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Hay quien afirma que el dólar estadunidense va a desplomarse, se quiera o no, y que es sólo cuestión de tiempo. Le puede sonar descabellado, pero
vale la pena escuchar sus argumentos, porque parten de un hecho incuestionable: la deuda de Estados Unidos crece a pasos agigantados, y la economía de ese país requiere que se le presten 3 mil millones de dólares diarios para mantenerse a flote. Basta con
que crezca más la desconfianza en dicha economía (una economía que ya no sobrevive sin la impresión alocada de dinero), y que los grandes capitales dejen de invertir en dólares, para que el gigante económico se colapse por completo.
¿No entiende usted por qué? La clave está en comprender que Estados Unidos consume demasiado para mantener su actual estilo de vida. Se acostumbró a vivir con demasiadas comodidades, y con mucho despilfarro. Imagínese que usted gasta a diario más de lo que
le pagan, porque le gusta vivir bien. Y se mantiene a flote porque todos los días pide prestado. Nomás que su cuenta se está volviendo una locura. Pero no importa, porque usted es dueño del banco. Hasta que le truene el negocio.
De forma similar, hoy en día los estadunidenses necesitan demasiado. Demasiada energía, demasiada gasolina, madera, alimento, etc. Por ejemplo, pese a contar con sólo el 6% de la población mundial, Estados Unidos consume el 25% del gas y del crudo que se producen
en el mundo (según datos del propio gobierno de EUA). Y quizá no lo tendrían si no fuera porque le compran muy barato a la mayoría de los demás países. Pero si su moneda se cae, ya no podrán comprar barato. Entonces empezaría la peor crisis que jamás hayan
experimentado.
En un video que circula por las redes, hay un cuento que parece explicar con más claridad esta situación. Lo cuenta un especialista financiero de Nueva York llamado Peter Schiff. Dice que imaginemos que 7 personas encallan en una isla. Uno es estadunidense,
y los demás son ciudadanos del resto del mundo. Entre ellos se asignan tareas: Uno se pone a pescar, otro a talar árboles, otro a cocinar, etc. Y al estadunidense sólo le asignan comer. Diariamente se comía casi todo, sólo les dejaba un poco a los demás para
que sobrevivieran y pudieran seguir trabajando.
“Un economista moderno”, dice Schiff, “interpretaría este cuento diciendo que el estadunidense es el motor de la economía de la isla, el que le da trabajo a los demás. Pero la realidad, es que los otros seis estarían mejor si expulsaran al estadunidense de
la isla, porque tendrían más que comer sin tener que trabajar tanto”.
El cuento pretende demostrar que quienes están manteniendo el fastuoso nivel de vida de los estadunidenses, son las grandes regiones que producen y que están menos favorecidas, como Latinoamérica o el continente asiático. Pero, conforme se den cuenta de que
pueden sustituir al dólar, y que les iría mejor sin él, empezarán los problemas para esa moneda.
Por supuesto, para que esto suceda, tendría que encontrarse una moneda alterna, que pueda ser global y generar la suficiente confianza.
¿Estamos lejos de eso? No de acuerdo a lo que se le escucha decir a importantes funcionarios en el mundo. Según The New York Times, el líder del banco central de China declaró desde marzo del 2009 que veían necesaria la existencia de una nueva moneda mundial
que sustituya al dólar. Declaraciones similares se han hecho en Rusia, Francia, Japón, países árabes, etc.
El propio CNN publicó como encabezado de una nota del 29 de junio del 2010, que “El dólar debe ser reemplazado como moneda estándar mundial, según dice un reporte de la ONU”. Según los alegatos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones
Unidas, el dólar ya “es una moneda poco confiable, y debe ser sustituido por un sistema más estable”.
¿No están, acaso, los grandes bancos y los grandes poderes del mundo, detrás de los planes de las Naciones Unidas? No olvidemos que declaraciones como esa suelen ser sólo el principio de un gran proceso que en realidad ya fue aprobado y que está a punto de
ejecutarse.
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