Ramón Pérez
unread,Jun 24, 2012, 10:19:25 AM6/24/12Sign in to reply to author
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to TRICENTENARIO DE ROUSSEAU
COLUMNA
La verdad
El riesgo de encontrarla es proporcional a la edad: los jóvenes, la
rehuyen; los mayores, la persiguen
MANUEL VICENT 24 JUN 2012 - 00:07 CET. El Pais.
Ciertamente, quien busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.
¿Pero, adónde hay que ir a buscarla? Sin duda el método socrático más
moderno para llegar a ella es el TAC, la tomografía axial
computarizada. La verdad ya no es propiedad de ninguna filosofía,
porque tantas doctrinas contrapuestas, al final, conducen al
escepticismo. Tampoco se halla en ninguna iglesia. Todas las creencias
son, en el fondo, el reflejo humano de la pelea entre dioses enemigos.
Puede que la verdad anide en el alma intransferible de cada uno, pero
solo existe un camino para alcanzarla: se trata de hacerse un chequeo
médico completo y para eso hay que pedir hora en una clínica, no en un
templo ni escuela. El riesgo de encontrar la verdad es proporcional a
la edad de quien la busca. A los jóvenes que llevan una vida sana,
salvo casos raros, este asunto no les va nada, pero a medida que uno
envejece la verdad se esconde en algún lugar del cuerpo, forma parte
del alma y solo en contadas ocasiones asoma por el rostro. La forma de
llegar al alma empieza por un análisis de sangre. Aparecen los
leucocitos, los hematíes, la glucosa, la urea, la creatinina, el
hierro, el ácido úrico, las enzimas, los triglicéridos, los marcadores
tumorales. En este caso, si la verdad no da la cara, uno respira
tranquilo. Pero a continuación la verdad te exige más sacrificios:
placas por si aparecen sombras de sospecha en los pulmones, una
colonoscopía para detectar pólipos en los intestinos, un tubo que
habrá tragarse buscando sus huellas en el estómago, una prueba de
esfuerzo por si la verdad fuera ese trombo que pudiera obstruir la
aorta y después, ecografías, resonancias magnéticas, contrastes. Cada
uno de estos chequeos requiere previamente que firmes tu
responsabilidad en el caso de que mueras en el empeño. Finalmente, si
uno se pone exigente, el médico te pedirá que ofrezcas tu cuerpo
entero a una máquina infernal cuyo diabólico rodillo irá dividiendo en
rodajas todo lo que la existencia ha ido dejando en cada una de tus
mucosas más secretas hasta el tamaño de una lenteja. Si al final de
este proceso no has encontrado la verdad, entra en el primer bar,
tómate un par de cervezas y luego, como King Kong, súbete al Empire
State con tu novia en brazos.