Rv: FREIRE POR LA ESPERANZA Y NUESTRA RESPONSABILIDAD

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Rosa María Cifuentes

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Mar 7, 2012, 8:39:19 AM3/7/12
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 Rosa María


--- El mar, 3/6/12, Rosa María Cifuentes <investig...@yahoo.com> escribió:

De: Rosa María Cifuentes <investig...@yahoo.com>
Asunto: Rv: FREIRE POR LA ESPERANZA Y NUESTRA RESPONSABILIDAD
A:
Fecha: martes, 6 de marzo de 2012, 03:49 pm

Freire afirmó la relación entre las condiciones materiales, mentales, espirituales, éticas, en el espacio tiempo: pocas veces nos preguntamos ¿qué hacemos con el tiempo pedagógico, que debe estar al servicio de la producción del saber? Planteó que los gre­mios deberían estudiar con seriedad la situación actual, cambiar la manera de pelear, reinventarla; sin parar de pelear, pues la existencia humana es experiencia de lucha; de sujetos, no de objetos; por ello no se logra sin pelea, sin esperanza, sin tenacidad y sin fuerza[1]. En este sentido, es necesario producir condiciones para hacer posible enseñar y aprender críticamente, de modo que las y los participantes se van transformando en sujetos reales de la construcción y reconstrucción del saber, al lado del educador[2].

 

El saber se ha venido produciendo en la práctica y en su reflexión crítica, así como en el análisis de la práctica de los otros. El pensar sobre la propia práctica y sobre la práctica de los otros conduce, por haber sido un pensar crítico, curioso, a lecturas teóricas que van explicando o confirmando el acierto o el error cometido, a través de la iluminación de la práctica analizada[3]

 

Requerimos condiciones favora­bles para educar, para realizar nuestras tareas: higiénicas, espaciales, estéticas. Sin ellas, lograremos menos eficacia en el espacio pedagógico. La falta de respeto a este espacio ofende a edu­candos, educadores y a la práctica pedagógica[4]. La lucha en favor del respeto a las y los educadores y a la educación, significa que la pelea por salarios menos inmorales, es un deber irrecusable; no sólo un derecho. Requerimos defen­der nuestros derechos y dignidad, como un momento importante de la práctica ética; responder a la ofensa a la educa­ción.

 

La lucha política consciente, crítica y organizada, nos puede aportar a vernos como profesionales idóneos; con fuerza; la lucha es una categoría histórica que requerimos reinventar[5]. No hay vida ni existencia humana sin pelea ni conflicto. El conflicto dinamiza nuestra conciencia. Negarlo es desconocer los mínimos pormenores de la existencia vital y social. Huir de él es ayudar a preservar el statu quo. La salida es la unidad en la diversidad de intereses no antagónicos de educadores y educadoras, en defensa de sus derechos: a la libertad docente, a hablar, a mejores condiciones de trabajo pedagógico, a un tiempo libre remunerado para dedicarse a su permanente capacitación. Esto implica reivindicar el derecho a ser coherente, a criticar a las autoridades sin miedo –a lo que corresponde el deber de responder por la veracidad de las criticas-, a tener el deber de ser serios, coherentes, a no mentir para sobrevivir.

 

Querer es fundamental, pero no suficiente; es preciso saber querer, aprender a saber querer, lo que implica aprender a saber luchar políticamente con tácticas adecuadas y coherentes con nuestros sueños estratégicos. Al buscar hacer del mundo menos malo, no tenemos por qué distinguir entre acciones modestas o retumbantes. Todo lo que podamos hacer con competencia, lealtad, claridad, persistencia en la dirección de sumar fuerzas para debilitar la fuerza del desamor, del egoísmo, de la maldad, es importante[6].

 

Necesitamos la formación permanente está ­en que nos convenzamos de, y nos preparemos para el uso ­más sistemático de nuestra curiosidad epistemológica: partiendo contexto teórico y tomando distancia de nuestra práctica, desentrañar de ella su propio saber, la ciencia en la que se funda. En otras palabras, tomar distancia del contexto teórico, de nuestra práctica y hacernos epistemológicamente curiosos, para aprehenderla en su razón de ser. Revelando lo que hacemos de tal o cual forma, nos corregimos y perfeccionamos a la luz del conocimiento que nos ofrecen la ciencia y la filosofía. Pensar la práctica, aprender a pensar y a practicar mejor. Es imposible que enseñemos contenidos sin saber ­cómo piensan los alumnos en su contexto, en su vida cotidiana. Sin saber lo que ellos saben, para ayudarlos a saber mejor lo que ya saben y para enseñarles, a partir de ahí, lo que aún no saben[7].

 

La lucha de maestros y maestras es justa y será bella, cuanto menos hiera la ética, mientras luchan[8]. Defender nuestros derechos no es prueba de autoritarismo; es prueba de amor a la libertad, vivir la vocación implica la lucha por ella, para concretarla; la libertad no es un regalo que se nos brinde, sino un derecho que conquistamos. Dentro de una perspectiva verdaderamente dialéctica, el sueño que nos mueve es una responsabilidad por la que debemos luchar[9].

 



[1] Grito manso, 2003, 34-55

[2] Pedagogía de la autonomía, 28

[3] Cartas a Cristina, 1994, Undécima carta, 101

[4] Pedagogía de la autonomía, 65

[5] Pedagogía de la autonomía, 65-67.

[6] Cartas a quien pretende enseñar, 1997, 71

[7] Undécima carta, 116

[8] Duodécima carta, 145

[9] Decimo cuarta carta, 168-172172-


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TS Rosa María Cifuentes Gil
Bogotá Colombia
 

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