Enviado: 25/03/2007 11:46 a.m.
El altar o Ara Sagrada, sirve de punto focal para la conciencia, lo
que ayuda a contrarrestar las condiciones de tensión negativa de la
vida profana; el Ara Sagrada es el centro mágico de la Logia
Masónica,
por ello es importante que todos miren hacia ella durante los
trabajos, el Ara Sagrada herencia de los antiguos druidas, que para
ellos y para nosotros representaba a Belino el Dios Solar.
De: SôLÆR¥S Enviado: 25/03/2007 11:46 a.m.
EL A R A
La palabra ARA proviene del latín: ara o araus, que se traduce como
Altar o Piedra de Sacrificios.
A su vez, se define ALTAR como piedra, mesa, o monumento religioso
dispuesto para inmolar a la víctima y ofrecer el sacrificio.
Puede describirse un altar como una estructura elevada sobre el nivel
del piso, dedicada a algún culto, sea éste en forma de ofrendas,
sacrificios, o plegarias.
Su estructura puede ser sencilla, y su construcción improvisada, o
bien puede tratarse de una construcción soberbia con pretensiones de
eternidad, pero en cualquier caso, es la forma que ha tenido el
hombre, desde sus épocas más remotas, de manifestar su fe y su
esperanza; el lugar que representa lo que venera, lo que respeta, o
lo
que considera superior a él.
Según refiere Heródoto, los egipcios fueron los primeros que
erigieron
altares a sus deidades. Posteriormente, todas las culturas lo
hicieron, destacándose que los judíos, e igualmente sus vecinos
paganos, edificaban dos clases de altares: uno para el ceremonial y
el
incienso, que ubicaban dentro de sus templos, y otro para el
sacrificio y holocausto, que erigían en campo abierto, al aire libre,
en el frente del templo.
Mucho antes que ellos, casi todos los pueblos prehistóricos
edificaron
altares, realizando en ellos sacrificios de todo tipo, incluyendo los
de seres humanos.
Para la Masonería, y según el diccionario masónico, Ara es la mesa
consagrada para recibir los juramentos y promesas, y depositar en
ella
el libro de la ley y los atributos del grado en que se trabaja. El
Ara
es el artículo más importante y más sagrado del mobiliario del salón
de una logia.
Si bien el ritual de iniciación hace referencia al Ara triangular de
los juramentos, su forma puede variar, predominando básicamente dos
modelos:
La forma cúbica de tres pies de alto, como la que vemos en nuestro
templo, inspirada en la que adornaba primero el Tabernáculo, y luego
el Templo del Rey Salomón, cuyas caras señalan los cuatro puntos
cardinales, simbolizando para algunos, las cuatro estaciones, para
otros los cuatro elementos de la naturaleza, y para otros, los cuatro
principios fundamentales (que a veces se inscriben, uno en cada
cara):
querer, callar, saber y osar.
O bien la forma de un prisma de base triangular (como la que presenta
nuestro templo vecino) tomada de los antiguos Druidas, cuyas caras
miran respectivamente al oriente, al norte, y al sur.
A diferencia del Rito de York, en que el Ara se ubica en el centro
del
templo, en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado está ubicada a los pies
del Oriente, frente al trono del Venerable Maestro, sobre el
pavimento
de mosaicos.
Habiendo explicado su definición, su evolución en la historia, su
descripción física y su ubicación en nuestros templos, pasemos a
analizar lo medular de su concepto, que es su simbolismo.
Los ingleses han definido a la Masonería como la ciencia de la moral,
velada por alegorías, e ilustrada con símbolos.
Los símbolos son tan antiguos como el hombre, y han sido expresión
manifiesta de los primeros destellos de inteligencia.
Símbolo es cualquier cosa que, por la representación, figura o
semejanza, nos da a conocer o nos explica otra.
El lenguaje fundamental de la Masonería, se hace por medio de
símbolos, de modo que a medida que profundizamos en su
interpretación,
ese lenguaje va cobrando para cada uno de nosotros un significado
personal, vivenciado y no siempre transferible, que tiene por objeto
llevar al masón al encuentro de un mensaje que lo conduzca hacia la
verdad y hacia la luz.
El Ara es el símbolo de lo invisible por excelencia. Representa la
eternidad, lo secreto, lo misterioso, lo desconocido, y en general, a
las fuerzas ocultas que existen en el universo.
Simbólicamente es lo que une al masón con el G.·.A.·.D.·.U.·..
Cuando el recipiendario realiza ante el Altar su promesa de honor, se
retira de allí como hombre nuevo. El Ara ha oficiado como Altar de
Sacrificios, habiendo inmolado allí su pasado, en especial sus
pasiones y sus vicios, como una ofrenda al G.·.A.·.D.·.U.·..
Como vimos, el Altar se eleva desde los cuadros blancos y negros del
pavimento de la logia, los que simbolizan la dualidad emergente de
los
pares de opuestos. Son éstos pares de opuestos sobre los que el
iniciado debe desarrollar su existencia, manteniéndose equidistante
de
ellos, sin exaltarse ante los éxitos, ni hundirse ante las
desventuras.
El Ara se eleva física y simbólicamente de la concepción dualista de
la vida. Está por encima de lo bueno y lo malo que es propio del
diario vivir, y su ubicación nos simboliza la necesaria elevación que
hemos de dar a nuestros pensamientos, a fin de poder percibir lo que
se esconde tras la apariencia contradictoria de los pares de
opuestos.
Hasta ahora hemos reflexionado sobre el Altar en sí mismo.
A continuación haremos una breve mención –a fin de no extender en
demasía éste trabajo- a las diferentes herramientas que encontramos
sobre el Altar. Su importancia simbólica es tal, que podríamos
realizar un trazado individual para cada una de ellas.
Sobre el Ara distinguimos, en primer lugar, el Libro de la Ley
Sagrada, o de la Ley Moral. Este sostiene nuestra fe, y nos enseña el
camino de lo justo. En nuestras latitudes, corresponde a la Biblia,
si
bien en otras, corresponderá colocar aquel libro que se considere
contenga la voluntad revelada del G.·.A.·.D.·.U.·. .
La presencia de un Libro de la Ley sobre el Ara, es una exigencia
reglamentaria de las llamadas “Logias regulares”, pues así lo
establecen los “Antiguos Límites”. Debe encontrarse abierto desde el
momento en que se inician los trabajos. En algunos Orientes se
acostumbra abrirlo en el Salmo 133:
“Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitad los hermanos juntos en
armonía”...
En nuestros Templos, el Ritual aconseja abrirlo preferentemente en el
capítulo correspondiente al Evangelio según San Juan.
Sobre el Libro de la Ley, se coloca un compás, cuyo vértice apunta al
oriente, (desde donde proviene su energía), y sus puntas se dirigen
hacia el occidente. Esta herramienta, de gran contenido simbólico,
representa la justicia con que deben medirse los actos de los hombres
y, porque no, también nuestras acciones.
Nos prescribe la equidad con que debemos tratar a nuestros
semejantes,
y en particular a nuestros HH.·.. Pero también, en éste lugar,
simboliza al espíritu y a la razón.
Apoyada sobre el compás, observamos una escuadra. Al igual que la
anterior, es una antigua herramienta recibida de la orden de
constructores, con un riquísimo significado simbólico.
Está formada por 2 líneas: la perpendicular y la horizontal, formando
un ángulo recto, como la línea del deber de la que el buen masón
nunca
debe apartarse. En su ubicación en el Ara, simboliza también al
instinto, o a la materia.
La disposición de la escuadra sobre el compás no es un hecho baladí.
Por el contrario, simboliza que la materia, el instinto, la
ignorancia, están dominando la inteligencia, el espíritu y la razón,
situación desfavorable que el aprendiz, con su trabajo, debe procurar
revertir.
De modo que sobre el Altar encontramos presentes lo que se conoce
como
las Tres Grandes Luces de la Masonería: el Libro de la Ley, el compás
y la escuadra, las cuales representan la sabiduría del
G.·.A.·.D.·.U.·., el espíritu y la materia.
Junto a ellas, tenemos las llamadas tres luces menores, representadas
por un candelabro con 3 lámparas, encendidas por el portador de la
luz
que descendió del Oriente. Nos indican los puntos principales que
marca el sol en su recorrido: dando origen a un nuevo día, al
alcanzar
su plenitud, y en el ocaso.
Su simbolismo puede ser tan amplio y variado como aprendiéramos hace
pocos días en relación al trazado acerca del ternario. Sin embargo,
existe un mayor consenso en aceptar que estas tres luces menores
simbolizan la fe, esperanza y caridad, llamadas también las virtudes
teologales.
Por último, observamos sobre el Ara, un ejemplar cerrado de la
Constitución de la Gran Logia, texto que contiene las normas que
regulan el funcionamiento armónico de la Orden, las que todos hemos
prometido respetar.
En síntesis: sobre el Altar, que nos liga con el Principio Creador,
tenemos representadas la sabiduría del G.·.A.·.D.·.U.·., el espíritu
y
la materia, iluminados por las tres luces menores, que llevan a esos
símbolos fe, esperanza y caridad, conformando sobre el Ara la
síntesis
de la perfección que anhelamos alcanzar.
Es así que al medio día, cuando nos disponemos a iniciar los trabajos
y el Ara se presenta como la hemos descrito, con los HH.·. al orden,
despojados de metales, y a cubierto, el H.·. Seg.·. Vig.·. nos indica
que “todo está justo y perfecto”.
Para finalizar, quisiera desarrollar algunas reflexiones referentes a
los vínculos interactivos que en relación al Ara, realizamos en
nuestros trabajos. Fueron éstos, sin duda, los que acicatearon mi
curiosidad, estimulándome a profundizar en su estudio a fin de lograr
comprenderlos.
Es indudable la importancia del Ara dentro del Templo. Hacia allí se
dirigen todas las miradas, tanto del Oriente como del Valle. Es allí
donde realizamos nuestras promesas y juramentos. Es en torno al
Altar,
que formamos nuestra cadena de unión.
Cada vez que pasamos delante del Ara, saludamos.
No es un hecho muy común que el ser humano salude o reverencie un
objeto inanimado. Marca indudablemente un gran respeto por lo que el
objeto simboliza. Esto llama la atención de todo aprendiz, y junto a
otros interrogantes que naturalmente surgen, necesitan ser develados
por todo aquel que pretenda entender los rituales, ya que el
desconocimiento del simbolismo y de su interpretación esotérica
convierten al rito en un cúmulo de ceremonias carentes de sentido.
Me surgieron así, algunas preguntas.
Cuando pasamos frente al Ara:
¿saludamos al Ara en si misma, es decir, a lo que ésta representa?
¿saludamos a los objetos situados sobre el Ara, de los que ésta es
pedestal?
¿o bien saludamos al conjunto de todos éstos elementos, es decir, al
Ara con sus Luces?
¿La presencia en nuestros Templos de un Altar, y sobre él de un Libro
de la Ley, hacen de la Masonería una religión?
Debemos afirmar, en primer lugar, que los masones no somos idólatras,
por lo cual no cabe pensar que estamos reverenciando objetos
inanimados, sino lo que ellos representan. Prueba de ello es que no
saludamos al Ara cuando pasamos por su frente antes de iniciados los
trabajos.
El saludo que realizamos no está dirigido a los objetos que allí
están
presentes, sino a lo que ellos, en conjunto simbolizan.
En ese saludo no solo estamos dando una muestra de respeto por los
símbolos en cuestión, y a cuanto hemos dicho acerca de lo que ellos
representan, sino que además, renovamos ritualmente nuestros
compromisos y promesas masónicas, volviendo a religarnos con ellos en
el preciso lugar en que los hemos realizado.
Muy pocos autores masónicos serios definen a la Masonería como una
religión. Entre ellos, Mackey. Sin embargo, la Masonería requiere que
sus miembros crean en una fuerza superior al hombre, dando de ésta
manera cabida en ella a HH.·. religiosos y no religiosos por igual.
En
tal sentido, citamos la declaración adoptada por la Gran Logia de
Inglaterra en 1962, ratificada en el Acta de Tenida Trimestral de
dicha Gran Logia del 9 de diciembre de 1981.
...”No puede ser fuertemente aseverado que la Masonería no es una
religión, ni un sustituto de la religión. La Masonería tiene como
meta
inculcar a sus miembros estándares de conducta y comportamiento que
considera aceptables a todos los credos, si bien se restringe de
intervenir en el campo del dogma o la teología. La Masonería, en
consecuencia, no está en competencia con la religión, sin embargo, en
la esfera de la conducta humana puede tenerse la expectativa que sus
enseñanzas sean complementarias de aquellas de la religión. Por otro
lado, su básico requerimiento de que cada miembro de la Orden crea en
un Ser Supremo, subrayando sus obligaciones hacia El, deben ser
suficiente evidencia para todos, excepto los prejuiciosos, que la
Masonería acepta la religión, requiriendo del hombre tener alguna
concepción religiosa antes de ser iniciado, esperando de él que, una
vez admitido, continúe practicándola.”
Podemos admitir, en base a ello, que la Masonería no es una religión,
pero que sí es una institución religiosa. Que recibe en su seno a
HH.·. de todas las religiones o credos, e incluso a aquellos que, no
creyendo en una divinidad, aceptan la existencia de una Fuerza
Superior al hombre que ordena la naturaleza.
Al colocar un Altar en el centro de nuestro Templo reconocemos que el
G.·.A.·.D.·.U.·. centra nuestra existencia, surgiendo de allí la
vida,
la fuerza, y el poder.