Jueves, 19 de noviembre de 2009
"Su fuerza es el petróleo, no la inspiración. Cree que puede comprar
el mundo con el petróleo. Como observador, puedo aconsejarle que no
hay suficiente petróleo como para comprar el resto del mundo. Este no
es un problema entre el mundo y Venezuela; es un problema entre
Venezuela y Chávez", Shimon Pérez, presidente de Israel.
Cuando Carlos Andrés Pérez fue sacado de la Presidencia de la
República en 1993 por malversar 250 millones de bolívares de la
partida secreta para pagar la seguridad de la Presidenta nicaragöense
Violeta Chamorro, un analista político muy sesudo él, me lo explicó
así: "Los pueblos perdonan que sus gobernantes roben pero no que no
les recojan la basura en la puerta de su casa". A CAP no le perdonaron
ninguna de las dos fallas. Y henos aquí, 16 años después, con un
gobierno que ofreció acabar con la corrupción, el clientelismo, la
inseguridad y tenemos todos esos problemas potenciados. Lo peor es que
no sólo no recoge la basura sino que ha sido incapaz de suministrarnos
agua, luz, gas, vivienda, transporte, infraestructura, hospitales,
escuelas. Y en cuanto a la seguridad, ni siquiera ha descubierto quién
mató a su fiscal Danilo Anderson, que por cierto se cumplen hoy 5 años
del crimen. Después de acusar a la CIA, a Mezerhane, a Patricia Poleo,
a Salvador Romaní, al General Añez y hasta al mismísimo Cardenal
Castillo Lara y a pesar de que el entonces Vicepresidente José Vicente
Rangel afirmó que "tendremos justicia antes de lo pensado", tuvimos
que pasar por el penoso episodio de Isaías Rodríguez y su "testigo
estrella" para constatar que no sólo son ineficientes sino malvados y
mentirosos.
El Presidente israelí Shimon Pérez, actualmente de gira en
Latinoamérica, resumió la situación de Chávez y de su carnal iraní
Ahmadinejad así: "los dos líderes están destinados a caer, no porque
ninguno de nosotros vaya a matarlos sino porque sus propios pueblos se
están cansando de ellos y no tomará mucho tiempo para que
desaparezcan". Palabra clave: cansancio. Los venezolanos, hasta los
más chavistas y recalcitrantes se dan cuenta que este es un gobierno
de pura habladera de bolserías, un gobierno de insultos y amenazas que
pretende que los venezolanos aguanten callados, a cambio de nada.
Porque dicen quienes lo vivieron que por lo menos Pérez Jiménez
construía autopistas, hospitales, hoteles y universidades. Además,
parece que solo se disgustaba con sus opositores políticos, como todo
dictador que se respete, pero que no se metía con el resto de la
población así supiera que no lo apoyaban.
El chavismo predador destruye no solo al país productivo, a las
instituciones democráticas sino que quiere destruir la dignidad del
venezolano, sometiéndolo a la humillación de los baños de totuma a la
luz de velas, al silencio de los cobardes, a la lluvia de insultos con
que acostumbra el Comandante y sus sirvientes dirigirse a los
ciudadanos que no piensan como ellos: escuálidos, pitiyanquis, lacayos
del imperio, tarifados de la CIA, rancia oligarquía, puntofijistas,
fascistas, golpistas, burgueses de la cuarta, capitalistas
explotadores, desestabilizadores, magnicidas, paramilitares,
vendepatria, acaparadores, neoliberales salvajes y el más novedoso:
uribistas. Puro gamelote, como siempre, que no tiene nada que ver con
la realidad, pero que encanta a sus fanáticos.
Ya basta, los venezolanos sufren desde hace más de diez años esta
gallera en que el ocupante (por ahora) de Miraflores tiene convertido
al país. La mala fama de él contamina al país internacionalmente.
Fuera de todos los organismos regionales, no ha logrado tampoco entrar
al MERCOSUR por ese belicismo expansionista que hace temer a muchos
países de la región. Si no fuera porque sabemos que al primer tiro el
Museo Militar lo acogerá, también los venezolanos temeríamos estas
avanzadas guerreras contra Colombia y Estados Unidos. Cuando lo veo
medirse de tú a tú con potencias militares ante las cuales Venezuela
no tendría oportunidad ni de estornudar, recuerdo un chiste que me
contó una avispada niña sobre un elefante y unas hormiguitas. Dice
así: "Las hormiguitas estaban cansadas de que el elefante con sus
grandes patas les destruyera el camino que ellas hacían. Entonces
idearon un plan para salir del elefante y silenciosamente se subieron
al gigantesco animal. Cuando estaban todas arriba, el elefante se
rascó la espalda con la trompa y las tumbó a todas, menos a una. Desde
el suelo, las esperanzadas hormiguitas le gritaron a su amiga de
arriba: "Ahórcalo, ahórcalo".
charito@movistar. net