Jueves, 19 de noviembre de 2009
Es público y notorio que el teniente coronel presidente aplica
constantemente la estrategia de “voltear la tortilla”. Atribuye a los
demás todo aquello de lo cual él mismo es el autor o el responsable.
Los culpables de los apagones y de los cortes de energía eléctrica
somos los “oligarcas”. Los culpables de la escases de agua y del
racionamiento de ese elemento esencial somos los “escuálidos”. El odio
y la polarización que hoy existe en nuestro país es obra de los
partidos y de los líderes políticos de la oposición. Lleva once años
de permanencia arbitraria e ininterrumpida en el poder, pero la culpa
del deterioro general del país no es de su “quinta República” sino de
la “cuarta”, como llama al período democrático que precedió a su
dictadura, durante el país registró el avance más firme y constante
hacia el progreso y el desarrollo. Acusa a los medios de atribuirle
intenciones guerreristas quien desde que asumió la presidencia no ha
hecho sino hablar de guerra y amenazar a la disidencia con sus
advertencias de que su revolución está armada, tiene cañones y está
lista para proteger su dictadura.
Dice que el presidente Uribe es un “lacayo” de los Estados Unidos, que
ha sacrificado la soberanía colombiana sometiendo su país al “imperio”
cuando es él quien ha entregado la soberanía venezolana a Cuba, recibe
instrucciones de “papá Fidel Castro” y trae mercenarios cubanos para
que manejen el país en todos los ámbitos, desde su propia seguridad,
pasando por la fuerza armada, los cuerpos de seguridad e inteligencia,
la educación, el deporte, la asistencia médica, las comunicaciones, la
administración de puertos y aeropuertos, el turismo, los sistemas de
registros civiles, comerciales y electorales, las comunicaciones,
hasta el control de la inmigración.
Dice que “es el colmo del cinismo” que lo acusen de expansionista
cuando vemos que ha convertido a Bolivia, Ecuador y Nicaragua en
simples satélites suyos y no cesa en su empeño por implantar en el
resto de Latinoamérica, comenzando por Colombia, su comunismo del
siglo XXI.
Pero el colmo de esa estrategia de voltear la tortilla es el cinismo y
el descaro con el cual, después de haber amenazado con emprender una
guerra con Colombia, pretende hacer ver que son Colombia y los Estados
Unidos los que amenazan con agredir a Venezuela. En este caso no es
una simple tortilla sino una auténtica y gigantesca torta que ha
puesto y ahora quiere hacer creer que el repostero es el presidente
Uribe.
En todo el continente y en el resto del mundo se vio y se escuchó al
teniente coronel presidente ordenando a la fuerza armada prepararse
para la guerra contra Colombia y los Estados Unidos. “Compañeros
militares, no perdamos ni un día en el cumplimiento de nuestra misión:
prepararnos para la guerra y ayudar al pueblo a prepararse para la
guerra porque es una responsabilidad de todos”. “A formar cuerpos de
milicianos, adiestrarlos, los estudiantes, que son la mayoría, los
trabajadores, las mujeres, todos listos a defender esta patria sagrada
que se llama Venezuela.” “Si al imperio yanqui se le ocurre utilizar a
Colombia para agredir a Venezuela aquí comenzará la guerra de los 100
años que se extenderá por todo el continente”.
¿Quien puede dudar que esa arenga constituye una amenaza de guerra
abierta y descarada? Sin embargo, todavía no había dejado de retumbar
esa amenaza en los oídos de venezolanos y colombianos cuando el mismo
personaje, con el cinismo y el desparpajo que le caracteriza, trató
una vez más de voltear la tortilla. “Somos una sola patria. Aprovecho
para ratificar nuestro amor eterno por Colombia. No nos dejemos
conducir a una nueva guerra fratricida” (¿Cuál fue la anterior?).
“Estoy seguro de que ambos pueblos derrotaremos la pretensión yanqui y
de la oligarquía colombiana de ponernos a pelear entre nosotros”.
Como no hay mal que por bien no venga, todo esto ha servido para, una
vez más, poner en evidencia al estrafalario personaje y echar
definitivamente por tierra la imagen que a fuerza de dinero de los
venezolanos ha venido tratando de construirse en la opinión pública
internacional.