Llaves De Steam

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Eustacio Gadit

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Aug 4, 2024, 12:29:53 PM8/4/24
to suinharefmen
Marina lo desfogaba despus en un motel y cuando El Corazn la conduca de vuelta la realidad le manchaba el lustre: la casita de una sola pieza, el padre de Marina abotagado de charanda y tev, la mueca sumisa en los labios de quien se sabe miserable y rumia cmo salir sin atreverse a hacerlo. Entonces comenzaba El Corazn a ser Pedro de nuevo. Y al da siguiente, en la obra, acarreando tambos de cemento y encimando ladrillos, era definitivamente Pedro y estaba encabronado.
Vio al polica ese mircoles entrar a la bodega, empujando a una sirvientita del rumbo. Era tarde y Pedro el ltimo en irse. Escuch que ella le deca No, Poli, ya no, quedamos que la pasada era la ltima, y Pedro se asom por la puerta entreabierta y vio cmo el cerdo le meta mano, ella lloraba quedito y se agarraba la falda, l deca Quedamos madres, gorda, dijimos penltima, jaj, o qu quieres que vaya y le cuente a tu novio? ndale, que te gusta, al cabo que esta va a ser la ltima ora s, Me promete Poli? despus de esta ya me va a dejar?, S, gorda, luego platicamos, orita aflojas. Ella se dio media vuelta y empez a desvestirse, despacio y sin ganas. Entonces Pedro meti los brazos, le tap la boca al polica y le puso un candado en el cuello. Apret. Apret como nunca lo haba hecho en el ring, no slo porque a sus colegas los cuidaba, sino porque senta emerger una rabia incandescente, porque entendi que este cerdo lo haba ofendido, aunque no supiera de su existencia; aunque nunca lo hubiese mirado, acababa de insultarlo, a l, a su familia, a sus amigos, a todos los suyos. Lo apret sin dejarlo emitir ni un sollozo, hasta que lo sinti flojito y lo deposit en el suelo. Cuando la muchacha, ya desnuda, se dio media vuelta, alcanz a mirar una sombra que se evada, y no grit.
Pedro avent el cadver a un barranco y luego anduvo calle tras calle, como un iluminado. Senta los pulmones hartos, los brazos ligeros; vea el mundo tras una nueva lente, como si antes todo fuera borroso y de sbito los hombres y las cosas estuvieran al alcance de su mano. Repar en que sus llaves no slo servan para representar historias sobre el ring, sino para determinarlas en la vida real. Para cuntas causas poda aplicar el Martinete, a qu cantidad de infames les caera bien una Tapata brava. l era El Corazn. Y era fuerte.
La vereda lo encamin a lo de Marina. Entr sin tocar, la condujo a la nica habitacin y cerr la puerta. La desnud, le lami la sal del cuerpo, y cuando la carg, ella le abraz la cintura con las piernas, vidamente, para empujarlo dentro de s; mientras oan como el viejo afuera se pona de pie, se acercaba a la puerta y la tocaba Marina, Marina! Qu haces? Pero no le hacan caso porque tambin Marina estaba descubriendo algo y se amaban como si estuvieran solos en el mundo o fueran los dueos del mundo, como lo eran.
Yo soy El Corazn, dijo luego en los carios dulces con Marina, que no hizo preguntas. Sin esfuerzo le vinieron a la mente una docena de nombres y anticip cmo hara justicia. Tena la cabeza tan clara ahora.
Acech la rutina del ingeniero de la obra con esperanza de que, el sbado, no fuera a desilusionarlo. Y no lo hizo: el da de raya lo vio conspirar como siempre con el capataz para hurtarle a cada albail una fraccin de la paga. Era la costumbre. Cada cual saba su sitio y por eso nadie se quejaba, ni rencor parecan albergar. Pero El Corazn ya no se someta. Se qued, igual que cada quincena, a disipar el sueldo en cerveza con los compas, pero no toda la tarde en esta ocasin. Calcul que el ingeniero llegaba a su casa, que coma, que haca la siesta de rigor, que despertaba. Entonces Pedro se despidi, y se atavi con la mscara roja para ir a matar al ruin.
Todava alcanz el ingeniero a hacer dos preguntas de alarma cuando lo vio, pero El Corazn lo prendi como a un trapo, lo dobl hacia atrs, le clav una rodilla en la espalda al estilo del Cavernario Galindo, y cuando sinti que se quebraba an lo exprimi un poco ms para asegurarse.
Estuvo un rato sentado en un sof del ingeniero antes de marcharse. Ni se fij que en la sala haba montn de aparatos costosos. Slo se quedaba porque quera atesorar el momento, recordar en el futuro esta sensacin de limpieza, este silencio. Algo as deba sentir el que termina de construir su propia casa.
En vez de la euforia de la primera ejecucin, ahora Pedro se sinti relajado. Durmi mucho y bien. Luego fue a ver a Marina; se amaron con paciencia mientras afuera ya corra la noticia. Debi abrir la puerta de la calle el padre, porque escucharon a un vendedor de vespertinos gritonear acerca de los dos cuerpos quebrados. Y los que faltan, pens Pedro. Y como si lo hubiese escuchado, aunque no poda referirse a ello, Marina dijo: Por qu tardaste tanto? Mientras se le arrimaba, tibiecita.
Y los que faltan: la Soco, esa vieja inmundicia, que presta billete al ochenta por ciento y que vaca de muebles las vecindades; y esos muchachitos de coche caro que noms vienen a malear en la colonia; y el tipo que le haba quitado el taller a su suegro, el pobre infeliz, a ver si as se le borra la cara de odio bajo la sonrisa humilde. Una Tijera y un Cristo para cada uno.
Asom la cabeza del cuarto de Marina cuando anocheca. El suegro estaba, como siempre, sentado ante el televisor. Pero el televisor estaba apagado y lo que el suegro miraba era a l, con una sonrisa macabra, y Pedro supo que el hombre haba hecho algo terrible. Ya no se adverta sumisin en sus gestos, aunque el odio segua ah. Pedro se qued de pie, mirndolo.
En esta casa el nico que coge soy yo, dijo el hombre. Por supuesto, pens Pedro, que hasta ahora comprenda. Escuch el escndalo fanfarrn de las patrullas asaltando la calle. Carajo, qu pronto iba a terminar esta lucha. Pero l deba haberlo sabido, record: no se trata de ganar las tres cadas, sino de dar espectculo. Esas son las reglas. Y hay que obedecerlas, se resign. Asi de un manotazo al maldito que lo venda y se dio tiempo para aplicar una ltima desnucadora antes de que entraran a quitarle la mscara.
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