Lo que más me ha sorprendido (la barbaridad medioambiental ya la daba por descontada) es que, por lo visto, el supuesto negocio no es tal negocio, salvo para quienes lo promueven, lo financian, lo ponen “en marcha” y lo abandonan cuando ya han hecho su agosto.
Algo así como las tristemente célebres autopistas radiales de Madrid o el fabuloso negocio de la energía nuclear cuyos escombros tendremos que vigilar y proteger (a nuestra costa) durante los próximos 25.000 años. ¿existirán Tepco (Fukushima), Endesa, o Iberdrola entonces?
Lo dicho: recomiendo su lectura (no es muy largo) porque a partir de ahí quizá seamos capaces de formarnos nuestra propia opinión.
¡Que aproveche! (y distraiga)
Saludos.