9 DE DICIEMBRE: BATALLA DE AYACUCHO

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Sociedad Patriótica Tarapacá

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Dec 9, 2009, 12:35:43 PM12/9/09
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BATALLA DE AYACUCHO
9 DE DICIEMBRE DE 1824
CAPITULACION DE LA BATALLA DE AYACUCHO
 
 
 
Las sabias maniobras de Sucre,  a quien Bolívar había cedido, en Chalhuanca, el mando del ejército libertador, inspiradas muchas veces por su jefe de Estado mayor, general don Agustín Gamarra, llevaron a sus soldados,  al, para ellos, desgraciado combate de Corpahuaico, a la vasta llanura de Cangallo. Los españoles, rehuyendo el choque, ascendieron las alturas de Pacaycasa, maniobraron por la quebrada de Huamanguilla y se desplegaron junto a la ciudad de Huamanga, en la posición de Condorcunca, donde reconcentraron su fuerza.

Constaba ésta de 9,310 plazas  y estaba formada por los restos de la división de Canterac, derrotada en Junín y considerablemente disminuída en su retirada hasta el Apurimac, por la fuerte división con que Valdez había regresado del Alto Perú y por toda la tropa acantonada en los departamentos del sur; es decir, por todos los defensores de la dominación extranjera en nuestro país. Su general en jefe  era el virey don José de la Serna.


Los independientes acamparon al pie de la cadena de cerros.


Así encontró a unos y otros el amanecer del 9 de diciembre del citado año 1824.


Aproximábase la hora suprema. El entusiasmo iluminaba las inteligencias; el coraje fortalecía los brazos; la emoción embargaba los corazones. Ambos contendores jugaban su última carta. ¿Qué nuevo ejército podía presentar La Serna si perdía el que tenía a sus órdenes, separado de la metrópoli por una distancia inmensa y abrumado bajo la seguridad de que el tesoro de su país se hallaba exausto? ¿De dónde sacaba Bolívar otro ejército, si el general de treinta años, ceñido con los laureles de Pichincha, no conducía a la victoria al que había brotado como una flor de genio y de patriotismo de un suelo calcinado por la guerra?

La línea de Sucre se fué extendiendo en ángulo. Trae su parte las palabras siguientes:


La derecha quedó compuesta de los batallones Bogotá, Voltígeros, Pichincha y Caracas, al mando del señor general Córdova; la izquierda de los batallones 1ro, 2do y 3ro del Perú y Legión Peruana, bajo el ser general La Mar; el centro, de los grabaderos y húsares de Colombia con el señor general Miller; y la reserva, de los batallones Rifles, Vencedor y Vargas, al mando del señor general Lara.

He aquí, con arreglo al mismo parte, las posiciones militares de los beligerantes:

Los españoles, dominando perfectamente la reducida llanura de Ayacucho, con fuerza doble, creían cierta la victoria. La posición, aunque dominada, tenía seguro los flancos por unos barrancos, y por su frente no podía obrar la caballería enemiga de manera uniforme y completa.

La Mar y Gamarra aconsejaron, con insistencia, a Sucre que allí se empeñara la batalla. Una escena caballeresca la precedió. Oigamos al veterano de la Independencia don Manuel Antonio López:

"El general Monet, personaje fornido, bizarro, de barba acanalada, bajó a la línea patriota, llamó a Córdova y le manifestó que, habiendo en el campo español varios jefes y oficiales que tenían hermanos, parientes y amigos en el republicano, deseaban saber si podían verse antes. El general Córdova le contestó que, en su concepto, no había inconveniente para ello y que sin duda el general en jefe lo consentiría; y habiéndoselo comunicado al general Sucre, éste dió al punto el permiso para que pasasen a la línea cuantos quisiesen hablar a sus amigos, e hízolo así con suma complacencia, pues la humanidad y la cortesanía lo encontraban en su terreno. Fuimos más de cincuenta, especialmente peruanos. Dejamos las espadas en nuestra línea, y nos reunimos en el campo neutro que lo separaba de la española: allí estaban Monet y unos cuantos jefes y oficiales; dicho general y Córdova, los dos generales de la línea ese día, se pusieron a conversar a solas algo apartados a nuestra izquierda
; nosotros, de uno y otro campo, después que saludaron respetuosamente al general Monet el mayor Cuervo y demás numantinos  y peruanos que le conocían, avanzamos a buscarnos y dar suelta a la cordialidad juvenil....... ".

Concluída la entrevista, entre abrazos y lágrimas de los que, en pocos minutos más, se destrozarían mútuamente en aras de las ideas de libertad o de fidelidad del rey, Sucre recorrió a caballo, con lentitud, sus batallones, comenzando por la derecha, y deteniéndose delante de cada uno, les dirigió una breve arenga, en términos oportunos y cultos . Evocaba las pasadas glorias: Vargas y Boyacá, Carabobo y Junín. Enardecía el odio a la tiranía, cuyo trono secular comenzaba a conmoverse en América.

Ardientes y prolongados vivas a Colombia al Perú y al Libertador le contestaron, sobre todo cuando, colocando en el centro de la línea, imprimiendo a su voz más fuerza y solemnidad y fija la punta de su espada en la tropa peninsular, que comenzaba a bajar a la llanura, exclamó:


¡Soldados! ¡De hoy depende la suerte de América del Sur. Otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia!

Los disparos de la izquierda, patriotas formada por peruanos, se cruzaron, más o menos a las diez y media de la mañana, con los de la derecha realista mandada por el mariscal de campo don Jerónimo Valdez, sin disputa el primer general español, a quien obedecían los batallones escogidos Cantabria, Centro, Castro, Imperial Alejandro, dos escuadrones de húsares y una batería de seis piezas.

El plan de La Serna atribuía una importancia capital al enunciado movimiento. Valdez, al frente de tropas más sólidas y numerosas que las de La Mar, destruiría una parte del ejército de Sucre, con el ímpetu arrollador con que había destruído siempre las líneas de soldados americanos, y por medio de una conversión de flanco, apoyada por el centro y por la izquierda, reduciría a la nada a los independientes, tomados entre dos fuegos. El buen éxito era seguro para "el terrible asturiano", gráfico dictado que da al vencedor de Torata y de Moquegua un escritor nacional .


Alrededor de la resistencia de La Mar, giraba para Sucre, que comprendió el plan enemigo, el problema de la batalla. En su mente de gran capitán, surgiría, en el momento preciso, la manera de aprovechar de sus dos alas restantes y de la reserva, apenas compuesta por los batallones que la sorpresa de Corpahuaico había diezmado. Los peruanos no decidirían la acción, como en Junín, atacando, sino, como en Pichincha, oponiendo una barrera infranqueable a los realistas. ¿La opondrían?


Favorecido por los accidentes del terreno, La Mar situó, personalmente y con esmero, sus fuerzas. Carecía de artillería, porque el ejército libertador tenía una sola pieza, que lanzaba sus débiles proyectiles desde el lugar en que hoy se eleva la pirámide del triunfo.


La agresión de Valdez fué ordenada, incesante y abrumadora. Intentó pasar los barrancos que lo separaban de los patriotas, y se replegó rechazado, pero firme en el deseo de volver al ataque. En un nuevo esfuerzo, alentó, con acento conmovido, a sus soldados, los abrió en ala, abarcando una zona mayor, y obtuvo el resultado de que sus compañías de cazadores chocasen las bayonetas con las bayonetas contrarias.


En el combate cuerpo a cuerpo, nuestros batallones, después de sostenerse largo tiempo, cedieron algún terreno, oprimidos por el número superior de atacantes; y Sucre envió a La Mar, sucesivamente, los batallones Vargas y Vencedor, que también siguieron el movimiento retrógrado. Ni un soldado, del Perú o de Colombia, se separó de las filas, sin embargo. Luchaban, en evidente desproporción, retirándose hacia el centro patriota, llenos de marcialidad. Caían, como mies segada por el brazo del destino, heridos o muertos, pero no prófugos o rendidos.Ayacucho vio cumplir a los combatientes con su austero deber, sin la más leve excepción.


Entonces La Mar, que a todo atendía con el ojo vigilante y experto de un antiguo defensor de Zaragoza , pidió caballería, y se presentaron nuestros Húsares de Junín, teniendo al frente el primer grupo que atacó al comandante argentino don José Olavarría . También acudieron el brioso corcel y la tajante espada de Miller. Una carga implacable, unida al metódico fuego de la Legión Peruana, que obedecía a otro argentino, el coronel don José María Plaza, obligó a Valdez a regresar, humillado, al Condorcunca.


La Mar inició la persecución, salvando, sin perder un instante, barrancos y breñas.


¿Qué sucedía, mientras tanto, en el resto de la línea patriota?


Sucre había ordenado a don José María Córdova que, con la derecha y apoyado por el centro, avanzase sobre las masas de infantería y caballería españolas, no formadas todavía a causa de su movimiento de descenso.


El casi adolescente general, nacido en las vegas de Antióquia y circundado por la aureola del heroísmo, abandonó su caballo y electrizó a sus soldados con esa voz de mando desconocida en la milicia: "¡Armas a discreción! ¡Paso de vencedores! ¡Adelante!"


Todo plegó ante él. Más que los disparos, la punta de las balonetas de los batallones colombianos y las puntas de las lanzas de los escuadrones  de los coroneles don Lucas Carvajal y don Laurencio Silva, el mulato de la esclavina roja, deshicieron, no obstante los extraordinarios esfuerzos de los jefes enemigos, en ceñida y rápida contienda, que terminó una hora después de haber pasado el sol el meridiano, , a los batallones Burgos, Infante, Victoria, Gerona, Fernando VII, y a los escuadrones Guías, Dragones de la Unión, Dragones de San Carlos, Granaderos de la Guardia y Alabarderos, cuerpo este último fundado, en 1557, por don Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete y cuarto virey del Perú.


Córdova y La Mar, los dos tentáculos de hierro que trituraban en ese momento el cetro español, convergieron, con precisión matemática, a la cumbre del Condorcunca, iluminada por una de las victorias más puras y más definitivas de la historia.


Entregáronse prisioneros en poder de los independientes el virey, Canterac, los mariscales de campo Valdez, Carratalá, Monet y Villalobos, los brigadieres Bedoya, Ferraz, García Camba, Somocurcio, Cacho, Landázuri, Vigil, y Tur, con 16 coroneles, 78 tenientes coroneles, 464 mayores y oficiales, más de 2000 soldados, inmensa cantidad de fusiles y cajas de guerra, municiones y elementos bélicos de toda clase .


Los datos oficiales arrojan, para los realistas, 1800 muertos y 700 heridos, y para los independientes, 609 heridos y 370 muertos.


La capitulación otorgada por Sucre, en el campo de batalla, a los vencidos, enaltecerá perpétuamente su ilustre nombre.

Bolívar, junto con los documentos triunfales, recibió en Lima un pliego así concebido:

Huamanga, 12 de diciembre de 1824.

 Excmo. Señor:

Como amante de la gloria, aunque vencido, no puedo menos que felicitar a  V. E. por haber terminado su empresa en el Perú con la jornada de  Ayacucho. Con este motivo tiene el honor de ofrecerse a sus órdenes y  saludarle a nombre de los generales españoles, este su afectísimo y obsecuente servidor.

 José de Canterac

He aquí la respuesta:

 Señor general:

He recibido la favorecida carta de Ud. con infinita satisfacción.

Ud. me cumplimenta por los sucesos de nuestras armas. A la verdad este  rasgo es generoso y digno, por lo mismo, de gratitud. Yo no puedo hacer a  Ud. la misma agradable congratulación; pero puedo decir que la conducta de  Uds. en el Perú, como militares, merece el aplauso de los mismos  contrarios. Es una especie de prodigio lo que Uds. han hecho en este país.  Uds. solos han retardado la emancipación del Nuevo Mundo, dictada por la  naturaleza y por los destinos. En fin, querido general, Uds. deben  consolarse con la idea de que han cumplido gallardamente su deber y de que  han terminado su carrera por una capitulación gloriosa en el Perú.

Suplico a Ud. se sirva ofrecer mis respetos al señor general La Serna,  cuyas heridas, aunque dolorosas, le cubren de honor; al general Valdez y  demás generales españoles, hágales Ud. de mi parte la oferta de mis  servicios y de mi consideración. Mando los pasaportes que se me han  pedido, en los términos correspondientes.

Soy de Ud. obsecuente servidor

   Bolívar.

Nuestra campaña final por la Independencia fue grande y hermosa, a pesar de las inevitables sombras de las cosas de la vida, por los hombres que en ella actúan, por la manera como la ejecutaron y por los resultados que se obtuvieron.

La libertad todo lo vivifica y embellece.

Fuente:La Independencia Peruana de España
Los Peruanos y su Independencia. Por José de Ízcue



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