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Alcoseri Vicente

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Nov 27, 2025, 5:49:17 PM (2 days ago) Nov 27
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El Templo Masónico de las Luces Eternas

Un cuento masónico  infantil misterioso para los que buscan la Luz
En los confines donde el tiempo se dobla como un velo de niebla, más allá de las estrellas que los ojos mortales pueden contar, se alza el Templo Masónico de las Luces Eternas. Nadie sabe dónde empieza ni dónde termina, porque no está hecho de piedra ni de oro, sino de pura vibración luminosa.
Una noche sin luna, siete Hermanos Masones de la Tierra fueron llamados. Sus nombres en la antigua lengua de los abuelos eran:
Xóchitl (Flor)
Tlaloc (El que hace brotar la tierra)
Citlalin (Estrella)
Mazatl (Venado)
Cuauhtli (Águila)
Tecolotl (Búho sabio)
Coatl (Serpiente de luz)
Cuando llegaron al umbral, la luz era tan intensa que sus ojos mortales ardieron como si miraran al Sol de frente. Entonces, unas manos invisibles les cubrieron los ojos con vendas de seda negra. ¡Pum! De pronto, sus pies ya no pisaban tierra firme: flotaban, giraban, y en un parpadeo se encontraron dentro del Templo… pero completamente ciegos.
—¿Dónde estamos? —susurró Xóchitl, la más joven.
—Shhh… escucha —respondió Cuauhtli, extendiendo las manos.
No había nadie que los guiara. Los Guardianes del Templo eran seres de luz tan sutiles que parecían hechos de suspiros. No se los podía tocar, ni siquiera oír sus pasos. Solo se sentía… un cosquilleo en el corazón, como cuando una mariposa roza el alma.
Los siete Hermanos, tomados de la mano para no perderse, comenzaron a caminar a tientas.
Mazatl tropezó con algo alto y redondo.
—¡Es una columna! —gritó emocionado—. ¡Una columna que vibra como si estuviera viva!
Tlaloc metió la mano en algo frío y ondulante.
—¡Aquí hay agua… pero el agua canta!
Citlalin extendió los dedos y tocó algo que ardía sin quemar.
—¡Es luz! ¡Puedo tocar la luz con las yemas de los dedos!
Tecolotl no tocó nada… y sin embargo sintió que tocaba TODO.
Coatl, el más callado, se tocó su propio pecho y susurró:
—El Templo entero… cabe dentro de mí.
De pronto, una Voz —ni masculina ni femenina, ni alta ni baja— resonó en sus cabezas como campanas de cristal:
—Escuchad, Hijos de la Luz que aún caminan en la sombra…
Y a cada uno le dijo algo distinto, algo que solo ese corazón podía entender:
A Xóchitl: «La Flor está dentro de la Flor».
A Mazatl: «El Venado corre y nunca se mueve».
A Citlalin: «La Estrella brilla porque se sabe oscuridad».
A Tlaloc: «El agua no moja al agua».
A Cuauhtli: «El Águila vuela sin alas».
A Tecolotl: «El silencio es la primera palabra».
Y a Coatl: «La Serpiente se muerde la cola… y se ríe».
Cuando la Voz terminó, ¡zas! Los siete Hermanos aparecieron de nuevo en su logia terrestre, con las vendas quitadas. Los demás masones corrieron a rodearlos.
—¡Contadnos! ¡Contadnos! ¿Cómo es el Templo? ¿Qué os dijo el Gran Maestro?
Y entonces empezó el lío más grande jamás visto en logia.
—Era una columna infinita —dijo Mazatl.
—No, era un lago de agua luminosa —dijo Tlaloc.
—¡Era luz sólida! —gritó Citlalin.
—¡No había nada y lo había todo! —dijo Tecolotl.
—¡El Templo soy yo! —dijo Coatl muy serio.
Los masones terrestres se miraban unos a otros, rascándose la cabeza bajo el gorro.
—Y la Voz… ¿qué os dijo la Voz?
Entonces fue peor:
—¡Me dijo que el Eso está en el Eso!
—¡A mí que el Eso NO está en el Eso!
—¡A mí que está y no está al mismo tiempo!
Un viejo masón muy enfadado dio un golpe en la mesa:
—¡Esto es una pérdida de tiempo! ¡Cada treinta años se abre el portal y mandamos a los más tontos! ¡Si hubiéramos ido nosotros habríamos traído la piedra filosofal, la cura de todos los males, la receta de la inmortalidad!
Todos asintieron furiosos.
Entonces Coatl, la Serpiente de luz, se levantó despacio y habló con voz suave como brisa de amanecer:
—Hermanos masones … discutimos como ciegos discutiendo el color del arcoíris. Cada uno recibió exactamente lo que su alma podía cargar. El Maestro Secreto Tloque Nahuaque (náhuatl: Tlokeh Nawakeh, "aquel en quien están todas las cosas", de tlok, "cerca" o "junto a", y nawak, "alrededor") al decir lo que tenía que decir  no mintió a nadie. Nos dijo a todos lo mismo con palabras distintas:
«Lleven mi mensaje: Yo no doy la Luz entera de una vez, porque los rompería. Doy la chispa que cada corazón puede soportar. Regresen y sean faros. Con su sola presencia, sin decir nada, transmitiréis esa chispa a quien esté listo para encenderse».
Y así fue.
Años después, cuando alguien se sentaba junto a Xóchitl sentía que florecía por dentro.
Junto a Mazatl, las piernas querían correr hacia la libertad.
Junto a Citlalin, los ojos veían estrellas aunque fuera de día.
Y junto a Coatl… junto a Coatl uno sentía que el Universo entero le sonreía desde dentro del pecho.
Porque hay personas —masones o no— que han estado en el Templo Masónico de las Luces Eternas, aunque no lo recuerden. Y cuando están cerca, sin decir palabra, nos contagian un pedacito de ese lugar donde todo es luz… y la luz cabe en un corazón.
Fin… o quizá apenas el comienzo.
Análisis masónico y esotérico del cuento
Este relato es una reelaboración moderna y simbólica de la famosa parábola hindú (y luego sufí) de «los ciegos y el elefante», pero profundamente impregnada de cosmogonía y enseñanza masónica operativa y especulativa.
Y es que la verdad cada masón luego de décadas en Logia Masónica, tendrá como los protagonistas de este cuento , su propia versión de lo que es la Masonería.
La venda en los ojos: Representa el estado del profano y aun del maestro terrenal que, al intentar acceder a la Luz Real (la Shekinah, la Gloria del G.A.D.U.), queda cegado. Es el mismo simbolismo de la cámara de reflexión y del rito de iniciación: la luz profana debe ser apagada para que la luz interior pueda encenderse.
El Templo de las Luces como Logia Celeste: Es la Logia Eterna, la «Logia de los Maestros Perfectos» que existe en el plano akáshico o causal. No tiene forma fija porque es arquetípica; cada Hermano la percibe según su grado de desprendimiento del mundo material (simbolizado por los sentidos físicos vendados).
Los objetos tocados (columna, agua, luz, nada-todo): Son ecos de los símbolos fundamentales de la logia terrestre:
Las columnas J∴ y B∴
La piedra cúbica de lágrimas o el agua lustral
La llama eterna del Delta Luminoso
El punto dentro del círculo (el Todo en la Nada y la Nada en el Todo)
Las frases paradójicas del Maestro («el Eso está en el Eso», «no está», «está y no está»): Son koans masónicos. Equivalen al «Tat tvam asi» (Tú eres Eso) del vedanta, al «Yo soy el que soy» del Éxodo y El fundador del escepticismo antiguo, Pirrón de Elis, fue quien formuló el concepto filosófico relacionado con la frase «Ni afirmo ni niego». Su doctrina se basaba en la suspensión del juicio, conocida como epojé, que sostenía que no se puede conocer nada con certeza sobre las cosas. La frase sánscrita "Neti neti", que significa "ni esto ni aquello", proviene de los Upanishads y se usa en el hinduismo como un método de meditación para comprender la naturaleza de lo divino (Brahman) al negar todo lo que no es. Este método analítico implica identificar y negar lo que uno cree que es, como el cuerpo o la mente, para trascender las limitaciones del lenguaje y alcanzar una comprensión más allá de las palabras y los conceptos.  Todas esas ideas enseñan que la Verdad absoluta no cabe en la lógica binaria del mundo manifestado.
La enseñanza central: «Cada uno recibirá conforme a su nivel de ser». Es la clave de toda transmisión esotérica auténtica y de la progresión masónica. No hay Revelación única y uniforme; la Luz se dosifica según la capacidad del recipiente (el «vaso iniciático»). Esto explica por qué en las logias hay tantos «entendimientos» distintos del Ritual y por qué la Masonería no impone dogma.
La misión final: «Regresen y sean faros». Es la esencia del Maestro Masón: haber entreabierto la puerta del Templo Celeste y volver al mundo profano para servir de «puente vivo». El verdadero «secreto masónico» no es una palabra ni un signo, sino esa carga energética que se transmite por presencia, no por discurso.
En resumen, el cuento enseña con dulzura infantil lo que la Masonería más elevada repite en silencio: la Gran Obra no consiste en llevar la Luz del Templo al mundo, sino en convertirse uno mismo en Templo viviente para que la Luz circule a través nuestro hacia quien esté preparado.
Y esa, Queridos Hermanos y Hermanas, es la más hermosa y terrible responsabilidad del iniciado.
Alcoseri 

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