El IC o fondo de cielo en nuestra carta natal Parte del material de Mandala carta Astral

2,599 views
Skip to first unread message

Soluna

unread,
Aug 21, 2016, 3:34:34 PM8/21/16
to Soluna Norte

Una de las cosas más interesantes que podemos hacer con la carta astral 

es tratar de determinar sus aspectos oscuros y sus aspectos luminosos.

 La figura de la sombra – que puede ocupar cualquier lugar de nuestra carta astral – suele ocultarse bajo la máscara de una persona de nuestro mismo sexo. 

No creo, sin embargo, que se trate de una regla absoluta porque, en realidad,

 la sombra no tiene nada que ver con la atracción o el rechazo sexual

 sino que, por el contrario, está relacionada con la aceptación de 

nuestra propia sexualidad (es decir, nuestra propia masculinidad o femenidad). 


Así pues, la sombra no sólo tiene que ver con el tipo de persona de la que nos enamoramos sino que también está estrechamente ligada con los aspectos

 oscuros de nuestra alma.

Por otra parte, los aspectos planetarios también están relacionados con 

la sombra y con las personas del sexo opuesto que más nos fascinan. 

Por último, ciertos puntos de la carta – como, por ejemplo, el descendente

 y el IC (Imum Coeli, el nadir o fondo del cielo) – tienen también una estrecha 

relación con todos aquellos aspectos de nuestra personalidad que, 

de un modo u otro, permanecen bajo el influjo de la sombra. 

En la interpretación astrológica el tema del IC suele dejarse de lado. 

Pero conviene indicar que así como el medio cielo (MC) está relacionado con 

la forma en que queremos aparecer ante los ojos de los demás,

 el punto opuesto – el IC – tiene que ver con aquello que deseamos que los demás ignoren. Así pues, el signo astrológico que está situado en la parte inferior 

de la carta representa nuestra zona más oscura, el lugar más bajo de la órbita

 solar y constituye, por tanto, uno de los puntos más vulnerables

 a las acometidas de la sombra.

Para descubrir el tipo de personas y grupos más opuestos a nosotros y el tipo de personas y grupos que tendemos a idealizar conviene inspeccionar el signo 

que ocupa el IC en nuestra carta natal y cuáles son sus principales características (para ello también conviene prestar atención al signo que se halla en el descendente). 

Lo que amamos y lo que odiamos no son cosas tan diferentes entre sí,

 es por ello que si colocamos la imagen de lo que idealizamos frente a la imagen

 de lo que odiamos quizás descubramos sorprendidos a la misma figura 

oculta bajo ropajes diferentes.

Si, por ejemplo, tienes a Tauro en el ascendente y presentas las características típicas de ese signo quizás menosprecies a las personas cerradas que mantienen relaciones poco claras. Los Tauros suelen desdeñar a las personas reservadas, 

manipuladoras e indirectas, quienes complican innecesariamente las cosas creando problemas donde no los hay. Pero, por otra parte, Tauro suele sentirse fascinado por quienes se rodean de un halo de misterio que les hace inaccesibles y parecen tener intuiciones extraordinarias sobre la naturaleza humana. Estas dos tendencias, sin embargo, no son tan diferentes como podría parecer a simple vista ya que, en ambos casos, el descendente está en Escorpio y bien podríamos decir que se trata de la misma figura, oculta bajo ropajes diferentes. una figura que cuando es admirada por el sujeto se convierte en algo atractivo, profundo y poderoso y cuando es rechazada se transforma en algo diabólico, escurridizo y artificial.

En el caso de que tengas a Acuario en el medio cielo quizás sientas una cierta predisposición a exhibir el semblante tolerante y humanitario de que hacen gala los acuarianos, a mostrarte ante los demás como un personaje racional, imparcial y preocupado por sus derechos, que aborrece y desprecia a quienes pretenden enriquecerse en cualquier circunstancia a costa de sus semejantes y a los egocéntricos que tratan siempre de llamar la atención sobre su persona. Si crees que todos somos especiales y que, por tanto, todos tenemos los mismos derechos y privilegios, es muy posible que te desagraden los exhibicionistas que siempre están dispuestos a presumir ante los ojos de los demás. Sin embargo, al mismo tiempo también puedes llegar a sentir una gran admiración por las personas creativas, por los artistas que son capaces de encerrarse en una habitación durante cinco años ignorando a todo el mundo para pintar un cuadro o escribir una novela. No obstante, Acuario no suele tener en cuenta que hay que ser un tanto megalomaníaco y desconsiderado como para creer que un cuadro o una novela puedan ser tan importantes como para merecer la atención de todo el mundo.

Hay muchos ejemplos que podrían servirnos para ilustrar este punto. Veamos el caso de las personas que tienen su ascendente en Géminis, por ejemplo, personas frías, racionales e inteligentes que no parecen tomarse nunca nada en serio. A los Géminis les gusta jugar con las palabras – las ideas son para ellos como las pelotas para el malabarista – son enamorados de la información y son capaces de recordar las más pequeñas anécdotas y percatarse de detalles imperceptibles para los demás . Por eso pueden convertirse fácilmente en excelentes observadores y cronistas de la vida. Pero aunque a Géminis todo le parece muy interesante nada llega a apasionarle porque la intensidad y la vehemencia suelen resultarle desagradables e incluso molestas. Es por ello que suele rechazar a quienes creen en algo con fe ciega, a los fanáticos a los proselitistas, a quienes van con el corazón en la mano, muestran sus sentimientos y se apasionan fácilmente con las personas y por las ideas.

En consecuencia, Géminis puede llegar a odiar a quienes se comprometen profundamente con la religión o la filosofía a quienes te abordan en la calle y te dicen: Deberías afiliarte a la Scientología , o Jesús te ama y otras lindezas por el estilo. Géminis es demasiado sofisticado intelectualmente como para creer que sólo exista una verdad y rechaza, por tanto, vísceralmente todas estas demostraciones de fe. No obstante, al mismo tiempo también puede admirar extraordinariamente a quienes se enfrentan con entusiasmo a la vida y asumen un punto de vista o un compromiso espiritual verdadero. Así pues, Géminis puede llegar a idealizar a las personas imaginativas e intuitivas y despreciar a los vehementes ignorando que ambos tipos de persona se alimentan del mismo combustible. Si sólo te identificas con ciertas cualidades te indignarás en presencia de las cualidades opuestas.

Conviene señalar, no obstante, que no estamos hablando de un simple desinterés o de un mero rechazo. La sombra siempre suscita una respuesta desproporcionada a la situación. En tal caso, no te limitarás a ignorar al fanático que reparte panfletos en la esquina sino que querrás deshacerte de él de un puñetazo.




Pero de dónde proviene ese odio y esa repulsa? La sombra siempre se experimenta como una amenaza. Reconocerla o aceptarla supone, por tanto, una forma de muerte ya que la menor consideración, aceptación o aprecio pone en cuestión a todo el edificio egoico. De este modo, cuanto más rígidos y comprometidos nos hallemos con nuestra imagen o con un conjunto determinado de actitudes más amenazadora será para nosotros la sombra, lo cual resulta particularmente doloroso porque, en ocasiones, debemos reconocer a la sombra y tomar la decisión moral de no obedecer a sus impulsos.

Hace algún tiempo hice la carta natal de una mujer Acuario con ascendente Capricornio que tenía un Saturno muy fuertemente aspectado – la mayoría de ellos trígonos y sextiles – para quien la independencia era muy importante. A pesar de haberse casado con un marido débil que le resultaba insoportable, se sentía muy orgullosa de sus habilidades y de su fortaleza y había conseguido educar a dos hijos y labrarse un brillante porvenir en una entidad bancaria. Lo único que le resultaba intolerable era que alguien se mostrara desamparado, necesitado o dependiente. Prefería sufrir en silencio antes de mostrar el menor asomo de debilidad que la hiciera vulnerable. Por ello necesitaba un marido que la ayudara poco porque de lo contrario se hubiera visto obligada a enfrentarse con su propia sombra.

En cierta ocasión me contó un sueño que se había repetido dos o tres veces en el que llamaban a su puerta y, al descubrir que se trataba de una compañera de trabajo que le resultaba muy desagradable, se enfadaba tanto que le cerraba la puerta en las narices. Entonces le pedí que me hablara de su compañera.


Excelente texto de Liz Greene


Mañana lo veremos en la clase virtual matutino y vespertina!!


Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages