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Abril 2013
Apreciado(a) colaborador(a):
Una de las cosas que más me gusta de la primavera es la nueva vida que uno encuentra en todas partes. Me alegra ver como el paisaje, que parecía muerto, comienza a cobrar vida otra vez. Esto nos enseña que, solo porque no percibamos algún cambio en las circunstancias difíciles de nuestras vidas, no debemos temer que toda esperanza está perdida.
Esto, por supuesto, me hace pensar en la tumba vacía. Lo que parecía ser la derrota más triste, se convirtió en la victoria más maravillosa de toda la historia. Acabamos de celebrar la Semana Santa, y reflexionamos en lo que el Señor Jesús hizo por nosotros en la cruz: nos salvó de nuestros pecados, y nos reconcilió con el Padre celestial. Pero en lo que resta de este año, tengo la esperanza de que continuaremos reflexionando en lo importante que es para nosotros que vivamos más allá de los desafíos de este mundo y en el poder que resucitó al Señor Jesucristo de entre los muertos.
Un buen ejemplo de esto podemos encontrarlo en las vibrantes y coloridas mariposas que han comenzado a aparecer. Me encanta fotografiarlas. Ellas empiezan como unas feas orugas, avanzando a rastras y lentamente sobre la tierra. Son bloqueadas por cada piedra, por cada brizna de hierba y en peligro constante de ser atacadas por aves hambrientas. Cada una de estas orugas se esforzará hasta trepar a un árbol, para encontrar una hoja y tejer un capullo. Su vida, hasta este punto, se caracteriza por el afán, la lucha y el trabajo agotador.
Durante semanas, o incluso años, puede parecer que nada está sucediendo dentro del capullo. A semejanza del paisaje del invierno –o del exterior de la tumba de Jesús−, las cosas parecen muertas y sin cambios, pero debajo de la superficie está teniendo lugar la transformación más maravillosa. Al final, ocurrirá un milagro extraordinario. Ya no tiene que arrastrarse para descender del árbol, ni de preocuparse de que pueda ser devorada por las aves. Ahora puede remontarse y volar sobre cualquier cosa que antes solía ser un obstáculo.
Esta es la clase de vida que Dios desea para cada creyente. Él no quiere que nos arrastremos por la vida con afanes, luchas y trabajo agotador. El Padre, quiere que nos remontemos con el poder de la resurrección.
Permítame preguntarle, ¿Qué clase de vida tiene? ¿Se siente abrumado por el peso de sus cargas, sintiéndose sin vida y preguntándose si algún día cambiarán las cosas? ¿O está experimentando la confianza de una nueva vida, el gozo de la tumba vacía, y el poder transformador del Salvador resucitado? Romanos 8.37 promete: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó”. ¿Es esto una realidad para usted?
La resurrección del Señor Jesús nos da la verdad a la que podemos aferrarnos, no importa lo que experimentemos. Es por esto que podemos vivir por encima de nuestras circunstancias y estar confiados, porque Él nos da todo lo que necesitamos para tener una vida abundante.
La primera seguridad es que nuestro Salvador venció la muerte. Primera a los Corintios 15.26, 27 nos dice: “Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque Todas las cosas las sujetó debajo de sus pies”. Ya no hay ningún obstáculo o enemigo que pueda dañarnos como hijos del Dios Viviente, porque toda la creación responde a Él. Cualquier adversidad que enfrentamos tiene que pasar primero por su poderosa y sabía mano antes de que pueda tocarnos, y nada en el cielo o en la tierra podrá separarnos de su amor (Ro 8.38, 39).
La segunda promesa es que, no importa lo desesperante o perdida que parezca la situación que enfrentemos, al final será transformada para nuestro bien. A un buen amigo mío se le murió su esposa hace algunos meses, lo cual fue muy difícil para él. Me dijo que, de no haber tenido al Señor Jesús, no habría tenido ninguna esperanza de verla otra vez. Pero, gracias a la maravillosa salvación provista por Cristo, él sabe que esta separación es solo por un breve tiempo. Cuando ellos vuelvan a reunirse en el cielo, nunca más se separarán. De la misma manera, todo lo que usted esté enfrentando en este momento es solamente por poco de tiempo, en comparación con las bendiciones eternas que Dios tiene reservadas para usted (1 P 1.6-9). Por consiguiente, usted puede mantenerse fuerte y esperanzado, porque el Padre nunca le desamparará ni le dejará.
Por último, tenemos la seguridad de que un día veremos cómo nos preparó fielmente el Señor para que nos remontáramos. El Padre celestial está preparándonos para la vida eterna —una vida que está mucho más allá de lo que podamos imaginar. El apóstol Pablo lo explica, diciendo: “Se siembra un cuerpo corruptible, se resucita un cuerpo incorruptible; se siembra en deshonra, se resucita en gloria; se siembra en debilidad, se resucita en poder; se siembra un cuerpo natural, se resucita un cuerpo espiritual… Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Co 15.42-44, 49 LBLA). Así como las orugas se transforman en mariposas, así también nosotros estamos siendo transformados y preparados para ascender por encima de todo lo que alguna vez fue un impedimento —para la gloria de Dios.
Entonces, ¿cómo está usted viviendo? ¿Confía en el Padre celestial? ¿Está disfrutando de la vida resucitada, triunfando en el poder que levantó al Señor Jesús de entre los muertos? Recuerde que cuando usted confía en el Dios vivo para que le sustente, ningún enemigo que se levante contra usted prosperará; todas las cosas —no importa cuán desesperantes parezcan en este momento— serán transformadas para su bien, y usted será digno de entrar en las mismísimas mansiones del cielo. Usted fue salvado para remontarse. Mi oración es que experimente la esperanza de la nueva vida y del poder transformador del Salvador resucitado. Ponga su fe en Jesucristo, venza por medio de Aquel que le amó, y tenga la victoria sobre cualquier problema que esté enfrentando ahora mismo.
Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley
P. D. Gracias por dejarse usar por Dios en la proclamación de la maravillosa esperanza de la resurrección a personas en todo el mundo. Al colaborar usted con Ministerios En Contacto por medio de sus fieles oraciones y sus ofrendas, está haciendo una inversión eterna en favor de las vidas de muchas personas. Le agradezco por haberse unido a mí en esta misión y por honrar al Señor con su vida. Que el Padre celestial le bendiga abundantemente y se revele a usted de una manera maravillosa hoy.
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