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La dictadura aceptada

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Pedro Martori

unread,
Dec 1, 1998, 3:00:00 AM12/1/98
to
On Fri, 13 Nov 1998 15:14:03 GMT, Pepe Pan <pep...@hotmail.com>
wrote:

>Hola! Reproduzco un articulo del escritor y cineasta cubano residente en
>Madrid Jesus Diaz, publicado en El Pais el 13.11.98, donde hace un
>analisis-denuncia -IMO muy lucido- de ese fenomeno al que asistimos hoy:
>mientras a Pinochet se le arresta a Castro se le abraza. Saludos. Pepe Pan
>******************************************************************** Claves
>de una paradoja insoportable. JESÚS DÍAZ
>
> Fidel Castro, el ya anciano dictador que le tocó en desgracia a mi país,
>está de plácemenes: principal figura mediática de la Cumbre Iberoamericana;
>jaleado por cinco mil personas en un polideportivo de Oporto lleno de
>banderas rojas donde el extraordinario escritor comunista José Saramago,
>flamante premio Nobel de Literatura, lo definió nada menos que como "síntesis
>de las virtudes del pueblo cubano"; recibido como un héroe por José Manuel
>Rodríguez Ibarra, uno de los más influyentes barones socialistas de España;
>visitado como un amigo por Manuel Fraga Iribarne, el más importante símbolo
>vivo de la derecha española, quien emuló al comunista Saramago al calificar a
>Castro de "símbolo de la independencia"; invitado oficial del presidente de
>Gobierno José María Aznar al palacio de la Moncloa; inminente anfitrión del
>rey don Juan Carlos en La Habana y también de la próxima Cumbre de Jefes de
>Estado y de Gobierno de los países iberoamericanos, Castro no fue incluido
>siquiera en el mapa de los dictadores latinoamericanos que EL PAÍS publicó en
>su edición del domingo 1 de noviembre.
>
> Uno no puede menos que preguntarse por qué ese señor provoca la
>insoportable paradoja de ser un dictador no sólo aceptado, sino también
>aclamado y bendecido, y aun de serlo a la vez por tantos demócratas de
>izquierdas y de derechas en España, Portugal y América Latina, sin que ni a
>unos ni a otros les importe el sentido de la doble, flagrante contradicción
>en la que incurren.
>
> Intentando encontrar algunas claves que me permitan explicar esta
>insoportable paradoja he llegado a la conclusión de que probablemente muchos
>de los demócratas a que me he referido, sobre todo los de izquierda, no
>reconocen en Castro a un dictador. Como los personajes de Ensayo sobre la
>ceguera, la v isionaria novela del propio Saramago, una buena parte de la
>izquierda se ha quedado ciega ante el comandante en jefe de su juventud. Esa
>falta de visió le impide reconocer la evidencia palmaria de que Castro está a
>punto de cumplir nada menos que cuarenta años en el poder sin haber permitido
>un solo proceso electoral que merezca ese nombre; y preguntarse por qué desde
>hace decenios en Cuba no existe libertad de asociación ni de opinión; por qué
>miles y miles de personas han sufrido un atroz presidio político; por que
>otros miles han sido condenados a muerte y fusilados; por qué ha quedado
>impune un crimen masivo tan repugnante y documentado como el hundimiento por
>buques cubanos del trasbordador Trece de Marzo la noche del 13 de julio de
>1994, en el que 41 personas, entre ellas mujer es y niños, fueron
>literalmente asesinadas; nipor qué dos millones de cubanos -el 20% de la
>población del país- hemos sido forzados al exilio.
>
> Mencionaré una entre las varias causas que permiten explicar esa culpable
>ceguera.Muchos de los intelectuales y políticos de izquierda que disfrutan de
>la democracia en su propio país mientras invitan y aclaman a Castro están
>aclamando en realidad a su propia juventud dorada, a los años en que la
>revolución cubana funcionaba como una llamarada de esperanza frente a las
>grises dictaduras franquistas, salazaristas o a sus pariguales en
>Latinoamérica. En una perversa manifestación de sinécdoque política confunden
>a Castro con Cuba, ejercen su solidaridad con el poderoso y la viven a
>distancia o como invitados de lujo, sin sufrir ni una sola de las indecibles
>penalidades por las que atraviesa la población cubana ni querer enterarse
>siquiera de la existencia de quienes todavía hoy se pudren en las cárceles
>castristas por delitos de opinión -Martha Beatriz Roque Cabello, René Gómez
>Manzano, F élix Bonne Carcasés y Vladimiro Roca, por ejemplo-. Estos
>izquierdistas están ciegos de nostalgia y carecen del coraje moral como para
>decir abiertamente: "Bien, me equivoqué, y ahora lo reconozco y denuncio que
>Castro es un dictador tan deleznable como lo fueron Franco o Salazar, aunque
>eso me obligue a revisar críticamente parte de mi propio pasado".
>
> Probablemente las razones de los demócratas de derecha para callarse con
>respecto a Castro sean otras, pero lo cierto es que una buena parte de ellos
>hacen causa común con los de izquierda frente al caso cubano. Presionada por
>la pinza de la izquierda y del gran capital, la derecha se ha impuesto como
>primer objetivo el participar de modo preferencial en la obscena subasta que
>Castro ha abierto para malvender la isla; una isla convertida en burdel y en
>paraíso de capitalistas, donde los nacionales no pueden invertir ni competir,
>y los sindicatos independientes el derecho a la huelga están rigurosamente
>prohibidos por la dictadura. Ese derecho de pernada que Castro entrega al
>capital internacional tiene un precio: callarse la boca ante los desafueros
>totalitarios del Gobierno cubano. La derecha lo sabe -o el propio Castro se
>lo recuerda con sus desplantes cuando es menester-, y está dispuesta a pagar
>ese precio terrible con el que obtiene además el rédito suplementario de
>acallar las críticas de la izquierda enceguecida y culpable.
>
> De este modo, en España se ha ido conformando un oscuro pacto de
>reconocimiento de la dictadura castrista que ha obrado el milagro de unir a
>amplias zonas de la izquierda, el centro y la derecha en un frente
>francamente obsceno. En el apoyo explícito al castrismo o en el silencio
>culpable sobre sus radicales violaciones de los derechos humanos se
>confunden, como en el inolvidable Cambalache de Discép olo, intelectuales de
>izquierda, líderes del PP, barones del PSOE, cabezas visibles de IU,
>nacionalistas e independentistas vascos, catalanes, gallegos y canarios,
>centralistas madrileños, nostálgicos del franquismo, republicanos y
>monárquicos. Lo más atroz de esta entente es que opera sobre el conmovedor
>fondo de afecto que los españoles -y los latinoamericanos y portugueses-
>sienten hacia Cuba. ¿Cómo pueden ellos entender lo que pasa allí si
>conspicuos representantes de todas las tendencias políticas, así como
>escritores de la talla de un José Saramago o un Gabriel García Márquez, o de
>la popularidad y el talento de un Manuel Vázquez Montalbán, por ejemplo,
>apoyan pública o solapadamente al dictador? ¿Cómo, si a una diabólica
>habilidad para aparecer como víctima, Castro, libre de crítica, suma una
>impúdica retórica anticapitalista que no le impide, sin embargo, revender a
>precio de saldo a unos capitalistas lo que antes "nacionalizó" a otros?
>¿Cómo, si mientras entrega la isla al extranjero,prohibiendo a los cubanos
>invertir en su propia tierra, consigue presentarse como un paladín del
>nacionalismo y como un vengador de la derrota del 98?
>
> La detención del siniestro dictador Augusto Pinochet en Londres tuvo, entre
>otras, la virtud de los grandes cuentos de hadas. Lo imposible sucedió. La
>humanidad democrática ha llevado a cabo un juicio moral al tirano. Y esa
>magnífica nueva da derecho a soñar con un mundo donde todos los dictadores
>tengan que someterse a la justicia. Ariel Dorfman, en su Carta de veras
>abierta a Pinochet, publicada recientemente en estas mismas páginas, concibió
>ese sueño como una pesadilla del dictador, en la que éste tuviera que
>enfrentarse con la memoria de sus crímenes contados por sus víctimas. Yo
>suscribo ese deseo del gran escritor chileno, pero con respecto a Cuba y al
>menos por ahora mi sueño es más modesto. Me conformaría con que los
>demócratas de izquierda y de derecha mantuvieran abiertos los canales de
>comunicación con la isla, denunciaran el embargo norteamericano y ejercieran
>una irrestricta solidaridad con la población cubana, a la vez que hicieran
>pública su crítica a las violaciones de los derechos humanos que Castro
>comete día a día y lo denunciaran y trataran como lo que realmente es: el
>decano de los dictadores en ejercicio, el que más tiempo lleva en el mundo
>oprimiendo a su pueblo.
>
>
> Jesús Díaz es escritor cubano; su última novela es Dime algo sobre Cuba. ©
>Copyright DIARIO EL PAIS, S.A.
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Pedro Martori - Montreal, Qc, Canada
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Nicasio

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Dec 2, 1998, 3:00:00 AM12/2/98
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SPAM! SPAM! SPAM! al estilo chileno!

N.

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