(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
NUESTRO DIOS PRUEBA AL JUSTO, PERO DESPRECIA AL MENTIROSO:
Nuestro Padre Celestial prueba al justo siempre para medirlo con su
Espíritu Santo cuanto le ama, pero su alma desprecia al mentiroso y al
que ama la violencia, igual, para jamás derramar ninguna de sus muchas
y ricas bendiciones sobre ellos sino su ira y sus juicios antiguos y
eternos, para siempre. Es por eso que <<nuestro Padre Celestial está
airado contra el impío>> todos los días de su vida pecadora en la
tierra; pues para él, <<nuestro Dios ha creado y ha reservado>> cada uno
de sus juicios justos, santos y tremendamente terribles.
Y estos juicios de nuestro Dios son tan justos y tremendamente
terribles para los que le aborrecen y, además, <<no aman la vida santa
de su unigénito>>, nuestro Señor Jesucristo, que realmente no hay
vocabulario humano para describir sus juicios contra de ellos, pues
vienen del más allá con gran poder destructivo para el pecador y el
engañador de la tierra. Porque el que hace maldad <<tiene su día de
juicio registrado con él>>, para darle su paga justa en su día y sin
más demora alguna, también, en el mismo cielo, en donde empezó cada
pecado de la humanidad entera, comenzando con Eva y luego con Adán,
por ejemplo.
Ciertamente, nuestro Padre Celestial no se tarda con el impío <<para
darle su merecido en su día y en su hora>>, para que entienda
profundamente en su corazón perdido y engañado por las tinieblas de
Satanás y de sus muchos pecados, que <<él es un Dios justo y vengador
de los que le aborrecen a él y a su Ley Santísima>>. En verdad, nuestro
Dios es un Dios infinitamente vengador y justiciero en contra de cada
una de las mentiras y de las maldades de sus enemigos eternos, en
todos los lugares de la tierra, como <<de los que no lo aman a él, en
el espíritu y en la verdad de su Árbol Celestial, su Hijo Mesías>>,
¡nuestro Señor Jesucristo!
Porque los que le aman a él, en el espíritu y en la verdad de la vida
sagrada de su unigénito, entonces <<verdaderamente le aman
infinitamente, porque el amor de Cristo es verdadero>>, en la tierra y
así también en la eternidad, tal como deseo que fuese así desde
siempre en el cielo, en el corazón de sus seres muy amados. Porque los
ángeles creados en el cielo y así también todo hombre, mujer, niño y
niña de la humanidad entera, comenzando con Adán y Eva, realmente,
fueron creados en las manos de Dios y en el cielo también, <<para que
sean por siempre y para siempre sus muy amados de su corazón>>, por
amor y servicio infinito de su nombre santísimo.
Y nuestro Padre Celestial no es así para con los que aman la mentira,
la calumnia y la maldad en sus corazones, pues su espíritu inicuo
proviene día y noche del fruto prohibido, <<para hacer siempre la
voluntad de Satanás en sus vidas y en contra de su prójimo y de los
inocentes de todas las naciones de la tierra, también>>. Por lo tanto,
los que le aman a él como Dios, por medio del Espíritu de fe, del
nombre sagrado de su unigénito, <<son verdaderamente sus hijos e hijas
en la tierra, para comenzar desde ya a vivir sus nuevas vidas eternas
del paraíso>>, (aunque aún estén viviendo sus vidas de siempre en el
mundo en donde vivimos todos nosotros, por ejemplo).
Porque nuestro Padre Celestial sólo se complace con el que habla y
hace siempre <<la verdad y la justicia de su Árbol de vida eterna>>, ni
más ni menos, su Hijo amado del paraíso y de toda la tierra, también,
<<para perdón, para sanidad, para bendición y para salvación eterna de
cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera>>. En la medida
en que, <<nuestro Padre Celestial los desea ver llenos de vida, de
salud y de poder en sus vidas>>, y más no muertos, como Satanás siempre
deseo que fuese así con Adán y con cada uno de sus descendientes, en
sus millares, en el paraíso y así también en toda la tierra.
Y el que sufre día y noche y finalmente muere enfermo en sus
enfermedades de su corazón, de su alma y de su cuerpo, es porque
simplemente jamás ha creído en su corazón, ni ha confesado con sus
labios: <<el nombre milagroso, misteriosos, ungido y salvador de su
Hijo amado>>, ¡nuestro Señor Jesucristo! En verdad, esta persona
sufrida, y perdida en las tinieblas de sus pecados, <<sólo conoce en su
corazón la voluntad de Satanás y más no la voluntad perfecta de su
Dios y Creador de su vida>>, quien es realmente desde el paraíso y en
la tierra, igual, nuestro Árbol de vida eterna, ¡nuestro Salvador
Jesucristo!
Dado que, <<sólo el Señor Jesucristo es la perfecta voluntad de nuestro
Padre Celestial y de su Espíritu>> en el corazón de Adán y de cada uno
de sus descendientes en el paraíso, en la tierra y de nuevo de regreso
al cielo, pero esta vez, a la vida nueva y santa de La Nueva Jerusalén
Imponente del cielo, por ejemplo. Es por eso, que nuestro Dios nos ha
dado a su unigénito, para que lo amemos a él, <<por medio su vida
virgen, consagrada a toda la verdad y la justicia infinita de la Ley
Eterna, para morir como el Cordero de Dios, y levantarse al Tercer Día
como el Santo de Israel y de la humanidad entera>>, ¡el Hijo de David!
Porque <<sólo Jesucristo podía nacer del vientre virgen de una de las
hijas de David>>, para vivir una vida totalmente consagrada a la
verdad, a la justicia y a la vida, la cual siempre nos ha ofrecido la
Ley de Dios y de Moisés, desde su manifestación en las faldas del
Sinaí, por ejemplo, a Israel y a la humanidad entera. Ya que, cuando
nuestro Padre Celestial le dio las lajas de la Ley Eterna a Moisés,
pues entonces, <<también le dio la promesa de que vendría a ellos aquel
que las viviría para cumplirlas, honrarlas y exaltarlas en su vida en
la tierra y así también en la nueva vida infinita del nuevo reino
celestial>>, ¡La Nueva Jerusalén Inmortal del cielo!
Visto que, <<fuera de nuestro Señor Jesucristo no tenemos verdad ni
justicia alguna, en esta vida ni en la venidera, eternamente y para
siempre>>, para vivir, cumplir, honrar y así finalmente exaltar la Ley
de nuestro Padre Celestial y de Moisés en la tierra y en el cielo,
para gloria infinita del nombre muy santo de nuestro Creador Eternal.
Por ello, nuestro Padre Celestial ha hecho a su Árbol de vida eterna:
<<la única verdad, la única justicia para perdón, para sanidad, para
bendición, para salud eterna y para salvación del alma de cada hombre,
mujer, niño y niña de la humanidad entera>>.
Entonces el que cree en el Señor Jesucristo y confiesa su nombre
ungido por las bendiciones de nuestro Dios y de su Espíritu Santo,
pues posee en su corazón y en su espíritu humano <<las cualidades de la
verdad, la justicia y el derecho a levantarse al cielo para seguir
viviendo la Ley Eterna a la perfección en la eternidad venidera>>. Y,
por lo tanto, no podrá jamás morir en sus pecados, ni menos descender
al infierno o al lago de fuego, <<porque la verdad, la justicia y el
derecho de vivir la Ley Bendita de la vida eterna, ni ninguna otra
cualidad divina del rey Mesías no puede descender al infierno, ni
menos quedarse en estos lugares eternos, para siempre>>.
Es por eso que nuestro Señor Jesucristo les decía a sus apóstoles y
discípulos igualmente, una y otra vez y sin cesar jamás: <<Yo soy la
verdad, el camino y la vida; pues entonces, nadie podrá ver al Padre
Celestial sin mi, en la tierra y así también en el paraíso,
eternamente y para siempre>>. Pero los malos son de Satanás como para
la vida violenta y tormentosa del infierno, pues asimismo como los
hijos de sus mismas entrañas, por ejemplo; ciertamente <<ellos no verán
a Dios jamás con sus ojos ni en sus corazones, como los que creen en
el Señor Jesucristo como su Árbol de la vida y de la salud eterna, por
ejemplo>>.
Pues los engañadores <<son los que aman sus mentiras, sus maldades y
sus falsedades de siempre>>, para hacer el mal y jamás el bien para con
sus semejantes, como a nuestro Padre Celestial le gustaría ver
diariamente en cada uno de ellos, en todos los días de sus vidas por
la tierra, para que vivan y no mueran jamás, ciertamente. Pero,
desdichadamente, el de corazón ciego, para con su Dios y para con su
Árbol de vida eterna, <<va siempre por su camino de mal en peor para
hacerse mal a si mismo y a sus semejantes, sin darse cuenta nunca, ni
por un sólo instante, que hay un Dios en el cielo que lo ve y lo
escribe todo>>.
Puesto que, <<nuestro Dios tiene todo registrado en sus libros del
cielo>> de la vida de Adán y así también de cada uno de sus
descendientes, <<para pedirles cuenta en el día final, por cada una de
sus palabras y de sus injustas acciones, hechas primordialmente en
contra de su Hijo amado y de su Espíritu Santo sobre todas las cosas>>.
Porque, con toda seguridad, <<nuestro Dios tiene un día de juicio final
preparado para todas las cosas>>, sean buenas o malas, grandes o
pequeñas, en el mismo cielo, como en el paraíso, por ejemplo, en donde
empezó todo y el mal del pecado con el hombre y con la mujer al pie
del Árbol de la vida eterna, ¡nuestro Salvador Jesucristo!
Mientras tanto, para el vil de espíritu y malvado de corazón <<sólo
quiere hacer una y otra vez lo mismo que Satanás ha venido haciendo en
contra de Dios y de su Jesucristo>>, para que ya no haya más luz sino
sólo tinieblas tras tinieblas en todos los lugares del cielo y de toda
la tierra, también. Para que de esta manera <<entonces el nombre
santísimo de nuestro Padre Celestial y de su unigénito>>, el cual es
misterioso y maravilloso en nuestras vidas, <<no sea conocido por el
corazón del hombre, la mujer, el niño y la niña de la humanidad
entera>>, y así no será honrado jamás, como los ángeles siempre lo
honran en el cielo constantemente.
Por deducción, es importante para Satanás y sus profundas tinieblas de
cada uno de sus muchos pecados, maldades y rebeliones en toda la
tierra, que el nombre muy santo de nuestro Padre Celestial y de su
Hijo amado <<no sean honrados, como deben de ser honrados por los
ángeles del cielo y así también por la humanidad entera, también>>.
Porque cada vez que el nombre milagroso y sumamente misterioso de
nuestro Señor Jesucristo es honrado en el corazón de todos los seres
humanos, por ejemplo, <<entonces las tinieblas dejan de ser y
desaparecen con sus males de muchos lugares de la tierra, para no
volver jamás hacer de las suyas a muchas gentes inocentes, para
siempre>>.
Y esto es lo que le agrada siempre a nuestro Padre Celestial: <<ver al
hombre de toda la tierra lleno por siempre y para siempre del Espíritu
de salud y de vida eterna de su Hijo amado, su Árbol de vida celestial
del paraíso, de toda la tierra y de La Nueva Jerusalén Santa y
Gloriosa del cielo, también>>. Porque Satanás sabe perfectamente que si
el nombre bendito, misterioso y maravilloso de nuestro Árbol de vida
eterna, es realmente honrado en los corazones de los que dicen amar a
Dios, Creador del cielo y de la tierra, <<entonces no habrá más
pecados, maldades, enfermedades, pobreza y tantos males más para
afligir a la humanidad entera, sino todo lo contrario>>.
Ciertamente, sólo habría justicia, buenas obras por todas partes,
salud, riquezas y muchas más ricas bendiciones del cielo día y noche y
por siempre hasta la nueva eternidad venidera, para cada hombre,
mujer, niño y niña de las naciones del mundo entero: <<para que todos
conozcan que sólo nuestro Dios es Dios del cielo y de la tierra,
eternamente y para siempre>>. Pero con los que se oponen a su fruto de
vida eterna, en sus corazones y en sus espíritus humanos, día y noche,
como Adán y Eva, por ejemplo, en el paraíso, entonces <<nuestro Dios
vive enojado por su mala conducta y por su mala manera de ser ante él
y ante su Hijo Mesiánico>>, ¡nuestro Salvador Jesucristo!
Pues para ellos tiene su copa de la ira rebosando, <<para dejarla caer
poco a poco sobre sus enemigos eternos>> y hasta que sean totalmente
consumados en su maldad y nadie los vuelva a ver jamás, en la tierra
ni menos en el más allá, eternamente y para siempre. Porque la ira de
nuestro Dios en contra del pecado y sus mentiras, de maldades y de
maldiciones eternas, <<es profundamente grande e insondable para la
mente y para el corazón del hombre>>, por lo cual, sólo hay un lugar
terrible y de destrucción total para cada una de ellas, en el más
allá, además, del infierno: ¡el lago de fuego!
Por lo tanto, nuestro Dios no se tardara más en dejar caer sus juicios
del cielo lentamente, sobre los que no le aman a él, <<por amor, por
justicia y por reverencia a la vida santificada de su Jesucristo,
<<como un sacrificio de honra y de gloria a él y a su nombre muy santo
en los corazones de todos ellos mismos>>. Pues la ira de Dios se
enciende inmediatamente, cada vez que ha llegado la hora del corazón
del hombre para honrar a su Hijo amado, <<y no lo hace así, pudiéndolo
hacer a tal grado espiritual para satisfacer toda verdad y toda
justicia en su corazón y en su alma pecadora, también, de una vez por
todas y para siempre>>.
Pues el pecador peca cada vez más que antes, <<cuando ignora o retarda
la verdad y la gloria eterna de la justicia sin igual del unigénito en
su corazón, nuestro Salvador Jesucristo>>, dándole así crédito a los
pecados y a las maldades de siempre del espíritu de error y de
rebelión de Satanás y de sus ángeles caídos en la tierra. Y por este
pecado mayor para nuestro Dios, pues, <<su ira se enciende a limites
terribles, por donde el mismo no se tardara en pagarle y darle
personalmente su merecido>>, sin más demora alguna y muy pronto
también, como cuando menos se lo espera, en su vida pecadora y ciega a
toda verdad de la antigüedad de Dios y de su Jesucristo.
Por ello, nuestro Dios hará llover sobre los impíos brasas ardientes
del cielo: fuego, azufre y vientos tormentosos se levantaran del
centro de la tierra para los impíos y para los malvados en todos los
lugares: <<por sus culpas, por sus mentiras, por sus calumnias, por sus
falsedades y por sus muchos terribles crímenes, también>>. Porque el
que no ama al Árbol de la vida del paraíso en su corazón,
<<verdaderamente ha traicionado vilmente a su Dios y Fundador de su
vida, al Todopoderoso>>, como Adán le tracio a él delante de su
Espíritu Santo y de sus huestes angelicales, por ejemplo, para mal de
su vida y para mal de su linaje humano también.
Ya que, en el día que Adán y Eva iban a conocer al Árbol de la vida,
nuestro Señor Jesucristo, entonces <<estaban supuestos a comer y a
beber de él, delante de un gran numero de testigos files y honorables
del paraíso>>, pero no lo hicieron así desdichadamente, como ya lo
sabemos para vergüenza de ellos mismos y de los suyos, también. Y
nuestro Padre Celestial ha de derramar sus juicios desde el cielo,
<<porque tiene que hacerle justicia a su nombre santísimo y así también
a cada uno de sus seres creados por sus manos sagradas>>, para entonces
poder así empezar una vida totalmente nueva y libre: ¡libre de las
injusticias de la mala vida de Satanás y de sus ángeles caídos!
Porque cada uno de sus seres creados, por sus manos santas, <<ha
sufrido terribles violencias de Satanás y del mundo de los perdidos>>,
por el sólo hecho de llevar su imagen y su semejanza celestial, como
la misma imagen y como la misma semejanza de su Árbol de vida en él o
en ella de todas las familias de la tierra. Por ello, nuestro Padre
Celestial nos prueba día y noche, porque desea saber en su corazón
santo, <<si verdaderamente le amamos a él, tal como siempre ha
disfrutado el amor de su Árbol de vida>>, nuestro Señor Jesucristo, en
nuestros corazones de tierra, por ejemplo, y en nuestras almas
directamente descendientes de su alma muy santa, también.
Y esto es algo muy importante para el hombre, de hoy y de siempre,
entender a fondo en su corazón y en su mente humana, <<para así
entonces se acerque a su Dios y Creador de su vida con gran confianza
sobrenatural>>, para que lo bendiga grandemente siempre en todo lo que
necesite, en todos los días de su vida. Porque nuestro Dios desea
bendecir tu vida grandemente, mi estimado hermano y mi estimada
hermana, <<pero antes que nada tienes que aceptar a su Árbol de vida,
para que las tinieblas del pecado original de Adán y así también de
los que hayas cometido en tu vida cesen y salgan de ti, y quedes
infinitamente libre y limpio de todo mal>>.
Además, sólo nuestro Señor Jesucristo es el único fruto de vida y de
salud y, también, es quien puede librar del pecado y de las tinieblas
al corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera,
<<para que Dios y su Espíritu Santo habiten en ti, en la tierra y así
también en el nuevo reino celestial>>. Porque es Dios quien pelea por
tu bienestar en contra de Satanás y en contra de las gentes de gran
maldad de toda la tierra día a día y sin cesar jamás, <<para que vivas
por siempre confiado en tu Salvador y Fundador de tu nueva vida
infinita en la tierra y en el paraíso, también, desde ya y para
siempre>>.
Por lo tanto, <<es nuestro Padre Celestial quien te sana de tus males y
aún de los males más terribles también>>, como de los que siempre han
afligido de tiempo en tiempo a la humanidad entera, para mal y para
muerte eterna de muchos desdichados en todos los lugares de la tierra,
de nuestros días y de siempre. Porque es nuestro Padre Celestial y las
hojas y así también los frutos del Árbol de la vida del paraíso que
descienden progresivamente al mundo, y las cuales <<sanan día y noche a
las multitudes de las naciones, por amor al amor sagrado de su
unigénito, nuestro Señor Jesucristo, y por amor a cada uno de
nosotros, también>>.
Es decir, para que nuestro Padre Celestial les perdone, los sane y los
bendiga profundamente con sus muchas bendiciones del cielo y de la
tierra, también, entonces Jesucristo tiene que estar con ellos, para
gloria y honra infinita de su nombre santísimo en sus almas eternas,
(el cual habita en perfecta santidad en el corazón del rey Mesías,
¡nuestro Salvador Jesucristo!) Porque para nuestro Dios es muy
importante saber que nosotros le amamos de verdad, en nuestros
corazones y en nuestras almas infinitas con su Jesucristo, <<para él
entonces poder gloriarse en nuestras vidas en la tierra y en el más
allá, también>>, como en el paraíso o como en la nueva vida infinita de
su Gran Jerusalén Monumental del cielo.
Y la única manera que nuestro Padre Celestial y su Espíritu van a
saber: si realmente le amamos como a nuestro único Dios del cielo y de
la tierra, <<ha de ser únicamente por medio de su fruto de vida eterna,
viviendo ya en nuestros corazones y en nuestro diario vivir por la
tierra>>. Porque, ciertamente, <<no hay otra manera para nuestro Padre
Celestial saber en su corazón sagrado, de que nosotros le amemos a
él>>, tal como su Hijo amado siempre le ha amado desde siempre, como
desde los primeros días de la antigüedad y hasta nuestros días, por
ejemplo.
Es por eso que para nuestro Padre Celestial <<el que no tiene al Señor
Jesucristo instalado en su corazón, entonces es por que no le ama a
él, de modo definitivo>>; en verdad, esta alma pecadora, y pérdida en
sus hondas tinieblas, <<está ya viviendo en el fondo del infierno, sin
haber muerto aún>>. Y si esta alma no le ama a él, en el espíritu y en
la verdad de su Hijo amado, entonces <<esto significa que en aquel
hombre, mujer, niño o niña no hay aún verdad ni menos justicia
alguna>>, en su corazón y en toda su vida, también, para siempre, sino
todo lo contrario.
Es decir, que en aquella alma perdida en sus propios pecados <<sólo
existen tinieblas tras tinieblas en su vida por la tierra y así
también en el más allá>>, como en el mundo de las almas perdidas sin
Jesucristo y sin su perdón eterno en sus corazones, por ejemplo, de
Dios y de su Espíritu Santo, para siempre. Porque sólo el Señor
Jesucristo puede realmente impartir verdad, derecho y justicia en la
vida de cada ser viviente del cielo y así también de la tierra: y--por
ende--, <<sin Jesucristo en nuestros corazones, entonces nuestro Dios no
ve ninguna verdad, ni menos ninguna justicia, ni mucho menos el
derecho a vivir nuestra vida eterna en su reino celestial>>.
En realidad, estamos mucho más que perdidos que Satán, sin el Señor
Jesucristo viviendo por nosotros en nuestros corazones y sentado a la
diestra de nuestro Padre Celestial en el reino de los cielos, <<porque
nuestro Señor Jesucristo es el único sumo sacerdote y, a la vez,
nuestro único Cordero Inmolado para expiar, compensar, pagar por
nuestros pecados para siempre>>. Verdaderamente, <<nuestro Señor
Jesucristo es nuestra paga eterna por nuestros pecados, rebeliones e
impurezas en el altar de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu
Santo>>, para que nuestros males sean borrados de nuestras vidas para
siempre y, entonces poder entrar a la vida eterna pero ya, como desde
hoy mismo, por ejemplo, sin tener que volvernos polvo de la tierra
jamás. (Este es el verdadero poder redentor de nuestro Jesucristo
milagroso, misterioso, maravilloso e infinitamente glorioso en
nuestras vidas, para nuestro Padre Celestial y para su Espíritu Santo,
desde la antigüedad y hasta nuestros días, también.)
Por lo tanto, <<nuestro Dios anhela día y noche vernos ya viviendo con
el Señor Jesucristo en nuestros corazones>>, para que la obra de sus
manos santas sea cumplida en cada uno de nosotros, en nuestros
millares, de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y
reinos de toda la tierra, <<para empezar a vivir la vida eterna ya>>.
Porque en verdad, necesitamos de los poderes sobrenaturales que nos
brinda la comida del cielo, el Árbol de la vida, <<para entonces
nosotros verdaderamente poder amar a nuestro Padre Celestial>>, en el
espíritu y en la verdad de la vida santa del paraíso y del reino
celestial; de otra manera, estamos perdidos en la nada eternal de las
tinieblas infernales.
Además, <<sin el Señor Jesucristo no podremos amar a nuestro Dios
jamás, en esta vida ni en la venidera tampoco>>; ciertamente, estamos
ciegos y perdidos en nuestras profundas tinieblas de los pecados de
nuestros antepasados, para siempre, <<para no ver nunca la luz de la
verdad y de la justicia, la cual alegra el corazón de Dios y del
hombre infinitamente>>. Pero si nuestro Señor Jesucristo entra en
nuestros corazones, como en esta hora, entonces todo esto cambia
automáticamente, milagrosamente y hasta maravillosamente también, en
cada uno de nosotros: <<porque habremos despertado de nuestras
profundas tinieblas para volver a nacer, no de las tinieblas de la
carne de nuestros padres sino de la luz del Espíritu del fruto del
Árbol de la vida>>.
Y cuando despertemos de nuestras profundas tinieblas, entonces <<ya no
seremos los pecadores y viles como Adán y Eva, por ejemplo, sino que
seremos santos como nuestro Árbol de vida eterna>>, para alegría
infinita de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, rodeados
de sus ángeles alegres del reino de los cielos, por siempre y para
siempre. Y <<esto significa que estaremos investidos del Espíritu del
poder sobrenatural del amor de nuestro Dios por su unigénito>> y, por
tanto, por cada uno de nosotros mismos, también en toda la tierra,
<<para jamás volvernos alejar de él, ni menos dejarlo de amar>>, como
Adán y Eva lo hicieron en el día que le desobedecieron para mal eterno
de muchos.
Ciertamente, <<habremos nacido de nuestro de Dios y de su Árbol de
vida, en el poder sobrenatural de su Espíritu y de sus muchos dones
maravillosos y milagrosos, para envestirnos de su amor y de sus
grandes poderes>>: para jamás volver a ofenderle a Él ni a su Ley
Santa, sino que seremos totalmente libres para servirle celestialmente
y para siempre. Y esto ha de ser, por fin, tal como él siempre lo soñó
con cada uno de nosotros, comenzando con Adán y Eva, por ejemplo,
<<como cuando nos formaba en su corazón sagrado por primera vez, desde
mucho antes de la fundación del cielo y de la tierra, para tenernos en
este día, ¡listos para adorarle celestialmente y por siempre!
Porque si podemos amar a quien él envió a la tierra para enseñarnos de
su palabra y de su voluntad santa, con el fin de que nuestro pecados
sean perdonados y así limpiarnos de toda mancha de las hondas
tinieblas de las enfermedades de Satanás y hasta de la muerte eterna,
también, entonces <<verdaderamente le amamos a él>>, ¡al Todopoderoso! Y
este es el amor que nuestro Padre Celestial buscaba desde siempre en
cada uno de nosotros, desde mucho antes de los primeros días de la
creación de todas las cosas, <<para que le amemos y le sirvamos por
siempre y para siempre en el paraíso y en su nuevo reino celestial,
como La Nueva Jerusalén Gloriosa y Perfecta del Mesías>>.
Porque ha sido nuestro Señor Jesucristo quien descendió del cielo,
para no sólo perdonarnos nuestros pecados y rebeliones, sino también
<<para limpiarnos y librarnos día y noche de los males escondidos de
las hondas tinieblas del espíritu de error y de gran maldad de Satanás
y de sus ángeles caídos, por ejemplo>>. Para que entonces ya no vivamos
más para Satanás por ninguna razón, sino <<únicamente vivir
infinitamente para nuestro Padre Celestial que está en los cielos>>; es
decir, también, para que <<ya no vivamos más para la carne del fruto
prohibido del árbol de la ciencia del bien y del mal, sino para el
Espíritu del Árbol de la vida>>, ¡nuestro Salvador Jesucristo!
Porque <<todo pecador vive su vida pecadora en la tierra por el
espíritu del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, como
Adán y Eva en el paraíso, por ejemplo>>, lo entiendan así o no, desde
su primer día de vida en la tierra y hasta que encuentra a Jesucristo
en su corazón, por ejemplo. Porque ciertamente <<el hombre en la tierra
nace en el espíritu del primer pecado de Adán, para vivir sólo para el
árbol de la ciencia del bien y del mal>>, para que su vida y toda su
alma siempre vayan caminando por la tierra de mal en peor y hasta que
finalmente entra a su lugar eterno del pecado, ¡el infierno!
Pero nuestro Dios se ha manifestado en nuestras vidas por su Espíritu
Santo, por su palabra, por su nombre muy santo y, finalmente, <<nuestro
Dios se ha manifestado a cada uno de nosotros día y noche y sin cesar
jamás por su voluntad perfecta en nuestros corazones>>: ¡su Hijo amado!
Y esto nuestro Padre Celestial lo hace así con cada uno de nosotros,
en nuestros millares, de todas las familias, razas, pueblos, linajes,
tribus y reinos de la tierra día y noche y sin cesar, <<para que le
sirvamos celestialmente y para siempre, en la tierra y así también en
La Nueva Jerusalén Gloriosa y Honrada del cielo, por ejemplo>>.
Fue por esta razón, también, que nuestro Dios, después de haber creado
a Adán en sus manos santas, entonces <<deseaba saber en su corazón si
le amaba, como su corazón deseaba que le amara profundamente>>, como su
Hijo amado, como sus ángeles del cielo y, ya lo creo perfectamente en
mi corazón también, como su Espíritu Santo, por supuesto. Y, además,
aún nuestro Padre Celestial desea ser amado sobrenaturalmente y
humanamente sobre todas las cosas más gloriosas del reino de los
cielos, en nuestros corazones y en nuestras almas infinitas, es decir,
ser amado por nosotros mismos: <<por su grandeza, por su santidad, por
su rectitud, por su honradez infinita, por su gloria, por su carácter
sagrado y sin igual>>.
Y nuestro Padre Celestial necesitaba saber y oír con sus oídos
<<palabras de amor, palabras reverentes, palabras de fe y de afecto
humano hacia él, como palabras de vida, también, por ejemplo>>, que
salgan del corazón y de los labios de Adán, pero no salía de él, nada
de nada. Entonces Adán era como un ser muerto aún para Dios (no quiero
decir como un animal sin vida o sin amor), <<porque Adán no había
conocido aún a su Jesucristo, a su maná del cielo, o como su Árbol de
la salvación perfecta, en su corazón recién creado por las manos de
Dios y por las manos invisibles de su Espíritu Santo>>.
Por lo tanto, nada de amor salía de Adán ni de Eva menos, sino muchas
otras cosas muy buenas y muy gloriosas, también, <<pero jamás tan
buenas ni tan gloriosas como el amor que nuestro Dios buscaba en ellos
para él y para su nombre muy santo, por ejemplo>>. Y entonces la
pregunta venia a nuestro Dios una y otra vez: ¿Me ama Adán, como yo le
amo a él? ¿Será posible entonces que Adán y sus hijos e hijas me amen
por siempre y para siempre como me aman mi Espíritu Santo y mi Hijo
amado, mi único Árbol de la vida eterna, Jesucristo el Mesías?
(Porque nuestro Padre Celestial y su Espíritu Santo crearon al hombre
por amor o en el Espíritu de su amor eterno para ser amados por él y
por su linaje humano infinitamente, como hoy mismo contigo mi estimado
hermano y mi estimada hermana. Y, además, éste amor sólo nuestro Señor
Jesucristo lo conoce en todo y por todo, como nadie más en toda la
infinita gloria del reino de los cielos y en toda la tierra de toda la
vida, también, eternamente y para siempre.)
Y Adán no podía hablarle de amor a su Dios y Creador de su nueva vida
celestial, <<porque no concia al Señor Jesucristo como el dador de su
nueva vida eterna>>, sino que Jesucristo para Adán era tan sólo un
árbol más entre los centenares de árboles del paraíso. Como cuando el
Señor Jesucristo caminaba entre las multitudes de Israel, pues, para
muchos, desdichadamente: <<nuestro Señor Jesucristo sólo era un hombre
más entre todos los hombres de Israel, por ejemplo>>. Éste ha sido un
error terrible para el corazón del hombre, desde siempre y hasta
nuestros días, también.
Pues no veían la gloria de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu
Santo en nuestro Señor Jesucristo, <<porque sus ojos estaban cegados,
cerrados y oscurecidos profundamente con las terribles tinieblas de
sus pecados y hasta del mismo Satanás, también, por ejemplo>>. Por lo
tanto, Adán estaba terriblemente equivocado cuando vio a Jesucristo,
así como los antiguos de Israel, por ejemplo, cuando le veían o leían
Las Escrituras de los profetas sobre Él. Pues si, así fue, Adán se
equivoco con el Santo de Dios, <<como todo pecador religioso o no>>, aún
cuando él mismo había sido creado en la santidad y en el amor perfecto
de Dios y del Espíritu Santo, en el reino de los cielos.
Por ello, esta no era una pregunta que Dios le podía hacer a Adán
simplemente así por así no más, para conocer su respuesta y única
verdad: sino que también nuestro Dios tenia que saber <<si Adán le iba
a ser fiel y obediente sólo a él, a pesar de la presencia de Satanás y
de sus muchos males, por ejemplo>>. Y esto es de conocer a su Padre
Celestial, como el único Dios de su vida y como el único Dios del
cielo y de toda la tierra, también, eternamente y para siempre, por
ejemplo, en su corazón y en todo su ser viviente, <<sólo por medio de
su fruto de vida, su gran rey Mesías del cielo>>, ¡el Hijo de David!
Y así también es todo hombre, mujer, niño y niña de las naciones de la
tierra, sin amor verdadero para su Dios y para su Espíritu Santo,
<<porque viven sus vidas día y noche sin el Señor Jesucristo en sus
corazones, y porque desconocen en todo el Espíritu de la verdad de la
antigüedad de nuestro Dios y de su unigénito>>. Entonces para que Adán
llegue a éste estado espiritual, pues claro está, que <<Adán mismo
tenía que conocer al Señor Jesucristo y tener una relación personal
con él, tal cual como la había tenido con su Dios y Creador de su alma
y de su cuerpo humano, por ejemplo>>, ¡nuestro único Dios y Padre
Celestial que está en los cielos!
Y, hoy en día, es el mismo problema en el corazón y en la vida de todo
ser viviente en todos los lugares de la tierra, <<de no conocer aún al
Señor Jesucristo como su Árbol de vida y de salud eterna, para bien de
su vida y para bien de cada uno de los suyos también, eternamente y
para siempre>>. Además, nuestro Padre Celestial crea a Adán y así
también a cada uno de sus descendientes, en el día de la creación del
linaje humano, <<para que conozcan a su Hijo amado, a su Árbol de vida,
como su único y suficiente salvador de sus vidas, en el paraíso, en la
tierra y en la eternidad venidera igual, eternamente y para siempre>>.
Porque fue nuestro Padre Celestial y su Espíritu Santo quienes crearon
al hombre, en su imagen y conforme a su semejanza en el día de su
creación; es decir que <<Adán conocía a Dios y a su Espíritu, pero no a
Jesucristo como su nueva vida infinita del nuevo reino celestial>>, el
cual nuestro Dios tiene planeado establecer en el cielo infinitamente.
Porque, además, fue nuestro Padre Celestial quien le dijo a su
Espíritu Santo: Descendamos a la tierra y formemos al hombre en
nuestra imagen y conforme a nuestra semejanza celestial: <<y desde
aquel momento en adelante Adán conocía muy bien a Dios y a su Espíritu
Santo como a su único Creador y Padre Celestial, pero no a Jesucristo
todavía>>.
Pues ahora le tocaba la parte del Árbol de la vida o de su Hijo amado,
el gran rey Mesías del paraíso y de todos los tiempos, ¡nuestro Señor
Jesucristo!, <<ha hacer su obra gloriosa y magistral en la vida de Adán
y de todo su linaje humano, también, para darles vida y salud en
abundancia infinitamente a todos ellos>>. Y esto fue en aquel día, tal
como lo es hoy en día, en todos los lugares, en donde habita el
hombre, <<ha hacer su parte gloriosa, su gran obra espiritual y
milagrosa, en el corazón y en el alma del hombre con su fruto de vida,
para terminar, para afinar la obra infinita de nuestro Dios y de su
Espíritu Santo>>.
Además, esto era que Adán tenía, y aún tiene, que comer y beber del
Árbol de la vida, nuestra única vida eterna del paraíso, <<para
comenzar a amar a Dios y a su Espíritu Santo, con el mismo poder de
amor de nuestro Jesucristo>>, ¡el Santo del cielo, de Israel y de las
naciones de toda la tierra, para siempre! Pues entonces, sin duda
alguna, Adán tenia que comer y beber del Señor Jesucristo guste o no
le guste y cuanto antes mejor, <<para bendición de su vida y para
bendición de cada uno de los suyos, en sus millares, en la vasta
creación del reino celestial y de toda la tierra, también, para
siempre>>.
Y, por cierto, esto era algo sobrenatural y de gran fe espiritual para
su corazón eterno, que Adán sólo tenía que hacer una sola vez y para
siempre, <<para satisfacer toda verdad y de toda justicia del corazón
sagrado del juez del cielo y de toda la tierra>>, ¡nuestro Dios y Padre
Celestial! Para que no sólo él viviese con Dios y con su Espíritu
Santo por siempre, emanando amor de su corazón para nuestro Dios y
para su Ley Bendita, sino que también <<cada uno de los suyos harían lo
mismo con sus corazones y con sus vidas, por inicio, en la tierra y en
la nueva vida infinita del nuevo reino celestial>>.
Y así nuestro Dios sabría perfectamente en su corazón sagrado, <<de que
Adán y así también todos sus hijos e hijas le amarían sólo a Él, como
el Dios del cielo, en el espíritu de la verdad y de la justicia
infinita de su Árbol de vida>>, su unigénito, nuestro Salvador
Celestial en la tierra y para siempre en la eternidad. Porque <<sólo
por medio de su Jesucristo es que nuestro Dios puede no solamente
honrar su nombre sagrado, sino que también puede conocer aún mayores
glorias y honras para su nueva vida infinita de su nuevo reino
venidero>>, para su alma sagrada y para su humanidad celestial, en
donde sólo habitara el Espíritu de su Ley y amor en su total
perfección.
Es decir, que cada ángel del cielo y así también cada hombre, mujer,
niño y niña de la humanidad entera, <<únicamente conocerá el amor, la
paz, la verdadera gloria de la vida eterna y sus muchas bendiciones
del Árbol de la vida, nuestro Salvador Jesucristo, para jamás conocer
el mal, sino sólo el bien eterno, por siempre y para siempre>>. Y
nuestro Padre Celestial desea verte ahí con todos sus santos del cielo
junto con su Árbol de vida eterna, <<sirviéndole y amándole
celestialmente únicamente a él, porque sólo él es digno del amor de tu
corazón y de toda tu alma infinita, también, hoy en día y por siempre,
mi estimado hermano y mi estimada hermana>>.
El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo
es contigo.
¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!
Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.
LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS
Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!
SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS
Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:
PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".
SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos".
TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano".
CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó".
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da".
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".
SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".
OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".
NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo".
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo".
Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.
Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:
ORACIÓN DEL PERDÓN
Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ".
Juan 14:
NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.
¡CONFÍA EN JESÚS HOY!
MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.
YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.
- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.
Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):
Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.
QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.
¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?
¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?
Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:
Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.
Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.
Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.
El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.
El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.
http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?playertype=wm%20%20///