Unos prefieren tener bajo control hasta el más pequeño de los detalles, planificando hasta las situaciones, actividades y momentos más comunes, habituales y rutinarios. Y hay quieres prefieren reducir la planificación sólo a los aspectos más relevantes.
Lo cierto es que probablemente no exista una única respuesta correcta a esta pregunta. Cada persona y profesional es un mundo, y cada uno debe encontrar su propio equilibrio, estableciendo la planificación y la improvisación en función de sus propias necesidades y expectativas.
Muchos son los que justifican su fidelidad a la improvisación en pro de
la creatividad. Consideran que la planificación condiciona la
creatividad.
Es innegable que la improvisación puede potenciar la creatividad en
determinadas situaciones. Pero también es cierto que al dejar al azar o
la suerte la resolución de cualquier problema, deja la puerta abierta a
múltiples factores que pueden condicionar el resultado.
Y en cuanto al mito de que la planificación acaba con la creatividad, es sólo eso, un mito.
Es posible planificar procedimiento, técnicas y momentos que contribuyan a desarrollarla y potencien la creatividad.
Conclusion
La clave no está en planificación o improvisación. La clave está en saber decidir qué es lo suficientemente importante como controlarlo y planificarlo evitando que entre en juego la suerte o el azar; y qué es aquello que podríamos dejar a la improvisación sin correr demasiados riesgos o exponernos a problemas y contratiempos innecesarios.