"Soy cada vez más pesimista sobre la curiosa relación que existe entre los excesos de la prensa amarilla y la legislación que afecta a la prensa seria", escribió hace unos años el periodista británico Arnold Kemp. Habría que estar atento, no vaya a ocurrir que el único resultado, en el ámbito legal, del escándalo desatado en Reino Unido por las escuchas ilegales realizadas por News of the World termine siendo una nueva legislación que lo que dificulte no sean los excesos de los medios de comunicación, en general, sino las investigaciones sobre los excesos de los políticos, los parlamentarios, los magnates de la banca y del mundo de las finanzas o de muchos gurús del mundo mediático, convertidos, hace ya mucho tiempo, en gurús del mundo del espectáculo. Vienen épocas muy duras, y lo que antes se llamaba el establishment está cada vez más molesto y harto no del periodismo basura, sino del que se empeña en seguir investigando y que, muy de vez en cuando, les muerde los tobillos o les desautoriza irrespetuosamente.