A dónde van los corazones rotos - ÚLTIMAS FUNCIONES

9 views
Skip to first unread message

Carolina Steeb

unread,
Oct 3, 2012, 2:49:50 PM10/3/12
to Carolina Steeb

ÚLTIMAS 3 FUNCIONES
 
A dónde van los corazones rotos
escrita y dirigida por Cynthia Edul
 
con Ana Celentano , Mónica Raiola, Violeta Urtizberea y Julián Krakov
 
Jueves 20:00 hs
Teatro El Extranjero
Valentín Gómez 3378 (y Gallo)
www.elextranjeroteatro.com
Reservas: 4862 7400
image
 
image
 
Escenografía: Federico Mayol/ Música y dirección musical: Zypce / Iluminación: Matías Sendón / Vestuario: Julia Rebottaro / Asistencia de Dirección: Carolina Steeb
 
Obra ganadora de Óperas Primas del Rojas 2012
Formó parte de la cartelera de Panorama Sur 2012
Festival de Operas primas  Santa Fe 2012
 
clip_image002

Grandes actuaciones en una historia familiar

Por Carlos Pacheco  | LA NACION
A dónde van los corazones rotos. / Dramaturgia y dirección:Cynthia Edul. / Intérpretes: Mónica Raiola, Celina Font, Violeta Urtizberea, Julián Krakov. /
Nuestra opinión: muy buena
Un grupo familiar, integrado por la madre y sus tres hijos, mayores, deciden regresar a una playa en la que solían pasar sus vacaciones hace años, cuando aún vivía el padre. La tarde va cayendo y sólo ellos y un grupo de jóvenes que juega al fútbol ocupan ese espacio. Lo que en un comienzo asoma como una mera reunión familiar, en la que van apareciendo algunos datos de cada uno de los integrantes del grupo, poco a poco va adquiriendo ciertas aristas inquietantes. La desaparición del padre es una carga aún pesada para la madre; la relación entre los hermanos no siempre expone el afecto esperado. Los años han cambiado a cada uno de esos personajes y ya la asistencia en conjunto a esa playa sólo propone un encuentro con la nostalgia y con la pérdida.
Cynthia Edul construye un texto básicamente de situaciones, en el que algunas circunstancias se repiten y esto le posibilita potenciar cierto juego dramático: la espera de alguien que no llega, la recurrencia a los recuerdos, las discusiones por cuestiones muy cotidianas. Desde la dirección ella sabe que sus actores le aportarán una segura carnalidad a esas criaturas que ha diseñado y, apoyándose en ellos, logra construir con una rica vitalidad esa escena que adquiere, de a poco, una oscuridad inusitada.
Lo que en un comienzo parecía revivir momentos felices no hace más que dejar en claro que en ese núcleo familiar ya poco se mantiene en pie: sólo una pobre historia, que está algo resquebrajada.
Mónica Raiola es una intérprete exquisita que desde que se planta en el escenario demuestra seguridad y una gran disposición a la hora de entregarse a una acción que, como esta, por momentos expresa cierta sinuosidad, guía esa trama con una naturalidad notable. La madre que construye carga cierto dolor y, a la vez, debe compatibilizar su realidad con la de sus hijos en un intercambio nada sencillo. Lo hace con notable capacidad y es así que va interactuando con el resto de los intérpretes - Celina Font, Violeta Urtizberea, Julián Krakov de manera muy fluida y extrayendo de cada momento con ellos cuestiones muy sensibles y movilizadoras para el espectador.
A dónde van los corazones rotos resulta una experiencia que hace eje, fundamentalmente, en el trabajo de los actores, y ellos aproximan unas construcciones muy definitorias a la hora de afirmar la teatralidad.
 
clip_image002
image
Jueves, 30 de agosto de 2012
Informe: María Luz Carmona
TEATRO › A DONDE VAN LOS CORAZONES ROTOS, CON DRAMATURGIA Y DIRECCION DE CYNTHIA EDUL

Como un duelo puesto en imágenes

La puesta teatral y poética montada en la sala El Extranjero invita a viajar por los recuerdos de una familia marcada por una ausencia. El espacio de representación elegido es la playa, “que aúna en la memoria los sentidos de ese pasado añorado”.
Una madre y sus tres hijos regresan luego de muchos años al mismo lugar en el que solían pasar sus vacaciones. Allí ven pasar la tarde, ven caer el sol. El cielo comienza a nublarse, corre viento frío y crece la marea. Sin embargo, en el presente, uno de los integrantes de esa familia ya no está. Y los vínculos de los que quedan fueron transformándose. Ese cambio es lo que empiezan a percibir ahora: ya no son los mismos de antes. En esa atmósfera se desarrolla A dónde van los corazones rotos (jueves a las 20.30 en El Extranjero, Valentín Gómez 3378), una puesta teatral y poética con dramaturgia y dirección de Cynthia Edul. Se trata de una obra que pone en evidencia la incertidumbre que genera en una familia la pérdida del padre. “Me resultaba interesante ver cómo son y quiénes son ellos ahora que esa persona no está. Quería transitar las ausencias desde ese lugar, no desde la evocación, sino desde la incertidumbre”, cuenta Edul a Página/12. “Quise ver cómo la desaparición de la figura paterna puede generar la puesta en evidencia de los vínculos primarios”, completa la idea.
La playa es el espacio de representación elegido por Edul para desarrollar su historia. Pero en realidad es mucho más que eso. “Es una imagen metafórica. Es el espacio que aúna en la memoria los sentidos de ese pasado añorado, es en el presente un lugar que se encuentra de cierta manera vacío”, cuenta la joven dramaturga, quien también es narradora y licenciada en Letras. En ese lugar, que contiene al pasado que ellos reconocen como “feliz”, pasarán varias horas esperando la llegada de un familiar que prometió encontrarlos y nunca llega. Tiene sólo una certeza: ese lugar en el que fueron felices no está más, y no se puede volver el tiempo atrás. Nada volverá a ser como era antes.
Protagonizada por Mónica Raiola, Violeta Urtizberea, Celina Font y Julián Krakov, la puesta invita a viajar por las memorias de esta familia, a la vez que permite al espectador llenar de sentido con su propia experiencia. “Ellos permanecen en la playa. Pasa lo que se ve y eso hace que el espectador se conecte con un lugar personal, de la vida de cada uno. No hay un gran argumento para develar. Eso, quizá, tranquiliza al espectador y hasta puede resultar familiar”, interpreta Raiola, la actriz que asume el rol de la madre.
–¿Por qué pensó en la playa como espacio para contar una historia?
Cynthia Edul: –Inicialmente estaba trabajando con un proyecto sobre la memoria. Leyendo distintos autores pensé en la playa como un espacio de “pantalla en blanco”, como dice Alan Pauls. Tiene que ver con el espacio de la imaginación, donde uno proyecta las ideas. Al mismo tiempo, me pareció interesante pensar en la playa como el espacio más ancestral que hay, porque guarda todos los restos del pasado. Me pareció que era ideal para situar la obra. Y en esta historia se vuelve un lugar muy inhóspito, en el que la felicidad no se puede encontrar.
–¿Qué representa la playa para esta familia?
Mónica Raiola: –Hay lugares en donde uno puede juntar a la familia y que quedan en la memoria. Eso sucede en los cumpleaños y en la playa. Son lugares en los que la familia pasa más tiempo unida.
C. E.: –Es un espacio de reunión. Ellos se vuelven a reunir ahí, pero claramente uno ve que los vínculos ya no son los mismos. Y lo que se pone en juego es esa tensión porque quieren despegar del recuerdo y no pueden.
M. R.: –Es un lugar habitado en común. Allí la familia permanece. Por ahí pasan las horas y no pasa nada. Uno resiste el tiempo compartido con otros. No hay otro espacio en el que pase eso.
C. E.: –La playa tiene imágenes de lo intangible, lo que se borra. Todo en la arena se borra, la espuma desaparece, son elementos de lo inmediato y lo pasajero y al mismo tiempo de algo que está ahí y que resiste.
–¿Por qué le interesó indagar en el pasado y los recuerdos?
C. E.: –Me parecía interesante pensar en la familia después de la pérdida de uno de los integrantes. Quise ver qué pasaba con la reunión y con esos vínculos una vez que un referente que daba tanto sentido no está más. Y qué pasa con lo vincular. Los vínculos se vuelven a poner en cuestión. Hay algo de esa estructura familiar que se modificó. Por momentos se sienten como desconocidos. Ellos están ahí presenciando la caída del sol y la aparición de la primera estrella. La melancolía pasa por el ocaso. Hay como una transposición puesta en la naturaleza. Lo sentimental y lo emocional está en consonancia con las manifestaciones de la naturaleza, con las que los personajes se conectan o se defienden. Y lo más desgarrador es cuando dicen “cayó el sol”.
–En definitiva, es una obra sobre la ausencia de la figura paterna...
C. E.: –En un punto sí. Pero no sobre la ausencia en sí, sino sobre el reconocimiento de que esa persona no está más. Es como una especie de duelo puesto en imágenes. En ese sentido, había una clara intencionalidad de manifestar el duelo, pero no desde el lugar de la exasperación, sino del momento en que algo de lo concreto dice que “esto es así”.
M. R.: –Lo que angustia es no saber qué va a pasar de aquí en más. No sabemos bien cómo eran antes estos personajes, pero lo que menos sabemos es cómo van a ser de acá en más.
 
clip_image001
27 de Agosto - 13:25hs
Fragmentos de la escena familiar en "A dónde van los corazones rotos"
clip_image003
Por Pedro Fernández Mouján
La dramaturga y directora teatral Cynthia Edul está presentando todos los jueves en la sala porteña El Extranjero, "A dónde van los corazones rotos", una obra de su autoría que deja vislumbrar fragmentos de la escena familiar en una tarde de playa, sobre el fondo omnipresente de la Costa Atlántica y en el marco de una ausencia.
"A dónde van los corazones rotos" fue ganadora del proyecto Operas Primas del Centro Cultural Rojas y en ese marco tuvo una primera puesta en la sala Batato Barea, con un elenco casi igual al que reestrenó dos semanas atrás en El Extranjero, con el reemplazo de Celina Font por Ana Celentano.
Obra de tensiones larvadas, de acción dramática contenida y de inmovilidad aparente, la pieza se sitúa en el marco escénico de la espera, en el tiempo de los que aguardan lo que (casi por definición) no llegará.
Ese tránsito estático, en una propuesta dramática que no atiende a la progresión sino que se reinicia cada tanto agregando nuevas capas de profundidad, es el espacio en el que los personajes van clausurando todo camino posible hacia la novedad para abdicar ante la repetición de la escena familiar que permanece, insatisfactoria, inalterable.
Una madre y sus tres hijos (una adolescente, un postadolescente y una joven) vuelven al balneario familiar pero sin la figura del padre (aparentemente fallecido) y dejan morir la tarde frente al mar a la espera de la llegada de un tío que prometió (o la madre dice que prometió) pasar a visitarlos.
El lamento por la pérdida, encarnado por la madre, pero antes que nada la insatisfacción de sus vidas o por el modo en que quedaron tejidas unas determinadas relaciones familiares, es el universo que investiga Edul, en un trabajo de minuciosa sensibilidad que es una apuesta por el desmontaje de unas vidas huérfanas de sentido o que naufragan sus intenciones en la cápsula del núcleo familiar.
Con una escenografía eficaz, inteligente y de alto nivel resolutivo pero no tan bella, debida a Federico Mayol, en la que tres inmensos pufs simulan médanos, "A dónde van los corazones rotos" cuenta también con actuaciones sólidas, convincentes, con una muy buena Mónica Raiola como la madre quejosa y triste, que deja caer su insatisfacción pero evita la aparición del conflicto.
Es ajustada también la fresca personificación de Violeta Urtizberea como una adolescente molesta y aislada, el papel de Julián Krakov como un joven que no despega de la adolescencia y no encuentra su lugar en el universo femenino al que fue reducido esa familia, y el de Celina Font como alguien que entra y sale del conflicto sin decidirse tampoco a tomar cartas en el asunto.
Todo parece, desde la escritura y la dirección, haber sido planeado al detalle, más aún porque la pieza desarrolla climas y subterfugios más que acciones, con un particular marco sonoro, que sobre la calma del mar de pronto estalla ante un incidente que se repite (la caída de una pelota de unos jóvenes que juegan alejados) y que sirve para volver al punto madre del relato e intensificar los conflictos, siempre callados.
"A dónde van los corazones rotos", que transcurre sin puntos fallidos y se desarrolla con buen ritmo actoral y narrativo, se puede ver los jueves a las 20.30 en la sala de Valentín Gómez 3378.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


image
image
clip_image002
clip_image002
image
clip_image001
clip_image003
Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages