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(IVÁN): JESUCRISTO SE LE APARECE AL APÓSTOL PABLO

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valarezo

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Jan 10, 2009, 9:40:23 AM1/10/09
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Sábado, 10 de enero, año 2009 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador – Iberoamérica

(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)


JESUCRISTO SE LE APARECE AL APÓSTOL PABLO:

Todo aquel que busque a su Padre celestial y su Hijo amado, el Santo
de Israel, a través de la Escritura y su Ley viva, entonces caminara
en la luz de milagros y prodigios, “destinado a ver cara a cara el Rey
de su nueva vida saludable y de la luz eterna y celestial del nuevo
reino angelical”, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Es decir, que aunque
el hombre esté entre las tinieblas más profundas del mundo y del
infierno, como en doctrinas falsas de religiones peligrosas y malas,
leyendo la Escritura y la Ley, entonces, de una manera u otra, “se le
aparecerá el dador de la vida y la salud eterna”, el Hijo de David,
¡el Salvador de Israel y las naciones!

Pablo, oponente de los seguidores de la secta de Jesucristo de
Nazaret, iba en su camino con sus hombres hacia Damasco, para seguir
haciendo su obra rebelde en contra de nuestro Padre celestial y de su
evangelio de salvación eterna para con Israel y la humanidad entera,
sin darse cuenta jamás de que luchaba en contra del Hijo de David.
Pero nuestro Padre celestial tenía «un gran plan» de perdón,
bendición, salud y salvación para Pablo y los suyos; pues nuestro
Padre celestial quería hacer de las tinieblas de Pablo luz para Israel
y los gentiles juntamente.

Esta misma luz de salvación y de libertad eterna, sin duda alguna, es
la misma que se le apareció en el camino de Moisés, como el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, para “empezar a liberar
a Israel” del poder de las tinieblas y de Satanás. De pronto, la misma
voz de la luz que le hablo a Moisés sobre el Sinaí, le empezó a hablar
a Pablo para abrir sus ojos de las tinieblas para que vea con la luz
del árbol de la vida, el Hijo de David, ¡nuestro Señor Jesucristo!, y
no sea más engañado por Satanás y sus palabras torcidas de siempre.

Entonces el apóstol Pablo le habla a la aparición celestial,
preguntándole: “¿Quién eres, Señor, te ruego que me lo digas?” Y el
Señor le contesta, diciéndole: “Yo soy Jesucristo, a quien tú
persigues desde tus días de juventud y hasta el día de hoy”. Y Pablo
caído sobre la tierra oía diligentemente las palabras del mismo Dios
de Israel, así mismo como le había hablado a sus apóstoles y
discípulos, cuando ministraba la palabra del evangelio eterno del
perdón y de la salvación infinita para alcanzar la vida eterna y sus
muchas bendiciones sin fin para Israel y todos los demás en el mundo
entero.

Entonces el Señor Jesucristo le volvió a hablar a Pablo para decirle
que ya no tenía que vivir para las tinieblas de Satanás sino para la
luz del unigénito de Dios y de su Espíritu Santo, ¡el Hijo de David! Y
luego le dijo, ordenándole: “Levántate y ponte sobre tus pies, Pablo,
porque te he aparecido para esto: para formarte en ministro y testigo
fiel de las cosas que has visto de mí y de aquellas en que me
apareceré a ti a partir de este momento y en todas partes.

Yo te libraré del pueblo hebreo y de los gentiles también las veces
que sean necesarias, a los cuales ahora yo te envío para abrir sus
ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz y del poder de
Satanás a Dios, y así reciban perdón y una herencia entre los
santificados por la fe viviente en mí”. Porque la verdad es que nadie
puede perdonar pecados para los hebreos ni para los gentiles, desde la
antigüedad y hasta nuestros días, a no ser que sea el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo, el Hijo de David, ¡el Santo de Israel!

En otros términos, sólo el Hijo de David puede liberar a Israel de
todos sus pecados y tinieblas así como tuvo que hacerlo en Egipto, por
el desierto y grandemente sobre el monte santo y su cruz en las
afueras de Jerusalén, en Israel, para fin del pecado y el comienzo de
la nueva vida eterna de la Ley viviente. Y cuando Pablo oyó la voz del
Hijo de David, entonces ya no podía seguir el espíritu de error y
rebelde hacia su Dios manifestándose terriblemente e inhumanamente en
su corazón, sino todo lo contrario.

Pablo cambio poderosamente, en un momento de luz y milagro celestial,
cuando menos lo pensó, para oír la voz del Hijo de Dios y así saber
perfectamente en su corazón de que era el mismo Dios del cielo y la
tierra quien le hablaba para sanarlo y liberarlo de sus tinieblas con
la luz de la salvación eterna del cielo. Y Pablo cambia poderosamente
de las tinieblas a la luz viviente del árbol de la vida, en el acto,
porque su corazón oyó claramente al Hijo de Dios y lo reconoció al
instante como tal; es decir, que Pablo ya no podía seguir dudando de
la palabra de Jesucristo, sino que ahora la entendía y la amaba, como
Gamaliel, por ejemplo.

En realidad, Pablo era un servidor de Dios según el orden de la secta
farisaica en aquellos días; él amaba al SEÑOR con todo su corazón,
como cualquier otro hebreo, sin duda alguna, pero nuestro Padre
celestial necesitaba más de Él. Nuestro Padre celestial necesitaba
cambiarlo a él, pero únicamente por medio del poder del milagro de su
palabra y de su nombre milagroso, y esto era que tenía que tener un
encuentro personal con el Hijo de David, y hablar con él cara a cara,
así como los profetas de la antigüedad o como sus apóstoles recientes
lo hicieron, por ejemplo.

Dado que, es el encuentro personal entre el Hijo de Dios y el hombre
lo que hace que el corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la
niña cambie drásticamente de las tinieblas a la luz de y del poder de
Satanás al poder celestial de su Dios y único Fundador de sus nuevas
vidas eternas. Ciertamente, nuestro Padre celestial sabia
perfectamente que Pablo le amaba a él con todo su corazón, con toda su
alma, con toda su vida y con todas sus fuerzas también, pero sin el
Hijo de David en su vida de nada le valía a él todo su trabajo y todo
su servicio a su Dios; Pablo estaba lejos de Dios.

Es más, el anhelo de Pablo era genuino y de gran celo espiritual para
sólo servir al Dios de sus padres, como Abraham, como Isaac, como
Jacob y como los demás patriarcas de Israel, pero, aún así, se
encontraba lejos de Dios, sin el conocimiento sobrenatural del Hijo de
David para con su vida eterna. Entusiásticamente, el corazón de Pablo
luchaba constantemente por estar con su Dios y con su Ley viviente a
la par, pero, aún así, se encontraba tan lejos de Dios, lo cual lo
hacia sentir mucho miedo de la vida y de la vida de los suyos también;
por eso, Pablo perseguía a los cristianos, porque estaba
peligrosamente lejos de su Dios.

En verdad, Pablo era sumamente celoso/fervoroso de que al Dios del
cielo y de la tierra se le sirviese constantemente y de acuerdo a las
líneas de las palabras santas de las Sagradas Escrituras; y nadie
menos de esto, podía entonces servirle al SEÑOR verdaderamente cada
día de su vida por la tierra y para siempre en la eternidad. Por eso,
para Pablo la Escritura eran muy importantes cada día de su vida, como
lo primordial o como lo más grande de su corazón; ciertamente que
Pablo conocía la vida religiosa y todos los dichos de los profetas de
la antigüedad, cuando hablaban de la venida del Mesías a Israel.

Estas eran Escrituras Santísimas, por las cuales Pablo había sido
educado profundamente en su juventud y, también, bajo la disciplina
del rabán (maestro, profesor) de los fariseos y presidente del
Sanedrín, Gamaliel, uno de los grandes educadores de las Sagradas
Escrituras y del Espíritu Santo de Los Diez Mandamientos en sus días
de la vida antigua de Israel. Y por sus profundos estudios de la
Escritura y del Espíritu Santo de la ley, entonces el Rabán Gamaliel
no solamente conocía la vida y las palabras de los profetas de la
antigüedad, sino que también tenia un poderoso acercamiento espiritual
al Mesías, como ningún otro rabino de sus días en todo Israel, salvo
los creyentes de Jesucristo de Nazaret.

Por ello, Gamaliel le inculco a Pablo a que respetara y los tratara
con moderación a los seguidores de Jesucristo, cuando en su corazón
ardía el celo profundo de Dios y de su promesa santa de la antigüedad
de darle a Israel un Salvador eterno, según el orden de Melquisedec,
para muerte del pecado y vida eterna para todo Israel. Ciertamente que
ésta era la promesa vida eterna de Dios para con Israel y para con la
humanidad entera también, la cual había aprendido mucho por medio de
la Escritura y sus profetas con la ayuda inteligente de Gamaliel quien
también sentía y amaba en su corazón al Hijo de David, como el Gran
Rey Mesías para todos los tiempos.

Aquí podemos ver claramente que todo aquel que estudie la Escritura y
sus profetas no solamente se enriquece del Espíritu Santo de Los Diez
Mandamientos para alcanzar grandes bendiciones, sino que se encuentra
cara a cara con el Hijo de David, el Ungido de Dios para salvar a
Israel de todos sus pecados y a la humanidad entera también. En la
medida en que, un verdadero estudió constante de la Escritura, los
profetas y la Ley, entonces lleva al hombre, a la mujer, al niño y a
la niña a los pies del árbol de la vida eterna, nuestro Señor
Jesucristo, el Hijo de David, el Santo de Israel, para perdón, salud,
bendición y vida eterna de su alma viviente.

En aquellos días, Pablo había oído mucho de Jesucristo y de sus muchas
señales entre los hebreos y los gentiles, para sanarlos y librarlos de
los enemigos eternos de Dios, como los diablos de siempre, por
ejemplo, pero no le conocía aún en su corazón ni menos en persona,
como cualquier pecador de toda la tierra del ayer y de siempre. Pablo
había caminado y estudiado con Gamaliel y sus discípulos, pero aún no
había obtenido un corazón tan cerca al Espíritu de la Escritura, de
los profetas, ni de la ley, para finalmente encontrarse a los pies del
árbol de la vida eterna y así por fin recibir la bendición de perdón,
vida, salud y prosperidad infinita para su alma viviente.

A Pablo le faltaba ese algo, lo que a su Rabán Gamaliel le sobraba, y
esto era: respetar, honrar, amar la Escritura, a los profetas y el
Espíritu Santo de la ley, para despertar de sus tinieblas y ver la luz
de la vida eterna, a Jesucristo, y así por fin seguir oyendo su voz
aún más allá de la eternidad. Entonces Pablo ciego, pues caminaba por
las ciudades, aldeas y pueblos de Israel buscando siempre a los
creyentes de Jesucristo para acusarlos, arrestarlos y encarcelarlos,
para que de esta manera la palabra del evangelio de Jesucristo dejara
de ser predicada a los hebreos y hasta a los gentiles también; Pablo
era tinieblas mortales para Israel y más no luz salvadora.

Pablo estaba más ciego que nunca y su luz era las tinieblas de
Satanás, en vez de la luz que Moisés conocía perfectamente en su
corazón para liberar a Israel de sus tinieblas, a Jesucristo; y Pablo
hacia todo lo que podía para deshonrar, destruir el camino, la verdad
y la vida eterna de Jesucristo en todo Israel. El desprecio de Pablo
por Jesucristo lo había convertido en un malvado para los seguidores
de Jesucristo en Israel y en otros países, desdichadamente; es más,
cuando los cristianos lo veían, entonces sabían perfectamente que sus
vidas estaban en peligro o que iban a terminar con cárcel o con gran
violencia, como los que ya habían caído ante él violentamente.

Entonces cuando mataban a los cristianos, Pablo daba su voto en contra
de ellos, creyendo en su corazón que estaba haciendo la obra de Dios,
sin darse cuenta de que estaba haciendo algo terrible en su vida, la
voluntad malvada de Satanás para mal de su vida y de todo Israel
también, para siempre. Y aunque Pablo hacia todas estas cosas
terribles cada día de su vida en contra de la gran obra del Señor
Jesucristo y de sus seguidores en Israel, pero las enseñanzas de
Gamaliel siempre regresaban a él, cuando le decía, por ejemplo, que no
tratara mal a los cristianos; porque si ellos no son de Dios, entonces
su trabajo moriría pronto.

Pero si son de Dios, entonces, el Rabán Gamaliel le aseguraba a Pablo,
diciéndole, por más cosas malas que se les hagan, ellos siempre
seguirían haciendo sus buenas obras para darle gloria y honra a Dios
en las vidas de muchos en Israel y en toda la tierra también: Pues
entonces, esto es obra poderosa de Dios y no de hombres. Es decir, que
todos los que pelen en contra de los seguidores de Jesucristo sea en
Israel o en otros países, entonces se iban a encontrar, tarde o
temprano, peleando con el mismo Dios del cielo y de la tierra, no sólo
para mal de sus vidas sino también para mal de la vida de los suyos en
el mundo entero.

Ya que, éste es el Dios de sus antepasados, por lo que, resultaría en
que la ira de Dios se podría muy bien encender en contra de él y de
todos sus partidarios también, para castigarlos severamente por culpa
de sus cegueras espirituales y maldades en contra de los cristianos. Y
aunque Pablo no cesaba de pensar en las buenas instrucciones de las
palabras de Gamaliel, pues, aún así, seguía persiguiendo a los
seguidores de Jesucristo en todos los lugares de Israel, sin descansar
ni por un solo día para ponerle fin al conocimiento del nombre
maravilloso y sumamente glorioso de la paz y bendición eterna de
Israel para la eternidad.

Pues Pablo en su fervor de parar a como de lugar la enseñanza de la
palabra, nacimiento sobrenatural, vida gloriosa y culta, crucifixión,
muerte, resurrección y ascensión al cielo del Señor Jesucristo,
entonces perseguía a los cristianos hasta en las ciudades extranjeras,
sin piedad alguna por ellos ni por sus familias. Porque así como Pablo
quería ponerle fin a la doctrina del Señor Jesucristo en Israel,
consecuentemente también en las comunidades hebreas en otras ciudades
del extranjero igual, ya sean cercanas o lejanas; para Pablo no había
fronteras para derramar su furor en contra del Hijo de David y sus
creyentes en todo el mundo.

Pablo enfurecido en contra de Jesucristo y de sus seguidores, entonces
iba camino a Damasco con autorización y comisión de los principales
sacerdotes de Jerusalén, para volver a maltratar, atacar, humillar a
los cristianos a como dé lugar, como ya la tenia de costumbre en su
diario vivir en Israel. De un momento a otro, una luz más brillante
que el sol se le apareció a él y a sus colaboradores; todos fueron
cegados por la luz deslumbrante y sumamente poderosa; por sí, Pablo
había llegado en definitiva a la hora de su encuentro personal con el
dador de la vida, el árbol de la vida, ¡el Hijo de David!

Aquí, se encontraba Pablo con sus hombres frente a Jesucristo,
hablándole con su voz santa y potente, pero con su ceguera espiritual
de sus ojos no lo podía ver, sino que permanecía ciego aún, aún cuando
hablaba con el Señor; la luz brillaba poderosa sobre la cara de Pablo
y sus ojos, pero no lo veía todavía, sino sólo lo escuchaba. En sí,
ésta era la misma luz que Moisés vio sobre el Sinaí, cuando la zarza
ardía entre llamas, pero dañaba nada en su derredor; así pues le
hablaba esta gran luz brillando sobre sus ojos y su corazón, para
cambiarlo de ser un malvado en contra de los cristianos a ser uno más
de ellos, sus verdaderos hermanos eternos.

Pues en esta ocasión la luz del fuego antiguo no le hizo ningún daño a
ninguno de los de Pablo ni a sus animales de carga tampoco, sino que
simplemente cayeron desmayados todos al suelo sin poder pararse ante
la presencia sagrada de la manifestación celestial. Ninguno de ellos
fue quemado, dañado o herido, en esta ocasión también, por el fuego ni
por su luz; sino que todos ellos quedaron postrados y humillados sobre
el suelo ante la presencia divina del Hijo de Dios, ¡el Hijo de
David!

Todos atónitos habían visto la gloria de Israel en un instante de
milagros, maravillas y prodigios, así como los antiguos la vieron con
sus ojos y hacerlos libres de sus enemigos con el fin de servir y
glorificar aquel que vive por los siglos de los siglos, ¡el
Todopoderoso! En realidad, nuestro Señor Jesucristo había descendido
del cielo con poder y autoridad para hablar con Pablo cara a cara y
sin más rodeos; nuestro Padre celestial había decidido ponerle punto
final a la vida pecadora y violenta de Pablo para darles un respiro de
tranquilidad a sus siervos fieles, a los cristianos en Israel y de
todos los países también.

El Señor Jesucristo quería que ese amor de Dios en su corazón sea
centrado en Él, así como su Rabino Gamaliel se lo había enseñado con
gran amor y fervor en su corazón hebreo, cada vez que le enseñaba del
Espíritu Santo de los Diez Mandamientos, por ejemplo, para que sea un
verdadero siervo fiel del Dios de sus progenitores. Visto que,
Gamaliel era un erudito ferviente del Espíritu Santo de la Ley de Dios
y de Moisés, por lo tanto, él estaba enseñando siempre del Espíritu
del Gran Rey Mesías, el Hijo de David, a todos sus estudiantes,
incluyendo a Pablo, cada vez que abría la Escritura, para que sean
verdaderos servidores fieles del Dios de sus antepasados.

Entonces fue ésta enseñanza del Espíritu Santo de la Ley viviente lo
que hizo, en sí, el corazón de Pablo y su sabiduría y celo hacia su
Dios lo llevara a cometer crímenes terribles a gentes que sólo habían
aprendido a amar a su Dios y Fundador de sus vidas, de acuerdo a la
promesa dada a los antiguos patriarcas. Pablo pensaba constantemente
en las enseñanzas de Gamaliel y, por tanto, sólo quería hacer la
voluntad de su Padre celestial, y para él esto era atacar, sin tregua
alguna, a los seguidores de la secta de los de Jesucristo de Nazaret,
persiguiéndoles aún en las sinagogas y haciéndoles que ellos mismos
blasfemen su único nombre misterioso y sanador de sus vidas.

Y el Señor Jesucristo le habla a Pablo en su lengua hebrea en la que
nació en Belén, en Israel, y le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues? ¡Duro te es luchar en vano contra el aguijón que te
atormenta y no te deja vivir en paz! Aquí Pablo reconoció la voz de su
Pastor celestial por vez primera, así como Moisés y los patriarcas de
Israel la habían oído y reconocido en sus corazones para bendición de
sus vidas y la de todo Israel también. Al que busca diligentemente a
través del Espíritu Santo de la Escritura y de su Ley viviente a su
Creador, pues, en un día cualquiera, se encontrara frente a frente con
su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!

Aquí es cuando Pablo por fin se da cuenta de que ha estado luchando en
contra de su Dios y Creador de su vida, y le pregunto humildemente:
¿Señor, dime quien eres, te lo pido por favor que no me lo ocultes
más? Y el Señor Jesucristo le respondió, diciéndole, así como a sus
discípulos se lo había manifestado en todo Israel: “Yo soy Jesucristo,
a quien persigues cada día de tu vida, cada vez que insultas, atacas y
humillas a los que me aman en espíritu y en verdad, para que se
cumplan la Escritura, expresada por los profetas y la Ley.

Ahora, levántate y ponte sobre tus pies, le decía claramente nuestro
Señor Jesucristo a Pablo y sus hombres, porque te he aparecido para
esto: para convertirte en ministro y testigo de las cosas que has
visto de mí y de aquellas en que me apareceré a ti en los días
venideros. Yo mismo te librare de los hebreos y de los gentiles, a
quienes te envió a predicarles las buenas nuevas del reino de los
cielos, para que salgan de sus tinieblas y entren en la luz que has
visto en mi hoy y con todos tus siervos también.

Para que todos ellos dejen de servir a Satanás y empiecen a servirle
al Dios de tus antepasados, porque yo soy el Dios de Abraham, el Dios
de Isaac y el Dios de Jacob. Y cuando tú les hables de mí, entonces
ellos pasaran de las tinieblas a la luz del paraíso, para que sus
pecados les sean perdonados y así reciban su porción de una herencia
santa entre los santificados por la fe de que es en creer en mi nombre
salvador y eterno en sus corazones. Así es, cualquiera que busca
diligentemente a través del Espíritu Santo de la Escritura y de su Ley
viviente a su Creador, pues, de un momento a otro, se encontrara
frente a frente con su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!

Y, a partir de entonces, Pablo paró de perseguir a los creyentes de
Jesucristo, para ahora convertirse a Dios y a su evangelio eterno,
creyendo en su corazón y confesando con sus labios el nombre santo y
todopoderoso del Hijo de David, no sólo en Damasco sino en todo el
resto de Israel. Dado que, “es necesario que nuestro Padre celestial
sea grandemente glorificado en todo Israel”, y sólo por los poderes
sobrenaturales que actúan grandemente en el alma del hombre, de la
mujer, del niño y de la niña cuando creen en sus corazones para perdón
y confiesan con sus labios para salvación y salud eterna a su Hijo
amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!

Pues entonces, esta vez Pablo no solamente les predicaba de lo que
había aprendido de Gamaliel a sus hermanos los hebreos sino que a los
gentiles lo mismo, para que abandonen el mundo de Satanás y comiencen
a vivir en el mundo bendito de nuestro Padre celestial, el cual sólo
es posible en sus vidas, por medio de Jesucristo. Y por haber
obedecido Pablo a la luz más brillante que el sol, la cual se le
apareció a él y a sus servidores en su camino a Damasco, el árbol de
la vida, el Hijo de David, así como Moisés obedecido a la misma luz
sobre el Sinaí, ahora los hebreos religiosos querían callarlo, cuanto
antes mejor, quitándole la vida.

Ahora, Pablo sabía y sentía perfectamente lo que es vivir en carne
propia el ser perseguido, atacado, ofendido por la fe de lo que es
creer en la verdad y en la justicia salvadora del Hijo de Dios, el
Hijo de David, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Y nuestro Padre celestial
siempre le fue fiel a Pablo, porque él mismo lo había llamado para que
sea testigo fiel de su Hijo amado, no solamente a sus hermanos los
hebreos, sino también a los gentiles, para que su evangelio de perdón,
salud, bendición y de sanidad infinita apague a cada tiniebla en
Israel y en toda la tierra también. Seriamente, el que busca
diligentemente a través del Espíritu Santo de la Escritura y de su Ley
viva a su Hacedor, pues, en cualquier momento, se encontrara cara a
cara con su Hijo amado, ¡el Hijo de David!

Por ello, nuestro Padre celestial siempre socorrió a Pablo, cuando era
injustamente acorralado por los enemigos de la verdad única, el camino
sobrenatural y milagroso, la vida eterna y la justicia santísima de la
sangre viviente de su Hijo amado, el fruto del árbol de la vida
eterna, para Israel y para las naciones de la humanidad entera. Y al
sentir Pablo el respaldo incondicional de nuestro Padre celestial,
entonces pudo predicar su evangelio salvador a grandes y pequeños, sin
hacer jamás nada ajeno de lo que los profetas y Moisés aclaran en la
Escritura, de cómo el Santo de Israel iba a padecer por culpa del
pecado sobre el monte santo de Jerusalén y su cruz (Isaías 53:12).

Porque el Señor Jesucristo había de padecer, y por ser el primero de
la resurrección de los muertos en el tercer día, entonces había de
anunciar luz a los hebreos y a los gentiles también, en todas las
naciones de la tierra, ésta gran verdad celestial y salvadora para
Israel y para la humanidad entera. Porque sólo el Hijo de David es el
primero y ultimó, el comienzo y el fin de cada hombre, mujer, niño y
niña de todas las familias de las naciones del mundo entero,
comenzando con Israel, para gloria y para honra de nuestro Padre
celestial que está en los cielos.

Por eso, Pablo llevo el evangelio de la salvación de Israel y de las
naciones por toda la tierra y con gran amor, como sucede hoy en día
por el poder de la Escritura, para que ellas se cumplan, de acuerdo a
la voluntad santa de nuestro Padre celestial, la cual sólo es posible
en el unigénito, ¡nuestro salvador Jesucristo! Jesucristo también se
te aparecerá a ti, como se le apareció a Moisés, a Abraham y así
sucesivamente a millares y millares más, si tan sólo crees en tu
corazón y deseas con tu alma viviente honrar y exaltar el Espíritu
Santo de los Diez Mandamientos en todos los días de tu vida y para
siempre en la eternidad venidera.

Es decir, que todo aquel que busca al Gran Rey Mesías de todo corazón
por medio de la Escritura, los dichos de los profetas y así se llena
del Espíritu Santo de Los Diez Mandamientos, entonces, el día menos
pensado, se va a encontrar en su casa, en su trabajo o en camino a
algún lugar cara a cara con Jesucristo. Jesucristo, el Hijo de David,
el único salvador posible para su vida y para la vida de los suyos
también, sean familiares y amistades en sus tierras o en tierras
lejanas también; Jesucristo la luz más brillante que el sol viviendo
en tu corazón en todos los días de tu vida por la tierra y así también
para la eternidad venidera. ¡Amén!

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo
es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.

LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):

“‘¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
perfecta de nuestro Padre celestial), y la tenga en un lugar secreto!’
Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!’ Y
todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!’ Y todo el pueblo
dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!’ Y todo
el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con su suegra!’ Y todo el pueblo dirá:
‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!

SÓLO ÉSTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: “No tendrás otros dioses delante de mí”.

SEGUNO MANDAMIENTO: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

TERCER MANDAMIENTO: “No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano”.

CUARTO MANDAMIENTO: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó”.

QUINTO MANDAMIENTO: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”.

SEXTO MANDAMIENTO: “No cometerás homicidio”.

SEPTIMO MANDAMIENTO: “No cometerás adulterio”.

OCTAVO MANDAMIENTO: “No robarás”.

NOVENO MANDAMIENTO: “No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo”.

DECIMO MANDAMIENTO: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo”.

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin más demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ”.
Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.

Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?

¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?

Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: “Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén”. Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: “Haya paz en ti, siempre Jerusalén”. Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.


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Jul 15, 2015, 7:15:56 PM7/15/15
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no lo pueden hacer mas corto
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