El Poder del Amor

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Alcoseri Vicente

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Jan 10, 2026, 9:59:43 PM (19 hours ago) Jan 10
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El Poder del Amor
Esta es una historia de amor como pocas, un relato fabuloso que revela el poder transformador del amor sobre seres que logran lo imposible, impulsados por ese sentimiento divino y eterno. Es la crónica de un amor que parecía inalcanzable para sus protagonistas, y de cómo la fuerza extraordinaria del amor derrumbó barreras que se antojaban insuperables, como si el universo mismo conspirara en su favor con un diseño masónico, lleno de símbolos ocultos y lecciones profundas sobre la liberación del espíritu.
Mi nombre es Kalimuddin, pero todos me conocen como "Kali", y soy cuidador de elefantes en un circo ubicado en las afueras de Nueva Delhi, India. Fui testigo privilegiado de los increíbles acontecimientos que allí se desplegaron, como un iniciado en un rito ancestral que desvela verdades eternas. De todos los elefantes bajo mi cuidado, mi favorita es una hembra monumental llamada Savitri —un nombre de origen sánscrito que significa "del Sol" o "poseedora de las cualidades del Sol". En la mitología hindú, Savitri evoca a una diosa que desafía al destino por amor, simbolizando la luz que disipa las tinieblas, mucho como los principios masónicos que iluminan el camino hacia la verdad y la libertad.
Savitri es mi predilecta porque, a pesar de su imponente grandeza, es la más tierna, dulce y dócil de las criaturas. Siempre me saluda con afecto, levantando su trompa por las mañanas cuando le llevo su comida, y hasta parece sonreírme cada vez que la baño, ya que adora el agua como si fuera un elixir de vida. Últimamente, noté un comportamiento inusual en ella: su estado de ánimo se había tornado sombrío en las últimas semanas. Ella, que por lo general era alegre y vivaz, se había vuelto triste y mustia. Al principio, no entendía qué pasaba, pero pronto descubrí el motivo de su congoja.
Resulta que, cerca del campamento, una pequeña manada de elefantes salvajes había estado merodeando, atraídos por las aguas refrescantes de un lago adyacente. Era la primera vez que Savitri observaba a otros de su especie en su estado natural de libertad absoluta. Los veía a lo lejos, chapoteando en el agua, jugando y disfrutando de la vida en armonía con la naturaleza, como almas libres en un jardín edénico. Por primera vez, se preguntó qué sentirían esos elefantes: libres para hacer lo que les placiera, jugar todo el día, convivir con sus semejantes bajo el cielo abierto, lejos del cautiverio. Pero, sin que Savitri lo supiera, el destino —ese gran arquitecto del universo, como lo llaman en los círculos masónicos— estaba tejiendo una sorpresa monumental, no sólo para ella, sino para mí y para todo el circo.
Savitri nunca había considerado que liberarse de sus cadenas fuera posible. Había nacido en cautiverio, y esa era la única vida que conocía, un velo de ilusión que la mantenía atada, similar a cómo los dogmas políticos, sociales, religiosos o de cualquier otra ideología nos encadenan como al elefante, limitando nuestra percepción de la realidad y sofocando el potencial infinito del espíritu humano. ¿Saben ustedes, amigos, cómo los domadores entrenan a estos colosales seres para que permanezcan en los predios del circo? ¿Se han preguntado cómo un animal que puede pesar más de cinco toneladas —el más grande sobre la Tierra— puede ser dominado por un humano que apenas mide 1.60 metros y pesa menos de 80 kilogramos?
Es sencillo, y revela una lección profunda sobre la mente y el condicionamiento. Los elefantes tienen una memoria prodigiosa, y es esa cualidad la que permite su dominación. En sus primeros años, el elefantito se mantiene atado a una estaca enorme, clavada profundamente en el suelo, con una cadena gigantesca unida a una de sus patas. El pequeño lucha desesperadamente por liberarse, tirando una y otra vez, pero es imposible. Poco a poco, su voluntad se quiebra hasta que, resignado, deja de intentarlo. Así, el elefante queda amaestrado, domado, doblegado. Entonces comienza la segunda fase: se entrena poco a poco al elefante para que no escape, empezando con esa gran cadena cuando es pequeño, y reduciéndola progresivamente a un simple y delgado cable o una delgada cadena a medida que crece. El tamaño de la restricción va decreciendo inversamente proporcional al del elefante, hasta que, en la adultez, una diminuta estaca y una endeble soga —o un delgado cable— lo mantienen atado, sin que se dé cuenta de que la libertad está a un sólo paso. Es una ilusión masónica invertida: en lugar de buscar la luz, permanece en la oscuridad de la costumbre.
Así estaba Savitri, encadenada psicológicamente a una pequeña estaca de madera, envidiando la fortuna de aquellos elefantes libres, como un alma atrapada en las sombras de la caverna platónica, anhelando la verdadera luz. Pero el universo, con su misteriosa arquitectura, actúa de formas impredecibles. Savitri había captado la atención de un joven macho adulto de la manada, llamado Ganesh —evocando al dios hindú de la sabiduría y removedor de obstáculos, un símbolo masónico de la iniciación que abre puertas cerradas—. Ganesh quedó prendado de su belleza y majestuosidad exótica, y no podía comprender cómo una hembra tan impresionante estuviera presa de tal oprobio.
Ni corto ni perezoso, nuestro valiente héroe se acercó a ella, sólo para encontrarse con su negativa: Savitri, en el lenguaje de los elefantes, le explicó que había intentado liberarse muchas veces sin éxito. Ganesh, recordándole que en su sociedad matriarcal la hembra es el sexo fuerte —una metáfora de la fuerza interior que la masonería despierta en el iniciado—, pateó la débil verja que los separaba y la invitó a dar ese paso liberador. Finalmente, ella accedió, rompiendo sus cadenas y quedando libre por completo. La reseña periodística cuenta que la última vez que los avistaron, "estaban jugueteando frente al lago", y todos los intentos por capturarlos fueron en vano.
Estoy sorprendido, porque como le dije a los periodistas, esta es la única vez que mi Savitri me ha desobedecido, pero en el fondo estoy feliz por ella. Les deseo que sean felices para siempre. Esto me recordó mi propia iniciación masónica, que fue el comienzo de un proceso de liberación lento pero efectivo, como un viaje por los grados simbólicos que desatan las cadenas una a una.
Y es que, al igual que el elefante atado por una ilusión, los dogmas políticos, sociales, religiosos o de cualquier otra ideología nos mantienen encadenados, impidiéndonos ver nuestra verdadera fuerza y potencial. Nos atan con creencias rígidas, fanatismos que nos ciegan y nos hacen resignarnos a una vida limitada, como si fuéramos prisioneros de estacas invisibles clavadas por la sociedad, la tradición o el poder. Pero la masonería, con su enfoque en la búsqueda de la verdad, la fraternidad y la mejora personal, nos libera poco a poco de esas cadenas. A través de sus rituales y enseñanzas simbólicas, nos invita a cuestionar los fanatismos políticos que dividen naciones, los dogmas religiosos que sofocan el espíritu libre, los prejuicios sociales que limitan la igualdad, y cualquier ideología extremista que nos ata al miedo o la ignorancia. Paso a paso, como en la ascensión por los grados masónicos, rompemos esas sogas endebles, despertando a nuestra verdadera libertad interior, fomentando la tolerancia, la sabiduría y el amor universal que une a toda la humanidad en una gran logia cósmica.
Nota: Esta parábola del elefante es una metáfora sobre el "aprendizaje de la impotencia" o condicionamiento mental, este texto es usado muy frecuentemente  en contextos masónicos, para ejemplificar las falsas creencias, fanatismos o dogmas que nos atan . En la realidad, el entrenamiento de elefantes en circos ha involucrado métodos más complejos y a menudo abusivos, algo que vemos ahora de abusos contra el Pueblo en países socialistas como Cuba , Venezuela para doblegar al espíritu humano  , pero la historia sirve como símbolo poderoso.

Alcoseri 

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