UN POCO DE HISTORIA DEL RÍO SANTA CATARINA

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GRACIELA CONTRERAS

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Jan 28, 2011, 2:38:57 PM1/28/11
to Soc. de urbanismo
 
 

 
Existe la creencia popular de que, para predecir las lluvias en Monterrey, hay que ver cómo los negros nubarrones se ponen encima del cerro de la Silla, semejando grandes humaredas. Los antiguos pobladores de nuestra región, decían: «Cuando el cerro de la Silla sombrilla y el de las Mitras sombrero, seguro aguacero». Y cuando ya estaba el aguacero encima y los truenos resonaban muy fuerte, las viejitas rezaban: «Santa Bárbara doncea, que en el cielo fuiste estrea, líbranos de la centea».
 
Lo cierto es que él jueves, 27 de agosto, se cumplieron 100 años de una de las inundaciones más severas que ha sufrido nuestra zona metropolitana, junto con los municipios situados en la cuenca del río San Juan, cuya jurisdicción incluye a los ríos Pesquería, Salinas, Santa Catarina y Ramos.
 
Como preámbulo de la tragedia, el 10 de agosto de 1909, habían caído fuertes lluvias que también habían causado destrozos a Monterrey y a sus municipios aledaños. La población apenas se estaba recuperando cuando, el día 27 de agosto, se dejaron sentir fuertes ventarrones que venían por el cañón del Huajuco.
Se dice que la inundación de 1909 es la más terrible de todas las que han asolado nuestra tierra; pues, proporcionalmente, hubo más pérdidas humanas y materiales. Hace 100 años, Monterrey contaba con apenas 80 mil habitantes; y en todo el estado de Nuevo León, la población no sobrepasaba  las 300 mil personas.
 
De acuerdo con testigos de la época, se sabe que las causas de la gran inundación de ese año fueron dos: una, la situación de Monterrey, enclavada en un valle rodeado de montañas, precisamente frente a la entrada a la Sierra Madre, en un lugar conocido como Boca del Potrero de Santa Catarina, hoy Cañón de la Huasteca; y dos, porque el río Santa Catarina recoge el agua que cae en 32 cañones.
Precisamente el río que más expone a la población a constantes peligros de inundación, es el Santa Catarina. Nace en plena Sierra Madre Oriental, a 2,369 metros sobre el nivel del mar, en la llamada Sierra de San José, cerca del Tarillal, en Santiago, N. L. Luego se interna al municipio de Santa Catarina por el cañón de San Cristóbal. De ahí, hasta la boca del potrero que ahora llaman de la Huasteca, el río recoge las aguas de 32 cañones que, a su vez, reciben los torrentes de las lluvias de la Mesa del Norte (Santiago y Santa Catarina), y de las sierras de Arteaga, Saltillo y Ramos Arizpe, Coahuila.

El río Santa Catarina corre primero de sur a norte; y luego, de sureste a noroeste, atravesando un largo y angosto cañón entre las estribaciones de la llamada Sierra del Toro o Taray, y de algunos poblados de Santa Catarina, como San Cristóbal, El Marrubial, Tinajas, El Alto, los García, Buenos Aires, Nogales y los Horcones, para luego salir ya engrandecido por el Cañón de Santa Catarina.

Enseguida, se desliza por desfiladeros de la sierra de Anáhuac, ya en terrenos de Santa Catarina y de San Pedro después. En donde estaban los antiguos molinos Jesús María, se nutre con las venidas de agua que el arroyo del Obispo recoge de la sierra de las Mitras. Se interna a Monterrey por la antigua comunidad de San Jerónimo y sigue avanzando a través de los municipios de Monterrey, Guadalupe y Juárez; hasta que, en Cadereyta, se junta como tributario del río San Juan para desembocar en el río Bravo.

Las aguas que lleva, o debería llevar, regularmente el Santa Catarina se deben a los escurrimientos de los pantanos subterráneos, a los deshielos de la sierra de Arteaga, a la humedad que captan los distintos ecosistemas y a los mantos freáticos que hacen brotar manantiales que alimentan al río que, como les decía al principio, recoge la lluvia de 32 cañones o accesos de cadenas montañosas que componen a la parte serrana que pertenece a Santa Catarina. Esos cañones reciben los nombres de El Pajonal, La Mielera, Santa Juliana, Sandías, Salazar, San Pablo, Escaleras y Cortinas, entre otros más.

Ahora, ¿que por qué su cauce regularmente está seco en todo el año? Pues porque Agua y Drenaje de Monterrey ha perforado cerca de 30 pozos con una profundidad fluctuante que va de los 80 a los 114 metros. El agua que de allí se extrae, se utiliza para el consumo humano e, incluso, industrial, para beneficio de los habitantes de García, Santa Catarina, San Pedro Garza García y parte de Monterrey.

Hay una leyenda que también explica la causa de la sequedad del cauce de nuestro canalizado río. Se cuenta que después de la lluvia que, en 1757, azotó a nuestra ciudad por más de 40 días, una zapatera tlaxalteca de nombre Antonia Teresa, llevó hasta las embravecidas aguas del río una imagen de la Virgen chiquita (la de La Purísima) y, tocando con ella la fuerte corriente, hizo que a partir de entonces el caudal se ocultara en el lugar conocido como Morteros y resurgiera en San Jerónimo.
Un dato que merece ser tomado muy en cuenta es la inclinación tan pronunciada que tiene el plano por el que se desliza este río. La distancia que hay entre la entrada del cañón de Santa Catarina hasta la calle Juárez de Monterrey, es de 14.5 kilómetros en línea recta. El cauce sinuoso del río baja por una pendiente que tiene una inclinación promedio de 10 metros por kilómetro. Si, como dijimos, nuestro río nace a 2,369 metros y la altura de Monterrey es de poco más de 500 metros sobre el nivel del mar, entendemos por qué sus corrientes son tan peligrosas. Son, incluso, más veloces que las de los llamados rápidos de las cataratas del Niágara.

El río Santa Catarina hizo posible el establecimiento de Monterrey de y su zona metropolitana y generó un sistema económico basado en la agricultura, la ganadería y la minería. En la época colonial, la llamada hacienda de Santa Catalina fue una de las más prósperas e importantes del Nuevo Reino de León. En documentos coloniales aparece como «la mejor de todas las haciendas desde Zacatecas a estas partes». Y todo porque contaba con agua suficiente proveniente del Santa Catarina. Durante la época colonial irrigaba las labores agrícolas de los municipios que ya les mencioné.

En el siglo XIX, con su fuerza, alimentó las antiguas industrias de los molinos Jesús María, la Fama, la Leona, el Blanqueo y la Sombrerería Universal, iniciando así la industrialización de la zona metropolitana. Ya en el siglo XX apoyó las labores de minería y de ganadería y, luego, los procesos de industrialización. También hizo posible que se abastecieran del vital líquido lugares como García, Santa Catarina, San Pedro Garza García, Monterrey, Guadalupe, Juárez y Cadereyta.

Pero, así como ha dado vida y desarrollo a la zona metropolitana, también ha dejado destrucción y tristeza. Se tienen referencias de que Monterrey ha sufrido, al menos, 15 inundaciones. La primera de que se tiene referencia, gracias a los registros históricos, es la de 1611 y otra en 1612. La primera destruyó la original ciudad de Monterrey que estaba cercana a los ojos de agua de Santa Lucía. Eso hizo que se trazara otra población en donde actualmente está la plaza Zaragoza. El cronista Alonso de León supo por testigos que la mitad de las casas quedó destruida.

En septiembre de 1636 se repitió la dosis. Alonso de León se refiere al siniestro diciendo que fue tan destructivo que «parece se abrieron las cataratas del cielo y se rompieron las fuentes del abismo de las sierras, según las bocas por ellas reventaron… llevándose las arboledas de sus riveras, desgajándose de sus sierras las peñas, causando pavor y miedo, derribó todas las casas de Monterrey y las iglesias, dejándolo hecho un desierto».
Por crónicas de la época se sabe que los ríos La Silla, Santa Catarina y Pesquería se desbordaron provocando muchas desgracias. Seis años después, en 1642 y 1648, después de unas fuertes lluvias, el río Santa Catarina volvió a salirse de su cauce. Estos fenómenos se repitieron en 1716, 1752, 1756, 1775, 1782.

Ya en el siglo XIX, en 1810 y en 1881, el río Santa Catarina, incontenible, recuperó  su cauce causando destrozos de gran consideración. Pero la inundación que más grabada está en la memoria colectiva de nuestro pueblo es la que aconteció en 1909. Los efectos destructivos fueron terribles: se calcula que murieron cerca de 5 mil personas y muchos municipios quedaron prácticamente barridos, como General Bravo, Los Aldamas, los Rayones, Santa Catarina y Monterrey; especial mención merece el popular barrio de San Luisito, actualmente la colonia Independencia, por los estragos que padeció.

Precisamente, en ese año, las aguas embravecidas del Río Santa Catarina se llevaron todo lo que encontraron a su paso. Se dice que era tal la desolación, la destrucción y la tristeza imperante, que muchos testimonios pueden leerse en el libro El río fiera, bramaba de Osvaldo Sánchez y Alfonso Zaragoza que publicó el AGENL en 1989 y en otro publicado por don Humberto Buentello Chapa.
 
También en el año de 1910 llovió fuertemente en la región. Las aguas del Santa Catarina volvieron a hacer de las suyas el 28 de agosto de 1938, cuando las lluvias se presentaron todo el día y el nivel del agua subió hasta un metro, incluso en los lugares más altos de Monterrey. En el mes de septiembre de 1967 el huracán Beulah trajo desolación y tristeza sobre la ciudad y, en 1978, copiosas lluvias inundaron el cauce del río.
Hace 21 años, el Huracán Gilberto, convertido en tormenta tropical, dejó sentir su fuerza entre el 15 y 16 de septiembre de 1988, cuando vació su furia el gigante citadino que en esos momentos dormía.
Aparentemente, cada 20 ó 30 años, el río Santa Catarina provoca inundaciones en Monterrey y en sus municipios aledaños. La memoria y el temor hacen que nuestros gobernantes realicen obras para evitar más problemas. Por ejemplo, en 1953, cuando Morones Prieto gobernaba nuestra Entidad, se iniciaron la obras de canalización del río; y con Fernando Canales Clariond se procedió a construir la llamada cortina rompepicos.
A mi juicio, seguiremos expuestos a inundaciones; pues, toda la zona metropolitana está en cañadas y pasos naturales de arroyos que han sido urbanizados. Es incongruente que, mientras en otras partes del mundo se pagan cantidades de dinero por mantener limpio el cauce de los ríos, aquí nos empeñamos en llenarlos de canchas, juegos y otras cosas que no vienen al caso.
 
La cortina, cuando mucho, recogerá la lluvia de algunos cañones de la sierra, 20 tal vez, pero hay otros tantos sobre los que no se ejerce control alguno. Además, no entendemos los ciclos que nos anuncian que debemos tener cuidado de las lluvias y de las inundaciones; sobre todo ahora, que la mancha urbana se ha extendido tanto y la infraestructura hidráulica que que tenemos es tan precaria y tan insuficiente.
Debemos tener presente que existen ciclos de entre 20 y 30 años, en los que el Santa Catarina reencuentra su vocación de río. Aunque lo veamos seco e inofensivo, es un gigante que, además de vida, ha traído muerte y destrucción.
                                                                                       
 
 Antonio Guerrero Aguilar
                                                        
 
 Cronista de la ciudad de Santa Catarina, Nuevo León

 

jorge jesus garza

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Jan 29, 2011, 1:04:08 PM1/29/11
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Muchas gracias Graciela.
Los datos que compartes son muy interesantes; confirman que el diseño, además de proteger, puede agregar valor a la solución urbana de Monterrey, cuando el análisis la incluye como parte de una cuenca fluvial. Las implicaciones son prácticamente obvias en lo que se refiere a las posiciones para la vialidad primaria y secundaria asociadas al desalojo pluvial, y a la ubicaciones de áreas verdes con disponibilidad natural de agua para su conservación, etc.  Saludos,
Jorge J Garza

 
2011/1/28 GRACIELA CONTRERAS <gc_sa...@yahoo.com.mx>
 

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David Diaz Conty

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Jan 29, 2011, 3:49:41 PM1/29/11
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Graciela

Muchas gracias por esta útil información que es tan necesaria para poder entender que el Río Santa Catarina no es un canal de estiage ni un canalón de conducción de aguas pluviales. Es por el contrario Un Río con todos sus atributos y características, por lo tanto debemos dejar de ser unos necios y seguir viendo el asunto como si se tratara de un opción más para el desalojo del drenaje pluvial de la ciudad. Resolver los problemas que nos causa un rio es algo muy distinto, pero ya vá siendo hora de hacer las cosas de un modo diferente, si es que queremos un resultado diferente, también.

Muchos saludos


David Díaz Conty H
david...@hotmail.com









Date: Fri, 28 Jan 2011 11:38:57 -0800
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