Como he dicho antes, yo no tengo objeciones _a priori_ al concepto de
convocar una asamblea o convención constitucional para dirimir el
status. Pero la propuesta popular del '98 sobre esto es natimuerta y
de hecho, eminentemente rechazable.
La propuesta del Colegio de Abogados es algo mejor, pero eso de
incluir grupos de presión bajo el manto de "sociedad civil" daña
también la propuesta.
Sí, claro, creo que debe de existir un mecanismo de vistas públicas a
través del cual la asamblea recoja distintos puntos de vista de la
opinión pública, incluyendo la de los grupos de presión. Pero admitir
a estos en esa capacidad y darles poder deliberativo y decisional como
miembros iguales a otros delegados en la Convención, ¡NO!
Entonces también está el dato de "excluir los partidos políticos" del
proceso pero ellos no dicen ni cuándo, ni cómo. Porque lo querramos o
no, los partidos van a estar envueltos en el proceso. El proceso no
puede limitar el derecho de asociación o de petición del
puertorriqueño.
El mecanismo que estoy ideando poco a poco que ganaría mi apoyo como
estadista puertorriqueño ostentaría dos fases, una local y otra
federal, e incluiría tres o cuatro consultas u elecciones, funcionando
de este modo:
1 - Reunión y consenso de los partidos políticos para convocar la tal
Asamblea. Los partidos políticos entonces dirigirían a sus
legisladores a darle forma e inicio al proceso.
2 - La Legislatura llamaría a un referéndum para obtener la autoridad
del pueblo para convocar la tal Asamblea. La Legislatura definiría la
opción u opciones en la papeleta. Las opciones en la papeleta que a mi
modo de ver incluirían un desglose exacto de fórmulas de estatus
político habrán de ser discutidas en esta, (Status Quo "desarrollado,"
estadidad, o independencia - con o sin libre asociación), si la
Asamblea debe de ser convenida del todo (Sí o No) y un desglose
tabular de los poderes que el pueblo delegaría a la asamblea . El
votante entonces elegiría entre las opciones presentes en esa lista.
Otra opción incluiría la cantidad de delegados que pueden asistir a
esta y el modo de elegirlos, así como un proceso para su sustitución o
reemplazo en caso de necesidad.
3 - Una vez se apruebe la Asamblea, se pasaría a elegir los delegados
que defenderían cada fórmula de estatus. *Aquí es que se puede separar
el asunto de los partidos*, porque aunque los delegados podrían
pertenecer a un partido, ellos no irían a la Asamblea
representándolos. Aquí habrían elecciones otra vez en donde se le
presentaría a cada elector una tabla, vamos a decir, de 20 delegados
por cada fórmula política de donde tendría que escoger, vamos a decir
que 10. Y el elector puede escoger los delegados para *cada una* de
las opciones estatutarias, o sea, que un estadista podría votar para
elegir la tabla de los independentistas o "estadolibristas" y
viceversa.
4 - Una vez se elijan los delegados, la Asamblea se convocaría y
comenzaría a deliberar. Ellos formularían las fórmulas de status que
se presentarían al Congreso. Yo propongo que esas opciones también
sean desglosadas, subopción por subopción. Cada subopción debe de ser
realista y ejecutable, aunque sea remotamente. Entonces se convocaría
otra elección donde el votante escogería que subopciones conformarían
la definición estatutaria dada. Todas aquellas subopciones que
obtuviesen más del 50% de los votos, pasarían a ser parte de la
definición estatutaria dada.
5 - La Asamblea tabularía los votos y a base de las subopciones,
construirían las definiciones estatutarias a ser votadas. Entonces, la
Asamblea presentaría directamente al Congreso de los EE.UU. las
opciones diseñadas y aprobadas por el electorado puertorriqueño. En
efecto, le estaríamos diciendo al Congreso: estamos de acuerdo de que
eston son los destinos dignos y justos de entre los cuales queremos
escoger.
6 - El Congreso debatiría, modificaría, y aceptaría (y ahí está el
detalle) estas opciones y legislaría para convocar un plebiscito
federal para dirimirlas. Y ahí estaría el GRAN PLEBISCITO final que
obtendría la solución permanente: por la estadidad (que incluiría el
reconocimiento tácito de que el status quo o la independencia son
desechadas permamentemente,) por el status quo o por la independencia
(que incluiría el reconocimiento tácito de que la estadidad queda
desechada permanentemente).
Y sí, aunque es cierto que el Congreso, como último soberano, tendría
el poder de cambiar o modificar las opciones estatutarias de acuerdo
al interés general de los Estados Unidos, esa acción se podría evitar
o minimizar si la Asamblea contara con peritos constitucionales
probados, y que usando su poder de llamar a vistas públicas, ellos
inviten a testificar a congresistas, jueces y otros peritos que
testificaran sobre lo que es posible o no bajo la Constitución de los
EE.UU. y, por supuesto, se espera que la Asamblea actúe de acuerdo a
ese consejo.
También se puede objetar que el Congreso no estaría obligado a actuar
aunque nosotros nos metamos unilateralmente en este trajín, al menos,
para iniciarlo. Yo creo que sí, que el Congreso estaría obligado a
actuar, aunque ahora mismo no lo puedo argumentar coherente y
ordenadamente. Nocionalmente, yo diría que en el caso específico en el
cual una comunidad de estadounidenses viviendo en un territorio "no
incorporado" decidiese ejercer su derecho básico a la
autodeterminación y a cambiar su relación política con la metrópoli,
esta comunidad podría invocar un derecho de gentes ("ius gentium") que
es *anterior* a la Constitución y que obligaría al Congreso a
responder a esta petición, pero que no obliga al Congreso a responder
a la petición o actuar de una manera inconsistente a la Constitución
Federal.
Eso tal vez va a tener que ser debatido en las cortes. El momento
adecuado ocurriría si el Congreso se negace a actuar una vez se le
presenten las opciones escogidas por el electorado puertorriqueño. Y
esto sentaría un precedente GIGANTE, pero que solamente afectaría a
los otros territorios no-incorporados.
Esta es mi ponencia. Yo no solamente critico, yo también propongo
soluciones.
Y sí, este camino es largo pero al final, será fructífero. Y no
importa que opción gane, la lección en democracia que todos
aprenderíamos me hace sentir optimista de que, no importa lo que el
pueblo escoja, no importa el desenlace, al final, todo saldrá bien.
Y ahí quedo.
P.
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Pedro O. Vega
http://www.nuevofederalista.org