A los nacionales puertorriqueños que viven en el extranjero espero que estas obras maestras le alimenten el espíritu. A aquellos que nacieron y/o crecieron fuera de la isla pero valoran su herencia puertorriqueña; tal vez ustedes no se identifiquen tan fuertemente como nosotros con la tierra puertorriqueña. Ustedes tal vez se identifican más con la gente y la cultura. Esta gente y cultura, sin embargo, no salieron de un vacio, sino que son el resultado de un proceso histórico donde muchos individuos de distintas razas, como bien dice Coretjer en Oubao-Moin, vivieron y sufrieron juntos hasta que llegaron a mezclar sus culturas individuales en una cultura nueva; y como Gautier dice tan atinadamente en sus poemas, la piedra angular de esta nueva identidad cultural es el amor por la Isla de Puerto Rico.
Anthology of Puerto Rican Poetry
For the Puerto Ricans Nationals living abroad I hope these masterpieces will nourish your spirit. For those who grew up or were born abroad, yet cherish their Puerto Rican heritage, you may not identify as strongly as we do with the Puerto Rican motherland. Your identification probably concentrates more on the people and the culture. Yet this people and culture did not come out of a vacum, it is the result of a historical process where many individuals from different races, as Corretjer so beautifully espresses in Oubao-Moin, lived and suffered together till they blend their individual cultures into a new one; and as Gautier so forcefully expresses in his poems, the cornerstone of that identity was their love for the island.
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Canto a Puerto Rico
¡Borinquen!, nombre al
pensamiento grato
como el
recuerdo de un amor profundo;
bello
jardín de América el ornato,
siendo
el jardín América del mundo.
Perla que el mar de entre su concha
arranca
al agitar sus ondas
placenteras;
garza dormida
entre la espuma blanca
del
níveo cinturón de tus riberas.
Tú que das a la brisa de los
mares
al recibir el beso de su
aliento
la garzota gentil de
tus palmares;
Qué pareces en medio de la
bruma
al que llega a tus
playas peregrinas,
una ciudad
fantástica de espumas
que
formaron jugando las ondinas;
Un jardín encantado
sobre las aguas de la mar que domas;
un búcaro de flores columpiado
entre espuma y coral, perlas y
aromas;
Tú, que en las tardes sobre el
mar derramas,
con los colores
que tu ocaso viste,
otro
océano de flotantes llamas;
Tú que me das el aire que
respiro
y vida al ritmo que en
mi lira brota,
cuando la
inspiración en raudo giro
con
sus alas flamígeras azota
la
frente del cantor, ¡oye mi acento!
El santo amor que entre mi pecho
guardo
te pintará su
rústica armonía;
por
ti lo lanzo a la región del viento,
tu
amor lo dicta al corazón del bardo
y
el bardo en él su corazón de envía.
¡Oyelo, patria! El último
sonido
será, tal vez,
de mi laúd; muy pronto
partiré
a las regiones del olvido.
Mi juventud efímera se merma
y ya en su carcel habitar no quiere
el alma melancólica y enferma.
Antes que llegue mi postrero día
y mi cantar se extinga con mi
aliento,
toma ¡patria!,
mi última poesía;
¡ella
es de mi amor el testamento!
¡ella
el adiós que tu cantor te envía!
Jose Gautier Benitez
A Puerto Rico
Ausencia
Puerto Rico, patria mía,
la de blancos almenares,
la
de los verdes palmares,
la de
la extensa bahía.
¡Qué hermosa estás
en las brumas
del mar que tu
playa azota,
como una blanca
gaviota
dormida entre las
espumas!
En vano, patria, sin calma,
muy lejos de ti, suspiro:
yo
siempre, siempre te miro
con
los ojos de mi alma;
En vano me trajo Dios
a
un suelo extraño y distante;
en
vano está el mar de Atlante
interpuesto
entre los dos;
En vano se alzan los montes
con su manto de neblina;
en
vano pardas colinas
me cierran
los horizontes;
Con un cariño profundo
en ti la mirada fijo:
¡para
el amor de tu hijo
no hay
distancias en el mundo!
Y brotas a mi deseo
como
espléndido miraje,
ornada
con el ropaje
del amor con que
te veo.
Te miro, sí, placentera,
de la Isla separada,
como
una barquilla anclada
muy
cerca de la ribera.
Do el viento sobre las olas
te
lleva en son lastimero,
del
errante marinero
las sentidas
barcarolas;
Y céfiros voladores
que
bajan de tus montañas,
los
murmullos de tus cañas,
los
perfumes de tus flores.
El mar te guarda, te encierra
en un círculo anchuroso,
y es que el mar está celoso
del cariño de la tierra.
Y yo, patria, que te quiero,
yo que por tu amor deliro,
que lejos de ti suspiro,
que
lejos de ti me muero;
Tengo celos del que mira
tus
alboradas serenas,
del que
pisa tus arenas,
del que tu
aliento respira.
Tú das vida a la doncella
que inspira mi frenesí,
a ella la quiero por ti,
y
a ti te quiero por ella.
Ella es la perla brillante,
en
tus entrañas formada,
tú,
la concha nacarada
que guarda
la perla amante.
Es paloma, que en la loma
lanza su arrullo sentido,
y
tú, patria, eres el nido
donde
duerme la paloma.
Si yo te vi indiferente,
si
mi amor no te decía,
¡ay!
patria, yo no sabía
lo
que es el llorar ausente!
Mas hoy que te ven mis ojos
de
tu mar entre las brumas,
como
una ciudad de espumas
forjada
por mis antojos;
Hoy que ya sé lo que vales,
hija del sol y del viento,
que helarse mi sangre siento
con las brisas invernales,
Hoy diera, en la tierra hispana,
el oro que el mundo encierra,
por un puñado de tierra,
de mi tierra americana.
Jose Gautier Benitez
A Puerto Rico
Regreso
Por fin, corazón, por fin,
alienta con la esperanza,
que
entre nubes de carmín
del
horizonte al confín,
ya
la tierra a ver se alcanza.
Luce la aurora en Oriente
rompiendo pardas neblinas,
y
la luz, como un torrente,
se
tiende por la ancha frente
de
verdísimas colinas.
Ya se va diafanizando
de
la mar la espesa bruma;
el
buque sigue avanzando,
y va la
tierra brotando
como Venus de
la espuma.
Y allá sobre el fondo obscuro
que sus montañas le dan,
bajo un cielo hermoso y puro,
cerrada en su blanco muro
mi
bellísima San Juan.
Y aunque esa ciudad amada,
mis
afecciones encierra,
con el
alma entusiasmada,
yo no me
acuerdo de nada,
sino de ver
esa tierra.
Perdonadle al desterrado
ese
dulce frenesí:
vuelvo a
mi mundo adorado,
y yo estoy
enamorado
de la tierra en que
nací.
Para poder conocerla
es
preciso compararla,
de lejos
en sueños verla;
y para
saber quererla
es necesario
dejarla.
¡Oh! no envidie tu belleza,
de otra inmensa población
el poder y la riqueza
que
allí vive la cabeza,
y
aquí vive el corazón.
Y si vivir es sentir,
y
si vivir es pensar,
yo puedo,
patria, decir,
que no he
dejado vivir
al dejarte de
mirar.
Que aunque es templado y suave
no vive, no, en el ambiente
el pez de las ondas nave,
ni
entre las ondas el ave,
ni yo,
de mi patria ausente.
¡Patria! jardín de la
mar,
la perla de las Antillas,
¡tengo ganas de llorar!
¡tengo ganas de besar
la arena de tus orillas!
Si entre lágrimas te canto,
patria mía, no te asombre,
porque es de amor ese llanto,
y ese amor es el más santo
de los amores del hombre.
Tuya es la vida que aliento,
es tuya mi inspiración,
es tuyo mi pensamiento,
tuyo
todo sentimiento
que brote en
mi corazón.
Que haya en ti vida primero,
cuanto ha de fijarse en mí,
y en todo cuanto venero,
y
en todo cuanto yo quiero,
hay
algo, patria, de ti.
No, nada importa la suerte,
si
tengo que abandonarte,
que yo
sólo aspiro a verte,
a
la dicha de quererte
y a la
gloria de cantarte.
Jose Gautier Benitez
No des tu Tierra al Extraño
Dios, el mundo concluído,
tiróle un beso al azar;
el beso cayo en el mar,
y
es la tierra en que has nacido.
En
ella formas tu nido,
de amor
rendido al amado;
ella un año
y otro año
te brinda
con su tesoro;
ella vale más
que el oro.
¡No des tu
tierra al extraño!
Mira sus campos. Arriba
es
ornato de la loma
la breve y
fragante poma
del café,
púrpura viva.
Fruto que
la mente aviva
y es del
criollo sostén
al par
que orgullo. Si hay quien,
extraño,
quiera tu suelo,
que no se
colme su anhelo
por más
que te pague bien.
De sus llanos la grandeza
admira la gente extraña.
En ellos canta la caña
la canción de la riqueza.
Como una enorme turquesa
allá
el tabacal se extiende.
¡La
imaginación se enciende
ante
ese cuadro admirable!
¡Qué
bajo y qué miserable
el
que su terruño vende!
En la playa el cocotero,
con
su penacho elegante,
es
asombro al navegante
y
tentación al logrero.
No
des por ningún dinero
tu
pedazo de vergel,
que eres tú
patriota fiel
y de legítimo
cuño,
y el que vende su
terruño
vende la patria
con él.
Virgilio Davila
La Tierruca
Es el móvil océano gran
espejo
Donde luce como adorno
sin igual,
el terruño
borincano, que es reflejo
del
perdido paraíso terrenal.
Son
de fáciles pendientes sus colinas,
y
en sus valles de riquísimo verdor,
van
cantando bellas fuentes cristalinas
como
flautas que bendicen al Creador.
Primavera
sus mejores atributos
muestra
siempre generosa en Borinquén;
en
los campos siempre hay flores, siempre hay frutos:
¡Es
Borinquen la mansión de todo bien!
Aquí
nace el puro ambiente que respiro,
y
se asienta la morada en que nací,
y
ese sol resplandeciente que yo admiro,
aquí
nace, aquí brilla, y muere aquí.
De
mis padres fué la cuna, y ella encierra
las
más santas afecciones de mi ser.
¡Yo
no cambio por ninguna esta tierra
donde
tuve el privilegio de nacer!
Es
el móvil océano gran espejo
donde
luce como adorno sin igual
el
terruño borincano, que es reflejo
del
perdido paraíso terrenal.
Virgilio Davila
Valle de Collores
Cuando salí de Collores,
fué en una jaquita baya,
por un sendero entre mayas
arropás de cundeamores.
Adiós malezas y flores
de la barranca del río,
y mis noches del bohío,
y aquella apacible calma,
y
los viejos de mi alma,
y los
hermanitos míos.
¡Qué pena la que sentía
cuando hacia atrás yo miraba
y una casa se alejaba
y
esa casa era la mía!
La
última vez que volvía
los
ojos, vi el blanco vuelo
de
aquel maternal pañuelo
empapado
con el zumo
del dolor. Más
allá, humo,
esfumándose
en el cielo.
La campestre floración
era triste, opaca y mustia;
y
todo, como una angustia,
me
apretaba el corazón.
La
jaca, a su discreción,
iba
a paso perezoso.
Zumbaba el
viento, oloroso
a madreselvas
y a pinos,
y las ceibas del
camino
parecían sauces
llorosos.
No recuerdo cómo fué.
(Aquí la memoria pierdo).
Mas en mi oro de recuerdos,
recuerdo que al fin llegué.
La urbe, el teatro, el café,
la plaza, el parque, la acera...
Y en una novia hechicera
hallé el ramaje encendido
donde colgué el primer nido
de mi primera quimera.
Después en pos de ideales...
Entonces me hirió la envidia,
y la calumnia y la insidia
y
el odio de los mortales.
Y urdiendo sueños triunfales,
vi otra veza el blanco vuelo
de aquel maternal pañuelo
empapado con el zumo
del
dolor. Lo demás, humo
esfumándose
en el cielo.
¡Ay, la gloria es sueño
vano!
¡Ay, el placer
sólo es viento!
y la
riqueza tormento,
y el poder,
hosco gusano!
¡Ay, si
estuviera en mis manos
borrar
mis triunfos mayores
y a mi
bohío de Collores
volver
en mi jaca baya
por el sendero
entre mayas
arropás de
cundeamores!
Luis Llorens Torres
Boceto
Color moreno, frente despejada,
mirar lánguido, altivo y
penetrante,
la barba negra,
pálido el semblante,
rostro
enjuto, nariz proporcionada.
Mediana talla, marcha compasada;
el alma de ilusiones anhelante,
agudo ingenio, libre y arrogante,
pensar inquieto, mente acalorada...
Humano, afable, justo, dadivoso,
en empresa de amor siempre variable,
tras la gloria y el placer siempre
afanoso...
Y en amor a su patria insuperable:
éste es, a no dudarlo, fiel
diseño
para copiar, un
buen puertorriqueño...
Manuel A. Alonso y Pacheco
Proletarios
Un burro
escalando
una montaña,
lentamente,
vibrando bajo el peso de las
banastas.
(Sus orejas
optimistas
se inclinan hacia
la cumbre).
Un albañil
colocando
ladrillos sobre ladrillo.
(Su
tararear es monótono,
interminable).
Dios,
bregando
con las estrellas.
(Su
silencio es profundo).
Luis Muñoz Marin
Paréntesis
Dichoso aquel que no ha vista
más rio que el de su patria.
Tras diez años de luchas
incesantes
quiero vagar, como
antes,
junto a la margen del
humilde río
que tantas
veces ofreció a mis penas
la
paz de sus arenas
y la quietud
de su ribazo umbrío.
Corren aquí cual líquidos
cristales,
otras ninfas
iguales
a las que vi correr
hora por hora;
en ese murmullo
lánguido y doliente,
el
espíritu siente
toda
una juventud que pasa y llora.
Yergue sus ramas el laurel añejo
en el móvil espejo
de
las aguas refleja su verdura
Y
los cactus de flores amarillas
ocultan
las orillas
a modo de
silvestre colgadura.
De las cercanas frondas en un hueco
se esconde el tronco seco
en
que, al rumor de la corriente leda,
daban
impulso a mi ambición temprana
las
odas de Quintana
y los
nerviosos cantos de Espronceda.
Nada se altera en el rincón
querido;
hasta el leve ruido
que mis ensueños arrulló,
persiste:
es el mismo paisaje,
no varía;
lo encuentro
como el día
en que le
dije adiós convulso y triste.
En cambio, de mí propio, ¿que
me resta?
al subir la agria
cuesta
rodó de mis
quimeras el bagaje,
y, aunque
huello con ímpetu el camino,
errante
beduino,
tardo en llegar al
término del viaje.
Arriba, lo ideal, foco de lumbre
que irradía en la alta cumbre
sobre los mundos su calor eterno;
abajo, lo real: nébula oscura
que tiene la negrura
de
la noche y los fríos del invierno.
Y en la pendiente yo; fuerza que
avanza;
voluntad que se lanza;
alma que busca la verdad perdida
y se sumerge en la penumbra densa
para sentir la intensa
vibración del esfuerzo y de la
vida.
¿A dónde voy? Que el
porvenir responda.
La sima es
negra y honda;
pero es la
abrupta cima ingente y clara.
Soy
de los que en la liza perseveran,
y
sin temblar esperan
la gloria
o el peligro cara a cara.
Mi musa altiva que al placer rehusa,
fué la trágica musa
contra todos los dogmas insurrecta:
armada con el yambo deslumbrante
marchó siempre adelante
y, entre cien líneas, eligió
la recta.
Nunca en el lodo de pasiones malas
mi inspiración sus alas
quiso plegar; en la batalla ruda
un triple empuje a confortarme viene:
mi aliento me sostiene;
mi
fé me salva; mi intención me escuda.
Entre tanto aquí están
mi soto umbrío;
la
margen de mi río;
el
tronco entre la fronda abandonado;
el
laurel verdinegro y la corriente
que
surgen de repente
como
imágenes vivas del pasado.
Cuando ansío la calma y el
reposo
y, al azar, silencioso,
en esta muda soledad me pierdo
sin que el bullicio mundanal me
estorbe,
¡cómo mi
ser absorbe
el balsámico
aroma del recuerdo!
Mis creencias, mis dudas, mis amores;
las no olvidadas flores
que
fuí dejando en pos, lacias y mustias;
las
tumultosas esperanzas mías;
mis
locas alegrías
y el
inmenso caudal de mis angustias;
algo que dura en mi caduca historia,
que puebla la memoria
y
evoco a veces, si en tristeza vivo,
para
que agite mi organismo inquieto
con
su influjo secreto
a manera de
suave reactivo.
¡Adiós orilla plácida
y amena
en cuya paz serena
respiro de otro ambiente la frescura!
¡Adiós remanso que en tu
fondo guardas
las visiones
gallardas
de mi primera edad
dichosa y pura!
Vuelvo a buscar más anchos
horizontes:
la cuenca de tus
montes
me oprime como un cerco
de granito;
vuelvo a encontrar
más amplias perspectivas:
tus
ondas fugitivas
no sacian ya
mi sed de lo infinito.
La vejez llega: la existencia es
corta.
Si mi destino aborta
y torno a demandar calma y olvido,
¿reservarás en tus
riberas pías
el sitio
que solías
a la altivez
estoica del vencido?
No caeré; mas si caigo, entre
el estruendo
rodaré
bendiciendo
la causa en que
fundí mi vida entera;
vuelta
siempre la faz a mi pasado
y
como buen soldado
envuelto en
un jirón de mi bandera.
Luis Muñoz Rivera
Carta de Recomendación
(Al Señor Propietario del Universo)
Señor: en breve llegará
a tu cielo
una tímida y
culce viejecita,
los lirios de
los años floreciendo en su pelo
y
el rostro sonreído como una margarita.
Es
la más hacendosa en la colmena,
donde
por todos se ha sacrificado,
y
es tan buena, tan buena...;
tal
como el pan que a todos nos ha dado.
En tu casa, Señor, con su
plumero
y su invariable
pulcritud a tono,
sacudirá
ese polvo de lucero
que cubre
el mobiliario de tu trono.
Le
dará cuerda al Tiempo; traerá flores
de
tu jardín y frutos de tu viña,
y
pintará de fresco los colores
del
arco iris cuando se destiña.
Pulirá
los metales de la luna;
limpiará
los fanales que tiene tu palacio,
y
tenderá a secar, una tras una,
los
holandas de nieve en el espacio.
Le
cambiará la mecha a los faroles
de
la Vía, y asiendo sus peinetas,
trenzará
las melenas de los soles
y la
rebelde crin de los cometas.
Tú té, de flor de algún
celeste tilo
te hará en
noches de invierno, cuando nieva;
y
el tiempo de vendimia, pondrá un filo
a
la hoz de argento de la luna nueva.
Zurcirá
desgarrones
en la túnica
de los serafines,
y traera las
esponjas y jabones
a la hora
de bañar los querubines.
Te
bordará en la almohada del nimbor más mullido
con
una hebra de sol, tus iniciales,
para
que te eches cuando estés rendido
por
tus preocupaciones inmortales.
Así ha sido acá abajo;
nunca escasa
de sí
mísma en el bien de dicha ajena;
es
la más abnegada de la casa
y
la más hacendosa en la colmena.
Y así será allá
arriba: en lo que pueda
hacer
por otros no andará remisa.
Ponla
a sueldo, Señor, de una moneda:
ésa
llena de luz de tu sonrisa.
Su bien, cual su limpieza, penetra los
recodos
más ocultos del
alma y la memoría:
solear,
mullir el bienestar de todos,
es
lo que ella ha tenido como gloria.
Si recorriendo un día tu
reinado
sorprendes en su cara
la fatiga
y ella te dice que
no se ha cansado,
¡no le
creas, Señor, lo que te diga!
Jose Antonio Davila
Panfleto
He roto el arcoiris
contra
mi corazón,
como se
rompe una espada inútil contra una rodilla.
He soplado las nubes de rosa y sangre
mas allá de los últimos
horizontes.
He ahogado mis
sueños
para saciar los
sueños que me duermen en las venas
de
los hombres que sudaron y lloraron y rabiaron
para
sazonar mi café...
El sueño que duerme en los
pechos estrujados por la tisis
(¡Un
poco de aire, un poco de sol!);
el
sueño que sueñan los estómagos estrangulados por
el hambre
(Un pedazo de pan,
un pedazo de pan blanco!);
el
sueño de los pies descalzos
(¡menos
piedras en el camino, Señor, menos botellas rotas!);
el
sueño de las manos callosas
(¡Musgo...
olán limpio... cosas suaves, blandas, cariñosas...!);
El sueño de los corazones
pisoteados
(amor... vida...
vida...!)
Yo soy el panfletista de Dios,
el agitador de Dios,
y
voy con la turba de estrellas y hombres hambrientos
hacia
la gran aurora...
Luis Muñoz Marin
Oubao-Moin
El río de Corozal,--el de la
leyenda dorada.
La corriente
arrastra oro.--La corriente está ensangrentada.
El
Río Manatuabón--tiene la leyenda dorada.
La
corriente arrastra oro.--La corriente está ensangrentada.
El rio Cibuco escribe--su nombre con
letra dorada.
La corriente
arrastra oro.--La corriente está ensangrentada.
Allí
se inventó un criadero.--Allí el quinto se pagaba.
La tierra era de oro.--La tierra está
ensangrentada.
En donde hundió
la arboleda--su raíz en tierra dorada,
allí
las ramas chorrean sangre.--La arboleda está ensangrentada.
Donde dobló la frente
india,--bien sea tierra, bien sea agua,
bajo
el peso de la cadena,--entre los hierros de la ergástula,
allí la tierra hiede a
sangre--y el agua está ensangrentada.
Donde
el negro quebró sus hombros,--bien sea tierra o sea agua,
y su cuerpo marcó el
carimbo--y abrió el látigo su espalda,
allí
la tierra hiede a sangre--y el agua está ensangrentada.
Donde el blanco pobre ha sufrido--los
horrores de la peonada,
bajo
el machete del mayoral--y la libreta de jornada
y
el abuso del señorito,--allí sea tierra o allí sea
agua,
allí la tierra
está maldita--y corre el agua envenenada.
Gloria
a esas manos aborígenes--porque trabajaban.
Gloria
a esas manos negras--porque trabajaban.
Gloria
a esas manos blancas--porque trabajaban.
De
entre esas manos indias,--negras, blancas,
de
entre esas manos--nos salió la patria.
Gloria
a las manos--que la mina excavaran.
Gloria
a las manos--que el ganado cuidaran.
Gloria
a las manos--que el tabaco, que la caña y el café
sembraran.
Gloria a las
manos--que los pastos talaran.
Gloria
a las manos--que los bosques clarearan.
Gloria
a las manos--que los ríos y los caños y los mares
bogaran.
Gloria a las
manos--que los caminos trabajaran.
Gloria
a las manos--que las casas levantaran.
Gloria
a las manos--que las ruedas giraran.
Gloria
a las manos--que las carreteras y los coches llevaran.
Gloria
a las manos--que las mulas y caballos ensillaran y desensillaran.
Gloria a las manos--que los hatos de
cabras pastaran.
Gloria a las
manos--que cuidaron de las piaras.
Gloria
a las manos--que las gallinas, los pavos y los patos criaran.
Gloria a todas las manos--de todos
los hombres y mujeres que trabajaran
porque
ellas la patria amasaran.
Y
gloria a las manos,--a todas las manos que hoy trabajan
porque
ellas constuyen--y saldrá de ellas la nueva patria liberada
¡la patria de todas las manos
que trabajan!
Para ellas y
para su patria, ¡alabanza! ¡alabanza!
Juan Antonio Corretjer
Carta de Recomendación
(Al Señor Propietario del Universo)
Señor: en breve llegará a tu cielo
una tímida y culce viejecita,
2. Que quiere decir "Oubao-Moin " en la ultima?
3. Estos poemas los deben leer "Recursos Naturales" para que "cojan fuerza" y coraje y acaben de limpiar la Parguera. La ultima vez que fui a dar el paseo por la bahia "casi fosforecente" por poco me vomito al oler las aguas "INCREIBLEMENTE PUTREFACTAS" en el muelle. Y el conductor del bote tirando botellas de cerveza en la bahia!! Que bonito!
(esto fue en 1988 o antes. Como esta ahora?)
4. Poemas "historicos" porque ya no se puede "ir para atras". El daño ecologico muchas veces es irreversible o no hay el vigor necesario para hacer cumplir los reglamentos. Por eso es que estos poemas mas que "patrioticos" son ECOLOGICOS
Gracias Raymond:
Tome nota del error, lo corregire pronto. P.H. Hernandez, creo que
tengo algo de él en algun sitio.
Por este medio invito a que posteemos mas literatura puertorriqueña,
especialmente poesia, cuentos, y piezas cortas en general que hagan scpr
mas ameno y variado.
Saludos,
Ezequiel Gonzalez
http://members.tripod.com/Ezekiel40
Tambien se podria hacer un directorio o indice de paginas ("web pages") bien
hechos que resalten la literatura puertorriqueña. Un sitio que me
recomendaron aqui mismo fue:
Un tesoro para todos los gustos!
Poesia Puertorriqueña
Address:http://members.aol.com/coquijote/poetas.htm