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Roque Dalton: una herida en la historia de El Salvador

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May 15, 2005, 1:04:53 PM5/15/05
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Posted on Sun, May. 15, 2005

Roque Dalton: una herida en la historia de El Salvador

por WILFREDO CANCIO ISLA

El Nuevo Herald


Durante mucho tiempo corrió la versión de que la muerte del célebre
poeta salvadoreño Roque Dalton fue una acción perpetrada por la Agencia
Central de Inteligencia (CIA). Pero en los últimos años la verdad comienza a
señalar en sentido contrario. Sus victimarios salieron de las propias filas
del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y lo ultimaron la noche del 10
de mayo de 1975, después de juzgarle por ''traición a la causa'' y golpearle
violentamente en las horas previas al asesinato.

Treinta años después de aquel trágico acontecimiento, sus familiares
buscan aún su cadáver luchando contra las cortinas de humo que se han
tendido para no revivir historias incómodas para la actualidad política de
El Salvador.

En esta entrevista con El Nuevo Herald, Jorge Dalton, el menor de los
hijos del poeta, aborda pormenores desconocidos del asesinato, revela los
últimos y polémicos días de Roque Dalton en Cuba y analiza las
interioridades de la actual izquierda salvadoreña. Y no deja de evocar las
lecciones del padre, su sonrisa escandalosa e interminable, y su leyenda.

Aunque nacido en El Salvador, donde actualmente vive y ejerce su
profesión de cineasta, Jorge Dalton, de 43 años, se siente también como un
cubano más, comprometido con la suerte de su segunda patria.

Los apuros y las carcajadas

Mi padre era un hombre que daba la impresión de que siempre estaba
apurado. Una personalidad muy consciente de que no le alcanzaba el tiempo.
Por eso escribía tanto y tenía tanta pasión por el conocimiento. Podía
leerse hasta tres libros al mismo tiempo. Murió con 39 años y dejó una
extensa obra poética. Pero además escribió teatro, artículos, una novela,
ensayos. Tenía un sentido del humor extraordinario, capaz de burlarse hasta
de sí mismo. Muchas veces cuando había reuniones o fiestas en mi casa, yo
apenas era un niño, las carcajadas de mi padre y las de los invitados no me
dejaban dormir. Es por eso que tengo muy bien grabada su risa escandalosa,
con una energía capaz de contagiar a un estadio.

Versión de los asesinos

Durante muchos años se dijo que la CIA había asesinado a mi padre. En
Cuba es la versión que más se maneja y de esa forma fue dada la noticia en
el periódico Granma. Aún lo siguen repitiendo. Esta versión es la que más ha
favorecido a los criminales. Los cubanos, al igual que los salvadoreños,
tienen el derecho a que se conozca la verdad.

Mi padre fue secuestrado en 1975 junto a otro compañero de nombre
Armando Arteaga, de seudónimo Pancho, por orden de la dirección del E.R.P,
organización a la que ambos pertenecían. Fue llevado a una cárcel
improvisada en una casa de seguridad donde funcionó un consejo de guerra
integrado por Joaquín Villalobos, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel y Alejandro
Rivas Mira, autor intelectual del asesinato y jefe político de esa
organización.

Las acusaciones de la dirigencia del E.R.P. contra Pancho y Dalton
eran diversas, pero lo que más pesaba eran los innumerables cuestionamientos
que el poeta hacía sobre los métodos estalinistas y maoístas empleados en la
lucha. La libertad de pensamiento que profesaba mi padre y sus críticas a la
dirigencia lo colocaron en un paredón de fusilamiento en un abrir y cerrar
de ojos, sin tener derecho a la más mínima defensa.

Lo sucedido con mi padre es parte de esas miles de historias de
asesinatos que se han cometido en nombre de la revolución y el socialismo,
donde las víctimas y los acusados jamás pudieron defenderse en esos juicios
sumarios. Fue golpeado salvajemente durante los días previos al asesinato.
Sus verdugos, entre ellos Villalobos, sabían de antemano a quien
asesinarían. Se jactaban diciéndole en cada golpiza que pronto acabarían con
la vida de un ''intelectual de mierda y pequeño burgués'', que ``en las
filas de los revolucionarios no había cabida para semejantes traidores''.

A altas horas de la noche, Dalton fue colocado contra una pared,
Villalobos entró a la habitación convertida en prisión y ejecutó a mi padre
volándole la tapa de los sesos el día 10 de mayo de 1975. La sangre se
esparció por todo el cuarto, que hubo que limpiar por varios días seguidos,
según me contó un testigo de los hechos. El legendario y mítico guerrillero
Villalobos fue parte de esa macabra danza estalinista.

Un personaje en la impunidad

Villalobos hoy vive tranquilo como lo hacen los ex militares genocidas
salvadoreños que ordenaron el asesinato de las monjas norteamericanas en los
años 80. Actualmente reside en Oxford, Gran Bretaña, y se vanagloria de ser
consultor internacional para la solución de conflictos.

Durante el período presidencial del presidente salvadoreño Francisco
Flores fungió como asesor en temas de seguridad pública. Asistió como
invitado de honor, junto a Fermín Cienfuegos, otro ex comandante guerrillero
ambiguo y oscuro, a la toma de posesión del nuevo mandatario salvadoreño
Antonio Elías Saca, el 1ro. de junio del 2004, algo verdaderamente
vergonzoso.

Las profundas heridas que estarán abiertas por largo tiempo en América
Latina, no se deben únicamente al genocidio llevado a cabo por los regímenes
militares de derecha, apoyados por la CIA. También pesan sobre dirigentes de
izquierda que con su afán de poder y una mentalidad siniestra, pretendieron
hacerse dueños de la libertad y la justicia.

Los incompletos huesos del poeta

Mi familia nunca ha perdido las esperanzas de hallar los restos de mi
padre, pero ha sido muy complejo por diversas razones. Los involucrados
directamente en los asesinatos parecen haber hecho un pacto de silencio y se
las han ingeniado para no decir ni colaborar en nada. Cuando se firmaron los
acuerdos de paz en El Salvador, Villalobos era parte de la Comandancia
General del FMLN y como reconocimiento de sus errores de juventud se
comprometió ante toda la nación salvadoreña y el mundo a entregar el cadáver
del poeta asesinado.

En esos años todavía yo vivía en Cuba y mi hermano Juan José Dalton,
ya estaba en El Salvador. Mi hermano y mi madre emprendieron gestiones para
recuperar lo que Villalobos y el FMLN habían prometido públicamente. Sus
gestiones fueron infructuosas desde el primer día, en instantes en los que
pesaba más el júbilo por el fin de las hostilidades que los incompletos
huesos de un poeta.

El FMLN nunca nombró una comisión para la búsqueda de los restos y
hasta la fecha tampoco ha movido un sólo dedo que conduzca al
esclarecimiento del asesinato perpetrado por sus ex compañeros de armas.
Villalobos tampoco lo ha hecho. Nuestras gestiones con la organización
político-militar ya convertida en partido político estaban condenadas al
fracaso. Sacar a la luz los restos de mi padre significaba reabrir viejas
rencillas entre ellos.

A mi familia no le quedó más remedio que acudir a la sede de las
Naciones Unidas en El Salvador y emprender por nuestra cuenta la búsqueda
del cadáver, de acuerdo con las escasas pistas proporcionadas por algunos
testigos que se ofrecieron a colaborar.

Los peritos chilenos que viajaron a El Salvador revelaron una realidad
aún más cruda. Luego del asesinato, el cuerpo de mi padre fue llevado a El
Playón, un lugar desolado y siniestro, formado por varios kilómetros de
llanura de piedra volcánica, un sitio en el cual es imposible imaginarse la
vida.

Era el lugar predilecto donde los Escuadrones de la Muerte
salvadoreños, durante las décadas de 1970 y 1980, dejaban semanalmente
decenas de cadáveres calcinados con ácido y mutilados para no ser
reconocidos por sus familiares. Villalobos y sus compañeros de crimen no se
conformaron con pegarle un tiro en la cabeza a mi padre y luego divulgar que
era un ''traidor al servicio del enemigo'' y un ''agente de la CIA'', sino
que trataron de confundir a la opinión publica, aparentando que se trataba
de un asesinato más de los Escuadrones de la Muerte.

Según el informe de Naciones Unidas, mi padre fue semienterrado en
días lluviosos, provocando que las aves de rapiña y los perros devoraran su
cuerpo de manera inmediata. Pasados 18 años, era imposible la existencia de
sus restos. Villalobos, una vez más nos había engañado a todos, haciendo de
nuestro dolor una larga y tormentosa pesadilla.

El pasado 10 de mayo, un grupo de ex miembros del ERP sacaron un
comunicado exigiéndole a Villalobos que revele el lugar donde están
enterrados los cadáveres de Dalton y Arteaga.

Inconformidades en la isla

A mediados de los años 60 y principios de los 70 escritores e
intelectuales a nivel internacional comenzaron a apartarse de la revolución
cubana. El caso Padilla, las famosas Palabras a los Intelectuales
pronunciadas por Fidel Castro en aquel histórico y fatal discurso, la
persecución a los homosexuales, la marginación de figuras como José Lezama
Lima y Virgilio Piñera, la sovietización del proceso cubano, eran motivo de
cuestionamientos.

Durante los encuentros de escritores, algunos de ellos cuestionaban de
manera privada lo que estaba pasando en Cuba. Entonces Ernesto Cardenal, el
poeta nicaragüense, jurado del Premio Casa a principios de los 70, quería
tener mayor contacto con la realidad cubana, fuera de los programas
dirigidos que organizaba Casa de las Américas.

Cardenal quería conversar con gente de pueblo y conocer sus
inquietudes. Mi padre apoyó a Cardenal. Sin embargo, el poeta cubano Roberto
Fernández Retamar y el escritor uruguayo Mario Benedetti no estuvieron de
acuerdo y eso generó una acalorada discusión entre mi padre y Retamar.

Mi padre llegó incluso a insultar a Retamar. Cabe recordar que
Cardenal, por ser un cura católico, no era considerado de confianza para las
autoridades cubanas. Pero no fueron precisamente las divergencias con
Retamar las que motivaron su partida. Mi padre ya venía muy disgustado con
ciertas cosas: el buen vivir de los funcionarios, las casas en Varadero, los
lujos y privilegios de algunos escritores y personalidades latinoamericanas,
las mansiones en los barrios de Miramar y Nuevo Vedado. Eso para él era
incomprensible. Nunca fue de su agrado el circo romano que se le hizo al
poeta Heberto Padilla, quien fue su amigo muy entrañable.

Renunció a Casa de las Américas en julio de 1970 y logró conseguir un
trabajo humilde como redactor en Radio Habana Cuba. A partir de esa fecha,
comienza a idear la manera de acelerar su regreso a El Salvador, sin medir
algunas consecuencias. Por la cantidad de años fuera de su país, ignoraba
algunas interioridades de cómo se estaba gestando la lucha armada en El
Salvador. Es por eso que se encontró allí en un callejón sin salida.
Situación que no pudo manejar y prever, y que al final acabó con su vida.

Fobia a la solemnidad

Mi padre era un ser con una alegría desbordante. Una especie de fiesta
ambulante, que hacía reír hasta las piedras. Me gustaría que se recordara
con alegría, pero sobre todo, que pueda haber un mayor conocimiento de su
obra y su vida. Cuando yo tenía unos 7 años y cursaba la primaria en Cuba,
comencé a padecer de unos desmayos muy raros. Pero la cosa es que estos se
producían en los momentos en que se cantaba el himno nacional, se izaba la
bandera o se pedía un minuto de silencio por un mártir. Yo caía
automáticamente desmayado como si fuera un saco de papas. Nadie podía
descifrar tan rara enfermedad, que tenía a mi madre con los pelos de punta.
Hasta que mi padre tuvo la genialidad de contarle a todo el mundo que su
hijo Jorge padecía de ``síndrome de fobia a la solemnidad''.


LA MENTIRA SE CAE POR SI MISMA, LA VERDAD SE ABRE PASO AUNQUE PASEN UN
MILLON DE ANIOS...

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