluya!
Platt, Alberto T.: Estudios Bı́blicos ELA: Verdadero Hombre, Verdadero Dios (Lucas Tomo II). Puebla, Pue., México : Ediciones Las Américas, A. C., 1993, S. 148
Publicado por Rev. Jorge Valdes para