¿Cómo ve usted el panorama actual
de la arquitectura en nuestro país?
Lo que hay acá son muy buenos
arquitectos y un gran laboratorio de experimentación en las casas de playa. Ahí
se muestra cómo los clientes dejan hacer y dan libertad. En las viviendas
multifamiliares de la ciudad, en cambio, no ocurre lo mismo, ya que al
arquitecto se le condena a hacer dos departamentos por piso llenos de ambientes
y obligan a plantear un mal diseño. No hay una exigencia de calidad de vida por
parte de los compradores.
¿Cómo debe contribuir la
arquitectura a la calidad de vida en una ciudad?
La arquitectura
debería mejorar la calidad de vida, y esto se logra eliminando los tragaluces y
los pozos de luz. Todos sabemos que por objetivos lucrativos no podemos llenar
todo el lote íntegramente de ambientes con cuartos cuya luz entra solo a través
de un tragaluz.
¿Qué está
pasando?
Debemos entender que la arquitectura no es el fruto de una
necesidad. La arquitectura se crea en el momento en que usted tiene una
exigencia; por ejemplo, querer que en el cuarto de mis hijos entre la luz de la
mañana. Hay gente que admite que en su habitación nunca entró el sol. Esa
persona está perdiendo la noción de las cosas elementales de la vida. Yo he
crecido con el funcionalismo de los años sesenta, aquí en Lima, cuando los
cuartos se hacían mirando al este para que entre el sol de la mañana. En esa
época se pensaba que el mundo sería cada vez mejor, había un gran entusiasmo,
fruto de una exigencia mundial después de una guerra.
¿Cómo concibe la vivienda
popular?
Para mí diseñar viviendas populares ha sido la tarea más
difícil, porque cuando te encargan proyectos de ese tipo sabes que si tú no le
das arquitectura a esa gente no la va a tener nunca, porque no se la puede
pagar. Ahí interviene un sentimiento especial fantástico, y a eso se añade el
hecho de que cuando los arquitectos se ocupan de la vivienda popular lo hacen a
tres niveles: el departamento, el edificio y la figura urbana. Muchas de las
viviendas que vemos en la muestra sobre mis obras son viviendas populares que
acá parecen de pitucos.
Usted propone dejar 50% del
terreno libre…
Lo que yo propongo para hacer en Lima es arquitectura
en la que se deje 50% de área construida y 50% de área libre, de vacío. Por lo
general en un terreno donde había una casa se hace un edificio y las áreas
libres son los retiros y pozos de luz, y no hay espacios libres porque ahí van
los carros. El área libre del 50% del terreno para mí es una superficie donde se
puede colocar un árbol de ocho metros de alto.
¿Cuál es su propuesta de
edificios para las ciudades actuales?
Pienso que en las ciudades
ahora se deberían construir solo tríplex, porque ocupan menos sitio, y así se
empila la obra. Cuando se hace esto todo funciona mejor.
¿Cómo se distribuye el
tríplex?
Tenemos un piso común donde se da la vida social. En el
segundo piso, los dormitorios de la pareja y en el tercero, las habitaciones de
los hijos y una sala privada. Cada familia organiza el tercer piso como le
conviene. Incluso se puede alquilar o independizar en un futuro. La torre de
departamentos se une mediante un puente a otra torre donde se colocan los
jardines en transparencias, de modo que hay espacios libres para permitir la
vista desde atrás y tener áreas verdes con varios metros de alto donde se pueden
colocar árboles.
¿Y las vistas?
Yo
prohibiría que se construya en las paralelas al mar, solo en las
perpendiculares, para no perder la vista y convertir estos espacios
privilegiados en áreas verdes llenas de árboles.