Filosofía de vida y de cultura de paz es la que nos dio en su mensaje en el
PV Cahuide el General de Ejército Nicolás de Bari Hermoza Ríos, el día en
que se reunió con su homólogo ecuatoriano, y que la Revista GENTE tuvo el
gesto de publicar en una de sus ediciones nacionales, la cual trascribimos
a continuación.
En enero de 1996 los canci-lleres Galo Leoro de Ecuador y Francisco Tudela
del Perú –a quien le rendimos los peruanos nuestro más profundo homenaje y
deploramos los momentos que debe estar viviendo– se habían reunido en Lima
para intentar dar paso al desarrollo del sexto punto del Acuerdo de Paz de
Itamaraty y se encontraba pendiente el siguiente encuentro en Quito para el
22 y 23 de febrero, cuando el 11 del mismo mes, el General Hermoza Ríos,
Presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Perú y su
homólogo ecuatoriano Jorge Ortega ante la presencia significativa de los
Jefes del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Brasil, General Benedito
Onofre Bezerra; Generales Mario Cándido Díaz de Argentina y Raúl Julio
Tapia de Chile, así como del Comandante en Jefe del Comando Sur de Estados
Unidos, General Barry Mc Caffrey, en gesto que pasará a la historia, se
abrazaron en el hito limítrofe 21, en la confluencia de los ríos Yaupi y
Santiago en la selva de la amazonía.
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Ortega y Gasset decía que "el defecto más grave del hombre es la
ingratitud",... porque se refería al comportamiento de éste, que a
sabiendas que su "sustancia" es la historia, su conducta casi siempre es
antihistórica; es decir nunca reconoce o lo hace tardíamente, los hechos,
las acciones y las obras de los hombres que nos precedieron; no valoramos
los esfuerzos y los sacrificios que tuvieron que hacer otros hombres para
darnos lo que hoy tenemos, ya sea en forma material o moral pese a que con
dichos legados enfrentamos el presente y preparamos el espíritu que
enfrentará el futuro y sus desafíos. Por todo ello, nosotros sí diremos
aquí que aquel encuentro de los Jefes del Comando Conjunto del Perú y
Ecuador tiene trascendencia, porque rebasando el dominio militar ha sido la
expresión política de dimensión estratégica que ambos Estados aprobaron
frente a sus pueblos a los cuales le dieron el claro mensaje de una ansiada
paz con el izamiento de sus banderas.
Cuando el General Hermoza, aquella tarde del 11 de febrero de 1996 dice que
"la muerte de nuestros compatriotas como resultado de un enfrentamiento
armado siempre es un precio demasiado caro, cuando nuestros pueblos se
encuentran abrumados por una realidad desafiante de pobreza; cuando la
guerra que más gente extermina, por la que se muere antes de tiempo, es el
hambre de los niños de nuestras naciones", está apelando a una verdad
incontestable que ningún país de la comunidad internacional podrá rebatir;
sabe que millones de hombres en ese momento lo están escuchando y no
recurre a una frase puramente política o social sino a una verdad
científica porque sus palabras están sustentadas en estadísticas y en
fundamentos de la economía mundial. A nadie puede haberle dejado de afectar
que de pronto un militar llamara la atención recordándonos un drama que
todos olvidamos pese a ser la guerra de cada día donde mueren mucho más
hombres, mujeres y niños que frente a un enfrentamiento armado; esta guerra
es la pobreza, cuya lucha el mundo abandona por cobardía para enfrentarse
bélicamente por razones distintas de la vida, supremo valor del hombre.
La Segunda Guerra Mundial laceró no sólo el cuerpo y el espíritu de los
hombres, sino lo degradó a extremos inimaginados que cualquier comparación
con el mundo animal siempre resultó negativa. Se perdieron muchos valores
éticos, se quebró por un instante la cohesión social universal y estuvimos
a punto de perder orientación moral porque se llegó al límite del horror
donde la inteligencia del hombre comulgó con las más profundas de las
maldades. Con ese sentimiento siempre presente, con la convicción ética de
un profesional de la guerra con espíritu humano, el General Hermoza, dice
parafraseando a Albert Camus, que, "ante las perspectivas aterradoras que
se abren a la humanidad, percibimos aún mejor, que la paz es la única lucha
que vale la pena entablar. No es ya un ruego, sino una orden que debe subir
de los pueblos hacia los gobiernos, la orden de elegir definitivamente
entre el infierno y la razón'. Estas frases expresadas después de una de
las más sangrientas guerras que ha tenido la humanidad, permanecen vigentes
aún después del tiempo, porque los seres humanos parecería que no hemos
aprendido todavía las lecciones de la historia". Como nunca la cultura
militar se deja escuchar en la voz de este estratega, que le ha dado un
vuelco excepcional a la intelectualidad de su institución, llamándolos en
una u otra ocasión Ejército de "pensantes no deliberantes" y recurre a un
concepto que en ese tiempo afectó a la humanidad y que hoy todavía sigue
afectándola, cuando dice que "el destino del hombre durante los muchos
millones de años venideros está en sus propias manos... Depende de él
decidir si se hundirá en el desastre o se alzará hasta las cimas no
soñadas". Y en el hito Cahuide, el General Hermoza Ríos se dirige a los
hombres del mundo para decirles que parecería que no hemos aprendido
todavía la lección.
Su voz no está poseída de altanería ni de soberbia sino de verdades serenas
pero duras; cree no tener más razones que la solidaridad entre los Estados
ecuatoriano y peruano porque aspira a una armonía regional basada en la
justicia, por eso dice que, "esta es la razón que nos convoca, esta es la
razón que tiene que ver fundamentalmente con sentimientos profundos de
solidaridad y fraterna comprensión entre los Estados ecuatoriano y peruano
y entre las instituciones castrenses de los países americanos y de aquellos
que son garantes de un documento jurídico que se suscribió por la paz,
amistad y límites de ambos países".
No recurre a la historia como un mero inventario de hechos, sino con
desgarrador dramatismo nos enrostra a ecuatorianos y peruanos la amenaza
desintegradora de la sangre y la violencia a que hemos estado expuestos y
ensayando un análisis de las causas y los efectos nos advierte de las
gravísimas consecuencias que han tenido los confictos de nuestros dos
países en nuestro desarrollo, en la historia y en el Derecho Internacional.
Recurre al Derecho Internacional porque sabe que la historia le ha dado a
esta norma de relaciones internacionales las circunstancias de hecho sobre
las que se estructuró y le ha dotado a la humanidad de los mecanismos para
que los países escriban su destino sobre bases vinculatorias de paz y no de
guerras; se preocupa por el mundo, porque avizora el fenómeno de la
globalización cuya vorágine viene pulverizando los conceptos de
patrioterismo y tiende a reestructurar este valor de las nacionalidades
para convertirse en vínculo generador del progreso y desarrollo, cuando
manifiesta el General Hermoza: "Ambos pueblos ya hemos pagado un precio
alto con la muerte de nuestros soldados, para que el 'derecho' por fin
norme nuestra conducta futura, sin sangre ni violencia que desintegre una
cultura milenaria y una esperanza común de progreso y desarrollo. Esperemos
que este conflicto, que está en vía de resolverse por la razón, sea el
último de todos los siglos venideros y demuestre al mundo que únicamente
sobre la base del acatamiento de las normas del Derecho Internacional le
daremos solución definitiva a este problema de demarcación territorial".
"El siglo que se avecina no puede encontrarnos sumidos en un conflicto que
no tiene cuándo acabar; las generaciones que nos heredarán ya no deben
invocar un pasado de afrentas y de estigmas por resolver, porque el futuro
viene aparejado de desafíos comunes a nuestros países que son a su vez
fuente y consecuencia de conflictos sociales que exigen una atención
permanente y un altísimo grado de prioridad. Los daños a la ecología y la
contaminación ambiental pueden entrañar para nuestros pueblos graves
consecuencias y peligros mayores que los misiles; la carencia de agua por
las sequías y las enfermedades son capaces de diezmar a los hombres tal vez
con más crueldad que las armas de la guerra; la delicuencia terrorista y
narcoterro-rista es capaz de generar mayor sensación de desprotección y
vulnerabilidad a nuestros Estados que una conflagración bélica".
"Es necesario pues detener todo factor bélico que provoque en nuestros
compatriotas inestabilidad y horror; es necesario recurrir de una vez por
todas al Derecho Internacional como mecanismo natural de ajuste de las
relaciones internacionales para normar nuestras conductas y enmendar,
llegado el caso, antiguas actitudes, dentro de la única expectativa de
nuestros pueblos, la seguridad y la paz como base de su desarrollo y
progreso". Estos conceptos expresados por un hombre capaz de decirles a sus
soldados que "les reitera su mayor agradecimiento por haber enaltecido el
concepto más puro de la disciplina y porque me dieron la certeza de que la
obediencia es un derecho más ineludible que el que nace de la necesidad de
mandar... "(De su libro Lecciones de este siglo) resulta de excepcional
significación porque es un homenaje al desprendimiento, a la generosidad y
un desprecio a todo personalismo; por ello, cuando se refiere al porvenir
del siglo XXI no está haciendo una abstracción del problema integral para
fijar sus conceptos en la fría territorialidad, sino en algo más profundo
que es la "seguridad humana", en la sociedad, en los pueblos de hombres,
mujeres y niños antes que sobre los niveles político-militares.
No se está refiriendo únicamente al problema material del conflicto, como
podría esperarse de su condición de militar; él recurre a verdades
incontestables que están relacionadas con las personas, con la pobreza, con
la salud, con el medio ambiente, con todos los desafíos del Estado nación
que hoy en día, a todos nos consta, son capaces de generar inestabilidades
malignas en la nacionalidad. Ecuador tiene que comprender que ambos países
tenemos desafíos comunes que enfrentar, no podemos sustraernos de nuestra
realidad y olvidando la "seguridad humana" promover un conflicto que viene
violentando la historia natural de nuestros pueblos y deteniendo
inexplicablemente el desarrollo y el progreso de nuestras naciones.
El General Hermoza en aquel histórico discurso le dijo al mundo la posición
político-militar del Perú, no tiene más pruebas que ofrecer; allí, en ese
histórico lugar, las dos Fuerzas Armadas se dieron la razón, hoy es
necesario someterse, como dice él, al Derecho Internacional. Si no leamos
detenidamente lo siguiente (De su libro Lecciones de este siglo): "Las
Fuerzas Armadas del Perú tienen una posición indeclinable dentro del
contexto político peruano; todo su potencial militar está sujeto al orden
jurídico del país, donde el Estado peruano asume la más alta jerarquía a
cuyo jefe le debe obediencia disciplinaria en su condición de Jefe Supremo
de las Fuerzas Armadas; en tal sentido no propugnamos conductas de
liberalidad en el domino militar, por el contrario están sujetas al derecho
y al poder constitucional. Es dentro de este contexto que nuestra vocación
pacífica se desarrolla, porque estamos conscientes que desde el cese de las
hostilidades confirmadas políticamente por el Perú y Ecuador tienen
absoluta vigencia los término de la Declaración de Paz de Itamaraty y bajo
ningún concepto las instituciones castrenses interfieren en su desarrollo y
consolidación, porque estamos ante la reafirmación de que las posiciones de
ambos países se resolverán dentro del ámbito jurídico del Protocolo de Paz,
Amistad y Límites suscrito en Río de Janeiro en 1942 y así le demostraremos
a la comunidad internacional que nuestros países renuevan la cultura
ancestral que les dio común origen porque los medios que empleamos para
mantener la paz no han fracasado".
"Este acto, particularmente, tiene la virtud de estrechar la distancia
entre nuestros Estados y las relaciones recíprocas de nuestras poblaciones
porque genera confianza mutua y buena fe, de modo que se hará cada vez
menos posible la repetición de un conflicto como el que un año atrás le
costó a nuestro pueblo parte de su bienestar; y porque además redundará en
una natural cautela del gasto presupuestal de ambas partes destinado al
armamentismo, que a estas alturas de la humanidad resulta siendo siempre
una contradicción del desarrollo y progreso de nuestros pueblos".
"La paz como la guerra han dejado de ser conceptos contradictorios porque
las complejidades de cada uno de ellos se han entrelazado, al extremo que
el nuevo concepto tiene que estar vinculado necesariamente a la edificación
de bases éticas que fortalezcan la convivencia armoniosa de los pueblos por
haberse globalizado todos los aspectos de las sociedades del mundo, donde
los desafíos son también comunes; por tanto, la vinculación entre naciones
democráticas pasa por acciones conjuntas de solidaridad".
"Las Fuerzas Armadas peruanas, a las que me honro en representar, asumen su
responsabilidad en este proceso, dentro del contexto del Derecho Nacional e
Internacional, por ello consideramos que permanece vigente el
reconocimiento, formulado por el Consejo Permanente de la Organización de
los Estados Americanos el 30 de enero de 1995, a las gestiones que realiza
Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos como garantes del Protocolo de
Río de Janeiro de 1942; y en este sentido, reafirmamos la naturaleza
jurídica que le otorga la Declaración de Paz de Itamaraty a la misión de
observadores de los países garantes, que hasta hoy viene cumpliendo los
objetivos previstos en dicha declaración".
"Y al pueblo hermano del Ecuador, los militares del Perú le pedimos que nos
acompañen con el mismo sentimiento, con el mismo deseo y con la misma
intención, alentar de hoy y en adelante, una verdadera cultura de paz entre
nuestras naciones".
Queremos terminar con lo que expresamos al comienzo: que nosotros
consideramos que el General Hermoza Ríos ha registrado su nombre en la
historia, no sólo porque fue el conductor militar de la guerra contra el
terrorismo, sino porque aquella tarde del 17 de febrero de 1996, el destino
le encargó la responsabilidad de decirle al mundo la posición militar del
Perú en el problema de demarcación territorial ecuatoriano-peruano.
Asimismo, hacer notar un aspecto que resulta a veces inncesario porque el
General ha creado al interior de las FFAA una convicción
ideológico-militar, si cabe la palabra, respecto del rol constitucional de
las instituciones castrenses subordinadas al poder político.
Su discurso es una pieza de oratoria que muy pocos peruanos por mezquindad
hasta hoy no hemos evaluado; está dotado de conceptos de altísima
profundidad nacional y, sobre todo, de una cultura de la paz insoslayable.
Transcribida de la revista GENTE" -
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