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Los Separatistas Puertorriqu eños entre Talibán y Kalimán

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povega

unread,
Sep 25, 2001, 3:53:25 PM9/25/01
to
Los Separatistas entre Talibán y Kalimán

Lo peor que le ha podido suceder al separatismo termocefálico isleño
ha sido este ataque terrorista en contra del WTC y la cola que ha
traído. Y es que esto les prueba una vez más un patrón constante en
la historia de ese siempre comatoso movimiento político: los
separatistas necesitan la estabilidad internacional para que su voz
salga del ruido de trasfondo que de otra manera los ahogaría. De
momento su causa es bien secundaria, si es del todo relevante, porque
es en esos momentos oscuros cuando el puertorriqueño se siente más
unido con su conciudadano del norte.

Más peor - como decimos los jíbaros - entonces vienen las respuestas
armadas en las cuales miles de boricuas son llamados a participar - y
se encuentran que ellos acuden al llamado de las armas con honor y la
frente en alto y contemplan que la bandera que todos saludan es La
Pecosa, al ritmo de su himno y con lágrimas en los ojos. La emoción y
la determinación que estos conflictos engendran en el puertorriqueño
son anatema para los separatistas.

El argumento que ellos esgrimen constantemente de que en Puerto Rico
lo que se vive es una "ocupación militar" sirve para ocultar la
verdadera raíz de su animadversión a la milicia americana. Porque,
cuando los puertorriqueños son puestos en el mismo crisol que los
anglos, uno y otro se dan cuenta de su mutua humanidad, de lo
semejantes que son los unos de otros, de la similaridad de
aspiraciones y de sus esperanzas comunes. Todo esto sirve para
entretejer una historia y un destino común. Lo que a ellos le temen
como el diablo a la Cruz es lo que se forja escuetamente cuando anglos
y boricuas compartimos la misma trinchera: un sentimiento de mutua
nacionalidad. Lo que ahí se se forja y se fortalece es una Nación
común. Y como todo esto contradice el dogma separatista de la
oposición exclusiva y tenaz supuestamente existente entre lo "yanqui"
y lo boricua, ¡no en balde los separatistas odian la milicia
estadounidense!

Y por supuesto, queda la simpatía que este evento genera. Porque a
los separatistas no les gusta pensar de que casi 900 boricuas, que
salieron de sus casas por la mañana a trabajar con toda la intención
de regresar por la tarde a sus familias, murieron en este despreciable
ataque. Los terroristas no hicieron distinciones, pues para ellos,
todos los que trabajaban allí eran americanos y merecían morir por los
pecados verdaderos o imaginarios del gobierno de los EE.UU. No
importaba si ellos eran hispanos o anglos, negros o blancos, árabes o
judíos, musulmanes o cristianos. Los que murieron ahí fueron
ejecutados por el pecado de atreverse a pensar y a vivir la verdad de
que la Libertad que existe en los EE.UU. beneficia a todos por igual,
y que uno no tiene que estar dándole por la cabeza al no creyente o a
otros creyentes con la Biblia, la Torah, o el Korán, para poder
compartir una existencia colectiva relativamente pacífica en medio de
una misma cultura, y de compartir y competir en un mercado común de
ideas, y de bienes y servicios. Si estos criminales nos matan a todos
por igual ¿no significaría esto que de verdad, SOMOS LOS MISMOS?

Los ideólogos y demagogos del separatismo, junto con su clase
"intelectual," contemplan todo esto con claridad diáfana y como la
prensa isleña lo reportó la semana pasada, están en un proceso de
reevaluación. Ya hemos visto tanto en la prensa editorial
puertorriqueña como en los diversos foros de la Red Mundial, de la
Internet y de Usenet, los temas principales que intensifican su
agipropaganda:

· Distinción constante y sonante entre "nosotros" y "ellos".
Esperen que ellos digan que los atacados fueron "los americanos" y que
el ataque no fué contra nosotros también. (Esto lo harán para
exorcizar cualquier tentación que pueda llevar a un boricua a
identificarse con un "americano").

· Echarle constantemente la culpa a los EE.UU. del ataque como
algo "merecido" o al menos, de esperarse, debido a todos los
atropellos reales o imaginarios del gobierno estadounidense contra X o
Y nación, o grupo, o conflicto, o interés "por los últimos 200 años",
como lo dijo tan estúpida y vergonzosamente la columnista Celeste
Benítez.

· Demandar la salida de las instalaciones militares
estadounidenses en la Isla "ahora más que nunca" para que estos "locos
no nos ataquen a nosotros". O sea, jugarle el juego al terrorista
canalizando a través de la presencia militar estadounidense en la Isla
el miedo y el terror que estos criminales quieren crear en nuestra
sique. ¡Extraña alianza esta entre los separatistas del patio y los
terroristas para disminuir la presencia militar estadounidense en la
Isla y en el mundo! Parece que todas las naciones tienen el derecho
de velar por sus intereses, excepto los Estados Unidos. Despacho esto
con la frase que tan ensañadamente usó un separatista en
news:soc.culture.puerto-rico y le viro la tortilla: este evento les
bajó del cielo, pues pretenden servirse de este evento como una nueva
arma en su arsenal de miedos e histerias. Pero no les funcionará.

· Intensificar la campaña de odio contra los que no vemos ningún
problema, ninguna esquizofrenia entre ser puertorriqueños y
americanos, recurriendo al ridículo, al tapaboca retórico, al insulto
verbal o impreso, o a la intimidación. Este lenguaje del odio, del
ridículo, de la burla y de la intimidación siempre ha sido parte
integral del arsenal verborreológico de la clase lumpen del
separatismo isleño - y últimamente, se encuentra también en la boca de
líderes como Fernando Martín, ideólogos como Antonio Fernós hijo, y de
demagogos como Fufi Santori. Esta actitud se manifiesta también
ampliamente en infinidad de foros digitales, cafetines de barrio y en
los pasillos y patios de nuestras universidades. Toda este gente
forma, ya sea por acción, por participación, por incitación, por
inhibición, o por simpatía, la claque de los que profanan banderas y
tumbas de veteranos, de los que escupen y agreden los que no piensan
como ellos o a los que visten con orgullo el uniforme militar. Muchos
de ellos tiran piedras, ocultan sus rostros con telas o seudónimos,
pero todos ellos profesan tener una "conciencia social" avanzada y
creen que de verdad están haciendo una diferencia, una contribución
benéfica al clima de discusión política de Puerto Rico cuando la
realidad es totalmente contraria. Esperemos, pues, ser insultados y
disminuidos más que nunca de ahora en adelante como enclenques
serviles de una Nación que ellos odian y de un ideal que ellos no
pueden ni entender ni apreciar.

Esto es lo que se respira hoy en día en el ambiente hipóxico del
separatismo boricua. Esto es lo que se murmura entre llanto y crujir
de dientes en esos parajes desolados de tolerancia, compresión y
conocimiento. Sin embargo, gracias a Dios, nadie ni en Puerto Rico ni
en los EE.UU. continentales están del ánimo para escuchar sus
sandeces, al menos, por ahora. El zarpazo ha caído en la vertiente
separatista porque, si ellos de verdad quieren sobrevivir como un
bloque de opinión convincente y viable en la Isla, ahora es que tienen
que decidirse con quién van a bailar.

Ahí en esa encrucijada se encuentra el separatista de nuestro patio:
entre Talibán y Kalimán, entre lo bueno y lo malo, entre la luz y la
oscuridad, entre el heroísmo y el fantismo, entre la muerte y la vida.
La hora de escoger les ha llegado. Espero que escojan pronto y
certeramente.

P.

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Pedro O.Vega
Manual de Preguntas Frecuentes Sobre la Estadidad
http://manual.nuevofederalista.org

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