Una tendencia que veía venir con el auge del
turismo rural, pero que además incorpora una verdadera filosofía de vida, que
incluye algo que va más allá de lo que son los recorridos rurales, ecológicos y
místicos por separado, ya que junta todas éstas tendencias para ofrecer un
regreso a los ritmos de la naturaleza, es el Turismo Slow. El
Turismo Slow va ganando terreno alrededor del mundo, ya que
ofrece la opción de desconectarse un 100% de todo lo que nos distrae por la
vida, de todas las ocupaciones, de la tv, teléfono y medios tecnológicos. Vivir
la experiencia significa reencontrarse con uno mismo, ejecutar un viaje
personalizado y libre que se opone a los tradicionales itinerarios que controlan
el tiempo y los destinos a visitar.
La
tendencia slow es evidentemente mucho más cara, y cómo no, si se trata
de privilegiar el viaje a medida antes que la masividad, se privilegia la calma,
el autoencuentro a través de la meditación y los medios de transporte que
permitan disfrutar del paisaje, tales como los trenes, barcos, bicicletas o a
pie, dejando de lado el avión y el auto, que mantienen tensos frente al volante,
y en el caso del avión, es tan rápido que no se alcanza a apreciar nada a
cabalidad. La gastronomía es parte importante de esta tendencia
slow, ya que tiende a preferir los productos orgánicos y las preparaciones
típicas, que por ser más antiguas, ocupan elementos y métodos de cocción que ya
tienen varios cientos de años de prueba.
Los alojamientos
que utiliza el turista slow, son pequeños, y las visitas son algo prolongadas,
ya que la idea es ir a conocer las costumbres locales de poblados pequeños,
descubrir los lugares de interés y conectarse con la naturaleza.
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