Ramón Pérez
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to TRICENTENARIO DE ROUSSEAU
El espectáculo de la civilización
VICENTE VERDÚ 27 ABR 2012 - 20:00 CET1
La civilización del espectáculo, titula Vargas Llosa su último libro,
palinodia de la contemporaneidad. Pero, ciertamente, estos tiempos y
las circunstancias que él lancea son hechos que se han quedado obvios
y mostrencos varias décadas atrás. Lo pertinente hoy no sería tanto
referirse a la civilización del espectáculo y su filosofía revenida
como al espectáculo de la civilización. O, lo que es lo mismo, a la
civilización transformada en el mayor espectáculo.
En 1843 publicó Joseph Proudhon su Filosofía de la miseria para que
Carlos Marx, iracundo y sarcástico le respondiera cuatro años más
tarde con su volumen La miseria de la filosofía. Se trataba, en suma,
de que mientras Proudhon, apoyado en los trabajos de Ricardo, no veía
otra cosa en los miserables que un destino excrementicio y sin
salvación, Marx se empeñaba en distinguir entre ese abono la potencia
y la esperanza de la revolución. Los pobres no lo serían para siempre
y cada vez más sino que el mismo fermento de su masa daría en un
movimiento mefítico que enfermaría al poderoso e invertiría
saludablemente el orden social.
No hace falta decir que las condiciones históricas del proletariado
antes o del "precariado" hoy han cambiado mucho los supuestos, pero no
necesariamente para mal.
El "precariado" se compone cada vez más de clase media y culta. No
culta a la manera que agradaría a un conspicuo premio Nobel pero sí
informada (aunque sin libros) respecto a todo lo que hay. Bueno, malo
y regular.
Este nuevo ciudadano, educado en la cultura de consumo, no es un patán
sino un tipo crítico, escéptico, escamado y con muchas ganas de
reaccionar. No hay líderes al modo de Marx o Lenin para organizar la
revolución pero hay redes que hacen las veces de una levadura
creciendo para la cooperación. En metáfora ecológica, no se trataría
aquí de que estas gentes fueran parte de una suma de residuos sin otro
destino que el vertedero sino componentes de una materia prima lista
para el reciclaje en un mundo mejor.
¿Qué mundo? La actual miseria de la filosofía no ha logrado todavía
esbozar una alternativa cabal. Los protagonistas del 15-M saben lo que
no quieren pero aún les falta saber cómo acceder a lo que a retazos
desean.
El Estado se ha hecho de una parte tan invisible y escurridizo que no
es se sabe cómo dar con su corazón. Camuflado en la beneficencia
hospitalaria a veces o encamado en el mismo lecho del Capital su
entidad se deshace como en un caleidoscopio gigante donde se esconde
mejor.
La civilización del espectáculo ha sido una película que llevamos
viendo repetida desde hace lustros. Lo novedoso es comprobar como el
espectáculo es la misma civilización. Los medios siempre han rebuscado
en argumentos sensacionalistas y la descomunal miseria con sus
injustas desigualdades sería hoy el máximo foco de atención.
En esta coyuntura, La filosofía de la miseria explotaría su deplorable
contenido mientras La miseria de la filosofía conllevaría, en paralelo
al texto de Marx, una denuncia de la civilización hecha espectáculo.
Porque, en efecto, si la crisis ha adquirido esta magnitud y
virulencia asesina, no es solo producto de su naturaleza íntima sino
resultado de haber conquistado el principal papel como personaje del
espectáculo radiado, grabado o televisado. De la llamada "civilización
del espectáculo" estamos de vuelta. La idea hacia el futuro es la
función que desempeñan los medios de comunicación para calentar, como
en un Barça-Madrid, la transmisión de los avatares de la Gran Crisis y
su habilidad para convertirla en un serial que día tras día nos lleva
al borde del abismo, al borde de la quiebra y al infierno de una
hoguera que, el día menos pensado, puede convertir en cenizas a las
piras de moribundos desprovistos de toda asistencia, de las mínimas
prestaciones y hasta de una "miserable" fe en el porvenir.