La Masonería, Entre la Obra Material y la Luz Espiritual  

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Orlando Palacios

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Jul 4, 2026, 6:37:40 PM (18 hours ago) Jul 4
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La Masonería, Entre la Obra Material y la Luz Espiritual
 
Nuestra Orden Masónica es un camino que nunca nos obliga a elegir entre el cielo y la tierra: sabemos que ambas realidades son dos caras de una misma Verdad, y que ninguna vale más que la otra. Por eso nos dedicamos a investigar sin límites: observamos lo que se toca y se mide, pero también nos asomamos a lo que solo el alma percibe, sin olvidar que el saber más importante es el que nos descubrimos a nosotros mismos.
 
A diferencia de otras instituciones que ponen cercas al pensamiento —unas por temor a lo que no entienden, otras por aferrarse a dogmas cerrados— la Masonería nos invita a preguntar siempre. Cierto que hubo épocas donde algunas Logias pusieron trabas a ciertos temas, pero hoy muchos Masones hemos recuperado nuestra libertad: nada humano, nada divino, nos es ajeno.
 
Vivimos tiempos donde sólo se da por cierto lo que el método científico puede demostrar, pero sabemos que esta sola vía no tiene todas las respuestas. Hay una realidad más sutil que da forma a lo que vemos, aunque no podamos pesarlo ni medirlo con reglas. Y es ahí donde nuestra enseñanza iniciática nos entrega otra forma de investigar: la que nace de la intuición limpia, esa brújula interior que nos conecta con la Mente del Gran Arquitecto del Universo.
 
 
 Dos formas de buscar la verdad
 
El saber científico avanza paso a paso, prueba y descarta, construye conclusiones que cambian con los años. Es valioso, pero si ignora la dimensión espiritual o cuántica, suele quedarse sólo en las consecuencias y no llegar a la raíz. Hay ejemplos históricos —como ciertos grupos que usaron caminos psíquicos en lugar de procedimientos clásicos— que nos recuerdan que existen otras vías, aunque siempre debamos andarlas con mucha prudencia y rectitud.
 
La búsqueda desde lo espiritual funciona de otro modo: cuando nuestra conciencia está bien preparada, basta la pregunta sincera para recibir la respuesta que une lo físico, lo anímico y lo divino. Pero no nos engañemos: no es cosa fácil ni al alcance de cualquiera. Se necesita haber trabajado mucho en uno mismo, para que el ego no distorsione lo que llega y para no confundir voces pasajeras con la Luz verdadera.
 
Imaginemos una escala de evolución interior, del cien por cero:
 
- Hasta menos del 70 %, lo que suele llegarnos trae mezclas, errores o influencias que no son luminosas; al principio parecen ciertas, luego nos desvían o nos debilitan.
- Al pasar ese umbral, el conocimiento viene de seres rectos, hermanos ascendidos y fuerzas puras, desde la Inteligencia misma del Gran Arquitecto.
- Y más allá del 90 %, se alcanza una visión tan amplia que pocas veces podemos comprenderla del todo todavía.
 
Quien no distingue estos niveles corre el riesgo de convertirse en marioneta de lo que cree saber. Por eso en nuestras Logias nos enseñan a discernir antes que a creer: el sexto sentido no se desarrolla leyendo solo, sino puliendo la propia piedra bruta.
 
 
Tratar de explorar lo espiritual solo con herramientas materiales es como querer pesar el amor en una balanza. Por ejemplo: la ciencia puede ver un corazón sano en exámenes y llamar “problema nervioso” su dolor, mientras la mirada más honda reconoce que ahí hay una energía bloqueada que viene de mucho más adentro.
 
El método masónico integra ambos mundos:
 
- Ahorramos tiempo y recursos, pues muchas verdades se reciben directo de la Fuente, sin rodeos.
- Evitamos investigaciones dañinas o vacías, porque partimos del Bien Supremo.
- Y lo más noble: al recibir la verdad, no nos hinchamos de orgullo —agradecemos y nos hacemos más humildes, pues sabemos que no es nuestro mérito, sino un don del Gran Arquitecto del Universo.
 
Todo esto se apoya en nuestro lenguaje simbólico: la Escuadra nos recuerda la rectitud en las obras terrenales, el Compás la perfección hacia lo alto, la Piedra Bruta y la Pulida nos dicen que esa doble búsqueda es justamente nuestro propio perfeccionamiento. Así nuestras enseñanzas cruzan fronteras y tiempos, hablan igual al que construye casas que al que construye su espíritu.
 

 
Nuestra Orden no separa el mundo de acá del de allá: queremos que el pensamiento se eleve y que la obra se haga justa. Buscamos sin miedo, pero siempre con luz interior para no tropezar; recibimos sin orgullo, para que la verdad nos transforme y no solo nos llene la cabeza.
 
Porque la meta del masón no es saber mucho, sino saber con rectitud: unir lo que vemos con lo presentimos, lo que hacemos con lo que sentimos, hasta que nuestra vida misma se convierta en un símbolo vivo de la Armonía que sostiene todo el Universo.
 
Alcoseri


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