Muy a menudo el agua aparece como rocío. "Ros in igne visus est” (S.
Roman: De Theophania; J. B. Pitra: Analecta sacra, etc., París, 1876, I, 21) traducido quiere decir : El rocío es también una alegoría de Cristo. Los alquimistas supusieron que esa agua estaba dotada de la
fuerza de transformar un cuerpo en espíritu y de otorgarle la propiedad de la
indestructibilidad.

El arte de la “Espagiria”, es el “arte de separar y unir” o también llamado “ alquimia vegetal”, y en este arte está profundamente arraigada la creencia de capturar las esencias en el momento que haya rocío, y por eso la práctica de salir al campo, especialmente en primavera y otoño, para recoger el rocío del amanecer del césped o de ciertas plantas, o incluso el rocío de las últimas horas de la tarde, cuando ya comienza la influencia del magnetismo de la luna.
La Espagiria está cifrada a través de símbolos y por lo tanto utiliza metáforas para ocultar los secretos que solo pueden ser revelados a unos pocos, pero también como un poder de conexión entre el significado y una acción magnética – la articulación de un lenguaje que refleja el encantamiento de la materia, tengamos en cuenta lo ceremonial del
"laboratorio". Este es el caso del rocío, también es conocido como “agua celestial” o “plata filosofal” y así se lo menciona entre los adeptos a esta disciplina y en algunos libros de relacionados con la alquimia.

El rocío en la alquimia es la condensación de ese espíritu celeste y de ahí su importancia.
Se sabe que Paracelso recogía el rocío de la mañana depositado en flores y hojas para elaborar sus elixiris y el Dr. Bach que conocía la obra de los alquimistas, también trabajó con el rocío depositado en las flores.
Por lo tanto, hay que tener en cuenta este importante secreto de los elaboradores de
de esencias espagíricas, a la hora de elegir el momento para trabajar con nuestras plantas.
Material del Curso de FITOALQUIMIA