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LOPERA: El hombre de la bolsa negra

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Doom

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Nov 24, 1997, 3:00:00 AM11/24/97
to

El hombre de la bolsa negra

Lopera ha pasado de modesto prestamista a tener una fortuna de más de
30.000 millones y ser dueño del Betis

El presidente del Betis, Manuel Ruiz de Lopera, alias don
Manuel, gusta de usar para todo las dos manos. Antes de los
partidos, recita su conjuro: «Me llevo la mano derecha al bolsillo
del corazón y beso al Jesús del Gran Poder, que me ayuda a
meter goles; ahora me llevo la izquierda al bolsillo contrario y
beso a la Macarena, que me
libra de los goles ajenos» . En su
mano derecha, Lopera suele
mostrar un póker de éxitos
deportivos, de fervores marianos y de espesos fajos de
billetes, a menudo
envueltos en una bolsa negra de basura. Y la izquierda
esconde un ful de malas
artes, de medias palabras y de dudosas propuestas que nadie
podrá rechazar.

Don Manuel, un hombre hecho a sí mismo que empezó como
humilde prestamista
y ha amasado una fortuna de 30.000 millones de pesetas,
tiene Sevilla patas
arriba: ha amenazado al presidente de la Junta de
Andalucía, Manuel Chaves, con
declararle persona non grata y prohibirle entrar al campo;
ha informado
cortésmente a un destacado político sevillano de que lo
sabe «todo» sobre la
empresa de su mujer; ha sugerido a la Junta que «saque de
un cajón» 1.500
millones como paso previo para sentarse a negociar. Su
objetivo declarado es
hacerse con el estadio olímpico que Sevilla tiene que
construir para los mundiales
de atletismo de 1999. Don Manuel no pone un particular
empeño en ocultar que,
desde primavera, ha mantenido varias reuniones con altos
dirigentes del Partido
Popular. De algunas hay constancia: a finales de abril,
Lopera se entrevistó con el
vicepresidente primero del Gobierno, Francisco Álvarez
Cascos, y con el ministro
de Trabajo y presidente del PP andaluz, Javier Arenas.
Puede que sólo hablaran
de fútbol (por entonces, todavía era de interés general),
pero el caso es que la
reunión tuvo lugar en el palacio de la Moncloa . Pocos días
después, el 3 de
mayo, Arenas y la alcaldesa de Sevilla, Soledad Becerril
(también del PP),
comieron en el restaurante El Paraíso, a las afueras de
Huelva. Como es lógico,
no tuvieron inconveniente en dejarse ver juntos, pero sí se
negaron a dejarse
fotografiar en compañía de un tercer comensal: don Manuel .

El nuevo estadio

Lopera mantiene desde primavera tensas negociaciones con la
Junta de
Andalucía acerca del estadio olímpico. El Betis necesita
desesperadamente un
nuevo campo. El Benito Villamarín sólo puede acoger a
47.000 espectadores, y
ese número se verá reducido en un tercio tras aplicar las
directivas de la UEFA,
que fuerzan a que todas las plazas sean de asiento. Resulta
a todas luces
insuficiente para un equipo estrella, que puede convocar a
más de 65.000
aficionados en los partidos cardinales.

El 20 de marzo, Sevilla derrotó a Helsinki, Stanford y
Nueva Delhi y fue
declarada sede de los Campeonatos del Mundo de Atletismo de
1999. Ese
mismo día, Soledad Becerril prometió: «La ciudad estrenará
su estadio olímpico
en los primeros días del año del mundial». El primer
teniente de alcalde, el
andalucista Alejandro Rojas Marcos, se volcó en el
compromiso. Así que Lopera
necesitaba un estadio, y Rojas Marcos también. ¿Podrían
ponerse de acuerdo
para construir uno en vez de dos?

Las partes, incluida la Junta, se sentaron a negociar.
Lopera jugó sus cartas según
su costumbre, esto es, cargando la suerte: ofreció a las
instituciones su viejo
estadio (en realidad, una cesión del Ayuntamiento), que él
mismo tasó en 12.000
millones, y propuso quedarse tras el mundial con el nuevo,
valorado también en
12.000 millones: suma, cero. Ofreció en público al
Ayuntamiento 1.500 millones,
y exigió en privado a la Junta la misma cantidad: suma,
cero. Jugada redonda: un
estadio flamante, para 65.000 personas, con el nombre de
Manuel Ruiz de
Lopera brillante de neón sobre su fachada, y al precio de
cero pesetas.

Don Manuel nunca ha sido un negociador pusilánime. Con la
mano derecha
mantiene reuniones con Chaves y con el consejero de la
Presidencia de la Junta,
Gaspar Zarrías, siempre en presencia de su omnipresente
asesor mediático, el
periodista de la COPE José María García. Y con la mano
izquierda amaga con
promover por su cuenta la construcción de un nuevo Benito
Villamarín, convoca y
falla dos concursos de proyectos para ello, desprecia las
advertencias de
Urbanismo de que carece de los permisos necesarios, acusa
públicamente de
«engaño y traición» a Chaves y Rojas Marcos, propone a su
consejo de
administración que declare a Chaves persona non grata
(título que se haría
constar en cuatro placas de mármol, decenas de bustos de
cerámica y 500
carteles murales dispuestos a tal efecto por el estadio) y
que prohíba «a
perpetuidad» al presidente andaluz acceder al campo del
Betis (al viejo y al
nuevo, cuando lo haya).

Tanto enreda don Manuel que, el 19 de septiembre, Antonio
Ortega, secretario
general del Partido Andalucista (socio del PP en el
ayuntamiento sevillano y del
PSOE en la el gobierno regional) acusa a Lopera de estar
utilizando al club «en
beneficio de sus negocios políticos», y añade: «La
desfachatez del señor Lopera
llega a tal extremo que él mismo dice tener un compromiso
político con Arenas y
Álvarez Cascos». Y Ortega se pregunta: «¿Qué tipo de
negocio tiene cerrado con
ellos?»

La pregunta se ha quedado en el aire. El propio Ortega
afirma que Lopera
perpetra «chantajes y amenazas», y que cuenta para ello con
la «complicidad» del
PP. La respuesta de don Manuel llega cuatro días después y
tiene su enjundia:
propone a Ortega un debate en un medio «que no sea Canal
Sur ni ninguno del
grupo PRISA». De paso, les retira las acreditaciones a los
periodistas de la
cadena SER (represalia a la que Lopera es muy aficionado;
la prohibición a la
SER se repetía en la tarde del 12 de noviembre, muy pocas
horas antes del
partido de Liga Betis-Real Sociedad).

No hay que ser un lince para colegir que la inmensa
popularidad del Betis, y el
aura mística del presidente que sacó al club de un abismal
agujero deportivo y
financiero, pueden constituir poderosas armas arrojadizas
en manos de un partido
político interesado en erosionar como sea a los socialistas
andaluces . Pero ¿qué
saca Lopera con todo esto?

Tratemos de hacernos una idea del personaje. Manuel Ruiz de
Lopera nació en
Sevilla el 13 de agosto de 1944, y por entonces se llamaba
Manuel Ruiz Ávalos.
Desde joven tuvo relación con el Betis: en los largos
domingos de los años
sesenta se sacaba unas perras rifando papeletas en el
estadio. El mismo contaba
el lunes 10 de noviembre en una emisora de radio que
comenzó a trabajar a los
ocho años, cuando ganaba 1,5 gordas (15 céntimos) del año
52 repartiendo
bollos de pan.

Luego trabajó como encargado de almacén en una
distribuidora de
electrodomésticos. La empresa quebró, y Ruiz Ávalos se las
apañó para comprar
el stock de lavadoras y venderlo por las barriadas obreras
«a dita» (un préstamo
de tan alto interés y tan corto plazo que hay que
devolverlo por días). Según
fuentes policiales, fue por entonces cuando se cambió el
nombre: De Ávalos a
Lopera.

Lopera ha negado en público que se haya dedicado al
préstamo con usura o sin
ella. Sostiene que algunas de sus operaciones consisten en
financiar la
construcción de obras y obtener el beneficio en locales o
pisos de la propia
construcción. Afirma que empezó a hacer dinero a los 18
años, con una
operación de compraventa de televisores Marconi . «Compré
una partida de
11.000 televisores a 4.000 pesetas y los vendí a 34.000
cada uno».

A principios de los setenta, Lopera se mete en negocios
inmobiliarios con el
promotor José Luna Gázquez, figura eminente de la
especulación tardofranquista
sevillana. Además de ser pionero en el negocio del montaje
de casetas de feria,
Gázquez promovió el polígono Navisa, donde se vendía de
todo con hipotecas
que no siempre se inscribían y con letras que no siempre se
devolvían. La cosa
acabó mal para Gázquez. En 1975 emprendió un inesperado
viaje a Portugal, y
nunca volvió.

Lopera y Gázquez también habían montado con un tercer
corredor, Juan Azcue,
una sociedad llamada Promoconfort. La firma nunca estuvo
inscrita en el registro,
pero sobre ella consta al menos lo siguiente: en los
primeros setenta, la sociedad
captó a un socio capitalista para levantar una casa en
Alcalá de Guadaira
(Sevilla). El capitalista sospechó una irregularidad y
amenazó con denunciar a los
otros tres. Éstos le taparon la boca con unas cédulas
hipotecarias. Unos meses
después, el capitalista descubrió que las cédulas eran
papel mojado. Había
perdido 18 millones (de los de entonces). Azcue, por
cierto, fue juzgado por
usura poco antes de enfermar y morir.

Lopera siempre ha sabido rodearse bien. Durante el decenio
prodigioso del
desarrollismo (de mediados de los sesenta a mediados de los
setenta), los
abogados que cuidaban de los negocios de don Manuel, y que
aún permanecen
junto a él, son Luis Salcedo y José Luis Arredonda. Ambos
aparecieron luego
implicados en varios casos de subastas ilegales. Salcedo
fue también redactor de
algunos de los contratos de venta de acciones de las
empresas inmobiliarias de
Juan Guerra. Esta semana, Lopera reconocía poseer 30
empresas ubicadas en
Sevilla y Madrid y mantener contactos con grandes grupos
financieros para
invertir en bolsa. Además, también afirmó que ha sido
perseguido por Hacienda,
que le han practicado más de 44 inspecciones fiscales, y
levantado actas
sancionadoras.

Como guinda, una de las últimas: durante las recientes
negociaciones sobre el
estadio olímpico, personas que dijeron pertenecer a una
empresa llamada Dun &
Bradstreet llamaron por teléfono repetidamente a la mujer
de un notable político
sevillano para interesarse por todo tipo de detalles de su
compañía. Días después,
Lopera se dirigió a ese político : «Ten en cuenta que lo sé
todo sobre la empresa
de tu mujer». Las negociaciones no iban del todo bien, y
convenía darles un
pequeño envite, parece ser.

«¿Quién quiere dólares?»

Los sevillanos están tan acostumbrados a ver y oír a don
Manuel que ya han
perdido la capacidad de escandalizarse. Los de fuera de
Sevilla todavía podrán
apreciar las medias luces y las grotescas sombras que
proyectan historietas como
las que siguen.

Cuando el Betis viaja fuera de España, el propio Lopera
suele pactar con el club
extranjero para hacerse con todas las entradas que se van a
ofrecer en España.
Así, las agencias de viajes se quedan sin papel que vender
y no pueden montar
sus vuelos chárter. Quien quiera viajar con el Betis
-aficionado o periodista- tiene
que hacerlo en el vuelo organizado por Lopera, a un precio
que puede doblar el
de las agencias. Así pasó, por ejemplo, el 2 de octubre, en
la expedición para el
Vasutas-Betis, que se jugaba en Budapest. Los medios que no
viajan con el Betis
son tildados de antibéticos o sevillistas y suelen tener
más tarde problemas de
acreditaciones en el país extranjero de que se trate.

Y durante el vuelo no todo es ensalada de choped y zumo de
conservantes
autorizados. En una ocasión, en el viaje del Betis a
Turquía para disputar un
partido de Copa de la UEFA, un segundo después de que se
apagara el «fasten
your belts», don Manuel se levantó de su asiento, abrió su
maletín y anunció de
viva voz : «¡Banca Lopera! ¿Quién quiere dólares?».

En Sevilla, don Manuel sigue viviendo en el barrio de su
infancia, pero su casa
ocupa ahora una manzana de la calle Jabugo. El círculo
próximo al presidente (su
Asociación de Admiradores, para ser más exactos) ha
propuesto quitar a la vía el
nombre y ponerle: calle de Manuel Ruiz de Lopera. La
iniciativa les ha encendido
el pelo a los vecinos de Jabugo (Huelva), que han amenazado
con borrar la calle
de Sevilla del mapa de su pueblo. Por el momento, la sangre
no ha llegado al
callejero. El exterior de la casa de Lopera no se sabe si
lo ha diseñado Norman
Foster o Christopher Lee. Y el interior es una mezcla de la
sacristía del cardenal
Richelieu y la residencia del doctor No. Por fuera se pasea
una jauría de pastores
alemanes, un tropel de guardas jurados y otro de sistemas
de vigilancia avanzada.
Por dentro se abigarran los cristos del Gran Poder con
bordados de oro, las
vírgenes de la Macarena enmarcadas en plata, las
palmatorias y candelabros de
bronce, la mesilla, el escritorio y el tocador, la alacena,
la hornacina y el aparador,
el bufete, la coqueta y el sinfonié, el mármol, la
serpentina y el alabastro, y el
teatro con telón y el patio de butacas para medio centenar
de personas.

«Jamás he tenido la paciencia para leer un libro», ha dicho
don Manuel. Todo lo
que le rodea se impregna de glamour y sutil elegancia. Por
ejemplo, cuando al
terminar un partido uno de sus jugadores regala la camiseta
al público, está
obligado a pagar al club las 9.000 pesetas que cuesta la
reposición de la prenda.
Si el jugador aduce que su camiseta se ha deteriorado,
tiene que hacerla llevar a la
calle Jabugo para que se la cambien por una nueva. En
efecto, Lopera guarda en
su propia casa el stock de prendas: un rescoldo de su época
de almacenista.
Todo informatizado porque, como dice Lopera, «yo trabajo
con ordenadores».

Lopera valora tanto el dinero que, en las grandes
ocasiones, lo suele llevar en una
bolsa negra de basura. Cuando estaba cerrando el fichaje
del futbolista Alfonso,
citó a los representantes del Real Madrid en un apartamento
madrileño de su
propiedad. En un momento de la conversación, le dijo a su
ayudante: «Ve a esa
habitación y tráete 200 millones». El ayudante volvió en
seguida con la bolsa
negra. Al día siguiente, el cajero del Madrid reparó en que
sobraban 50.000
pesetas y se las devolvió a Lopera. ¿Una prueba del nueve?

En ocasiones, el pago de las nóminas ha seguido un
procedimiento parecido.

Pero al presidente no le gusta desprenderse de sus billetes
así como así. Una vez
tuvo que instalar un transformador en su ciudad deportiva.
El aparato cuesta unos
seis millones, pero Sevillana de Electricidad se lo dejó en
cuatro. Lopera se
dirigió a un ejecutivo de la empresa eléctrica : «Yo pago
4.000 millones por
Denilsson, pero ni un duro por un transformador». Y aderezó
su cortesía con un
aviso: si la compañía no le instalaba gratis el aparato,
conminaría a los socios del
Betis a que se dieran de baja de Sevillana de Electricidad.

Jugando a dos manos, Don Manuel ha llegado a presidente del
Betis. Su segunda
gran pasión está por cumplir: que le hagan Gran Hermano de
la Hermandad del
Gran Poder, flor y nata, o cruz y raya, de la gloriosa
Semana Santa sevillana. Si
todo le va bien, verá su nombre inscrito sobre el nuevo
estadio olímpico de la
ciudad, y sobre las placas de la calle en que nació. Si
algo se interpone en su
camino, es improbable que se quede sentado a mirarlo. Y
Soledad Becerril
todavía pensará que es ella la reina de Sevilla.

Un club con las cuentas poco claras

JUAN MÉNDEZ / JORGE A. RODRÍGUEZ
«Er Beti no le debe dinero a nadie, y eso no lo puede decir
ningún Primera
división». Esta afirmación y otras parecidas que suele
repetir Manuel Ruiz de
Lopera como garantía de su gestión y como poderío y
solvencia económica del
equipo verdiblanco no es a ciencia cierta una verdad
incontestable.

La sociedad anónima deportiva Real Betis Balompié es el
paradigma de lo que
tras la Ley del Deporte se convirtieron los clubes
deportivos de fútbol.
Sociedades opacas en su accionariado, limitadas en su
transparencia contable y
enrevesadas en cuando a las operaciones ordinarias con
terceras empresas ajenas
al mundo del fútbol.

El último estado de cuentas presentado por el Real Betis
Balompié SAD en el
Registro Mercantil de Sevilla, correspondiente a la
temporada 93-94, presenta
una auditoría «denegada», o lo que es lo mismo, los
auditores de la firma Rubio,
Membrive y Gisbert. SL, que analizaron la contabilidad del
club, no pudieron
expresar su opinión a la vista de las irregularidades y la
falta de información
disponible. Estos mismos auditores dicen en su informe que
ya pusieron
salvedades tanto al balance de situación y cuenta de
pérdidas y ganancias de la
temporada 92/93, como en la auditoría de las cuentas
anuales de ese ejercicio
futbolístico de 1992/1993.

Las firmas encargadas de auditar las cuentas de una empresa
deben emitir su
opinión para calificar que la contabilidad de la empresa
auditada responde a la
realidad de su situación financiera y patrimonial. Y estas
opiniones pueden ser de
cuatro tipos, de mejor a peor según la «salud» de la
empresa: favorables, con
salvedades, desfavorables y denegada. Pues bien, las
cuentas del Betis del año de
su ascenso a Primera División presentan tales «salvedades»
que los auditores
eludieron calificar la situación patrimonial de la entidad
bética y denegaron su
informe.

Entre las salvedades destacadas por los auditores figura
una curiosa operación de
venta y recompra de jugadores. Según el informe, el Betis
obtuvo en el citado
ejercicio unos resultados extraordinarios por la venta de
cuatro jugadores
(Ivanov, Kobelev, Kassumov y Tabares Ramos) a la empresa
Inmobiliaria de
Centro Colón Sevillano SA (Incecosa). El precio global
obtenido por la venta fue
de 1.000 millones. La operación, realizada el 20 de julio
de 1993, se deshizo en
sentido inverso, es decir Incecosa le volvió a vender al
Betis esos cuatro
jugadores en poco menos de dos meses, concretamente, el 29
de septiembre de
1993, eso sí, a un precio inferior: 975 millones

Los clubes de fútbol saben que a finales del mes de julio
todos los equipos
profesionales deben presentar sus cuenta ante la Liga de
Fútbol Profesional, así
como los avales que garanticen el 5% del presupuesto de la
temporada siguiente,
bajo pena de quedar automáticamente descendidos de
categoría.

Sobre la mencionada operación, los auditores la señalan
como «salvedad» de las
cuentas presentadas por el club y añaden: «Carecemos de
bases suficientes para
emitir una opinión sobre la compraventa anteriormente
reseñada; ya que, entre
otros detalles, nos es imposible conocer si la operación
fue realizada a precios de
mercado, dada la peculiaridad del 'inmovilizado inmaterial'
objeto de la
transacción; así como del hecho de que la operación fue
realizada especificando
un precio global sin indicar importes individualizados.
Tampoco nos ha sido
posible determinar, objetivamente, la vinculación existente
entre el Real Betis
SAD y la entidad Incecosa».

Otras de las peculiaridades de las cuentas del Betis en la
temporada de su
ascenso es destacada por los auditores así: «Existen
activos por un importe de
359,6 millones de pesetas cuya titularidad corresponde a
miembros del consejo
de administración«. Dicho de otro modo, tres miembros del
consejo de
administración del Betis y la administradora única de
Farusa (Familia Ruiz Ávalo
SA) tienen cuentas abiertas en las entidades Caja Madrid y
Banco Central
Hispano-Americano, con letras del Tesoro, depósitos
financieros e imposiciones a
plazo fijo, cuyos rendimientos (es decir, los intereses que
generan) han sido
registrados en la cuenta de resultados del Real Betis SAD.

Los auditores destacan también que las cuentas del Betis
presentan saldos
acreedores por valor de más de 123 millones de pesetas, de
los cuales no han
recibido confirmación de su existencia real. Por último,
los auditores señalaban a
la fecha de su informe que el Betis -bien es cierto que
como muchos otros clubes-
estaba siendo inspeccionado por todos los impuestos
correspondientes al
ejercicio 92/93 y se encuentran pendientes de inspección
fiscal las temporadas
1989/90, 1991/92, 1993/94.

Rubio, Membrive y Gisbert. SL concluyen su informe con un
párrafo contundente:
«Debido a la importancia de las limitaciones al alcance de
nuestra auditoría (...),
así como por la imposibilidad de conocer el desenlace final
de la incertidumbre
descrita en el párrafo 6 ( las inspecciones de Hacienda) y
los efectos de las
salvedades descritas en los párrafos 7 y 8 (activos
contabilizados y cuya
titularidad es de consejeros del club) no podemos expresar
una opinión sobre los
estados Finanacieros correspondientes a la temporada
finalizada el 30 de junio de
1994 del Real Betis Balompié SAD». Según información
facilitada por el Registro
Mercantil de Sevilla, las cuentas del Betis
correspondientes a la temporada 94/95
no fueron presentadas para su depósito en el registro, y
las del ejercicio
1995/1996 fueron rechazadas por «defectuosas».

tomasoca...@gmail.com

unread,
Jul 17, 2017, 11:47:20 AM7/17/17
to
El lunes, 24 de noviembre de 1997, 9:00:00 (UTC+1), Doom escribió:
Interesante artículo. Me gustaría hablar con usted...
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