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Ultima parte de la entrevista a Mike Lima

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ARMANDO

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Jul 31, 1999, 3:00:00 AM7/31/99
to
Segunda y útima parte de la entrevista con
Luis Moreno, "Mike Lima", ex Jefe
de Operaciones de la FDN

El principio y el fin de la contra
ROBERTO FONSECA L.
Enviado Especial

MIAMI.- En 1981, un Coronel de la Guardia Nacional de Somoza, de
apellido Gómez, le preguntó a Luis Moreno, Subteniente de la GN, si
estaría dispuesto a incorporarse a la contrarrevolución, y trasladarse
entonces a un campamento en Honduras. "Claro que sí, ¿pero usted
también va a ir?", le preguntó con sarcasmo Moreno.

Llegó a Honduras el 3 de marzo de 1982, cuando la llamada "Legión 15
de Septiembre" se transformó en Fuerzas Democráticas Nicaragüenses, a
instancias de la Central de Inteligencia Americana (CIA), apoyada por
los militares argentinos. Habían alrededor de 240 hombres en total y
Moreno pensó que aquello era un desorden. Hasta que empezaron a llegar
las armas, los equipos de apoyo, los asesores extranjeros, y las
tropas desde el interior del país.

Le encomendaron entonces la misión de conformar la Base "Nicarao", una
de las cinco que el FDN tuvo en Honduras. Desde entonces se le conoció
como "Mike Lima", sinónimo de guerra que formó haciendo uso del
alfabeto fonético internacional: "Mike" de Moreno, y "Lima" de Luis.

Fue jefe de la Fuerza de Tarea "Diriangén", al mando de 2,300 hombres,
y al final de la guerra, Jefe de Operaciones de la contra. Actualmente
vive y estudia en Miami, donde labora en el ramo de la Contabilidad en
una empresa distribuidora de medicinas.

A continuación la última parte de su entrevista a ENFOQUE.

¿Cuántos combates libraste en las filas de la contra?

Participé en diferentes tipos de combates, estuve 52 veces en primera
línea, incluyendo combate cuerpo a cuerpo, como en Santa Rita. Además,
tuve choques duros contra las TPU (Tropas Pablo Ubeda, del MINT) en
San Antonio de Cerro Blanco. En algunos combates, incluso, cuando ya
estábamos sin tiros, tuvimos que entrar con bayonetas y pelear cuerpo
a cuerpo.

En los años 82 y 83 los soldados sandinistas eran valientes y hasta
cierto punto muy profesionales. Tenían tan metido ese deseo de ser
mártires, de ser igual que Carlos Fonseca, que a veces eran suicidas.
Los vi pelear en Wamblán, en muchas partes, donde nosotros barríamos
las olas de asalto y no los deteníamos, lo volvíamos a hacer y no los
deteníamos; eran carnicerías... No entiendo, la única explicación es
que estaban tan motivados y bien adoctrinados en los años 82 y 83.

Luego, a finales del 83, comenzaron a mejorar sus unidades pero su
moral comenzó a disminuir; al final de ese año, los soldados ya no
eran tan entregados como al principio, debido a que estaban incluyendo
a muchos muchachos que iban en desacuerdo. En el 84 era peor y al
final de la guerra llegó el momento en que ambas unidades se corrían;
la guerra de desgaste en ambos bandos fue dura.

Nosotros también sufrimos una baja en la moral, pero nos afectó en
menor escala porque teníamos un factor favorable: los soldados
reclutados en la contra no iban a salir hasta que se terminara la
guerra. Por eso, la mayor parte de ellos eran veteranos no porque
quisieran, sino porque no tenían otra alternativa. Al principio eran
muchachos asustados, campesinos sin capacidad militar, y al final de
la guerra eran gente experta.

Cuáles acciones dirigiste?

Una de las mayores batallas ofensivas fue la de Las Minas, donde
participamos con 4,500 hombres; yo era el jefe de operaciones, en el
terreno la dirigieron otros comandantes: Rigoberto, Mack, El Pofi, El
15, Fernando, El Diablo, Ramiro (q,e.p.d.) y otros comandantes.

Fue una operación masiva en que logramos engañar al Frente Sandinista
y les barrimos dos brigadas militares. En Las Minas tenían 3 brigadas
y no pudieron detenernos, barrimos con todos los 36 objetivos que
tenían: los tanques en las pistas, los radares en Siuna, toda la
artillería, fue un éxito completo.

También participé en operaciones de gran y pequeña envergadura a nivel
de mi unidad, cuando era comandante de la Diriangén. Uno de los
mejores ataques fue el de Santa María de Pantasma y otro fue la
destrucción del cuartel de Bocas de Ayapal, en el año 82, el más
grande que había en la zona norte.

A mí me han dicho que vos te tomás Pantasma, la población salió a las
calles prácticamente a ovacionarte. ¿Es real esa anécdota?

Donde nosotros llegábamos, la gente en su mayoría no era sandinista;
en Pantasma nosotros tomamos el pueblo y casi todos los hombres en
edad combativa se fueron con nosotros porque había un odio contra los
sandinistas. Creo que se fueron cerca de 300 hombres.

¿Por qué atacaste Pantasma con tanta saña?

Había un hombre que se llamaba Carlos Barquero que era el jefe zonal
del Frente Sandinista allí. Era un asesino, eliminó o mandó a eliminar
a todos los campesinos por donde pasábamos nosotros, ya fueran
colaboradores o no.

Mirá, Pantasma es una cosa bien interesante porque soy obligado a
atacar Pantasma. Yo vengo huyendo de Jinotega, habíamos peleado 27
días en los sectores de Planes de Vilán y el FSLN había enviado más o
menos como 100 camiones llenos de soldados, más o menos 7 batallones.

Me les escapé con bajas, los sandinistas dijeron en el periódico que
yo había perdido 100 hombres y realmente así era, porque tenía como 35
heridos y cada uno de ellos era cargado por dos ó tres hombres,
quienes se encargaban de cuidarlos o evacuarlos. Así que en la
práctica había perdido casi 100 hombres.

Nuestra unidad de casi 300 hombres estaba desgastada, con bajas, corta
de munición, así que nos pasamos a Nueva Segovia y nos dejaron de
perseguir las tropas que nos seguían desde Jinotega. Tuvimos
oportunidad de derrotar a las tropas Pablo Ubeda. Recuerdo que
peleamos tres días en el Cerro Blanco para poder pasar y romper el
cerco que nos tenían y luego que rompimos el cerco nos dejaban de
perseguir.

Desde Honduras llegó un refuerzo como de 170 hombres y logré
reorganizar a un total de 420 hombres, pero carecía de suficiente
munición porque el abastecimiento de nosotros estaba muy escaso. Yo no
quería regresar a Honduras para reabastecernos, era demasiado largo,
así que prefería recuperar armas y municiones al EPS. Traté de tomar
San Juan de Río Coco y no pude, después Yalí y se me alertaron. Cuando
llegué a un lugar que se llama Chagüitones llegó un campesino de los
que había participado en una reunión con Barquero y me dice: "Ajá,
comandante, veo que anda bastantes hombres".

Luego dice: "Barquero anda diciendo que ya lo derrotó, que usted ya no
regresa porque anda asustado y que regresó a Honduras con sus hombres,
en desbandada". Además, "Barquero dice que lo mismo que hizo en
Pantasma, lo va a hacer en el sur, así que yo le dije a mi mujer que
se prepare porque un día de éstos vienen y nos matan, por colaborar
con ustedes".

Hombré, ver a aquel hombre como resignado a morir me golpeó, así que
decidí atacar Pantasma, para defender a los colaboradores. Sabía que
no había ningún soldado, todos andaban detrás de nosotros.


Un nombre que no olvida
El 19 de julio de 1982, mientras en Masaya se celebraba el III
Aniversario de la Revolución Sandinista, en la zona de Wina Arriba, a
centenares de kilómetros de la "Ciudad de las Flores", se produjo uno
de los primeros choques militares entre la naciente FDN y tropas
guardafronteras del EPS.

La tropa del FDN, según Luis Moreno, "Mike Lima", la integraban
alrededor de 60 hombres, de los cuales, 14 eran ex Guardias
Nacionales, 16 eran ex sandinistas; y 19 eran campesinos afectados por
la Revolución Sandinista. En el bando contrario, dos patrullas de
alrededor de 60 hombres, acompañadas de dos perros, y de dos oficiales
cubanos.

La contra montó la emboscada y en la primera línea de fuego estaba
Israel Galeano, "Franklyn", quien llegó ocho años después a encabezar
la desmovilización de la contra. El combate duró media hora, con un
saldo desfavorable al EPS: 9 muertos, un número indeterminado de
heridos, y 19 mochilas abandonadas.

Entre los papeles encontrados en una de ellas, y que "Mike Lima"
revisó, estaban los del subteniente del EPS, Fidel Tinoco.

¿Por qué te acordás de su nombre?

Porque es algo muy duro lo que pasó con Fidel Tinoco. Mirá, él era un
subteniente de esa patrulla que cae en la emboscada, y mis soldados
inmediatamente me recuperan una pistola Makarov, un AKA, el equipo que
llevaba y un reloj Citizen. El tenía una Agenda Perpetua, donde
platicaba toda su vida. Yo la leí pues, era mi trabajo.

Pero lo más terrible es que dos hermanos de él, luego estaban en mis
unidades, y después de eso conocí a su padre... Es una impresión...
bastante interesante, porque don Pedro Tinoco Zeledón, del Jiquelite,
fue un gran colaborador mío durante la guerra. Esa comarca quedaba en
el área donde yo me mantenía en retaguardia, chequeaba, dejaba
heridos, etc., y conocí a sus padres.

Yo nunca pensé que me marcaría, Fidel Tinoco, subteniente, era para mí
un sandinista más, que se entrenó en la Isla de la Juventud en Cuba,
un piricuaco que nos persiguió casi 16 días, bien muertos, pero al ver
a sus hermanos en mis unidades, me acordaba de él, y (se le quiebra la
voz) te da lo que todo mundo dice, que luchamos entre hermanos, pero
que no es lo mismo vivirlo en carne propia.

Muchos hablan de eso, pero no saben en su pu... vida lo que es pelear,
porque generalmente la gente que habla mucho, con mucha educación,
generalmente fueron los primeros en sacar a sus hijos fuera del país.
La guerra los peleamos sólo los Moreno, los Tinoco, los Zeledón, la
gente que tiene nombre del pueblo, peleábamos unos contra otros.

Una vez hablé con el padre de Fidel Tinoco, y le dije: "Usted sabe que
cayó allá", y él me dijo que sí, que siempre le recomendó que no se
metiera en eso, pero no lo escuchó, ya que Fidel tenía la ilusión de
que la Revolución Sandinista era para los pobres.

A mí me impresionó don Pedro Tinoco, porque estás hablando de un
campesino que vio a pelear a sus hijos en los dos bandos.

¿Qué concluiste tras ese combate?

Primero, que los sandinistas estaban bien entrenados; segundo, que
tenían buenas armas, las AK-47 eran buenos rifles; miré también que
tenían buena decisión, por eso me tocó 30 minutos derrotar a casi 30
hombres con unidades iguales, pero tenían buena moral... Ahí me di
cuenta lo que creaba la propaganda sandinista, en los años 82 y 83
eran soldados que peleaban hasta morir, que querían ser como Carlos
Fonseca... Les habían enseñado a ser mártires y eso lo vi con los
soldados que miré morir.

Pero también me convencí de otra cosa, que la guerrilla era como pez
en el agua, y que nosotros con ese pueblo que nos apoyaba y ayudaba,
no había nadie que nos derrotara. ¿Por qué?, porque simplemente ese
campesino estaba en contra de ellos.


Pero, fue un ataque cruel...

Yo quería demostrarle a Barquero con cuántas papas se hace un guiso;
matar campesinos inocentes era fácil para él, pero yo le iba a
demostrar que matar a hombres armados era más difícil, por eso lancé
el ataque a Pantasma.

Lancé 400 hombres en marcha forzada casi durante tres días y los logré
concentrar en Pantasma casi a las diez de la noche, yo iba a la
vanguardia junto a 35 hombres disfrazados de EPS. A todo el campesino
que agarrábamos lo deteníamos para que no le avisaran que avanzábamos.
El ataque comenzó a las cinco de la mañana y peleamos hasta la una de
la mañana del día siguiente; llegaron refuerzos del (BLI) Simón
Bolívar y los cachimbeamos en la entrada de El Charcón. El Charcón lo
barrimos en la primera hora de ataque, allí tenían como a 70
milicianos, les matamos a 22 hombres y los demás se corrieron.

¿Qué crees que marcó Pantasma en la historia de la guerra?

Demostró que teníamos capacidad de derrotar a los sandinistas y que
ellos no eran infalibles, tal como creían hasta ese momento. Marcó
también una etapa en la guerra, en que le dijo a los sandinistas que
su poder estaba amenazado. Me acuerdo que ellos reaccionaron diciendo
que ejecutarían de inmediato, a cualquiera de nosotros que capturaran
vivo.

En Pantasma, lo primero que atacamos fue al batallón 36-44, comenzamos
a las 7 de la mañana y lo logramos tomar a las 2 de la tarde. Yo
quería capturar todas las municiones del batallón, porque
desgraciadamente se disparó uno de los cohetes que recuperamos a los
sandinistas, pegó en el polvorín y se desbarató todo. De ambos bandos
salieron corriendo con semejante explosión, te juro que nunca había
oído una explosión así.

Luego atacamos donde estaban los tractores y los volquetes.

Allí habían milicias y vieras cómo defendieron los vehículos; mis
hombres avanzaron pulgada a pulgada y lograron barrerlos, porque no
queríamos dejar ni un solo vehículo en buen estado. Allí peleamos
hasta poderles quemar hasta el último camión. Después de esa acción,
los sandinistas. decretaron el Estado de Emergencia.

Pero, habían civiles, maestros...

No sé lo que vos viste, pero la defensa más loca que hubo fue la
resistencia que opusieron los profesores del VIMEDA (Educación de
Adultos), eran de siete a diez...A ellos los rodeó la compañía de
"Cinco Pinos" y les dimos oportunidad de rendirse, pero no quisieron,
nos retornaban el fuego y gritaban: ¡Viva Sandino!, ¡Patria Libre o
Morir!, bueno, qué podíamos hacer, que sus ideales los lleve con Dios.
Creo que entre ellos habían como tres mujeres.

HERIDAS Y LESIONES

¿Cómo fue lo del brazo derecho?

Fue un accidente, estaba en un entrenamiento con una pieza de 82
milímetros y me dieron una granada equivocada, le puse la granada y me
estalló; perdí la mano el 26 de noviembre de 83. Posteriormente fui
herido en 1984. Me hirió una pieza de artillería que me levantó por
los aires, me partió la pierna en dos partes, la mano y casi me saca
un ojo. Fue la batalla de Corral de Piedras, cerca de Jinotega, contra
uno de los batallones que yo identifiqué como "Francisco Estrada".

¿Y, seguiste?

Siempre seguí, siempre seguí adelante, la guerra no se acababa y el
hecho de que me hirieran no significaba que la guerra se acaba.
Recuerdo que herido, desde el hospital, en silla de ruedas, recibía
las llamadas de los comandantes de campos, porque el segundo jefe mío
siempre me pedía las órdenes, así que desde el hospital estaba dando
órdenes.

Eso era cuando comandaba la fuerza de tarea Diriangén, yo tuve bajo mi
mando 2,300 hombres. Después pasé al estado mayor, el 31 de mayo de
1987, al comando estratégico, como jefe de Operaciones de la contra.

¿En realidad pensaron en algún momento que vencerían militarmente a la
Revolución Sandinista?

Mirá, te voy a decir una cosa, si vos no tenés la convicción de lo que
estás haciendo y no estás dispuesto a morir por eso, entonces es
imposible que alguien te acompañe en esa lucha. Yo siempre estuve
dispuesto a dar la mía y prueba de ello son las heridas que tengo, me
hirieron cinco veces y siempre estuve dispuesto a dar todo, incluso mi
vida.

Yo creía que morir por Nicaragua bien lo valía, Nicaragua para mí era
mi país, es mi país, pero vivo en Estados Unidos por circunstancias de
la vida. A veces me pongo triste por los hombres que murieron.

Creo que nosotros ganamos y ésa es una convicción; nosotros le
queríamos quitar el poder a los sandinistas, queríamos democracia y
Nicaragua tiene democracia, lo único es que tiene que lidiar con los
malos hijos, sandinistas como Daniel Ortega, Tomás Borge o Carlos
Barquero. Cierto es que tuvimos que aceptarnos unos a otros, pero allí
tenemos a Daniel Ortega, violador, asesino, e incapaz, habría que
enjuiciarlo por toda la pobreza y deuda que los nicaragüenses sufrimos
gracias a estos señores. Recibieron el más fuerte de Centroamérica y
lo llevaron al último en Latinoamérica. Me parece que algo está
fallando allí en Nicaragua y creo que es nuestro sentido de justicia.

¿Por qué entregaste tu fusil antes de junio del 90, y no hasta que se
desmovilizó oficialmente la contra?

Porque yo luché para ganar y no para empatar, yo decía: Managua o
Managua, para mí no había punto intermedio. Yo me dediqué a pelear la
guerra con alma y corazón para ganarla, no por empatarla.

Cuando llegamos a las negociaciones de paz me di cuenta que íbamos a
quedar en un empate y como yo consideraba a los sandinistas asesinos,
pues no les pensaba dar el honor de que me mataran, tal como mataron a
mi comandante Bermúdez.

Pienso que mientras la vieja guardia de ellos no muera, siempre va a
haber peligro para la gente que en un momento dado se les opone. Si
regresaba a Nicaragua iba a ser como el perro con la cola entre las
piernas y no estoy para andar así.

Veinte años después, ¿cuál es tu reflexión?

La reflexión que puedo decirte es que creo que valió la pena. Me
gustaría que los nicaragüenses reflexionaran de vez en cuando que esta
libertad que se tiene hoy en Nicaragua, es el resultado de esa lucha.

Creo también que debemos de olvidar el revanchismo, las posiciones de
fuerza que no nos han llevado a ninguna parte. Las circunstancias que
nos llevaron a todas estas guerras las debemos de ir quitando, así que
cuando veamos a un par de personas que andan de "cabezas calientes"
debemos de pensar en los miles y miles de hombres que murieron en
ambos bandos.

Yo estoy seguro de que muchos sandinistas creyeron en su revolución y
no los veo como culpables de haber creído en algo que todo mundo se
pintaba como bonito, pero que realmente no lo fue. Si nos detenemos un
poco, veremos que estas guerras no fueron desde ningún punto de vista
productivas para el país, aunque sí fueron necesarias para Nicaragua,
para que evolucionara hacia un futuro mejor.

Mientras Nicaragua siga avanzando hacia la democracia y que la
fortaleza de las personas civiles sobre los militares se siga
ejerciendo, seguiré pensando que valió la pena la sangre derramada en
ambos bandos, porque los sandinistas pelearon por sus convicciones y
nosotros por las de nosotros.

Fuente : La Prensa

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