Ono? Y el rimbombar de olas hasta alcanzar mis tobillos, gotas fras dejadas por el invierno que se arrastra y se extingue en direccin al final del ao, rumbo a las bodas optimistas de siempre y siempre. Solo yo no estoy optimista, pero, cmo podra estarlo? Fui el primer hombre en navegar en el fondo del ocano, pero a quin le importa eso? El mar arrastra sus torbellinos plata y suma el horizonte al final de todo, una mezcla que no desee ardientemente el infinito. Una explosin muda de lo finito y nada, eso s.
No. Nada acabar conmigo, ni me rescatar de sentarme aqu en estas tablas, ni de gemir con ellas, mucho menos mis recuerdos de las expresiones entusiasmadas de Miss y Oliu al recibir las salpicaduras de las grandes olas, despus de que lanzamos el Ictneo al Mediterrneo, zozobrarn, no en el ocano de mi memoria, donde no alcanzan las galochas, mucho menos los arpones. Ese da nuestros ojos devolvan efusivos los reflejos metlicos de aquel pez armado mquina, de aquella fantasa devenida materia mecnica y destornillable y nos abrazamos aqu mismo, en este embarcadero, y derramamos champagne encima de la estructura de la nave y yo berre a los cielos de Barcelona, a quin quisiese or: yo, Narcs Monturiol i Estarriol invent el submarino.
Y ahora estoy aqu, a la espera del hijo del raj, y dejo que las olas ensopen los bajos de mis pantalones y continuo esperndolo al vendr del fondo de un malstrom, de una isla perdida o de los mares de las Indias, estoy a la espera del prncipe dakkar y de su piel negra color de musgo curtida por los siete mares. l pagar por mi rescate, pues somos de la misma raza, somos de la misma sangre, tenemos la misma inteligencia y la misma sublevacin contra los poderosos.
No, nada de los despreciables Fulton y sus ahogamientos bisoos en el Sena, nada del agua sin luz de Le Havre, la gran gloria subacutica refulgi bajo el sol mediterrneo, sobre las espaldas fulgurosas de este mar, y ni Payerne, Petit, Villeroi y sus embustes o los garabatos fraudulentos de Brun y Bourgeois con sus caballos de Troya sumergidos por el fracaso y por la ignominia de los armadores de quinta categora, no.
Y no como Fulton, Bourgeois y los otros, no por el dinero, no por la gloria, no. Nuestros zapatos con los cromos ensopados encima del pavimento hmedo y oscilante de este muelle, frente al mar de Barcelona da y noche, nuestros sudores ms febriles despejados madrugadas adentro y afuera, noches sin sueo a la luz de las lmparas de gas y despus las conversaciones animadas en las tabernas, al son de nuestras voces impregnando de entusiasmo y vida, llenando los aires de las cantinas por las maanas y por el inicio de nuevos das y nuevas posibilidades de xito. En ellas comamos en abundancia para inmediatamente volvernos, Oliu, Miss y yo, con nuestros brazos doloridos del esfuerzo y la lucha, nuestros cerebros enfermos de sueo. Y no por cuenta de escudos o para la posteridad, no. Todo por el esfuerzo de la felicidad comn y para disminuir los riesgos innecesarios sufridos por los buscadores de conchas en la costa de Cadaques, para permitir que sus hijos conociesen a sus padres con salud e integridad fsica, padres trabajadores que arriesgan sus vidas precarias y descartables para llevar a la mesa de la burguesa de esta ciudad los mariscos con los cuales stos se hartan. Una hermandad trabajadora subacutica, bajo las luces de la vida justa y cubierta por las aguas del ocano, era eso lo que ansibamos, Miss, Oliu y yo, afuera de los muros opresivos y sombros de esta Barcelona burguesa y enriquecida por el trabajo obrero bajo el yugo de patrones y capataces. Imaginbamos una Barcelona futura bajo los mares, una Atlntida socialista libre de la pestilencia del aire inundado por la lucha de clases, nosotros, un cardumen laborioso y armnico bajo el Mediterrneo, nosotros en busca de la paz.
Y no como Payerne o Villeroi o Fulton, no nosotros. Pero, habra sido todo apenas un sueo? Por eso espero aqu al prncipe dakkar, l sabr entenderme, vendr a rescatarme de la furia de los capitalistas que destruyeron nuestro Ictneo, que arruinaron mis sueos y los sueos de Oliu, Miss y Cabet, que pisaron nuestra imaginacin como se pisa en un tonel de uvas, aplastndolas con los dedos de los pies, la via y extrayendo de ella el zumo para destruirlo, para mezclarlo y as retirar sus fuerzas y su identidad, as destruyendo nuestra imaginada sociedad trabajadora subacutica, as sumergiendo nuestros sueos sin dejarnos respirar, matndonos por ahogamiento como se mata a un pez en la cabecera.
Yo se que muero, ahora en 1885, pero mi prncipe submarino, mi bronceado dakkar de mares secretos y obscuros, de veinte mil leguas bajo los ocanos, s, mi capitn vendr a rescatarme de la muerte, y yo, Narcs Monturiol i Estarriol, yo que soy su igual, yo que invent el submarino, en esta misma Catalua depauperada por los ricos, en esta Espaa robada por los nobles, en este siglo en que no hay gloria de luchas, miserias y enfermedades, as mismo. Aun as y por todo ello, l vendr a buscarme.
El 21 de febrero ellos nos destruyeron. Ese da Miss, Oliu y yo fuimos destruidos por la fuerza abominable del capital, por nuestros acreedores, por los bancos que no nos dieron ms crdito. Ellos, malditos, nos destruyeron a nosotros y al Ictneo, nuestro submarino a vapor, fabricado a costa de tanto sudor y tantos sueos, ellos lo hicieron pedacitos, ellos, los malditos! Sus diecinueve escotillas de cristal, por irona, fueron a adornar las paredes del bao de un millonario cualquiera. Las ventanas por donde veramos a los hombres fuertes y vlidos recoger ostras en las barreras de corales del fondo del mar para as mantener a sus familias con justicia, salud y merecimiento, fueron a adornar la baadera de un sujeto sin moral! El destino es a veces un payaso con colores demasiado fuertes pintados en el rostro. Embargado, el Ictneo fue destruido y con l nuestros sueos socialistas.
Pero no, y al final el mar se levanta y entonces puedo verlo, an no en su totalidad, no en su entereza, una fortaleza ascendente, con sus caos soltando aire y agua, con los metales de sus pistones y vapores empujando algas y rocas, subiendo en direccin a la superficie, es l quien lleg, mi noble Nemo, mi prncipe dakkar surgido de continentes desaparecidos, el Capitn Nemo y el Nautilus en direccin al cielo, superando las escarpas para rescatarme de esta pesadilla donde aferr mi deseo creador, donde sacrifiqu mi imaginacin a cambio de verla destrozada, as como Miss y Oliu, y entonces he ah que viene a m, mi capitn, el negro que sale a la luz del da y me saluda, desde dentro de su tnica hind, bajo su turbante con esmeraldas, es l, el Capitn Nemo y su Nautilus, que vino a rescatarme de este fracaso y llevarme al fondo del mar, dejando el espectro de un submarino y de mis sueos atrs. Atrs y sobre la tierra, mientras desaparecer en medio de las olas y cardmenes, dentro de grandes olas y plancton, hasta que membranas unan mis dedos, hasta que Neptuno me corone, hondo en direccin al fin del ocano, mis sueos transmutados en agua, yo, en fin, devenido pez.
P.S. Narcs Monturiol i Estarriol (1819-1885) fue el ingeniero e inventor espaol que cre el primer submarino de vapor. Movido por convicciones socialistas, Monturiol invent el aparato para servir a las comunidades pescadoras catalanas que sufran con las malas condiciones laborales.
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