El Masón que se decidió por dar Alegría

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Alcoseri Vicente

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Apr 4, 2026, 8:44:50 PM (3 days ago) Apr 4
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El Masón que se decidió por dar Alegría
En el imaginario popular, el francmasón suele aparecer como un hombre de traje oscuro que se reúne al caer la noche para tratar temas serios, incluso subversivos, tramando quién sabe qué teorías con el fin de dominar el mundo.
Nuestro hermano, en su juventud, había escuchado varias veces ese tipo de comentarios en su entorno familiar. Digamos simplemente que la masonería no gozaba de buena fama en su entorno. A pesar de ese prejuicio negativo, el profano de entonces quiso saber más sobre esa masonería tan criticada. En los años 80, la Orden no tenía escaparate público ya que  el internet aún no existía; había que buscar un masón para que te apadrinara  y eso siempre es difícil de encontrar, y luego llamar a la puerta para acceder a las pruebas.
Eso fue lo que hizo. Encontró un masón para que fuera su padrino y le ayudara a ingresar a la Orden ,  era una Logia que hoy calificaríamos de humanista no esotérica , pero en aquella época él ignoraba todo sobre la masonería y, mucho más, sobre la cantidad de obediencias ,ritos y  diferentes masonerías  existentes, como regulares e irregulares . En los años 80 y 90 no eran muchas las diferencias políticas en el ambiente profano en México , así que el ambiente no estaba tan dividido políticamente en las logias mexicanas .
Así comenzó una larga carrera masónica en la más completa ignorancia de lo que realmente significaba y representaba la masonería de aquella época. Una vez iniciado, se sorprendió al verse abandonado a su suerte. Otra sorpresa rompió su esperanza masónica al descubrir que varios masones fumaban dentro de la logia y que algunos tenían incluso una copa de vino o cerveza a su lado. Fue una decepción cruel: la realidad pulverizaba su imaginación.
Podría haber renunciado, pero decidió que aquello formaba parte de las pruebas de su búsqueda: ver tanto la debilidad como la grandeza del ser humano, sus defectos y sus cualidades. Conoció en Logia a hombres de gran valor que no dudaban en recorrer largas distancias para ayudar a un hermano, otros eran filántropos , otros se empeñaban en socorrer a niños enfermos , y también a una de las fundadoras de una obediencia masónica  femenina que, dos veces al mes, tomaba el autobús desde la ciudad de Toluca a la Ciudad de México  para construir su obediencia.
Participó con asiduidad en los trabajos de su logia, especialmente en las preguntas de estudio, y principalmente en la dedicada a la PAZ. Pero después de varios años llegó a una conclusión dolorosa: al igual que la oración en la religión, al menos en este mundo, la reflexión de los masones no cambiaba en nada la realidad terrenal. Las guerras seguían presentes en todos los continentes. Se preguntó entonces: ¿para qué sirve la masonería? ¿Es sólo  una cavilación intelectual que halaga los egos? ¿Un centro de reflexión? ¿Una simple asociación de amigos? Recordó  eso del VITRIOL. Comenzó un trabajo interior convencido de que el trabajo en logia no era más que una prolongación del orgullo colectivo y que la verdadera iniciación pasaba por el corazón, no por el intelecto. La masonería le parecía pretenciosa al querer cambiar el mundo mientras los masones hacían tan poco por cambiarse a sí mismos.
Fue entonces que recordó una frase del Muy Respetable Gran Maestro que le dijo: deja que en logia los demás se equivoquen , pero , no te equivoques tú.
Cada mañana, una de las primeras cosas que hacía era ir a la panadería de su calle. En lugar de mostrar un rostro adusto, llegaba con una sonrisa radiante y palabras amables. Lo ayudaba el delicioso aroma del pan recién horneado. Iniciaba conversaciones con la panadera, procurando hablar de cosas positivas: en vez del mal tiempo, hablaba del buen tiempo. Hacía lo mismo con todo el mundo: saludaba a todos, incluso a los desconocidos, y deseaba de corazón un “buen día” a cada persona que encontraba. De él emanaba una serenidad que se contagiaba a sus interlocutores. Estos le confiaban sin reservas sus preocupaciones, sus esperanzas e incluso, sin pudor, hablaban de su vida íntima. Pero su mayor alegría era ver cómo los niños, incluso los más tímidos, se acercaban a él sonriendo , y cómo los animales domésticos incluso los perros irritados y gatos oscos aceptaban su caricia. Para muchos, el masón se había convertido en un miembro más de la familia. Sin duda algo bueno había cambiado en él y era gracias a la Masonería, y la gente sentía su luz.
¿Qué tenía de especial? Él lo explicaba con sencillez: «Hace mucho que dejé de mirarme sólo  a mí mismo ; decía para si , ya conozco todos mis rincones del ego y mis pliegues vanidosos . Ahora miro hacia adelante y veo la miseria y el aislamiento de la gente. Creo haber tallado decentemente mi piedra bruta, y además hice mío el poema de nuestro hermano Kipling: “Tú serás un hombre, hijo mío”. En el taller de la vida cotidiana soy igual a todos: ni superior ni inferior. Los más escépticos pensarán que soy vanidoso, pero entonces ¿cómo podemos hablar de fraternidad? Es cierto que soy moderadamente egoísta y, como dice un antiguo ritual: “No hagas limosna a costa de tu familia”. La vida es demasiado corta para llenar la mente de cosas fútiles o sin importancia, ni para detenerse en el pasado, porque como dice la frase «Carpe diem» que es una locución latina que significa "aprovecha el día",.
Más adelante fue invitado a participar en los trabajos de los Caballeros Rosacruces del grado 18 masónico. Uno de sus instructores le preguntó: «¿Qué piensas hacer por la masonería?». Respondió: «Si en mi pueblo la gente se entera de que soy francmasón, espero que digan simplemente: “Sí, es masón, pero es un buen tipo”. Para mí, eso significaría haber servido bien a la Orden». Para él era natural poner en práctica los valores teologales del Caballero Rosacruz. Su lema personal era: «Hacer el bien, hacer el bien y seguir haciendo el bien».
Cuando llegó su momento de pasar al Oriente Eterno, tenía una trayectoria masónica impecable . En sus funerales había pocos masones, pero un número mucho mayor de personas anónimas… Comprenda quien pueda.
En la Logia de Arriba pudo comprobar que Dante tenía razón sobre el Infierno. La imaginería popular lo representa como un fuego ardiente que consume las almas pecadoras, pero él vio que el lugar era glacial, sin vida y sin calor. Simbólicamente, estuvo de acuerdo con Dante. En el camino vio cómo la Tierra se volvía cada vez más fría, el espíritu vivificante se hacía más escaso, y cuanto más se acercaba a la Jerusalén celestial, más parecía la Tierra muerta y sin alma.
Encontró a los Fieles del Amor, luego a los Caballeros del Paráclito y, por último, al Hiéron del Valle de Oro («Hiéron» (del griego hierón) se refiere principalmente a los recintos sagrados, templos o santuarios en la Antigua Grecia, lugares considerados sagrados donde se rendía culto a los dioses). Todos le dijeron: «Intentaste dar amor a tus seres queridos, pero el materialismo de la Tierra fue más poderoso que tú. Los hombres han olvidado para qué están en este planeta. Como cumpliste el encargo que el Gran Arquitecto del Universo te confió, formarás parte de los 144.000 masones  Elegidos».
En un cementerio de pueblo, al fondo del lugar, hay una tumba sencilla, sin adornos, con una placa discreta que dice: «Aquí yace un Buscador». De vez en cuando, sobre su tumba aparecía una rosa o una flor de acacia. Un día alguien plantó a un lado una rama de acacia…
Este Masón Alegre representa al masón que entiende que la verdadera iniciación no se queda dentro de los muros del templo, sino que se vive en la calle, en el panadero, en el vecino, en el niño que se acerca a dar un sonrisa. Es el masón que transforma la logia en escuela de vida y la vida en logia permanente.
Un masón bien formado en Logia diría que este hermano había comprendido que el verdadero templo no se construye sólo  con piedra, sino con sonrisas, gestos amables y presencia consciente, se recordaría que la Tradición primordial se manifiesta en lo sencillo y en lo cotidiano cuando el ser humano actúa desde su centro espiritual, no desde el ego.
Carlos Castaneda, a través de Don Juan, nos enseñaría que el guerrero de la conciencia vive “impecablemente”: cada acto, por pequeño que sea, debe realizarse con plena atención y amor. Nuestro Q:. H.. que da alegría vivía exactamente eso: convertía cada saludo, cada conversación y cada sonrisa en un acto sagrado de servicio.
La masonería no necesita sólo  grandes oradores ni altos grados. Necesita masones que den alegría dentro y fuera de Logias: hombres y mujeres que lleven la luz masónica al mundo cotidiano, recordando que la fraternidad no se proclama sólo  en tenida, sino que se vive en cada encuentro humano.
Cuento de Nasrudin
Un día, Nasrudin caminaba por el mercado repartiendo sonrisas y palabras amables a todo el mundo. Un mercader gruñón le preguntó:
—Nasrudin, ¿por qué siempre estás sonriendo? ¿Acaso no ves las miserias del mundo?
Nasrudin respondió:
—Las veo, amigo. Pero si yo también pongo cara de amargura, entonces el mundo tendrá dos miserias en lugar de una. Prefiero ser la luz que ilumina la oscuridad, aunque sea sólo  una pequeña vela.
El mercader se quedó callado. Al día siguiente, cuando Nasrudin pasó de nuevo, el mercader lo saludó con una tímida sonrisa.
Moraleja:
No hace falta cambiar el mundo entero de golpe. Basta con llevar un poco de luz y alegría allí donde estés. Una sonrisa sincera, una palabra amable, un gesto de atención pueden ser el primer ladrillo de un templo mucho más grande: el templo de la fraternidad humana.
Alcoseri 
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