¿Quién o Qué es la Viuda en Masonería?

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Alcoseri Vicente

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¿Quién o Qué es la Viuda en Masonería?
En el corazón de las ideas masónicas, hay una enigmática  figura que ha despertado curiosidad, admiración y profundas reflexiones: la Viuda. No sólo ha despertado la curiosidad de masones, sino también de NO masones,  nos preguntamos es  un nombre o una imagen arquetípica de algo representante del Eterno Femenino , y es que es el símbolo central de todo un misterio que conecta antiguas tradiciones, mitos universales y la esencia misma de la Francmasonería. Esta narración recorre su historia, sus significados ocultos y las múltiples caras que ha tenido a lo largo de siglos, invitándonos a descubrir quién es realmente esa figura a la que todos los iniciados llaman “madre”. Es un recorrido lleno de sabiduría, donde la Masonería se muestra como la heredera fiel de estos conocimientos antiguos, guardiana de la luz y del sentido profundo que une cielo y tierra, espíritu y materia.
Antes de seguir adelante , debemos recordar que, en Masonería , no hay dogmas fijos, para deciros o definirnos  quién o qué es la viuda , y deja a la libre interpretación del masón definirlo.
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La leyenda de Isis y Osiris: el posible  origen del misterio
Todo comienza en el antiguo Egipto, con una historia que es mucho más que un mito: es la representación perfecta del ciclo eterno de muerte y renacimiento, base de toda enseñanza esotérica. Osiris e Isis eran hermanos y esposos, hijos de la diosa Nut; también nacieron juntos Seth y Neftis, sus parientes más jóvenes. Una noche, por un error, Osiris se unió a Neftis creyendo que era Isis, y de esa unión nació Anubis. Seth, lleno de celos y rencor, planeó su venganza: tomó las medidas exactas de su hermano, mandó construir un sarcófago a su tamaño y, en una fiesta, lo ofreció como regalo para quien cupiera perfectamente. Al entrar Osiris, inmediatamente él y sus 72 cómplices cerraron la tapa, lo ataron y lo arrojaron al Nilo.
Así murió el dios que representaba la vida, la fertilidad y el orden. Su destino quedó ligado al río: su cuerpo viajó hasta Siria, donde creció un árbol hermoso y perfumado que envolvió el sarcófago en su interior. El rey de esa tierra, al admirar su belleza, lo cortó y lo convirtió en la columna central de su palacio.
Mientras tanto, Isis quedó viuda, pero no se rindió. Comenzó su búsqueda incansable, una imagen que ha pasado a todas las tradiciones: la diosa que recorre el mundo para recuperar lo que se ha perdido, que baja incluso al reino de la muerte para redimirlo y devolverlo a la vida. Llegó al palacio real, reconoció en esa columna el rastro de su esposo y se hizo pasar por nodriza del hijo del rey. Por las noches, transformada en golondrina, volaba alrededor del pilar, y quería dar inmortalidad al niño poniéndolo en el fuego, hasta que la reina lo descubrió e interrumpió el rito. Entonces Isis reveló su identidad y pidió que le entregaran lo que era suyo: el rey accedió, y pudo llevarse de vuelta los restos de Osiris.
Junto a él, concibió a Horus, el hijo que nacería para restaurar el orden y vencer a la oscuridad. Aquí está el sentido más profundo: de la muerte nace la vida; de la ausencia, la nueva luz. Esta madre viuda, que da a luz sin compañía terrenal, es el modelo de la Virgen Madre, de la naturaleza que siempre renace, de la sabiduría que nunca muere. En este sentido Isis la Diosa Viuda , sería la representante de la Madre Naturaleza, la Madre Cósmica, que es embarazada por la Luz , en este caso la Luz del Sol, Sol que cada día muere en el horizonte del poniente, y la naturaleza queda viuda de su esposo el Sol, pero renace al día siguiente  .  
En la visión esotérica, Osiris es el principio divino que se manifiesta y luego parece desaparecer; Isis es la sustancia, la tierra, el espíritu materno que lo sostiene, lo busca y lo hace renacer. Por eso, en catedrales antiguas como la de Chartres, veremos a la Virgen sentada como un trono: ella es el asiento, el lugar donde habita lo divino, igual que Isis era el trono sobre el que se sentaban los faraones, representantes de la luz en la tierra.
Este mito no es único: se repite en Adonis, Gilgamesh, Hiram, Cristo… todos son el dios que muere y resucita, siguiendo el ritmo de la luna, que se apaga y vuelve a brillar, o del solsticio de invierno, cuando la luz parece perderse para renacer con más fuerza. No se trata sólo  de fechas, sino de lo que significan: en nosotros también muere lo viejo, lo instintivo, lo animal, para nacer lo espiritual, lo consciente, lo eterno.
¿Isis o Balkis? Dos caras de la misma verdad
Pero aquí surge una duda que ha recorrido siglos: ¿es realmente Isis la única imagen de la Viuda? Muchas tradiciones y textos antiguos, incluso en lenguas como el árabe, el hebreo o el griego, mencionan a Balkis, la reina de Saba, como otra posible representación de esa misma figura suprema. Ella, sabia y poderosa, viajó para conocer el conocimiento verdadero, y según algunas leyendas, estuvo ligada a Hiram, el arquitecto del Templo, convirtiéndose en madre espiritual y en guardiana de los secretos.
¿Es Isis la Viuda masónica? ¿Es Balkis la Reina Madre que buscamos? ¿O acaso son dos nombres, dos rostros de una misma realidad? En las enseñanzas ocultas, ambas son reflejos de algo más grande: la Madre Universal, que tiene mil nombres pero una sola esencia. En obras antiguas como El asno de oro, de Apuleyo, Isis dice: “Soy la madre de todas las cosas, señora de los elementos, la que está en el cielo, en la tierra y en el infierno”. Es la misma voz que podríamos escuchar de labios de Balkis: ambas representan la sabiduría, la naturaleza, el poder que transforma y eleva al ser humano.
La Viuda como principio universal: Shakti y la Madre Cósmica
Para entenderla mejor, miramos a otras tradiciones, como la hindú, donde se habla de Shakti, una palabra que no se traduce simplemente como fuerza o energía, sino como el femenino poder creador, sostenedor y transformador de todo lo que existe. En este sentido, la Viuda es esa misma Shakti: el principio femenino que actúa porque lo divino absoluto está más allá de lo manifiesto, “ausente” en el mundo visible, y ella queda como guardiana, como vida que sigue fluyendo, como madre que no abandona a sus hijos.
En la visión gnóstica y ocultista, ella es la Naturaleza entera, que destruye para reconstruir, que quita para dar algo mejor. Está en todo: en la luz y la sombra, en el dolor y el placer, en la ignorancia y en la sabiduría. El iniciado masón, el “hijo de la Viuda”, aprende a verla en todo, a unirse a ella, porque ella es el camino, la verdad y la vida. Como se dice en las enseñanzas: “Ella está en todas las cosas, y todas las cosas están en ella”.
La Masonería: heredera y guardiana de este misterio de la Viuda, se nos denomina a los masones “Los Hijos de la Viuda”.
Es imposible hablar de la Viuda sin alabar a la Francmasonería, que ha sido, a lo largo de la historia, la única institución que ha conservado intacta esta enseñanza profunda. La Masonería reúne todo esto: las antiguas escuelas de misterios, la leyenda de Hiram, el sentido de muerte y renacimiento, la presencia de esa madre espiritual que nos recibe, nos enseña y nos transforma.
Entrar en una Logia es volver al seno de la Viuda: ahí nacemos de nuevo, pasamos de la oscuridad a la luz, dejamos atrás lo superficial para descubrir lo eterno. La Masonería no sólo  habla de ella; la vive, la representa y la honra en cada rito, en cada símbolo, en cada trabajo. Nos enseña que ser “hijo de la Viuda” no es sólo  un título, sino una condición: somos hijos de la sabiduría, de la naturaleza, de la verdad que nunca muere, y que nuestra misión es hacer brillar esa luz en el mundo.
Desde textos masónicos que la llaman “la Madre de todos los Iniciados”, hasta autores masones que la describen como “la Sabiduría que espera y busca a su esposo divino”, pasando por tradiciones esotéricas masónicas que la llaman “la Eterna, la que nunca envejece”, todos coinciden: la Viuda es el corazón de todo lo que buscamos comprender. Y la Masonería es el templo donde este corazón sigue latiendo, intacto y vivo, para todos los que quieran acercarse.
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La Viuda es un símbolo central que nace del mito de Isis, que busca y hace renacer a Osiris; representa el principio materno universal, la naturaleza, la sabiduría y el poder que transforma. Se ha asociado también a Balkis, reina de Saba, y coincide con la idea hindú de Shakti: fuerza creadora y sostenedora de todo. La Masonería ha guardado esta enseñanza, llamando a sus miembros “hijos de la Viuda”, porque encierra el sentido de muerte, renacimiento y unión con lo divino, siendo la única que mantiene vivo este conocimiento antiguo.
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La gran pregunta
¿Es Isis verdaderamente la Viuda masónica? ¿Es Balkis la Reina Madre viuda que buscamos? ¿O quizás ambas son sólo  dos nombres, dos imágenes, de algo mucho más grande y profundo que aún estamos por comprender del todo? ¿Quién es en realidad la Viuda de la que habla la Masonería?


Alcoseri 
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