El Lenguaje Secreto del Simbolismo Masónico   

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Orlando Palacios

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Jul 2, 2026, 4:30:37 PM (17 hours ago) Jul 2
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El Lenguaje Secreto del Simbolismo Masónico 
 
Hermanos masones y no masones, hay un lenguaje que no necesita palabras, que no se escribe en libros ni se enseña en escuelas comunes: es el lenguaje simbólico masónico. Es el lenguaje que el Gran Arquitecto del Universo escribió en la piedra, en el cielo y en lo más profundo de nuestro ser, y que sólo despierta cuando nuestra consciencia deja de estar dormida. No es un código cerrado, ni una verdad impuesta: es una llave que cada quien usa para abrir su propia puerta hacia la Luz.
 
 
 Lo que el símbolo Masónico dice más allá de las palabras
 
Nuestra Orden nunca impone un significado único: al contrario, nos invita a que el símbolo resuene en nosotros, viaje hasta nuestro subconsciente y despierte lo que ya llevamos dentro. Tomemos el ejemplo más sagrado: la Escuadra y el Compás. Cualquier ojo puede ver en ellos la rectitud y la perfección, el orden terrenal y el cielo infinito. Pero quien ha recorrido el camino iniciático sabe que hay más: es el encuentro entre lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Esas mismas herramientas que al llegar a la escuela nos enseñan a trazar líneas rectas, guardan en la memoria colectiva el recuerdo de que también nosotros debemos trazar el rumbo de nuestra vida con firmeza y justicia.
 
Es curioso: puedes pasar años entre las columnas del Templo Masónico sin percibir nada, si tu interior sigue cerrado. O puedes estar como profano leyendo estas líneas fuera de toda Logia, y sentir de pronto que algo en ti se mueve, como si un eco antiguo te llamara. Porque el símbolo no depende de dónde estés, sino de cómo estás: está vivo, y habla sólo a quien está dispuesto a escucharlo.
 
Recuerdo que en los años 90's, al ir al cine con otros hermanos masones, solíamos ver en las pantallas de cine gestos Masónicos , codigos, formas y secuencias que a nosotros nosotros los masones nos hablaban claro, mientras quienes como profanos o familiares nos acompañaban a ver nla película sólo veían una historia de entretenimiento. Nos preguntábamos: ¿a quiénes van dirigidos estos Masónicos mensajes tan sutiles? ¿Despiertan acaso una memoria olvidada en quienes aún no saben nombrarla? Porque el lenguaje simbólico de la Masonería cruza fronteras, épocas y condición: no tiene dueño, sólo tiene destinatarios que aún no saben que lo son.
 
 
 
Nuestros símbolos no nacieron de la nada: son herencia de toda la humanidad. El Ojo en el Triángulo lo vemos en la fe católica reflejando la mirada divina; la Cruz unida a la Rosa, en el grado Rosacruz, recoge el sacrificio y la resurrección; la Estrella de David, la Luna y la Estrella, aparecen en nuestro Templo como reconocimiento de que la Verdad se manifiesta en muchos rostros. No tomamos nada para nosotros: simplemente reconocemos que todas las tradiciones han apuntado a la misma Luz.
 
Incluso los gestos Masónicos más sencillos son lenguaje sagrado. El abrazo fraterno no es sólo afecto: es el reconocimiento de que compartimos la misma esencia. El apretón de manos, que selló alianzas desde tiempos prerromanos, guarda en nuestra Orden un sello secreto que nos permite reconocernos más allá de las palabras. Y esos gestos que parecen violentos —cortar la lengua, cortar la garganta, arrancar el corazón— no son agresión: son la alegoría más profunda de la iniciación. Como dice el Libro de la Ley: “Si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo lejos de ti” (Mateo 5:29). Nos enseñan a separar lo verdadero de lo falso en nosotros mismos: a no dejar que el miedo hable por nuestra boca, ni que el egoísmo guíe nuestro corazón. Es morir a lo que nos limita, para nacer a lo que nos hace libres.
 
Por qué el espíritu del símbolo Masónico nunca se agota
 
Ningún libro, ninguna explicación, podrá decir todo lo que un símbolo significa. Porque el símbolo es un espejo: muestra lo que tú eres capaz de ver. Quien lo miró hace trescientos años vio en él su verdad; tú ves la tuya hoy; y quien lo lea dentro de cincuenta años verá la suya. Esa es su fuerza: no cambia el símbolo, cambia la consciencia que lo contempla.
 
Por eso, aunque hoy veamos la Escuadra y el Compás en plazas, aeropuertos y edificios de todo el mundo, su sentido más profundo sólo se revela a quien ha trabajado en su propia piedra bruta. Porque no basta con ver la forma: hay que vivirla.
 
 
 
Conclusión
 
El lenguaje simbólico no es un recurso para ocultar la verdad, sino para protegerla de quien no está listo para recibirla. Enseña que la realidad no termina en lo que vemos a simple vista: que todo lo que existe es reflejo de algo más alto, y que nuestro paso por esta vida es el arte de aprender a leer esos reflejos.
 
Al final, hermanos, cuando usamos este lenguaje, no hacemos otra cosa que continuar la obra de los constructores de siempre: trazamos líneas que unen el cielo con la tierra, el pasado con el futuro, y a cada uno de nosotros con la chispa divina que llevamos dentro. Y aunque mi voz deje de sonar en este mundo, estas señales seguirán hablando, mientras haya un corazón dispuesto a escucharlas.
 Alcoseri


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