Gracias, Cristopher. En el cuento se nota el trasfondo político por el que muchos escritores han usado el futbol a manera de analogía de la sociedad. En el cuento, este equipo marginado es primero llevado a entrenar a una cancha que es un desastre antes de ir a jugar a un estadio que es monumental, el apoteósico escenario europeo donde además el frío es implacable, dice Benedetti, donde este grupo de latinoamericanos se sienten cohibidos hasta que se rebelan (por iniciativa de uno solo, al principio) en el discurso pesimista de Cambalache. Y el tachado de traidor, en un principio, termina contagiando a los demás.
¿Será que, como los vencidos históricos que somos los latinoamericanos, arrastramos un complejo de inferioridad que nos lleva a hace identificarnos con el equipo más débil, al tiempo que, por el contrario, exigimos al más fuerte en el poder (al caudillo,"al más chingón", decía Carlos Fuentes), pues el orden político eso sí es algo con lo que no se juega? Es decir, apuntémonos con el que no va a perder, ahí sí.