¿De Verdad Nos Conocemos A Nosotros Mismos?

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Alcoseri Vicente

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Feb 26, 2026, 9:13:52 PM (8 hours ago) Feb 26
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¿De Verdad Nos Conocemos A Nosotros Mismos?

Como dice la antigua tradición, “Conócete a ti mismo”; que  recordemos era ese lema grabado en el frontón del templo de Delfos, y en nuestra Logia resuena con fuerza: sólo quien se conoce puede erigir el Templo interior y elevar a la humanidad. Este camino de autoobservación apasionada no es un lujo, es la esencia misma de la iniciación: despertar del sueño mecánico, romper las cadenas de la ilusión de la Matrix  y descubrir el poder divino que yace dormido en cada uno de nosotros.
Esos grandes desconocidos: que somos nosotros mismos
Somos para nosotros mismos los más grandes desconocidos, simplemente no nos conocemos a nosotros mismos. Vivimos en una niebla de ilusiones y fantasías, creyendo que nos conocemos, pero en realidad ignoramos casi todo de nuestra verdadera esencia. ¡Qué aventura más emocionante y transformadora nos espera cuando decidimos mirarnos sin máscaras, sin excusas, con coraje masónico!
Existen métodos poderosos y probados para observarnos y descubrir quiénes somos realmente. ¡Apliquémoslos con pasión y determinación!
Primero, pide opiniones sinceras a los demás: familiares, amigos, hermanos de Logia. Hazlo con discreción, de forma indirecta o incluso abierta cuando el momento lo permita. Lo que te digan no es casual; siempre hay un fondo de verdad que refleja partes ocultas de ti.
Segundo, desvela tus proyecciones, ese mecanismo fascinante que Carl Jung describió con maestría: lo que más criticamos en los demás suele ser lo que rechazamos en nosotros mismos, la famosa “sombra”. ¿Qué te escandaliza del sexo? ¿Criticas la vanidad, la petulancia, la superficialidad? Pregúntate: ¿no estaré proyectando mi propia sombra? Jung nos enseña que integrar esa sombra es el primer paso hacia la individuación, el proceso heroico de convertirnos en seres completos, auténticos, plenos de luz y oscuridad reconciliadas.
Tercero, examina tus lapsus verbales y conductuales —esos “freudianos” que Sigmund Freud reveló como fugas del inconsciente—. Las frases que se escapan, los errores al hablar, las acciones involuntarias al ver a ciertas personas… ¿Por qué evitas a ese “petulante” o a esa “vanidosa”? Muchas veces, son espejos exactos de lo que más odiamos en nosotros. Freud nos muestra que el inconsciente se filtra en sueños, errores y actos fallidos, revelando deseos reprimidos y conflictos internos.
Cuarto, analiza tu sentido del humor y tus identificaciones diarias. ¿Te ríes cuando alguien se cae, cuando ve un error ajeno, o ante lo diferente? ¿Corriges constantemente a los demás? ¿Te fijas en la ropa que usa otro, criticas el cuerpo de otras personas, condenas  la vida de otros? ¿Odias a los políticos, a los ricos, a los pobres? ¿Trabajas sólo por dinero? ¿Sientes envidia? ¿Odias a los masones, a los religiosos? ¿Qué sientes hacia quien escribe estas líneas: amor, odio, indiferencia? Estas preguntas arden porque tocan lo vivo: nuestras reacciones automáticas nos delatan.
Quinto, sumérgete en tus sueños nocturnos, ensueños diurnos y fantasías. Freud los llamó “el camino real al inconsciente”; allí se disfrazan deseos reprimidos. ¿Experimentas visiones paranormales o ves lo que otros no ven? Observa sin juzgar.
Sexto, practica la autoobservación y el self-remembering del Cuarto Camino, como enseñaron Gurdjieff, Ouspensky, J.G. Bennett y sus discípulos. Gurdjieff insistía: el hombre está dormido, es una máquina de reacciones mecánicas. Sólo mediante la autoobservación imparcial —sin juzgar, sólo ver— y el self-remembering (recordarse a sí mismo en el momento presente, dividiendo la atención entre el exterior y el “Yo” interior) es justo ahí que  podemos despertar. Ouspensky lo explicaba como el inicio del camino hacia la conciencia real; Bennett profundizaba en romper la identificación con falsas personalidades y amortiguadores emocionales. ¡Es un trabajo ardiente, constante, que transforma la vida cotidiana en escuela sagrada!
Mientras lees esto, ¿tu mente divaga? ¡Detente! Sé objetivo por primera vez, leal contigo mismo. Cuestiónate sin piedad amorosa: ¿qué escondes? ¿Qué poder yace dormido en ti?
Recuerda la sabiduría eterna: quien conoce a los demás gana algunas batallas; quien se conoce a sí mismo gana todas. Y quien se conoce totalmente puede cambiar el rumbo de la humanidad, porque despierta el poder divino oculto en su interior: el Gran Arquitecto del universo  manifestado en cada acto consciente.
En palabras más sencillas, lo que quiere decir todo esto:
Básicamente, no nos conocemos de verdad. Estamos ciegos a nuestras partes ocultas, como si viviéramos con una máscara puesta. Para quitárnosla y vernos tal como somos, hay que hacer ejercicios prácticos: preguntar a otros qué piensan de nosotros (sin defendernos), notar qué criticamos fuerte en la gente (porque suele ser lo nuestro), prestar atención a los errores que cometemos al hablar o actuar (revelan secretos del subconsciente), ver de qué nos reímos o qué nos molesta (muestra lo que negamos), recordar y analizar sueños y fantasías (allí salen deseos escondidos), y practicar observarnos a nosotros mismos todo el día sin juzgarnos, como si fuéramos un observador neutral (eso nos despierta del piloto automático).
Hacer esto con valentía y constancia nos libera, nos hace más fuertes, más auténticos y capaces de vivir con propósito real. ¡Es el trabajo masónico más profundo: conocernos para transformar el mundo desde adentro!
Alcoseri 
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