Un Secreto Terrible

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Alcoseri Vicente

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Feb 13, 2026, 9:28:31 PM (13 hours ago) Feb 13
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Un Secreto Terrible
La Francmasonería no es un camino para los impacientes ni para los necios. Sus herramientas simbólicas —el mazo que golpea la piedra bruta, el cincel que la pule, la regla que la alinea— no son talismanes mágicos que otorgan poder instantáneo, sino instrumentos de trabajo interior que exigen perseverancia, estudio y rectitud. El verdadero secreto masónico no reside en objetos externos, sino en la transformación del iniciado, que aprende a guardar silencio sobre lo que sólo el corazón preparado puede comprender. Revelar los arcanos a los profanos o a los débiles de espíritu sería como arrojar margaritas a los cerdos: no sólo serían pisoteadas, sino que el revelador se expondría al peligro.
Eliphas Levi, gran masón ocultista y profundo conocedor de la tradición hermética, nos advierte en sus obras literarias sobre un secreto terrible: la existencia de verdades que deben permanecer veladas para los necios y los débiles de espíritu. Dichas verdades pueden serles reveladas sin temor, pues pensamos que  jamás las comprenderán, pero qué tal si las comprenden y la usan para el mal y su provecho propio.
¿Qué es un necio? Es más absurdo que una bestia. Es el hombre que pretende haber llegado antes de ponerse en camino; el que se cree señor de todo porque alcanzó alguna cosa. Es el matemático que desprecia la poesía; el poeta que protesta contra las matemáticas; el pintor que califica de ineptas a la teología y la cábala porque nada entiende de ellas. Es el ignorante que niega la ciencia sin tomarse el trabajo de estudiarla; el hombre que habla sin saber y afirma sin certeza.
Son los necios los que matan a los hombres de genio. Galileo no fue condenado por la Iglesia, sino por los ignorantes que, desgraciadamente, pertenecían a ella. La ignorancia es un mal feroz que tiene la calma de la inocencia: asesina sin remordimiento. El necio es el oso de la fábula de La Fontaine: aplasta la cabeza de su amigo con una piedra para matar una mosca, pero jamás le haréis confesar su error ni la magnitud de su locura.
La ignorancia  es inexorable e infalible como el infierno y la fatalidad, pues siempre está dirigida por el magnetismo del mal. El animal nunca es necio: obra franca y naturalmente como animal. Pero el hombre enseña la tontería a los perros sabios y a los burros doctos. El necio es el animal que desprecia el instinto y aparenta inteligencia.
El progreso existe para el animal: se le puede domar, adiestrar, perfeccionar. Mas para el necio no existe progreso, porque juzga que nada tiene que aprender. Él quiere regir y educar a los otros, y nunca encontraréis razón en él. Os escarnecerá arguyendo que lo que no comprende es radicalmente incomprensible. “¿Por qué no lo comprendería yo?”, os dirá con admirable aplomo. Y nada podréis responderle. Decirle que es necio sería apenas insultarlo. Todos lo ven, pero él jamás lo sabrá.
He aquí un arcano formidable, inaccesible a la mayoría de los hombres. He ahí un secreto que jamás adivinarán y que sería inútil revelarles: el secreto de su propia ignorancia .
Sócrates bebe la cicuta; Arístides es proscrito; Jesús es crucificado. Aristófanes se ríe de Sócrates y hace reír a los necios de Atenas; un aldeano se fastidia de oír llamar “el Justo” a Arístides; Renan escribe la vida de Jesús para mayor placer de los necios.
Es por el número casi infinito de necios que la política es y será siempre la ciencia de la disimulación y la mentira. Maquiavelo osó decirlo y fue herido con una reprobación legítima, pues, simulando dar lecciones a los príncipes, los traicionaba a todos y los denunciaba a la desconfianza de las multitudes.
Jesús decía a sus discípulos: “No lancéis margaritas a los cerdos, pues las hollarán con los pies y se volverán contra vosotros para despedazaros”. Por eso, vosotros que deseáis ser poderosos en obras, nunca reveléis vuestro pensamiento más secreto. Ocultadlo, sobre todo, a la mujer que amáis: recordad la historia de Sansón y Dalila. Cuando una mujer cree conocer a fondo a su marido, cesa de amarlo; quiere gobernarlo. Si resiste, lo odia; si cede, lo desprecia.
La Francmasonería es poderosa en el mundo por su terrible secreto, tan prodigiosamente guardado que ni siquiera sus iniciados de más alto grado lo conocen por completo. Manly P. Hall, en sus enseñanzas sobre los misterios antiguos, afirma que el verdadero arcano masónico reside en la experiencia personal del iniciado, no en palabras reveladas, pues sólo el trabajo ritualístico sobre la piedra bruta despierta la conciencia del Gran Arquitecto interior.
Albert Pike, en Morals and Dogma, enseña que los símbolos masónicos son velos progresivos: revelar su significado profundo a quien no está preparado equivaldría a profanar el santuario. Israel Regardie, gran difusor de la magia ritual de la Golden Dawn, insiste en que la verdadera invocación sólo funciona cuando el operador ha purificado su templo interior; de lo contrario, el ritual se convierte en mera superstición.
Dion Fortune, maestra de la magia ritualística, advierte que el poder oculto exige silencio absoluto: “El secreto protege al mago, y el mago protege el secreto”. Aleister Crowley, en su Libro de la Ley, recuerda que “el necio profana el santuario porque no reconoce su propia ignorancia”.
La doctrina secreta de Jesús —“Mi Padre y yo somos uno; amaos los unos a los otros como hermanos; la ley está hecha para el hombre, no el hombre para la ley”— fue velada precisamente para protegerla de la ignorancia . Entregada a los sofistas y disputadores, se convirtió en dogmas rígidos, herejías y guerras religiosas.
La Masonería, heredera de los antiguos misterios, guarda celosamente sus arcanos no por orgullo, sino por prudencia iniciática. Sólo quien ha trabajado pacientemente en su piedra bruta, grado tras grado, está preparado para contemplar la Luz sin ser cegado por ella.
Que este secreto terrible nos recuerde, hermanos, la responsabilidad de guardar silencio y la humildad de reconocer que la verdadera sabiduría comienza con la conciencia de nuestra propia ignorancia.
El “secreto terrible” del que habla el masón  Éliphas Lévi no es una fórmula mágica, un nombre prohibido ni un ritual oculto. Es mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más devastador.
El secreto terrible es que la mayoría de los seres humanos son necios y nunca lo sabrán.
El necio, según Lévi, no es simplemente alguien que carece de conocimientos; es alguien que está convencido de que ya lo sabe todo, que no necesita aprender nada más, que su visión limitada del mundo es la única válida. Esta necedad es tan profunda que es inaccesible para el propio necio: todos los demás pueden verla, pero él jamás la reconocerá. Ese es el arcano que nunca podrá ser revelado a la mayoría, porque no lo comprenderían aunque se lo dijeran directamente.
Este secreto es “terrible” porque:

Explica por qué los genios son perseguidos y los mediocres triunfan.
Explica por qué la política, la religión y la sociedad están dominadas por la mentira, la apariencia y la simplificación.
Explica por qué las verdades profundas deben permanecer veladas: si se revelan a los no preparados, serán pisoteadas, distorsionadas o utilizadas para hacer daño.

En el contexto masónico, este principio se traduce en la obligación estricta de silencio. No se guarda el secreto por elitismo o por deseo de poder, sino por protección: proteger la enseñanza de la profanación y proteger al propio iniciado del odio y la incomprensión de los que no están preparados.
El verdadero iniciado acepta una responsabilidad adicional: sabe que la humanidad, en su mayoría, vive en esa ignorancia ciega, y que los pocos que despiertan deben cargar con el peso de guiar sin ser comprendidos, a menudo sufriendo por ello. Ese es el pacto tácito del camino iniciático: conocer la profundidad de la necedad humana y, aun así, trabajar por la Luz.
En pocas palabras: el secreto terrible es que el mayor obstáculo para la evolución de la humanidad no es la maldad, sino la necedad que se cree sabiduría.
Alcoseri 
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