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(IVÁN): LOS DIEZ MANDAMIENTOS ESCRITOS PARA VENCER EL PECADO

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valarezo

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Mar 15, 2008, 5:53:55 PM3/15/08
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Sábado, 15 de marzo, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica


(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)


LOS DIEZ MANDAMIENTOS ESCRITOS PARA VENCER EL PECADO:

Estos mandamientos son tan santos en la tierra, así como lo son en el
reino de los cielos, desde los primeros días de la antigüedad y hasta
nuestros días, <<para bendecir nuestras vidas, como jamás han sido
bendecidas por nada ni por nadie en todos los días de nuestras vidas>>.
Por ello, estos mandamientos reflejan el Espíritu y el carácter
perfecto del Árbol de la vida, nuestro gran rey Mesías, el Hijo de
Dios, para tener una luz brillante del cielo <<y entonces poder ver a
nuestro Padre Celestial con nuestros ojos no sólo en nuestros
corazones sino también con nuestra alma, tal como él es en el cielo
infinitamente>>.

Por lo tanto, nuestro Padre Celestial le entrego a Moisés dos lajas de
las tablas de Los Diez Mandamientos sobre el Monte del Sinaí, entre
fuegos y poderes, para que sea la base no sólo de la vida del hombre
en la tierra, sino también <<el mismo Espíritu del Plan de Salvación de
Dios para las almas de la humanidad entera>>. Porque el alma del hombre
tenia que ser redimida de sus pecados, ofensas y rebeliones, <<pero con
el Espíritu de su Ley viviente>>; ya que para vivir con nuestro Dios y
recibir de su perdón y de sus muchas bendiciones infinitas, pues
entonces <<tenemos que ser libres de toda ofensa a su Ley santísima,
por el mismo Espíritu de la Ley>>.

Además, también porque del Espíritu de Los Diez Mandamientos, nuestro
Padre Celestial no sólo nos daría cada una de sus muy ricas
bendiciones del cielo y de la tierra, también, <<sino que nos daría el
Espíritu correcto para vivir nuestras vidas y así felizmente entrar,
por fin, a nuestros nuevos cielos y con nuevas tierras eternas del más
allá>>. Como la nueva vida santa y gloriosa de La Nueva Jerusalén de
Dios, en donde viviremos en el Espíritu perfecto de la gloria de Los
Diez Mandamientos, para que jamás vuelvan a ser deshonrados por los
impíos del mundo entero, <<sino honrados y exaltados por los que aman a
Dios, por medio de su fruto de vida eterna>>, ¡nuestro Salvador
Jesucristo!

Porque es necesario que vivamos con una Ley sumamente santa y que haya
sido honrada, exaltada y glorificada supremamente en nuestros
corazones, como en nuestras sangres, espíritus y todos nuestros
cuerpos humanos, por ejemplo, para que toda verdad y justicia del
cielo, como del Árbol de la vida, <<entonces coexistan con cada uno de
nosotros, eternamente y para siempre>>. Y, consiguientemente, el
Espíritu de Los Diez Mandamientos no se podrá cambiar, ni menos
reemplazar jamás por ninguno otro espíritu o por ninguna otra secta o
doctrina espiritual del hombre, <<porque es el espejo del corazón y del
alma santa no sólo de nuestro Padre Celestial sino también de su Árbol
de la vida>>, ¡nuestro gran rey Mesías, nuestro Señor Jesucristo!

Verdaderamente, Los Diez Mandamientos del cielo son eternos e
irremplazables, como el mismo carácter santo, divino y sobrenatural de
nuestro Padre Celestial, de su Espíritu Santo y de su Árbol de la
vida, nuestro rey Mesías, ¡nuestro Señor Jesucristo! Realmente los
Mandamientos de nuestro Dios son tan santos, hoy en día, como en el
día que nuestro Padre Celestial los escribió con su dedo con el cual
formo al hombre del paraíso, para que entren en tu corazón y bendigan
tu vida sobrenaturalmente, <<para que sólo conozcas bendición, paz y
vida eterna en todo tu ser, eternamente y para siempre>>.

Estos Mandamientos Sagrados se originaron, por naturaleza divina y
sobrenatural, en el corazón de nuestro Padre Celestial, para que sean
conocidas por los ángeles del cielo y así también por todos los
hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, como hoy mismo
contigo, mi estimado hermano y mi estimada hermana, <<para que vivas en
bendición eterna con Cristo Jesús>>. Para que <<ésta Ley muy santa jamás
deje de ser justicia en la boca de los que serán llamados hijos e
hijas de Dios>> no sólo en la tierra sino también en su nueva vida,
lleno por siempre y para siempre del Espíritu de su Ley viviente, en
la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del
cielo.

Para que de esta manera entonces todas las naciones de la tierra,
desde los días de Adán y hasta el último ser humano que nazca en el
mundo, <<le sirvan únicamente a él y a su nombre muy santo para gloria
y para honra infinita de su corazón muy santísimo>>, tal como los
ángeles del cielo lo han honrado desde siempre. Y sin el Espíritu de
la Ley viviente viendo en sus corazones, entonces es totalmente
imposible honrar, exaltar y glorificar a nuestro Padre Celestial y a
su nombre muy santo en nuestros corazones y en nuestras nuevas vidas
infinitas y celestiales del paraíso, por ejemplo; sinceramente <<sin el
Espíritu de la Ley en nuestras vidas, pues, estamos muertos para
nuestro Dios>>.

Ahora, ya que estos Mandamientos Sagrados han existido desde siempre
en el corazón santísimo de nuestro Padre Celestial, por inicio,
entonces <<tienen un valor inimaginable no sólo para nuestro Dios
mismo, sino también para sus ángeles y para cada uno de nosotros en
todos los lugares del mundo entero>>; es decir, que el Espíritu de la
Ley es eterno e incambiable. Y después de casi mil trescientos años,
nuestro Señor Jesucristo camina en la Tierra Prometida por Dios a todo
Israel, <<para enseñar sólo la Ley>>, tal como siempre les había
enseñado a sus ángeles santos del cielo, por ejemplo, <<sólo para que
conozcan mucho más del carácter sagrado de su Dios y Fundador de sus
vidas que vive en los cielos>>.

Es decir, también que el Espíritu de los Mandamientos <<es un milagro
divino y sobrenatural de la naturaleza de nuestro Creador>>, revelado a
los ángeles del cielo y así también a la humanidad entera, comenzando
con Israel, por ejemplo, <<para conocer no sólo a nuestro Dios sino
también a su unigénito, nuestro Salvador Jesucristo, tal cual como son
divinamente desde siempre>>. Por ello, <<únicamente el Espíritu cumplido
y sumamente exaltado de Los Diez Mandamientos de nuestro Dios nos
acerca mucho más que nada más en el cielo y en la tierra>> al Corazón,
al Espíritu y al Alma Santísima de nuestro Padre Celestial y de su
Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!

En otras palabras, cada vez que leemos Los Diez Mandamientos de Dios,
entonces podemos decir con gran exactitud: Así es nuestro Padre
Celestial, por tanto, así es también su Árbol de la vida, su Hijo
amado; y por ello, <<así nuestro Padre Celestial desea que cada uno de
nosotros sea, para ser hechos sus hijos e hijas para su reino
celestial>>. Y esto no es algo que el hombre o la mujer puede hacer en
su vida con los ojos cerrados, <<sino que sólo nuestro Padre Celestial
lo puede hacer milagrosamente, a través del nuevo nacimiento
espiritual del hombre, con la ayuda idónea de su Espíritu Santo y de
su Árbol de vida eterna, también>>, ¡nuestro Salvador Jesucristo!

Por lo tanto, <<sólo Dios podía cumplir, exaltar, honrar y glorificar
sobrenaturalmente el Espíritu de Los Diez Mandamientos>> en el reino de
los cielos, en la tierra y así también en la nueva vida santa y
gloriosa de La Nueva Jerusalén del cielo, por ejemplo. Fue por esta
razón que el Espíritu Santo de Dios <<tuvo que entrar en el vientre
virgen de una de las hijas de David, para que al cumplirse los nueve
meses de su embarazo, <<entonces romper la virginidad de la virgen y
nacer como un hombre nuevo para el nuevo reino de los cielos>>: ¡el
gran rey Mesías!

Y sólo con éste nacimiento santo y puro del vientre virgen de la
mujer, <<fue entonces que el Árbol de la vida pudo entrar a la vida del
hombre en la tierra, para cumplir Los Diez Mandamientos de Dios y de
Moisés>>, para perdón de pecados y para alcanzar la vida eterna para
cada hombre, mujer, niño y niña de todas las naciones de la tierra. Y
sin el nacimiento santo del Ángel del SEÑOR del vientre virgen de la
mujer, entonces <<el cumplimiento de Los Diez Mandamientos hubiese sido
totalmente imposible para todo hombre y para toda mujer de la
humanidad entera>>, comenzando con Adán y Eva, en el paraíso y en la
tierra, también, porque <<sólo Dios podía cumplir infinitamente la Ley
para vencer el pecado.

Pues gracias a nuestro Señor Jesucristo <<es que, hoy en día, podemos
gozar del perdón de Los Diez Mandamientos por todos nuestros pecados y
por nuestras rebeliones en nuestras vidas>> hacia nuestro Padre
Celestial y hacia el fruto de la vida eterna del paraíso y del nuevo
reino celestial, también, ¡nuestro Señor Jesucristo! Es por eso que
con el Señor Jesucristo viviendo en nuestros corazones, <<realmente
hemos cumplido toda verdad, justicia, santidad delante de nuestro Dios
y de su Espíritu Santo>>, para nosotros entonces poder entrar a vivir
la nueva vida infinita del nuevo reino celestial; en donde <<sólo
conoceremos el amor perfecto lleno de sus muy ricas bendiciones de la
nueva vida celestial>>.

Por lo que, con las multitudes de Israel, gentiles y hebreas, <<nuestro
Señor Jesucristo les predico a no pecar más en contra de sus almas
infinitas y sobre todo en contra de su Dios y Creador de sus nuevas
vidas eternales>>, ¡el Todopoderoso de Israel y de la humanidad entera!
Porque <<sólo nuestro Padre Celestial mismo es el fin del pecado, en
nuestro Señor Jesucristo>>, Salvador nuestro de nuestras almas
infinitas, en el paraíso, en la tierra y así también en la nueva
eternidad venidera, eternamente y para siempre.

Encima de todo, nuestro Señor Jesucristo les predicaba a las gentes,
una y otra vez y hasta sin cesar, <<a no tener ídolos e imágenes de
talla de ninguna clase, ni por ninguna razón servirles o adorarles>>,
porque esto ofende terriblemente día y noche a su Dios y Creador de
sus nuevas vidas eternas que está en los cielos. Porque ellos había
sido librados de las cadenas del esclavismo de Egipto para servir
fielmente a su Dios y Fundador de sus nuevas vidas, <<siempre con la
ayuda idónea de su Ángel Santísimo, para que por medio de él entonces
conozcan sus palabras, sus leyes y sus decretos santos y rectos, para
vivir una vida agradable a Sus Diez Mandamientos eternos>>.

Es por eso que nuestro Dios les llamo desde siempre <<a serles fieles
sólo a él y más no a las imágenes de fundición e ídolos abominables de
los dioses de las terribles tinieblas de Satanás en las vidas de las
naciones que habían destruido y aún tenían que destruir por amor a la
Ley>>, para tomar posesión de sus tierras. Porque nada ofende a nuestro
Creador que un corazón humano, obra de sus manos santas, por ejemplo,
<<que crea en un ídolo o en una imagen de piedra, papel, tela o de
metal que sea su dios o guía de sus días de vida por la tierra>>; esto
es ceguera de tinieblas y pecado para muerte eterna para toda alma
perdida.

Ciertamente, nuestro Dios se ofende mucho en el cielo, como en la
antigüedad para derramar su ira sobre los paganos y hasta destruirlos
por completo de sobre toda la faz de la tierra, <<para que cese la
adoración a dioses de las tinieblas de Satanás, como imágenes de
fundición e ídolos de palo, de piedra o de metal, por ejemplo>>. Porque
estos son los mismos dioses de las profundas tinieblas de siempre en
contra de nuestro Creador, que, además, provoco a Israel a pelear en
contra de ellas y destruirlas por completo por amor al Espíritu de la
Ley divina, para que así ya no haya tantas tinieblas en la vida del
hombre, como en los días de Noé, por ejemplo.

Y nuestro Dios desea enviar sus juicios justos para honrar Sus Diez
Mandamientos siempre, <<porque él mismo tiene que destruir las
tinieblas de Satanás para que así nadie peque más en contra de él>>, ni
de su nombre santísimo, ni de su Ley santísima; además esto es algo
que nuestro Dios no deseo jamás ver al hombre sufrir en toda su vida.
Y nuestro Señor Jesucristo les hablo insistentemente a las gentes de
Israel a no adulterar, a no robar, a no mentir y a no desear nada de
su prójimo, porque esto es pecado para nuestro Dios que está en los
cielos, <<el cual envicia y arruina continuamente el corazón y el alma
preciosa del hombre y de los suyos, también>>.

Y, además, nuestro Señor Jesucristo les enseñó a los antiguos <<que
sólo él es el Espíritu Sabático de Dios y así también de cada ángel
del cielo y de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad
entera>>; es decir, que todo aquel que viene a él, entonces <<encontrara
siempre sus días de descanso, para su alma cansada de trabajar>>. Es
por eso que nuestro Señor Jesucristo trabajaba aún en los días del
sábado siempre, no para que las gentes no cumplan con los días
sabáticos de cada semana del mes del año, sino porque <<la necesidad
era grande entre las multitudes, y él tenía que hacer su obra santa y
misericordiosa en ellos también, antes de ser levantado al cielo>>.

Es decir, que nuestro Señor Jesucristo les llevaba el Espíritu
sabático a todos aquellos que no podían disfrutar de él, por razones
de enfermedad o por cualquier otra razón; él simplemente caminaba
hacia ellos y los hacia feliz en el día del sábado, <<echando fuera
demonios de sus vidas, sanándolos de sus males y perdonando sus
pecados, para gloria de Dios>>. En realidad, nuestro Señor Jesucristo
jamás quebranto ningún sábado en todos los días de su vida mesiánica
por Israel, sino que <<los hacia cumplir en las vidas de muchos que no
podían tener un día en paz con su Dios y Fundador de sus vidas, por
razones de sus pecados y de sus tinieblas, también>>.

Es decir, también que nuestro Señor Jesucristo hacia que reine sublime
el Espíritu de Los Diez Mandamientos en aquellos que lo habían
quebrantado por una razón u otra; pues él no había venido a condenar
al mundo por sus ofensas a la Ley, sino <<para que todo aquel que
simplemente cree él, en el espíritu de su fe, entonces las cumpla.
Porque sólo el Espíritu de Los Diez Mandamientos Eternos de Dios
deberían reinar en los corazones, en las vidas y en los hogares de
todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de toda
la tierra; y más no el espíritu de error de adorar y venerar por
siempre a ídolos de talla o imágenes de fundición, por ejemplo.

Es por eso que cuando el Señor Jesucristo entra en el corazón y vive
por siempre en el espíritu y en el alma viviente del hombre, de la
mujer, del niño y de la niña, muchas tinieblas mueren en el mundo
entero, porque ahora es él quien reina en la vida y no Satanás o las
imágenes de fundición por ejemplo. Es decir, también que con nuestro
Señor Jesucristo cada día de nuestras vidas es un día sabático eterno,
como en el cielo o como en La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa de la
nueva eternidad venidera, por ejemplo; porque todo aquel que cree en
el nombre del Señor Jesucristo descansa desde ya, en su día sabático
eternal y sin fin alguno.

Y esto es verdad en el corazón de cada creyente del nombre glorioso de
nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, ¡nuestro Señor
Jesucristo!, para que así ya no viva más en los días de las tinieblas
sino en los días nuevos y eternos de la luz del Árbol de la vida.
Porque sólo el Señor Jesucristo, como Ángel del SEÑOR, descendió del
cielo para entrar en la vida del hombre de la tierra, por medio del
vientre virgen de una de sus jóvenes, para cumplir toda verdad,
santidad y justicia celestial de Los Diez Mandamientos, para muerte de
Satanás y para vida y salud infinita de nuestro gran rey Mesías,
¡Jesucristo!

En otras palabras, nuestro Señor Jesucristo puso a Los Diez
Mandamientos de Dios mucho más alto que antes, dándole así su
verdadero valor e importancia como en el reino de los cielos con
nuestro Padre Celestial, con su Espíritu Santo y con sus ángeles, por
ejemplo, para que las gentes obedezcan por siempre su Espíritu
Verdadero y su estado legal, también. Y nuestro Señor Jesucristo
después de haber enseñado de su palabra y de la Ley eterna de nuestro
Padre Celestial, entonces les dijo a las multitudes: --No he venido al
mundo a cancelar la Ley o los Profetas, sino a cumplirla en su
totalidad--aunque Satanás y sus seguidores malvados no lo deseen así
jamás--.

Es más, les aseguraba Jesucristo a las multitudes, el cielo y la
tierra pasaran, pero la palabra de la Ley no pasara jamás, ni una sola
tilde, ni una sola jota será cambiada hasta que la voluntad perfecta
de nuestro Padre Celestial sea haya cumplido en los corazones de todos
los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera. Porque es
necesario que cada letra, cada palabra, cada tilde, cada jota y cada
significado eterno de Los Diez Mandamientos de Dios sea cumplido,
<<como la voluntad santa y firmada por el dedo de Dios, en los mismos
corazones de las familias de las naciones de la tierra, para que
solamente entonces empiece en ellos, el nuevo reino de los cielos>>.

Porque la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta
del cielo no podrá jamás empezar, <<si el dedo de Dios no ha terminado
de impartir de sus poderes, de sus milagros, de sus maravillas, de sus
prodigios, de su amor y de su gracia infinita en los corazones de sus
hijos e hijas de toda la tierra>>. Por tanto, <<el mismo dedo de nuestro
Dios está escribiendo las lajas de Sus Diez Mandamientos sagrados, en
el corazón de cada uno de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de
la humanidad entera>>, por amor a la vida santa de su Árbol de la vida,
para que entonces haya salud, paz y vida eterna por siempre y por
doquier.

Porque la promesa de nuestro Dios ha sido desde siempre, que él ha de
crear nuevos cielos con nuevas tierras, <<para que los cielos y las
tierras antiguas pasen a ser un nuevo mundo para el hombre, libre de
Satanás y lleno infinitamente del Espíritu de su Ley>>, para que los
suyos vivan felices todos los días de sus vidas infinitamente. Es por
eso que el Espíritu de Los Diez Mandamientos fue el corazón del pacto
eterno entre Dios y el hombre (y lo es aún hoy también), <<para que
haya menos tinieblas y más luz en la vida de cada uno de sus hijos e
hijas de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos
de la tierra>>.

Entonces a Los Diez Mandamientos de nuestro Creador no hay que
quitarle, ni aumentarle nada, sino <<simplemente honrarlos, cumplirlos,
añorarlos, tal como nuestro Señor Jesucristo lo hizo en su corazón y
en toda su vida mesiánica por Israel>>, para bien eterno no sólo de
Israel sino igualmente para bien de las naciones, como hoy en día con
su evangelio infinito, por ejemplo. Y la lealtad de nuestro Dios sobre
Sus Diez Mandamientos <<es tan grande, sumamente profunda y
sobrenaturalmente justa>>, que les prometió a los antiguos, por
ejemplo, diciéndoles: --si ustedes oyen mi voz, y así obedecen a mis
palabras con sus leyes y decretos, entonces serán mi especial tesoro
en la tierra; ustedes mismos serán mis hijos y mis hijas
infinitamente.

Ustedes serán un pueblo santo para su Dios y sus Mandamientos
Infinitos, para ser sacerdotes eternos del nombre santísimo, para que
las naciones entonces aprendan de ustedes y de sus hijos <<lo que
verdaderamente le agrada a su Creador y a su Árbol de la vida, su gran
rey Mesías, el Hijo de David (o el Ángel del SEÑOR, por ejemplo)>>.
Porque sólo el Ángel del SEÑOR Todopoderoso es el Árbol de la vida, el
Hijo de David, el Cordero Escogido, el sumo sacerdote (el mediador
entre Dios y el hombre), por tanto, <<el único que podía descender del
cielo para nacer santo del vientre virgen y así vivir para cumplir
intachablemente Los Diez Mandamientos, para perdón y salvación de toda
alma humana>>.

Pero como ya conocemos la historia del Israel de la antigüedad, que se
fue tras los dioses de palo, de madera, de piedra y de metal; <<dioses
abominables de las naciones que habían sido conquistadas por ellos
mismos>>, por gracia y por amor a la palabra viva de Dios, de sus
decretos y mandamientos de salud, paz y de vida eterna. Los antiguos,
en realidad, <<sacrificaron la palabra de Dios con sus decretos y con
sus mandamientos justos, en vez de vivirla en una vida santa, sana y
en paz con el Fundador de sus vidas>>; así pues también <<sacrificaron
al Hijo de David para posteriormente caminar por el desierto del mundo
y hasta, por fin, pisar firme La Nueva Jerusalén Celestial>>.

Y, no obstante, la Ley volvió a vivir, <<como si jamás hubiese muerto>>,
como el Hijo de David, por ejemplo, quien murió crucificado, como en
un sacrificio eterno en el altar de Dios, en las afueras de Jerusalén,
<<pero al Tercer Día resucito sumamente glorioso y con las primeras
lajas de Los Diez Mandamientos de Dios, totalmente libres del
infierno>>. Fue algo como <<si ambos resucitaron del infierno en el
mismo día>>, para jamás volverse a separar por falta de fe, del hombre
y de la mujer: Los Diez Mandamientos de Dios y el gran rey Mesías,
nuestro Señor Jesucristo, el Árbol de la vida del paraíso y de la
humanidad entera en la tierra, por fin, juntos y para siempre.

Además, estas tablas de la Ley son las mismas que habían salido de las
manos de Moisés en las faldas del Sinaí, para bajar al mundo de los
muertos, <<para ser rescatadas posteriormente en el día señalado del
SEÑOR, por un hebreo, como en una primera resurrección terrenal y
celestial del Santo de Israel y de las naciones>>, ¡nuestro Salvador
Jesucristo! Porque <<ningún hombre podía descender al bajo mundo y
levantar las primeras lajas de Los Diez Mandamientos>>, de las cuales
salieron despedidas de las manos de Moisés, por el pecado abominable
del cordero de oro en las faldas del Sinaí, para entonces entrar al
infierno en lugar de Israel, y así vencer el pecado con la ayuda
divina del rey Mesías, ¡Jesucristo!

En otras palabras, <<las dos primeras lajas de Los Diez Mandamientos
salieron de las manos de Moisés para descender al bajo mundo en vez de
Israel>>, ya que Israel había hecho lo que ofende grandemente al
Fundador de su vida, <<para que de esta manera todo Israel no muera en
aquel día, por culpa de su ídolo de fundición de oro>>. Y,
posteriormente el Ángel del SEÑOR descendería al infierno para que la
humanidad entera no muera también, en el día señalado por nuestro
único Dios Soberano, para levantarlas gloriosamente de regreso a la
tierra y al paraíso, perfectamente cumplidas y sumamente honradas -
pero esta vez--con la nueva vida infinita prometida a Abraham, Isaac,
Jacob y a sus descendientes de la fe.

Así pues sucedió en el Tercer Día y sin más tardar, con el Árbol de la
vida eterna y Sus Diez Mandamientos infinitos, para empezar una nueva
vida santa y eterna, <<totalmente libre de Satanás y de su pecado
mortal en el infierno y en la tierra, para posteriormente abrir las
puertas de la nueva eternidad celestial, para los que creen>>. Por lo
tanto, <<así mismo resucitaremos cada uno de nosotros <<a una vida mejor
e infinitamente gloriosa, con las lajas de Los Diez Mandamientos de
Dios escritos en nosotros mismos por su dedo santo y con el Espíritu
de la tinta sangre y vida victoriosa de nuestro Salvador Jesucristo>>,
para empezar a vivir nuestras nuevas vidas eternas, en su nuevo reino
celestial.

Y sólo entonces habremos entrado a vivir nuestros días sabáticos
largos y sin fin alguno en los nuevos cielos con nuevas tierras de La
Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo de nuestro Padre Celestial
y con el rey Mesías de Los Diez Mandamientos Eternales, ¡nuestro Señor
Jesucristo! Por fin, cada uno de Los Diez Mandamientos de nuestro
Padre Celestial y de su Espíritu Santo habrá sido escrito en nuestros
corazones infinitos, como debió ser en el comienzo de todas las cosas
y sin la mancha del pecado, <<gracias al Espíritu de la tinta sangre y
vida gloriosa de su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!>>.

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo
es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.

LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):

"'¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
Perfecta de nuestro Padre Celestial), y la tenga en un lugar secreto!'
Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!' Y
todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!' Y todo el pueblo
dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!' Y todo
el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el pueblo dirá:
'¡Amén!'

"'¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos".

TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano".

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó".

QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da".

SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo".

DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo".

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ".
Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?

¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.


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