Gabaón El Nombre del Maestro Masón

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Orlando Palacios

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Mar 22, 2026, 6:09:16 PM (7 hours ago) Mar 22
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Gabaón El Nombre del Maestro Masón
El Muy Respetable  Venerable Maestro le dice al nuevo Maestro Masón:  
«Tu nombre de masón en la logia, en calidad de Maestro, será desde ahora Gabaón, que significa elevado…»
San Epifanio, al hablar de los puntos más altos de Tierra Santa, decía de Gabaón: «A ocho millas de Jerusalén está Gabaón, el más elevado de todos».
Esa elevación es física, geográfica, pero el nombre que recibe el Maestro en el Rito Escocés apunta a otra elevación mucho más profunda: la espiritual (Gabaón, Sion, Carmelo…). Otros ritos hablan simplemente de «elevación al tercer grado». Propongo recorrer juntos tres etapas que podrían conducirnos a esa altura interior.
Pero antes de seguir adelante debemos puntualizar que no todos los Ritos , Obediencias , o las diferentes logias aun del mismo Rito Masonico usan la formula Gabaón para nombrar a los maestros masones.
1. Gabaón: La lección de la Prudencia
Todo comienza con una astuta maniobra de supervivencia. Cuando los hebreos llegan a la Tierra Prometida tras salir de Egipto, los habitantes de la región —hittitas, amorreos, cananeos, etc.— se alían para combatir a Josué e Israel.
Los gabaonitas, al enterarse de las victorias de Josué en Jericó («ciudad de la Luna») y Hai («ruina»), deciden no enfrentarse. Recurren a la prudencia: disfrazan su apariencia con ropas viejas, sandalias remendadas, odres rotos y recosidos, panes secos y quebrados, y se presentan ante Josué en Guilgal diciendo: «Venimos de un país muy lejano; hagamos alianza con vosotros».
Josué e Israel creen la historia, hacen pacto sin consultar a Dios y prometen salvarles la vida. Tres días después descubren la verdad: los gabaonitas vivían cerca. Cumplen el juramento y no los matan, pero los condenan a ser leñadores y aguadores al servicio del pueblo.
Lección profunda:
Los gabaonitas se despojan de su orgullo guerrero y aceptan un rol humilde para sobrevivir. No son cobardes; son maestros de sí mismos. Prefieren la vida a la gloria efímera.
En el REAA, el Maestro recibe el mausoleo y la frase «deponens aliena» («abandonando lo que le es ajeno»). El verdadero despojo no es sólo  renunciar a lo material: es desprenderse de lo que nos es extraño dentro de nosotros mismos —orgullo, vanidad, falsas identidades—.
Como dice la frase: «No olvidar la enseñanza  hasta hacerse responsables de sí mismos». El Maestro promete edificar a sus hermanos con su buena conducta, tanto en la sociedad civil como en la Orden .
Oswald Wirth lo expresaría así: «La prudencia no es miedo a actuar; es actuar con discernimiento para no dañar ni ser dañado, preservando la luz interior».
Como Masón añado: La prudencia masónica no es pasividad ni cálculo egoísta. Es sabiduría activa: saber cuándo hablar y cuándo callar, cuándo avanzar y cuándo retirarse, para que la obra no se derrumbe por precipitación ni por orgullo. Es la virtud que permite al Maestro ser puente entre lo alto y lo bajo sin romperse.
2. Gabaón: La lección de la Templanza
Más adelante, Gabaón es escenario de otra lucha: entre los partidarios de David (rey de Judá) y los de Is-boset («hombre de vergüenza»), quien reinó sólo  dos años sobre Israel (2 Samuel 2).
Is-boset se llamaba originalmente Is-baal («hombre de Dios»). Con el tiempo, «Baal» pasó a significar ídolo pagano entre los israelitas, y el nombre se transformó en «hombre de vergüenza».
Aquí vemos la oposición entre la verdadera nobleza divina y la vergüenza moral. El Maestro del REAA debe equilibrar esas dos fuerzas internas: la parte que aspira a lo alto y la que cae en lo bajo.
La templanza es la virtud que armoniza dualidades: razón y pasión, acción y reposo, yo y fraternidad. El Ritual nos invita a unir «la naturaleza universal y el hombre moral, que están ligados entre sí».
Albert Pike enseñaba que la templanza no es represión, sino transmutación: convertir los impulsos bajos en fuerza constructiva.
Como  Masón añado: La templanza masónica es arte de navegación interior: no eliminar las tormentas, sino aprender a mantener el rumbo cuando el mar se encrespa. Es la virtud que nos permite ser firmes sin ser rígidos, humildes sin ser débiles.
3. Gabaón: La lección de la Justicia
Salomón, al inicio de su reinado, va a Gabaón y ofrece mil holocaustos. Dios se le aparece en sueño y le pregunta qué desea. Salomón pide discernimiento para gobernar con justicia. Dios le concede sabiduría, riquezas y gloria que ni siquiera pidió.
El Maestro del REAA recibe los tres primeros dones espirituales :

Inteligencia (para el Aprendiz, ligada a la Justicia).
Sabiduría (para el Compañero, fruto de la Templanza).
Discernimiento (para el Maestro, fruto de la Prudencia).

Gabaón nos enseña que la verdadera justicia no es venganza ni castigo ciego: es discernir lo que debe vivir y lo que debe perecer dentro de nosotros. Es saber separar lo indestructible (el espíritu) de lo pasajero (el ego).
René Guénon diría: la justicia iniciática restaura el orden primordial, devolviendo cada cosa a su lugar verdadero.
Como Masón añado: La justicia masónica no es dar a cada quien lo que merece, sino ayudar a cada quien a convertirse en lo que está llamado a ser. Es la virtud que nos permite mirar al otro sin juicio moralista y al mismo tiempo sin complacencia: verlo tal como es y, al mismo tiempo, como podría llegar a ser.
Gabaón no es sólo  un lugar alto de Tierra Santa. Es un símbolo vivo para el Maestro del REAA:

Prudencia para despojarse de lo ajeno y actuar sin orgullo.
Templanza para equilibrar las fuerzas opuestas dentro de sí.
Justicia para discernir y edificar con rectitud.

El Maestro no busca gloria personal ni poder. Busca elevarse para elevar a sus hermanos, sabiendo que la verdadera altura no está en dominar a otros, sino en dominarse a sí mismo y servir con humildad.
En un pueblito de Puebla vivía un Jovencito llamado Pedrito Cañas  que quería ayudar a su abuelo masón a construir un Templo Masónico. Todos los días Pedrito colocaba piedras talladas , mezclaba cal y ponía adobe, pero el Templo Masónico crecía muy despacio y Pedrito se frustraba: «Abuelito, nunca vamos a terminar. Ya me cansé».
El abuelo masón  se sentó con él en la sombra del pirul y le dijo:
«Mira, mijo: este Templo Masónico no es para nosotros solamente. Es para que los Hermanos Masones vengan a las Tenidas cuando tú ya no estés, para que los futuros masones reciban la Luz y sientan paz cuando estén preocupados . Tú no ves el final porque estás adentro poniendo piedra tras piedra. La prudencia es saber que cada piedra cuenta aunque duela la espalda. La templanza es no enojarte con el sol ni con la lluvia. Y la justicia es poner cada piedra derecha, para que el Templo Masónico no se caiga nunca».
Pedrito miró la obra a medio hacer, sonrió y siguió trabajando. Cuando terminaron el Templo Masónico, ya no preguntaba «¿cuándo acaba?». Preguntaba: «¿Qué más podemos construir para los que vienen después?» Pedrito Cañas luego fue iniciado masón en este mismo templo cuando tuvo la edad requerida y años después fue elevado al sublime grado de maestro masón en aquella logia a  la que nombraron Respetable Logia Gabaón #77.
Moraleja: La verdadera elevación no es llegar rápido a la cima. Es subir paso a paso, con prudencia para no caer, con templanza para no rendirse y con justicia para que lo que construyas dure más que tú. Y cuando termines, alguien entrará, sentirá paz y dirá en silencio: «Gracias a quien puso estas piedras». Sigue construyéndote: el Templo  más maravilloso es el que llevas dentro.
Alcoseri 
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