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Recordando a Rafael Castro Pereda

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Don Cari

unread,
Dec 27, 1999, 3:00:00 AM12/27/99
to

"Cuando un amigo se va
queda un tizón encendido
que no se puede apagar
ni con las aguas del río..."

Rafael Castro Pereda -uno de los mejores columnistas del Puerto Rico de hoy-
acaba de fallecer.
Se nos fue sin decirnos ni siquiera un "Hasta luego".
Sin siquiera darnos ese último apretón de manos para sellar aquella amistad que
se cuajó en aquellos años tormentosos de cuando éramos menos viejos.
Pero ese Rafael Castro Pereda, cuyo nombre aparecía siempre a la cabeza de las
mejores columnas que se escribían en El Nuevo Día de Puerto Rico, era
simplemente Rafi Castro para quienes tuvimos la inefable experiencia de
conocerlo un poquito a fondo, porque Rafi era como uno de esos farallones
insondables que uno nunca atina a ver su cuna.
Recuerdo que lo conocí en el Campus Universitario de la Universidad de Puerto
Rico en Cayey y desde aquel entonces fuimos enriqueciendo nuestra amistad con
el mutuo objetivo que perseguía nuestro ideario político:
La Independencia de Puerto Rico.
Gracias a Rafi me interesé en el estudio de la figura de Leon Trostky.
Gracias a su insistencia comencé a leer, con más detenimiento y mejor
perspectiva histórica, la obra monumental, por todo lo que significó, de Fray
Bartolomé de Las Casas, con quien, para aquel entonces, se encontraba él tan
identificado.
Nos hospedamos juntos por un tiempo y por un tiempo ambos participamos de
cuanto jolgorio se formaba a nivel universitario en Cayey.
Cultivamos la amistad de una gran profesora española (Castora Lozano Beruezo)
que era una cura y nos hacía reir con ganas. Pero mientras yo me reía, al decir
de nuestro hombre de tierra adentro: a pata suelta, Rafi lo hacía con mucho más
mesura, con mucho menos bachateo que yo y compartió con ella otras inquietudes
más intelectuales que los llevaron a cartearse en infinidad de ocasiones, muy
a pesar de que la catedrática vivía a muy pocas casas más abajo de donde
nosotros nos hospedábamos.
Así de intenso (y a veces complejísimo) era aquel Rafael Castro Pereda de sus
años formativos. Pero era también muy humano y muy sensible y sabía entender
las flaquezas humanas mucho, muchísimo mejor, de lo que yo era capaz de
entender y hasta de aceptar.
Rafi fue siempre mucho más ecuánime y más balanceado que yo y creo que más que
todos los que nos decíamos sus compañeros.
Recuerdo también que en un seminario de capacitación política celebrado por el
entonces Movimiento Socialista Popular, del cual éramos miembros fundadores,
surgió un debate, de los muchos que afloraron durante los casi cuatro días que
estuvimos allí, en torno a una chuleta que yo me comí de más. Esa acción de
comerme la dichosa chuleta aquella creó un despelote de los pastores, pues cada
"revolucionario" sólo tenía derecho a comerce una sóla poción de lo que
fuera y unos compañeros aprovecharon aquella estupidez mía para intentar
"ajusticiarme" por "indisciplinado".
Tanto Rafi Castro como Reinaldo Zayas Núñez, que era otro de los compañeros más
allegados a mi, salieron en mi auxilio y entre todos -pero más él que en el
debate era agudo y certero como una cobra- eslabonamos la famosa teoría de la
chuleta, "... que a veces el que se come una tiene que enyugarse la otra,
porque los revolucionarios no podemos dividir nuestras energías entre el hambre
que nos estruja el estómago y la revolución, porque un revolucionario esmayao
no puede liberar a un pueblo".
En esa chavienda casi consumimos media tarde y aunque fue un debate acalorado,
después nos meábamos de la risa recordando a Rafi adquiriendo poses de gran
revolucionario a lo Leon Trostky arengando a las tropas del Ejército Rojo o
imitando el manerismo de don Pedro Albizu Campos, frente a los obreros de la
caña de azúcar durante la histórica huelga de las centrales azucareras.
Otro día lo acompañé a su hogar en Juncos y recuerdo, muy vívidamente, que su
madre -una mujer diminuta y amable y muy refinada en sus modales- me preparó un
delicioso café con leche, mientras a su adorado primogénito le servió un jugo
de chinas recién exprimidas y luego entablamos una charla muy amena donde ella
me relató, con ese amor de madre que se le salía por la mirada, las travesuras
del hijo que hoy emprende la ruta hacia a eternidad.
A continuación nos dirigimos a ver a su abuelo que era dueño de una vaquería a
las afueras del pueblo y allí me empiné tremendo vaso de leche recién ordeñá.
Todavía tibio, que me supo a gloria.
A Rafael Castro Pereda lo conocí mucho antes de conocer a Rafi, ya que era en
mi casa de Salinas donde se pasaban a máquina casi todos los escritos que se
publicaban en "Candela" (periódico clandestino que se distribuía en la
Universidad Católica de Ponce y en Santa Isabel) y muchos de los artículos de
"La Nao", Revista de Estudiantes Universitarios de La Católica, donde él era
uno de los columnistas principales.
De ahí que nos conocimos antes de conocernos porque él me leía y yo hacía lo
propio con sus escritos y cuando el destino nos colocó de cara uno con el otro
fue como seguir una converzación iniciada el día antes.
En ocasiones Rafi pasaba uno que otro fin de semana en mi hogar de Salinas
donde tertuliábamos hasta altas horas de la madrugada, acompañando las
interminables conferencias literarias y políticas con cervezas y tragos de
Chivas Regals a la rocas. Pero una vez nuestras vidas cambiaron rumbos, por
esos maleficios del destino y de la suerte, y él izó las velas que lo
condujeron a las históricas veredas de don Quijote y Sancho Panzas y más luego
a la
Cátedra, mientras yo, por esas mismas intransigencias que me han caracterizado
siempre, me conformé con ser lo que hoy soy.
Pero de seguro, si no hubiera conocido a ese Rafael Castro Pereda que hoy le
dice adiós a la vida tal y como la conocemos los menos inteligentes, yo no
sería hoy lo que hoy soy, porque Rafi, con su palabra y con su ejemplo, siempre
fue aquel faro en la distancia, alumbrando el camino para que, a pesar de los
tropiezos, nunca olvidemos que allá, donde el horizonte se confunde con la
nada, el cielo brilla con más claridad.
Gracias Rafi amigo.
Gracias por existir y Gracias por ser el extraordinario ser humano que siempre
fuiste y Gracias -¡Mil Gracias Rafi!- por permitirme llamarte:
AMIGO
Allá nos vemos.


Tita

unread,
Jan 30, 2014, 4:25:49 PM1/30/14
to
No imagino lo que será hoy Ud. amigo, pero si Rafael Castro viera sus faltas de ortografía seguro diría: hermano que has estado haciendo todo este tiempo?

Tita

unread,
Jan 30, 2014, 4:39:22 PM1/30/14
to
Uyy plagiario, como te copias de la columna tan hermosa de Josue Santiago de la Cruz. Que feo. Ese ti tiene estilo propio (y sin faltas de ortografia ademas... ;-)]

Roberto

unread,
Jan 30, 2014, 10:29:09 AM1/30/14
to


"Tita" <batist...@gmail.com> wrote in message
news:e4b92642-89cb-454c...@googlegroups.com...
> No imagino lo que será hoy Ud. amigo, pero si Rafael Castro viera sus
> faltas de ortografía seguro diría: hermano que has estado haciendo todo
> este tiempo?

¡Por fin, alguien que escribe en este grupo que sabe español!

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